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No nos van a callar

Que todos piensen igual, que todos digan lo mismo, que todos hablen bien de mi, y que nadie nos critique. Ese es el sueño de los autoritarios. Sueñan con una sociedad de aduladores que sólo ve virtudes y buenas intenciones en su líder. Imaginan un pueblo de porristas permanentes que sólo ve buenos propósitos en todas sus acciones. “¿Qué importan los resultados de gobierno y la realidad, si nadie ama al pueblo más que yo?” Se deben preguntar los populistas autoritarios todos los días.

Este tipo de políticos suelen ser personas profundamente inseguras que no toleran la crítica. Se creen elegidos por el destino para dirigir y transformar una nación, pero se saben incapaces de lograrlo en los hechos. Conocen sus limitaciones, y por eso aborrecen a la técnica, a los expertos, y, sobre todo, a la realidad. Tienen que construir una realidad alterna para sostener la fantasía. Esa realidad alterna sólo puede sostenerse con la fe de la feligresía. Sólo la fe ciega puede sostener una fantasía de buen gobierno en un país sumido en la violencia, abrumado por una pandemia, angustiado por la posibilidad de una verdadera depresión económica y gobernado por un aparato que tolera la corrupción de los propios. 

Por eso, el peor enemigo de esa fe es el conocimiento. Nada peor para la fantasía de un régimen autoritario populista que los hechos. El peor enemigo de una fantasía es la realidad. Y por eso, para un populista autoritario, cualquiera que se dedique a estudiar la realidad, descifrarla, describirla, analizarla y publicarla es el enemigo. Para ellos la prensa, la sociedad civil organizada y las voces críticas son enemigos del proyecto político, y no sólo actores normales de cualquier sistema democrático.

Así se expone solito un régimen con los apellidos “Populista” y “Autoritario”: cuando habla de enemigos, y no de contrincantes.  Del primer apellido ya hablamos aquí hace algunas semanas. 

El segundo apellido es gravísimo, y la combinación de ambos es aún peor. El segundo apellido se gana cuando el titular de un gobierno no sólo considera (en su mente) enemigos a quienes lo exponen y lo critican, sino que además utiliza el poder del Estado para callar las voces que lo incomodan. 

Así, un populista que odia a la crítica se gana el apellido de autoritario cuando utiliza, de manera ilegal, el poder para tratar de someter a las voces discordantes a su discurso fantasioso. 

Desde el inicio de este gobierno hemos escuchado al presidente atacar públicamente a reporteros, comunicadores, medios escritos y electrónicos, y a organizaciones de la sociedad civil organizada, por hacer su trabajo que es exponer la realidad. Se ha referido a ellos como enemigos, la mafia, miembros de grupos de intereses oscuros y diversas variaciones de estos conceptos, que deberían estar reservados para los verdaderos enemigos del país. 

Pero la alarma escala a niveles aún más alarmantes, cuando además de los dichos se utiliza a las instituciones del gobierno como garrote para intentar someter a esas personas y organizaciones legítimas que sólo hacen su trabajo.

Sólo en estas últimas semanas hemos visto el ataque brutal al comunicador Carlos Loret que ha expuesto con pruebas contundentes diversos escándalos de corrupción de este gobierno, a la revista Nexos que documentó el escandaloso esquema de mentiras sobre las muertes de la pandemia y el ataque frontal a organizaciones de la sociedad civil que han expuesto los absurdos y peligros del Tren Maya.

Ilustración: Marco Colín

Es momento de poner atención y sonar las alarmas. En su Libro “On Tyranny. Twenty Lessons from the Twentieth Century” Timothy Snyder nos alerta de los peligros de las tiranías y nos recomienda 20 cosas concretas para evitar caer en manos de una tiranía. En la lección número 10 nos dice: “Cree en la verdad. Abandonar los hechos es abandonar la libertad. Si nada es cierto, nadie puede criticar al poder, porque no hay base alguna para hacerlo. Si nada es cierto, entonces todo es un espectáculo. La cartera mas grande paga por la luz más cegadora”.

Así, es nuestra responsabilidad como sociedad y como individuos defender la verdad, y defender vehementemente a todas aquellas personas y organizaciones que tengan como misión estudiarla, analizarla y exponerla. Si fallamos en esa responsabilididad ciudadana, nos quedamos sin la democracia que tanto trabajo nos costó construir. 

Derrotar al Reino de la Soberbia y la Improvisación

La política es la competencia por el poder. En un sistema democrático, es el concurso legítimo por obtener el derecho a ejercer el poder, por un tiempo determinado, con base en las funciones y facultades que establecen la Constitución y las leyes. Competir por el poder, ambicionar el poder, es lo normal. Cambiar constantemente de personas que lo ejercen, es lo deseable. 

En la competencia y en la alternancia podemos ver, comparar, contrastar, conocer y descartar. 

El derecho a ejercer el poder es un gran premio, y por eso, la competencia es dura, cruda y descarnada. Nadie se guarda nada, el que parpadea pierde. Así ha sido desde que se inventó. 

Sin embargo, por más impactante que parezca a los ojos del espectador, la mayor parte de lo que vemos es sólo una gran actuación de personajes experimentados, que conocen el juego, y lo juegan con pasión. Y esto, siempre es mejor que la alternativa, que es la violencia física, la violencia armada. 

Quienes hoy ejercen el poder en México lo ganaron legítimamente en una dura competencia electoral. Convencieron a una parte importante del electorado de que su propuesta era mejor que las alternativas. Obtuvieron así el derecho a ejercer el poder, durante 6 años, como lo marca la Constitución.

Pero esa misma Constitución establece también los cauces del ejercicio debido del poder. Es decir, no sólo establece las reglas para llegar, también establece las funciones, las facultades, las obligaciones y los límites que tienen, en todo momento, quienes ejercen el poder.

Desde el primer día de su mandato, quienes hoy encabezan el gobierno olvidaron esta segunda parte. Insisten en violar los límites que tienen en el ejercicio del poder, ir mas allá de sus facultades, y, sobre todo, han olvidado por completo que tienen una serie de obligaciones y funciones que tienen que cumplir. Se olvidaron de su obligación de dar resultados.

Ilustración: Marco Colín

La Soberbia los llevó a celebrar, apenas en el primer año, en cuatro grandes fiestas en el Zócalo, el inicio de una supuesta transformación. No habían empezado siquiera a gobernar, y ya celebraban un gran cambio, que nunca llegó. La soberbia también los llevó a desdeñar a la técnica y a los técnicos. “Es muy fácil gobernar” decía ufano el presidente. Así, llenaron el gabinete de novatos inexpertos y mal preparados, pero leales al presidente, que fueron destruyendo, una a una, las diversas instituciones del gobierno. Esa misma soberbia los llevó a declarar el fin de la corrupción. Con un pañuelito blanco en la mano, el presidente ha decretado su fin, en varias de sus homilías mañaneras. Pura soberbia. La corrupción, como ya lo vimos en diversos escándalos de miembros del gobierno, cercanos al presidente, sigue más presente que nunca. 

La soberbia los llevó a la Improvisación. Tres proyectos de infraestructura improvisados acabarán con el presupuesto federal. El Seguro Popular, reconocido internacionalmente, fue sustituido por un bodrio improvisado e ineficaz. La Policía Federal, fue destruida para dar paso a la improvisada Guardia Nacional. Decenas de programas sociales han sido sustituidos por tarjetas de débito que se llenan de dinero en efectivo, sin otro plan que el de mantener una clientela contenta. Y así, la Improvisación se convirtió en la base de cualquier política pública federal. 

Con esto, el sueño de millones terminó hundido en el Reino de la Soberbia y la Improvisación. Llegaron legítimamente al poder, pero no supieron qué hacer con él. Hoy hay millones de pobres nuevos y millones más sin un empleo digno, 240 mil muertos por COVID y homicidios impunes, y todo esto, dentro de una economía destruida. 

Y ahora ¿Cómo derrotamos al Reino de la Soberbia y la Improvisación? Primero, evitando la misma Soberbia e Improvisación. 

La humildad nos debe llevar a reconocer que vivimos en un país injusto, desigual, violento, lleno de privilegios y corrupción impune. Todos somos corresponsables. No hay escape. Por acción u omisión, hemos sido partícipes en el olvido de millones de familias que no tienen nada para comer hoy, y que tienen que educarse en un pésimo sistema de educación pública, curarse en un pésimo sistema de salud pública, y jugarse la vida y el patrimonio todos los días en la calle, solos frente a una delincuencia confiada. Necesitamos mucha humildad para reconocerlo, para verlo y enfrentarlo.

Tampoco podemos improvisar. No es a través de las reacciones estériles, descoordinadas y desconectadas entre sí, de todos los días, que vamos a recuperar el camino. Improvisar un ataque diario al presidente y su gobierno es sólo un ejercicio de fuegos artificiales que poco abona a crear una alternativa. 

El Reino de la Soberbia e Improvisación tiene enormes debilidades: 

  1. La gestión de gobierno es una tragedia, los buenos resultados ya no se dieron, y empeorarán
  2. La pandemia sigue fuera de control, y el costo político de las muertes será brutal
  3. La corrupción y la violencia están fuera de control
  4. El grupo en el poder pertenece a un partido sin organización y estructura formal, y en plena guerra interna
  5. El voto blando de la clase media, que les dio el triunfo, será víctima directa de la tragedia económica y la violencia sin control

Así, la mejor forma de crear un camino de cambio es construir una alternativa real, con sustancia y nuevos liderazgos. Construir un proyecto de gobierno basado en la técnica y la experiencia, que vea con humildad los problemas reales de México, y asuma la responsabilidad de crear un programa que sí de resultados, y que siempre esté abierto a la mejora constante y a la rendición de cuentas. Frente a la soberbia, la humildad y la responsabilidad. Frente a la improvisación, la técnica, la experiencia, la transparencia y la rendición de cuentas. Estamos a tiempo de empezar. 

Estamos solos

Finalmente, la gran mayoría de los mexicanos nos dimos cuenta de que estamos solos. ¿Cuidarnos de la pandemia? Nosotros solos. ¿Curarnos si nos enfermamos? Nosotros solos. ¿Enterrar a nuestros muertos? Nosotros solos. ¿Salvar nuestro negocio o empleo? Nosotros solos. ¿Cuidarnos de la inseguridad y la violencia? Nosotros solos. ¿Educar a nuestros hijos? Nosotros solos. ¿Crear nuevas oportunidades? Nosotros solos. ¿Reconstruir el tejido social y la armonía entre los mexicanos? Nosotros solos. ¿Conocer qué demonios está pasando en todos estos temas y encontrar información veraz? Nosotros solos. ¿Exigir responsabilidad y justicia para aquellos que hicieron mal su trabajo desde el gobierno? Nosotros solos. ¿Combatir la corrupción? Nosotros solos. ¿Exigir el cumplimiento de la ley? Nosotros solos. ¿Evitar el abuso del gobierno? Nosotros solos. 

Ilustración: Marco Colín

Entonces ¿Para qué demonios está el gobierno? ¿Para qué los mantenemos con nuestros impuestos? ¿De qué nos sirven?

Si no perteneces a un grupo subsidiado por el gobierno, si no tienes tarjeta de débito que se llena con nuestros impuestos cada mes, si no tienes un empleo en el partido, en el gobierno o en el ejército de porristas, hoy, el gobierno no te sirve de nada. De absolutamente nada. A ti no te ve, a ti no te escucha, tú no le interesas. Porque cree que no te necesita.

Pero no sólo no te ve y no te ayuda, nos afecta directamente todos los días.

Te doy algunos ejemplos. Con el pésimo manejo de la pandemia nos colocamos desde hace semanas en el tercer lugar de muertes por COVID en el mundo, y por ahí nos vamos a quedar (quizá la India nos rebase, pero del cuarto lugar nadie nos baja). Estos largos cuatro meses de mentiras, descontrol, desinformación, giros políticos e indisciplina nos han salido carísimos a ti y a mi.

En 3 proyectos de infraestructura y en tratar de mantener a flote a PEMEX el gobierno ha quemado más de 1 Billón de pesos de nuestros impuestos. Algo sin precedentes en nuestro país. Este dinero se pudo haber utilizado en la pandemia, en medicinas, en millones de pruebas para ubicar los contagios o en tratar de mantener vivos a las más de 150 Mil personas que han muerto por COVID (Ya todos sabemos que la cuenta oficial se debe multiplicar, por los menos, por 3).

Destruyó la Policía Federal y el aparato de inteligencia criminal, a cambio de una policía militarizada que no puede con la violencia, que rompe récords cada mes. En este país hay 4 homicidios impunes cada hora, y no van a bajar en los próximos meses. Los delitos de la calle que nos afectan directamente a ti a mi sólo bajaron porque los negocios estaban cerrados y la gente estaba en sus casas, pero, como ya vimos, los delincuentes siguen ahí.

Renunció a crear cualquier tipo de programa de reactivación económica, y en cambio regala dinero a su clientela electoral. Esto ha costado millones de empleos, miles de negocios y empresas quebradas, y lo peor, con los programas clientelares no pudo evitar la creación de millones de pobres nuevos que serán los que peor pasarán los siguientes años. 

Quienes tenemos hijos seguiremos indefinidamente con el papel de maestros de inglés, historia y matemáticas, porque el pésimo manejo de la pandemia orilló a que las escuelas se tuvieran que quedar cerradas, a diferencia de cientos de países que están recibiendo de vuelta a sus niños y jóvenes en las aulas, para que convivan entre ellos y disfruten de un poco de libertad. Los tuyos y los míos se quedarán encerrados un rato más. 

Estamos solos, pero no debería ser así. Le pagamos al gobierno para poner orden, para cuidarnos de una pandemia, para alejarnos de la violencia, para darle educación de calidad a nuestros hijos, para tener medicinas en los hospitales, para crear infraestructura que promueva el desarrollo, para combatir la pobreza y la corrupción, es decir, le pagamos para que administre bien nuestros recursos y nos sirva de algo.

Pero este gobierno renunció a esa responsabilidad, pública y abiertamente. Si no formas parte de su clientela electoral, no existes para este gobierno, no te toca nada, no te ve ni se ocupa de ti. Así de fácil. 

Así que tienes de dos: o te conviertes en su clientela electoral para entrar en la repartición de las migajas que quedarán, o empezamos a construir el camino para crear una alternativa. 

Pero también podemos acompañarnos entre nosotros, ayudarnos entre nosotros, crear nuevos lazos entre nosotros los ciudadanos. Es una gran oportunidad para poner el servicio de otros nuestro tiempo, talento y energía. Si el gobierno nos dejó solos, es momento de voltearnos a ver a los ojos y construir entre todos una nueva economía, una nueva sociedad, un nuevo país. Todos por Todos.

Yo ya no me quiero volver a sentir solo. Yo quiero un gobierno que también se ocupe de mí, aunque yo le caiga mal, aunque los critique, aunque no les eche porras. Yo quiero un gobierno que nos voltee a ver a todos, y que gobierne para todos. Esa, creo yo, es la gran lección que nos deja la pandemia, que debemos aprender para siempre.

Vamos a necesitar Justicia

Y aquí estamos, casi 5 meses después. Nos dijeron que serían 4 semanas, y nuestra mente se preparó para un mes de encierro. Van 18 semanas y esto no tiene para cuando. Ya no estamos completamente encerrados en casa, pero así se siente. Se acabaron las series de Netflix, los juegos de mesa, los rompecabezas y los zooms comunitarios se volvieron una maldita tortura. Los ingresos familiares cayeron a niveles alarmantes, las tarjetas de crédito explotan y los negocios nuevos se quedan en un tortuoso: “lo estamos evaluando”. Los niños no se irán a la escuela y están muy enojados y frustrados, con toda la razón. Pero lo peor de todo es, la pinche incertidumbre. 

Cuando nos dijeron “Son 4 semanas de encierro” había un plazo, una frontera, una meta que había que cruzar. Hoy no hay meta, no hay frontera, sólo una terrible gráfica que todos los días se ve exactamente igual: suben los muertos y suben los contagios. Los días parecen ser una aburrida repetición del día anterior. Los políticos tratan de dar explicaciones estúpidas, por el estrepitoso fracaso de sus proyecciones, y nosotros nos desahogamos mentándoles la madre. Con cada mentira que nos dicen, con cada estupidez que provoca muertes nuevas y más contagios, crece nuestro enojo y frustración.

Sólo esta semana vimos tres videos en los que grupos enojados de ciudadanos molían a golpes a una persona que quería asaltarlos. Miles lo celebraron en redes, como si fuera una escena de justicia. Pero no lo es, es sólo enojo y frustración, quizá la combinación más peligrosa que puede haber en una sociedad. Se trata de una mezcla de emociones que nunca podemos permitir que crezca y se anide en una comunidad. 

Estamos muy enojados y frustrados. Se siente en todos lados. Mantener el ánimo a lo largo del día se ha convertido en una tarea titánica de disciplina y control. Se vuelve cada día más difícil encontrar motivos de esperanza y aliento para seguir.

A los datos que reflejan la catástrofe en el manejo de la epidemia se suman los desastres en el manejo de la violencia, la economía, el empleo, el presupuesto, los proyectos de infraestructura y en general, el ejercicio de gobierno. No pueden ni hacer un video promocional de Acapulco sin hacer el ridículo.

Pero a todo esto, se suma la sonrisa de dos personas con el mismo apellido, que son los responsables del gobierno, el jefe, y el otro, el encargado de la epidemia. Ambos sonríen como si todo estuviera bien. Ambos sonríen con esa mueca de burla que comunica “No es mi pedo”. Yo no sé que buscan con esa actitud, no lo entiendo. Lo que yo entiendo cuando los veo sonreír, es que no les importa lo que estamos viviendo. Lo que yo entiendo cuando los escucho decir que “Vamos muy bien”, “Nos cayó como anillo al dedo”, “Ya domamos la pandemia” o “Estamos en lo previsto” es que no sienten nada por las 51 Mil muertes que van hasta hoy (Multiplicadas por 3, ya lo sabemos y lo saben ellos). Insisten en reírse, burlarse, mentir y crear falsas expectativas. El presidente ha dicho varias veces en las últimas semanas que la economía se está recuperando igual que el empleo, que la violencia ha bajado y que la pandemia está bajo control. Todo, absolutamente falso, y lo peor, es que parece burla. 

Esa falta de empatía me parece brutal, inentendible, pero, sobre todo, muy peligrosa. La sonrisa de los dos López no genera esperanza, genera más frustración en una población muy confundida y desesperada. Los mexicanos sabemos que son mentiras, y sabemos que ellos lo saben. Sabemos que son mentiras para ganar un poco de tiempo, a ver si mágicamente las cosas mejoran. Sabemos que no hay un plan. La sonrisa burlona nos deja ver que no corregirán, que no están dispuestos a aceptar el cúmulo de errores que han cometido y a cambiar el rumbo. Y eso es lo que más nos frustra.

Ilustración: Marco Colín

Nos enoja pensar que nadie se hará responsable de la tragedia colectiva, y menos de las tragedias individuales que se están viviendo en cada familia. Nos enoja pensar que nadie va a pagar las consecuencias de llevar 5 meses de pandemia, 50 Mil muertes, medio millón de contagios, millones de empleos perdidos, negocios quebrados y oportunidades perdidas. Nos enoja la falta de JUSTICIA. Eso es lo que nos enoja.

Sigmund Freud dijo “El primer requisito de la civilización es el de la justicia.” Y no hay justicia sin responsabilidad. No hay forma de sentir que se hizo justicia si no tenemos la capacidad de señalar a los responsables. 

Así, para dar cauce a nuestro enojo y frustración necesitamos JUSTICIA. No linchamientos públicos, ni humillaciones, ni eventos que deshumanizan. 

Necesitamos Justicia que puede llegar por dos vías: la vía electoral y la vía jurídica, de las responsabilidades administrativas y penales. Ambas están abiertas y a nuestra disposición, y sólo requieren que tengamos el valor, la disciplina y la paciencia de utilizarlas como es debido, y en su momento.

Si queremos sanar la profunda herida que dejará la pandemia, vamos a necesitar Justicia, y sólo así, conseguiremos la paz que tanto anhelamos. 

El Populismo y la Muerte

Hoy, 1 de agosto de 2020, los 5 países que mas muertes registran en todo el mundo por COVID son gobiernos dirigidos por populistas: Estados Unidos, Brasil, México, UK e India (en ese orden). Entre los 5 gobierno suman 370 Mil muertes en sus países (las contadas y reconocidas oficialmente), de las 685,942 que se han registrado en todo el mundo por este virus. Es decir, 5 países concentran el 55% de todas las muertes que la pandemia ha provocado. ¿Es esto una coincidencia? No lo creo.

¿Qué tienen en común estas 5 democracias? Un titular del poder ejecutivo y un gobierno populistas. Donald Trump, Jair Bolsonaro, Andrés López, Boris Johnson y Narendra Modi son titulares de gobiernos abiertamente populitas, con rasgos políticos muy similares. 

¿Qué es un populista? 

Son 5 características comunes que definen a un populista. La primera y la más importante, es que se asumen como «La Voz del Pueblo”. Los líderes populistas se describen a sí mismos como intérpretes del verdadero pueblo. Se venden como personas capaces de interpretar las verdaderas razones, causas y necesidades del pueblo. Ellos son su voz.

Lo segundo que tienen en común es que se asumen como la personificación del Estado. Ellos no están sometidos a la Constitución y las leyes porque tienen una función más alta, más noble y más importante que sólo seguir las funciones que una “simple” Constitución les imponga.

Lo tercero que tienen en común es que venden su paso por el poder, no como un simple sexenio o periodo de gobierno, sino como una especie de momento crucial de la historia de sus respectivos países. Todo lo que sucedió antes era sólo el camino necesario para llegar a este momento definitorio. Nada fue tan importante como este momento, y ellos están a cargo.

Y por esto, lo cuarto que tienen en común es que desprecian a cualquier crítico, opositor o medio que los exponga y exponga sus mentiras. Atacarlos es atacar la historia, es atacar el alma de la nación, atacar al pueblo y tratar de desviar la historia de su curso debido. 

Y así, lo quinto que tienen en común es su afán por construir una realidad alterna a la que cualquiera puede apreciar. Son los creadores y promotores de la Era de la Post Verdad, que es este terrible momento que viven las democracias modernas en el que los líderes políticos pueden mentir abiertamente, desconocer datos duros, desconocer a la ciencia misma e inventar “la propia”, crear conspiraciones, señalar a sus críticos de crímenes no probados y señalar a los medios de comunicación como “El enemigo del pueblo”.

Es sólo cosa de leer los diarios de estos 5 países, lo que reportan de ellos los diarios, revistas, estudios y medios internacionales, para saber que estos 5 políticos y sus gobiernos encuadran en estas 5 características. Y lo peor, es que no lo esconden. No es algo secreto o vergonzoso, lo hacen a la vista de todos, con el apoyo de mucha gente, y con orgullo. Ninguna de estas 5 características le parecería ofensiva a estos políticos. Las portan como medallas.

¿Por qué el Populismo fue el mejor huésped del COVID?

Nos faltan muchos años y muchos estudios para poder asignar responsabilidades concretas a los diferentes gobiernos por sus buenos o malos manejos de la pandemia. Pero algo debe haber en el populismo, que 5 gobiernos con estas características juntan el 55% de las muertes de todo el mundo, hasta hoy. Los 5 peores de todo el mundo.

Sugiero 5 motivos que los hace idénticos:

  1. Los 5 negaron al principio de la pandemia que el COVID fuera algo grave, de lo que había que preocuparse, y hasta se burlaron de quienes les demandaban acciones concretas y radicales.
  2. Los 5 han negado en algún momento la ciencia médica y aspectos básicos de la epidemiología preventiva, y han incluso tratado de sugerir medidas o tratamientos, sin ningún respaldo científico.
  3. Los 5 fueron erráticos, ambiguos, lentos e irresponsables en la comunicación política, en las medidas de política pública que debían tomarse, en su implementación y sobre todo, en la disciplina para mantenerlas, por los costos políticos que generan, lo que creó confusión en sus gobiernos y en la población.
  4. Los 5 se negaron sistemáticamente a dar el ejemplo con medidas preventivas como la distancia, el cubre bocas o el gel desinfectante, lo que seguro contribuyó al desdén que buena parte de la población ha tenido en estos países sobre estas medidas.
  5. Los 5 han querido acelerar la reapertura de las ciudades y la economía, sin datos duros, sin respaldar sus decisiones con ciencia, sino motivados exclusivamente por el costo político que empiezan a sentir de manera brutal.

No tengo como afirmar científicamente que estas 5 razones son las que ubican a estos países en los 5 primeros lugares de muertes por la pandemia. Pero me parecen razones muy poderosas para decir que en los países populistas el riesgo de una pandemia se multiplica y perder la vida es más fácil. Pero, sobre todo, con estas razones se puede afirmar que en un país populista nadie se hace responsable por la tragedia, y la muerte es más común, barata e injusta.

Ilustración: Marco Colín

Mapa de Ruta Ciudadano

Tenemos 11 meses para retomar el control del rumbo del país. No podemos perder un día más. El país está a la deriva, como barco que se quedó sin timón, sin capitán y sin mapa de ruta. 

México se siente como un barco que sólo avanza hacia delante, pero sin una dirección clara, y que además se llena de agua día con día. Se siente como un barco en peligro. El capitán sólo se ocupa de sí mismo y ya soltó el timón. Le fascina recorrer los pasillos del barco saludando a la gente y recibiendo porras. No le gusta la pesada tarea de manejar el barco y mantenerse a cargo del volante. Peor aún, la maquinaria y el equipo de navegación han sido agarrados a martillazos por una tripulación soberbia e improvisada, que sólo voltea a ver al capitán por las mañanas para cumplir con sus caprichos del día. Y en medio de este desastre, todos los pasajeros ya nos dimos cuenta de que nunca hubo un mapa de ruta. El capitán y su equipo sólo querían llegar al puente de mando, pero no sabían en realidad qué hacer después.

Así, no nos queda de otra mas que dejar de ser simples pasajeros, o el barco se hunde. Tenemos que empezar por construir un mapa de ruta que nos lleve a donde nosotros queremos. Después, tenemos que reparar la maquinaria y los sistemas de navegación que hagan posible controlar el barco, para después sustituir a la tripulación, por personas capaces, responsables, íntegras y experimentadas, que nos lleven a donde señala nuestro mapa de ruta.

Para dejar de ser simples pasajeros, que sólo ven espantados el desastre, tenemos que crear nuevas capacidades:

  1. Información. Necesitamos desarrollar mejores capacidades para exigir información veraz, completa y oportuna. Es imposible estar a cargo de la ruta del país si no conocemos lo que está pasando en las diferentes materias.
  2. Análisis. Tenemos que desarrollar nuestra capacidad para escoger la información que necesitamos, y desechar la que es falsa, inútil o incompleta, para después hacer un buen análisis de la situación actual y tener claro el punto de partida.
  3. Prioridades. Tenemos que aprender a separar lo urgente de lo que puede esperar, y lo importante de lo secundario. No se puede cambiar todo al mismo tiempo, y por eso debemos escoger los temas que más afectan nuestra vida y atenderlos primero.
  4. Incidencia. Tenemos que desplegar nuestra capacidad de incidir en el diseño, desarrollo e implementación de nuevas leyes, instituciones y políticas publicas. No es suficiente tener buenas ideas que se quedan guardadas en el cajón, es igual de importante tener la capacidad de llevarlas a la práctica, a través de los canales adecuados. 
  5. Evaluación. Tenemos mucho que mejorar en nuestras capacidades de evaluación y vigilancia de la actuación del gobierno, en sus diferentes instancias y órdenes, para someterlos a una verdadera rendición de cuentas.

¿Cómo hacemos todo esto? 

Necesitamos una buena estrategia, porque la tripulación actual no tiene la menor intención de soltar el control del barco, y su enorme soberbia los hace pensar que lo han hecho bien y que sus ocurrencias diarias equivalen a un mapa de ruta.

Propongo 5 pasos para retomar el rumbo:

  1. El destino. ¿A dónde queremos ir? ¿Qué país quieres? ¿Cómo imaginas la educación, la salud, la seguridad, la energía o el medio ambiente en tu país? Para eso creamos el Libro “100 Ideas que sí van a cambiar a México”. Lo que queremos es que empieces a imaginar un país diferente, en los temas que más impactan en tu calidad de vida y en la de los tuyos. https://maxkaiser.com.mx/100-ideas-que-si-pueden-cambiar-a-mexico/
  2. La ruta. Con el destino claro es mucho más fácil trazar la ruta en cada tema. Una vez que todos acordamos el tipo de sistema de salud que queremos, o el tipo de educación que necesitamos, es más fácil convertirlos en propuestas concretas de ley, en instituciones eficaces o en políticas públicas útiles.
  3. Las personas. La mejor forma de seleccionar a un buen líder es a través de un debate abierto y exigente de ideas. ¿A quién queremos como líder en el tema de seguridad? A quien mejor entienda, analice, debata y defina las mejores alternativas en su materia. Ya no queremos a políticos improvisados que un día se encarguen de la educación y al día siguiente definan el rumbo de la seguridad. Necesitamos a las mejores mujeres y hombres en cada tema, y sólo podremos encontrarlos en el debate abierto de ideas.
  4. La comunicación. Tenemos que encontrar la mejor manera de comunicar estas nuevas ideas para posicionar su contenido, pero también a los líderes que las encabezan. Llegar a quienes queremos llegar es la mitad de la estrategia.
  5. La energía. El camino es muy largo y muy complejo. Nadie nos va a regalar nada. Quienes tienen el poder harán todo lo posible para mantenerlo. Lo obtuvieron de manera legítima y creen tener la razón. No lo van a soltar sólo porque se los pedimos. Se va a requerir una cantidad gigante de energía y paciencia, que sólo puede surgir de nuestro amor común por México.

Tenemos 11 meses, y parece poco tiempo, pero si empezamos hoy, podemos hacerlo. Y si no, por lo menos podremos decir que lo intentamos.  

Las 100 cosas que yo critiqué públicamente del Gobierno de Peña Nieto

1.- El uso político del aparato penal 2.- La manipulación de expedientes penales 3.- La licencia para delinquir a gobernadores y presidentes municipales 4.- La renuncia a los sistemas de auditoría y control 5.- La ausencia absoluta de sentencias finales en casos de corrupción 6.- Las denuncias penales como forma de quitarse el muerto de encima 7.- El anuncio de casos espectaculares como método para ganar legitimidad 8.- La persecución de personas incómodas al gobierno 9.- La renuncia al sistema de responsabilidades administrativas 10.- El olvido de la secretaría de la función pública como pilar del control y la vigilancia 11.- El olvido del sistema de mejora de gestión de gobierno 12.- La ausencia total de autonomía de los órganos de control y vigilancia 13.- El olvido del sistema penal oral acusatorio 14.- El olvido del sistema profesional de carrera como creador de cuadros 15.- El olvido de la especialización de fiscalizadores y auditores 16.- Ponerle el pie al Sistema Nacional Anticorrupción 17.- Detener sus nombramientos básicos 18.- Dejarlo sin los recursos suficientes 19.- Desconocer en los hechos al presidente del Sistema Nacional Anticorrupción 20.- Bloquear el desarrollo e implementación de la Ley la Ley General de Responsabilidades Administrativas 21.- Tratar de someter políticamente al Tribunal Federal de Justicia Administrativa 22.- Pretender bloquear el nacimiento de la sección especializada en corrupción del Tribunal Federal de Justicia Administrativa 23.- Difundir la idea de que la corrupción es cultural y no institucional 24.- Bloquear el desarrollo de los Sistemas Locales Anticorrupción 25.- Pretender la captura política de la Auditoria Superior de la Federación 26.- Usar herramientas de investigación y fiscalización para amedrentar y presionar a las organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación 27.- Utilizar los espacios y eventos públicos para hacer proselitismo partidista disfrazado de programas de gobierno 28.- Confundir la titularidad del poder ejecutivo con el liderazgo del partido 29.- Privilegiar la lealtad partidista sobre la capacidad técnica en nombramientos clave 30.- Hacer nombramientos con abiertos conflictos de interés 31.- Manipular el concepto de conflicto de interés 32.- Acusar a enemigos políticos de conflicto de interés 33.- Crear alianzas oscuras con grupos selectos del sector privado 34.- Desarrollar proyectos de infraestructura que solo parecen beneficiar a esos grupos selectos 35.- Crear proyectos de infraestructura sin estudios de mercado y de costo beneficio completos 36.- Inexistente planeación en obra pública 37.- Renuncia al control y la vigilancia en obra pública 38.- Proyectos de obra pública sin rentabilidad social 39.- Proyectos de obra pública subvaluados para poder hacer la venta política 40.- Proyectos de infraestructura que responden a criterios políticos y no sociales 41.- Proyectos de obra pública inconexos entre sí 42.- Abuso de las excepciones a la licitación y desuso del sistema electrónico de contrataciones públicas 43.- Violación a las obligaciones internacionales en materia de contrataciones públicas 44.- Adquisiciones de bienes y servicios sin planeación y metas claras 45.- Concentración del mercado de contrataciones en pocos proveedores 46.- Inutilización de los datos del sistema de contrataciones públicas para hacer inteligencia de mercado 47.- Renuncia a la capacitación y especialización de los encargados de las contrataciones públicas 48.- Renuncia a los sistemas de control de confianza de los servidores públicos de áreas sensibles 49.- Inexistencia de sistemas de incentivos positivos del buen servicio público 50.- Diseño de la administración pública para generar equilibrio entre control y eficacia 51.- Renuncia a la capacitación permanente de servidores públicos 52.- Sometimiento de los gobiernos locales y municipales a través del presupuesto 53.- Sometimiento de gobiernos locales y municipales a través de la inclusión o retiro del Ejército en tareas de seguridad 54.- El chantaje permanente a gobernadores para dejarlos sin inteligencia y herramientas en materia de seguridad 55.- La renuncia a un sistema carcelario eficaz y humano 56.- La incapacidad para controlar la violencia de manera permanente 57.- La ilusión de esconder la violencia detrás del discurso triunfalista 58.- La renuncia al control de tráfico de armas de fuego 59.- Evitar a toda costa la discusión sobre la despenalización de las drogas 60.- El abandono del sistema de recuperación de activos de corrupción y crimen organizado 61.- La ineficacia del sistema de administración de bienes recuperados 62.- El uso político de la unidad de inteligencia financiera 63.- El sometimiento político de la Procuraduría General de la República 64.- La incapacidad para investigar delitos 65.- La incapacidad para obtener sentencias condenatorias 66.- La falta de entrenamiento de los ministerios públicos 67.- La falta de atención a la sobre carga de trabajo de los ministerios públicos 68.- La falta de incentivos económicos y humanos para ministerios públicos y policías 69.- La falta de seguridad para ministerios públicos, investigadores, policías y personas expuestas 70.- La ausencia total de apoyo del gobierno a los servidores públicos caídos en el ejercicio de su encargo 71.- La falta de capacitación integral en cultura de derechos humanos a policías y servidores de áreas de seguridad 72.- El pobre desarrollo y financiamiento de los sistemas de inteligencia 73.- Los constantes intentos de presión a jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial 74.- Los intentos de presión y manipulación del Tribunal Federal Electoral 75.- Las designaciones con criterios políticos de ministros 76.- La presión permanente a los órganos electorales 77.- La creación de programas sociales con claros fines electorales 78.- La entrega de estos programas en grandes eventos con fines proselitistas 79.- La campaña permanente del presidente en eventos masivos diarios 80.- Los eventos masivos llenos de funcionarios de alto nivel que deberían estar trabajando 81.- El acarreo de personas a estos eventos masivos 82.- El gasto inútil en el montaje de cada uno de estos eventos 83.- La presencia permanente del gobierno en medios masivos de comunicación a través de spots inútiles 84.- La opacidad en la información de gestión de gobierno y resultados reales 85.- La presión permanente al órgano de transparencia 86.- La renuncia  a la transparencia proactiva 87.- La presión permanente a los órganos reguladores y autónomos 88.- La renuncia a las nuevas tecnologías para mejorar la gestión de gobierno 89.- El abandono de los foros internacionales en donde se discuten temas cruciales para México y el mundo 90.- La renuncia a cualquier tipo de liderazgo en estos foros 91.- El abandono de las políticas transversales de sustentabilidad y cambio climático 92.- La apuesta al carbón como energético esencial 93.- La ambigüedad inexplicable en la política internacional en temas de derechos humanos 94.- La indefinición de la política bilateral México-EU 95.- La renuncia a la protección vehemente de nuestros migrantes 96.- El extraño silencio cómplice respecto de Venezuela 97.- La extraña y oscura relación con Kushner 98.- El olvido de Europa como potencial socio comercial 99.- La indefinición de nuestra relación con China 100.- El desprecio por la sociedad civil organizada.

Sobre nuestra capacidad de amar

Llevamos 4 meses encerrados. La frustración hace presa de mí varias veces al día. También me invade a cada rato la angustia de ver hacia el frente, y que nada tenga claridad. No soy bueno con la incertidumbre y todo es muy confuso. Hay días que me lleno de ánimo y me convenzo de que esta pausa me ha servido para crear cosas que jamás hubiera hecho. Otros días sólo me siento atrapado, mientras el mundo sigue y el país se descompone, y yo quiero ayudar de alguna manera.

Escribir ha sido una gran terapia. Cada sábado pongo en orden mis ideas, compartiéndolas con ustedes. 

Una pregunta ha rondado mi mente toda la semana ¿Qué me ha salvado de volverme loco en este encierro? Y la respuesta siempre es la misma. “Pero yo no puedo escribir de eso, van a pensar que soy un ridículo. ¿Cómo me van a tomar en serio después, cuando hable de política y corrupción?” era el mensaje que me mandaba mi cabeza. Pero lo quiero intentar, a ver qué sale.

Lo que me ha salvado a mí, en estos meses de encierro, es aquello que nos diferencia de todos los demás seres vivos: la capacidad de amar. Y, si un abogado que se dedica a la política la tiene, la tenemos todos. 

La veo en cuatro dimensiones: la propia, el amor a los nuestros, el amor a nuestro lugar y el amor a una causa.

La capacidad de amarnos a nosotros mismos es la que nos tienen guardados, encerrados para preservar nuestra salud y nuestra vida. Es amor propio el que permitió que dejaras a un lado tu vida, tus proyectos, a tus amigos y la capacidad de generar dinero, por un rato. Es la necesidad esencial de preservarnos primero nosotros para poder hacer cualquier otra cosa. El amor propio es el que nos lleva a buscar alternativas, nuevas formas de pasar el día, placeres simples que nos hagan sonreír, y, sobre todo, es lo que nos mueve a buscar un nuevo proyecto de vida, que sea posible en las nuevas circunstancias, y nos permita ser felices.

La capacidad de amar a los nuestros, y dejarnos amar por ellos, es nuestro gran salvavidas. Cuando la primera falla, cuando no estamos en un buen día para vernos al espejo y dedicarnos una sonrisa, es la capacidad de otros, de amarnos, la que nos hace recuperar la sonrisa. Yo nunca la había experimentado con tanta profundidad como en estos meses. Es mi gente, los míos, quienes me han levantado una y otra vez en este encierro. Son ellos los que me han hecho ver todo lo que soy y tengo cuando yo sólo veo drama y confusión. Son ellos los que han ejercitado conmigo su capacidad de amar, cada que sienten que lo necesito, y me han regresado a mi centro.

La capacidad de amar el lugar en el que nacimos es nuestro otro gran salvavidas, y tendrá que serlo en los días y meses que vienen. Hay algo que nos hace amar la tierra que nos vio nacer. Y es amor, porque hay días que no parece haber motivos racionales. Hay algo que nos mueve a cuidar el espacio físico donde cohabitamos, y a soñar en que puede ser siempre mejor. No es sólo un interés privado y egoísta. Si lo fuera, a todos nos ocuparían sólo las cuatro paredes en las que nos resguardamos. De una u otra manera, todos queremos que el especio dónde vivimos sea más verde, más limpio, más próspero, más justo, más humano. Todos lo hemos soñado mejor, y eso nos mueve. Y ese movimiento nos muestra la capacidad que tenemos de amar nuestro espacio común.

Y, finalmente, está la capacidad de amar una causa, una misión. Dicen los que saben que la trascendencia es lo que realmente nos separa de los demás seres vivos. Somos los únicos seres vivos que podemos ver en nuestra mente un mundo mejor, y crear estrategias concretas para construirlo. Somos los únicos que podemos ver una causa en ese mundo mejor que imaginamos, enamorarnos de ella, y hacer todo lo posible por conseguirla. El amor a una causa es lo que le da valor y trascendencia a nuestra vida. Es la posibilidad de darle a nuestra vida un sentido de utilidad: vine a este mundo para servirlo, y servir de algo. No puede ser otra cosa que amor cuando un ser humano pone toda su vida al servicio de una buena causa, y eso lo hace feliz en el día a día. 

Así, la capacidad de amarme a mi, de amar a otros (y dejarme amar por ellos), de amar a mi país y de amar las causas que me mueven, fueron mi gran salvavidas en este encierro. Y, como aún no acaba, y va para largo, me pienso agarrar de ellas para tratar de tener más días buenos que malos, en el tiempo que falta.

Gracias 

Ilustración: Marco Colín

¿Qué nos une?

Al parecer tenemos muy claro qué nos separa. Lo expresamos todos los días. Somos capaces de poner en riesgo una gran amistad o una relación familiar por mantener una posición y dejar claro que yo veo el mundo distinto a como le ves tú. Hemos creado una dinámica binaria y artificial que parecería definir al mundo en un simple “a favor o en contra”. Eres de un bando o del otro, y debes defender con orgullo y vehemencia esa posición. Lo hacemos en política todos los días, pero también en temas tan complejos y relevantes para nuestra vida como los temas de género, desigualdad, violencia, el medio ambiente, las relaciones de pareja, la sexualidad, etc. Y en ese debate binario perdemos la riqueza que puede generarse de la confrontación civilizada de diversas visiones del mundo.

Me niego a vivir mi vida así. Me niego a pensar que la riqueza y la diversidad humana debe ser sometida a una mediocre “a favor o en contra”. Me niego a ser catalogado en bandos. Me niego a ser miembro de grupos chafas y artificiales que nada dicen de mi, y que reducen mi capacidad de pensar libremente a un ridículo “a favor o en contra”. 

Yo soy un imperfecto y complejo ser humano que quiere servir y trascender. Quiero poner todas mis capacidades al servicio de dos cosas: mi felicidad y la felicidad de los míos, y la construcción de un país más justo y con más oportunidades para todos. Y no puedo hacer eso si me obligan a ser parte de bandos artificiales que me llevan a tomar posiciones rígidas en torno a temas complejos y cambiantes.

Entonces, si no es en bandos artificiales ¿Cómo hacemos para trabajar juntos por un país mejor? Esa es la pregunta que ronda permanentemente en mi cabeza, porque el país necesita millones de mentes, corazones y manos dispuestas a trabajar por un fin común. 

¿Qué nos une? ¿Nos une ser mexicanos? Demasiado vago, efímero y fortuito. Somos mexicanos porque la vida decidió mandarnos a este lugar, y cada uno define su arraigo a esta tierra de forma distinta, de acuerdo con muchas circunstancias individuales y cambiantes. ¿Nos une el sector socioeconómico al que pertenecemos? Espero que no, porque en un país tan desigual e injusto como el nuestro el factor que define con más fuerza el grupo socioeconómico al que pertenecemos es la familia en la que nos tocó nacer. ¿Nos une el género, el color de piel, las creencias que profesamos? Sólo si crees que tu vida está determinada de manera inescapable por uno de esos elementos.

Entonces ¿Qué nos une? Propongo que nos unen tres cosas: la necesidad, la diversidad y la capacidad de amar.

Nos une la necesidad porque todos requerimos de los mismos elementos mínimos para poder vivir bien y tener la oportunidad de ser felices. Según Abraham Maslow, las personas tenemos una tendencia innata hacia la realización y, para alcanzarla debemos primero empezar por satisfacer las necesidades básicas y después las necesidades de seguridad y protección. Las Necesidades básicas tienen que ver con las fisiológicas y necesarias para la supervivencia como el respirar, beber agua, alimentarse, dormir, evitar el dolor o mantener regulada la temperatura corporal. Las Necesidades de seguridad y protección se refieren a sentirse seguro y protegido, es decir, tienen que ver con lo relativo a la seguridad física (asegurar la integridad del propio cuerpo) y de salud (asegurar el buen funcionamiento del cuerpo) y la necesidad de contar con la seguridad de recursos como una vivienda. ESTO NOS UNE.

Nos une la diversidad. Por contradictorio que suene, nos une que todos somos diferentes.  “Cada cabeza es un mundo” es una gran definición de lo que somos. Cada quién ve el mundo desde el contexto en el que habita, con las herramientas mentales y emocionales que ha podido desarrollar, desde su estructura genética y movido por tipos distintos de personalidad. Todos somos personas, y somos diferentes. ESTO NOS UNE.

Nos une la capacidad de amar. Y con esto me refiero a la capacidad que todos tenemos de poner a un lado nuestros intereses, nuestras necesidades y motivos por servir a otros, para ver la sonrisa de alguien más, para hacer feliz a alguien más. Todos tenemos esa capacidad, todos la utilizamos, todos los días, en diferentes formas y medidas, pero todos tenemos la potencia. ESTO NOS UNE.

Así, nos unen las necesidades que tenemos como personas, nos unen nuestras diferencias y nos une la capacidad de amar. Y ahora ¿Cómo utilizamos eso?

Construyendo proyectos que se enfoquen en crear un piso mínimo para satisfacer las necesidades básicas de todos, desde la conciencia de diversidad y utilizando todo el poder y la energía que nos da la capacidad de amar a otros. 

Con esta fórmula, no necesito pertenecer a bandos o grupos artificiales, sólo necesito pararme todos los días de la cama con ganas de SERVIR

Volvamos a Intentarlo

La democracia nos decepcionó muy rápido. Después de 70 años de vivir en ese sistema conocido como de partido hegemónico, carente de alternativas, lleno de corrupción y mentiras, y con muy pocas libertades, la democracia parecía la gran promesa. Y nos decepcionó. 

Para quienes nacimos y vivimos un rato en ese sistema, el recuerdo es muy vivo. Era un mundo monocromático, aburrido y lleno de “certezas” falsas. Ir al súper era tan aburrido como ir a las urnas: no había opciones, había que conformarse con lo mismo de siempre.

El país era gobernado por un pequeño grupo de personas que se sentían iluminados y predestinados por la historia para ser las figuras paternas de un pueblo ignorante y muy conformista. El Partido (con mayúsculas y voz solemne) era la única alternativa. 

Yo nací en la década en la que iniciaron las crisis económicas y políticas de ese sistema de partido hegemónico. En los setenta se empezaron a asomar las grietas de este modelo de control y administración del poder, que llevaba ya 30 años de estabilidad falsa.

Desde muy pequeño aprendí a entender qué era una devaluación, la inflación y la corrupción. Eran los únicos temas de conversación. Recuerdo varias veces a mi padre decir muy enojado “Carajo, otra devaluación”.  Era también muy común escuchar por todos lados historias de nuevos ricos que surgían del propio sistema. Familias enteras que de la nada se convertían en potentados derrochadores que hacían del Kitsch ochentero su estilo de vida. Nadie los veía raros, y nada pasaba. Las casas del Pedregal llenas de esculturas de bronce, columnas dóricas y adornos dorados florecieron sin rubor.

Los adultos mentaban madres del gobierno, pero nada podían hacer. El aparato decidía quiénes iban a gobernar y a ocupar todas y cada una de las posiciones de poder y decisión, entre sus propios miembros. Entre ellos se generaba el orden y la disciplina. Entre ellos se repartían impunemente el botín. Por eso el nombre de sistema de partido hegemónico. No había opciones, no había alternativas. No había rendición de cuentas ni responsabilidad alguna. Así crecimos, escuchando quejas llenas de impotencia, sobre un sistema podrido que no se podía cambiar.

Pero el sistema no aguantó. Fue imposible esconder sus carencias, sus injusticias y su corrupción, y cuando dejó de proveer cierta estabilidad, y la riqueza de unos cuantos se vio en peligro, el sistema perdió el control e inició la transición a la democracia. Pero la dejamos a la mitad, y nunca acabamos ese otro proceso que se conoce como consolidación democrática.

Una consolidación exitosa de la democracia necesita por lo menos 5 elementos:

  1. Una transformación institucional que genere por lo menos división entre los poderes
  2. La creación de un aparato electoral eficaz e independiente que permita alternancias permanentes y seguras
  3. La creación de instituciones eficaces en la protección de los derechos básicos de todos
  4. La selección de líderes políticos que crean en la democracia y se comprometan a respetar y cuidar los primeros tres elementos de esta lista
  5. Una ciudadanía comprometida con el desarrollo y cuidado de su propia democracia

Si no se dan estos 5 elementos, las consolidaciones democráticas se quedan a medias. En México hicimos muy bien los primeros dos elementos de esta lista. Pero hicimos muy mal los otros tres.

Nos quedamos a la mitad de la creación de Instituciones eficaces para la protección y goce de nuestros derechos básicos, y hoy vemos espantados la destrucción de los que si habíamos construido, y estaban en proceso de maduración. 

Seleccionamos para ocupar cargos de poder a políticos que sólo creen en la democracia cuando ganan ellos, y que desprecian la ley como fuente y límite de su poder. Es decir, populistas que sólo son demócratas cuando les conviene. 

Pero nosotros tampoco hemos hecho la tarea. Creemos que la democracia es como el menú de un restaurante: sólo puedes comer lo que dice el menú. Y así, esperamos sentados que algún día los partidos nos den buenas alternativas para resolver nuestros problemas, y acabamos frustrados en las urnas, escogiendo al menos peor.

Es momento de cambiar el método y reconstruir nuestra democracia. Nosotros construimos una agenda para resolver nuestros problemas, y se la imponemos a los partidos políticos para que recuperen nuestra confianza. El partido que adopte nuestra agenda se gana mi voto. Los que insistan en imponer sus soluciones a medias y sus propios intereses, se van a su casa.

¿A qué le tienes miedo? ¿Qué te falta para despertar? ¿Qué mas tiene que pasar para que reaccionemos y salgamos de este hoyo? Es hora de volver a intentarlo. Es hora de construir una democracia completa que esté sustentada en el poder de los ciudadanos. Es nuestro momento.

Ilustración: Marco Colín

Aquí te dejo la liga para que descargues una propuesta concreta y completa para empezar a construir nuestra propia agenda, la de los ciudadanos. Es gratis y la puedes compartir por todas tus redes, empecemos hoy: