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Somos más resilientes de lo que creemos

En agosto de 1940 Hitler firmó la directiva número 17 en la que ordenaba a la fuerza aérea alemana la destrucción total de la fuerza aérea británica, en un ataque sin precedentes en la historia de la guerra, que pondría a la isla de rodillas. El objetivo del dictador alemán era causar tal nivel de miedo en la población británica que éstos le exigirían a Winston Churchill, el primer ministro del Reino Unido, la rendición frente al monstruo imposible de derrotar. Confiaba en que los británicos habían visto ya de lo que era capaz la maquinaria de guerra nazi, después de haber avasallado sin la menor resistencia a países como Polonia, Bélgica, Holanda o Francia. Hitler quería en sus manos a la isla británica, pero no quería una guerra total contra los británicos. Diferentes fuentes han reportado el respeto, y hasta miedo, que le tenía a la historia guerrera de esa nación. El monstruo que dirigía la fuerza aérea alemana, haciendo gala de toda la soberbia que lo caracterizaba, le prometió a su jefe que la isla estaría doblegada en 4 días. El 13 de agosto de 1940 Hermann Göring ordenó el inicio del operativo llamado “Aldertag” (el día del águila). 949 bombarderos, 336 “dive-bombers” y 1,002 aviones escolta estaban listos en la costa francesa para iniciar el ataque, que fue pospuesto hasta el 16 por el clima. A partir de ese día inició una brutal campaña contra objetivos militares, que en un mes se convertiría en una diaria pesadilla nocturna contra objetivos civiles, que llenaba a Londres y otras ciudades de bombas, incendios y muerte. Cada noche, durante meses, los británicos vivieron noches de infierno que iniciaban con sirenas, el zumbido de los motores de los aviones, el miedo de que una bomba podía caer prácticamente en cualquier lugar de la ciudad, el refugio en los resguardos anti bomba, la caída de miles de bombas en sus casas, para luego salir y ver la destrucción y la muerte. Un día tras otro, sin parar. Los 4 días que Göring prometió se convirtieron en meses, y los británicos jamás cedieron. Cada que amanecía, la gente salía a la calle, apagaba los fuegos, recogía los escombros, a sus muertos, se ocupaba de los heridos, y trataba de vivir su vida, en medio de esa inhumana locura. “El Blitz”, como se le conoció a este infierno que duró meses, falló, contra todos los pronósticos. Hitler decidió posponer la invasión por mar a la isla, y volteó su mirada a la Unión Soviética. Esta decisión no sólo salvó para siempre a los británicos, sino que fue el inicio de la derrota de la terrible maquinaria de guerra nazi. 

Esta proeza humana del pueblo británico fue encabezada por un gran líder político que le recordaba todos los días a su pueblo dos cosas: tenemos que pelear y tenemos que resistir, sobrevivir a costa de lo que sea. De eso se trataba, de sobrevivir, pero no sentados esperando la muerte. Sobrevivir peleando, de pie, con la cara en alto, frente a la gran amenaza, sin miedo, desafiando la muerte y a las posibilidades. 

No creo exagerar cuando digo que la nación mexicana está hoy frente a uno de los retos más grandes de su historia. Nuestro Blitz. Hay un enemigo que quiere acabar con nuestra vida, nuestra salud física y mental, nuestra economía, nuestras comunidades, nuestra paz y nuestra organización política. Es el peor tipo de enemigo, porque no tiene cara ni podemos verlo. Se esconde en una bolsa del súper o en el aire que respiramos. No sólo ha provocado ya cientos de miles de muertes en nuestro país, sino que ha provocado algo peor: el terror permanente a la muerte, que puede estar en cualquier lado. 

Lo resentimos los adultos de mil maneras, pero también nuestros jóvenes y niños. Durante meses creímos que sería un simple obstáculo a nuestra vida cotidiana. Es decir, pensamos que todo pasaría en 4 semanas, para luego regresar a lo nuestro. Pero estamos por cumplir un año y el bicho no se va, no mejora  la epidemia y no vemos cómo carajos podremos poner un alto a este reto que vive nuestro país. 

Así me imagino al pueblo británico, noche tras noche, escondidos en los refugios antibomba, escuchando impotentes las detonaciones, sin nada que hacer, para luego salir y enterarse de las terribles noticias. Me los imagino en la mañana caminando por las calles, haciendo el nuevo recuento del desastre, y repartiendo pésames. Los imagino pensando que esta pesadilla nunca acabaría. Los imagino impotentes mentándole la madre a su gobierno que era incapaz de protegerlos y cuidarlos. Pero los imagino después ayudando con los escombros, y repartiéndose entre ellos comida, medicinas y ropa. Los imagino dando alojo a los que habían perdido su hogar. Los imagino enlistándose en las reservas para pelear por su país. Los imagino organizándose para tener cada uno una tarea para la eventual invasión alemana. Los imagino llenos de miedo, pero llenos de convicción de que saldrían adelante. Los imagino y pienso en nosotros, los mexicanos, que una y otra vez hemos salido de cosas terribles. Todas las familias de México hemos tenido dramas terribles, y aquí estamos, riendo de la tragedia y hasta de la muerte. Llenos de miedo y desesperación, pero muy lejos de estar vencidos. Estamos en el punto más difícil: ya pasó demasiado tiempo y no parece ceder. Pero va a pasar. Va a acabar. Y vamos a resistir. Vamos a prevalecer. Las cicatrices serán profundas. Lo fueron para los británicos. Pero las lecciones serán enormes. Finalmente sabremos que somos mucho mas resilientes de lo que creemos, y estaremos listos para recoger los escombros y reconstruir a nuestro país, para convertirlo en la potencia que sabemos puede ser. Estoy seguro, y estoy listo. 

“Desde mi Palacio os digo, mis súbditos, que…”

…estoy bien, ya no se angustien por mí, si yo estoy bien, todo está bien, y por eso, no cambiaremos la estrategia, todo seguirá igual” fue básicamente lo que de dijo el rey de México ayer, desde su gran palacio, atendido seguramente por un gran equipo de médicos, con todos los recursos a su disposición, las mejores medicinas y los mejores equipos. Cuidado como un verdadero rey, desde un palacio de verdad, el presidente de México no ve ningún problema, ningún motivo de preocupación. Todo está bien, porque él se está recuperando. Lo importante es que muchos jefes de estado le mandaron un saludo. Ese fue el mensaje. 

Justo cuando yo estaba viendo el video del rey de México, me llegó un mensaje de WhatsApp en el que un amigo me avisaba que un gran amigo mutuo, exjefe mío en el gobierno, había muerto por COVID. 

En esta semana que pasó murió un tío de mi esposa, mi socia y su esposo tratan de salir, desde su casa, de un terrible momento de zozobra por el virus, y un gran amigo, artista plástico muy conocido, me platicaba con lágrimas en los ojos de las muertes en su familia, y el sufrimiento que les habían ocasionado. Todos tenemos ya historias muy cercanas de muerte y desesperación. Todos hemos estado cerca ya de personas que no encontraban una cama para ser atenidos, y de familias que tuvieron que hacer lo indecible para conseguir un cilindro de oxígeno. La gran promesa de las vacunas se desinfló más rápido que la economía del país, y pinta para ser un desastre total, digno de este gobierno. Pero, no pasa nada, porque en el palacio hay buenas noticias, el rey de México está bien atendido. 

¿Era tan difícil hacer un video en el que se mostrara empático con las miles de familias que han sufrido con la enfermedad y la muerte? “Queridos mexicanos, esta enfermedad es terrible, y yo estoy bien porque tengo la fortuna de ser atendido por un gran equipo de médicos, con todos los recursos a mi disposición, porque soy el presidente. Siento pena y dolor por quienes han sufrido sin ayuda, por quienes han muerto en casa por falta de atención médica, por quienes no encontraron medicinas u oxígeno a tiempo, y por las familias que lo perdieron todo en esta pandemia. Siento dolor por los que no tienen la posibilidad de ser atendidos por los mejores médicos, en las mejores condiciones, porque no son el presidente. A partir de hoy cancelaré los proyectos de infraestructura que utilizan cientos de miles de millones de pesos, y todo lo destinaremos a frenar, ahora sí, la pandemia y la muerte, y para rescatar la economía de las familias de México. Siento su dolor y los acompaño, pero, además, dedicaré mi popularidad y mi poder a salvar lo que queda de su patrimonio y la salud de los que aún la tienen”. Ese hubiera sido un video sanador, imposible de criticar hasta por los más férreos enemigos del presidente. Ese hubiera sido un mensaje de reconciliación y de construcción. De unidad.

En lugar de eso, “Todo está bien, no vamos a corregir el camino”. No puedo esconder mi coraje y desesperanza. Son demasiados los pésames que he dado en los últimos dos meses, y es mucho el miedo que tengo de mi propia familia. El miedo de que mis padres mayores o mi esposa con una condición especial de salud enfermen, se compliquen y no puedan ser debidamente atendidos. Ese pensamiento me congela varias veces al día. Estoy harto de escuchar y hablar del COVID, pero creo que estamos lejos de librarnos de él. 

¿Qué hacemos entonces? Creo que es momento de ponernos serios con la idea de crear verdaderas redes ciudadanas de apoyo. Recuerdo en el sismo del 2017 como se generaron redes para llevar materiales y comida donde se necesitaba. Se generaron apps y plataformas para encontrar muertos y desaparecidos. Se crearon fundaciones para ayudar a los damnificados a recibir las ayudas ofrecidas y demandar a los constructores de los edificios caídos. Se generaron fondos de ayuda en los que todos aportamos, de diferentes formas, para aliviar algo del dolor. Estamos en ese momento. No nos hemos querido dar cuenta, pero esta es una emergencia similar, que demanda el mismo tipo de solidaridad. En especial, porque esta vez el gobierno sacó las manos por completo, y nos dejo solos, completamente solos.

Es momento de poner toda nuestra creatividad al servicio de la sociedad para crear redes de ayuda en 5 temas fundamentales:

  1. Medicinas, material, tratamientos y equipos médicos para quienes los necesitan con urgencia
  2. Médicos y consejos médicos para quienes los requieren
  3. Base de datos, con datos reales, con mapas de fácil uso para encontrar la atención médica requerida
  4. Ayuda económica para familias desesperadas, que requieren un poco de flujo para salir del mes
  5. Empleo para quienes lo han perdido o están a punto de perderlo

He visto ya varias iniciativas personales en este sentido, de grandes heroínas y héroes personales que quieren hacer algo. Es momento de hacerlo todos, de manera coordinada y solidaria. El rey del palacio ya dijo que ellos no harán nada más, pero nosotros no podemos darnos el lujo de abandonar a los nuestros.

Es momento de sacar lo mejor de nosotros. Depositemos nuestro coraje y frustración en las urnas en las elecciones de este año, pero, mientras estas llegan, hagamos todo lo que esté en nuestras manos para aliviar a los que más lo necesitan, para que este país pueda sanar algún día. 

Pinche Bicho de mierda

Sé que no soy el único, obviamente, pero ya estoy hasta la madre del pinche COVID. Hasta la madre. Estoy hasta la madre de que todas las pláticas son acerca del bicho, todos los proyectos giran en torno al bicho y se diseñan pensando en él, toda nuestra vida cotidiana se tuvo que reordenar en torno al bicho y sus malditas exigencias. Estoy hasta la madre de mandar pésames a personas queridas. Estoy harto de leer acerca de muertes, contagios, mutaciones, nuevas cepas y tratamientos falsos. Estoy hasta la madre de ver a mis hijos adolescentes encerrados en mi casa viendo una pantalla en lugar de estar afuera llenándose de vida y riendo con sus amigos. Estoy hasta la madre del miedo que me da tener dos padres en edad de riesgo y una esposa con una condición de salud que la hace muy vulnerable al maldito bicho. Estoy hasta la madre de que me digan que yo no me puedo quejar porque yo no tengo tantos problemas como otros. Que mi miedo y mi coraje no está tan justificados como los de otros que la han pasado mucho peor. Estoy muy enojado con el pinche bicho.

Pero, sobre todo, estoy hasta la madre del gobierno más mentiroso e inhumano que hemos tenido en este país. Ya no sé cómo reaccionar cada vez que veo a los López sonreír al hablar de la pandemia. Ya no sé qué decir respecto a la nueva ola de mentiras de cada día sobre datos, estrategias que no existen y vacunas que llegan y no llegan. Estoy harto de señalar a diario todo esto, que es obvio y evidente, y que aún haya ciegos que prefieren defender el frágil ego de un presidente que ya perdió todo contacto con la realidad. Ya no sé qué más decirles a todos esos facilitadores que, ante la evidencia, ante la desgracia, ante la muerte de miles de mexicanos, prefieren tratar de desviar la atención a temas como las redes sociales, la gestión de presidentes anteriores o la última crítica de un comunicador a su mesías. 

Estoy hasta la madre de que el gobierno esté gastando 723 Mil Millones de pesos en 4 caprichos de infraestructura (Dos Bocas, Tren Maya, Aeropuerto Santa Lucía y Tren México Toluca) que los expertos ya declararon que no eran prioridad, que no son viables económica y presupuestalmente, y que serán una pésima inversión, en lugar destinar ese dinero a salvar vidas humanas y a salvar la economía de las familias. 

Estoy hasta la madre de la deshumanización y minimización de la tragedia. Van más de 400 mil muertos en 10 meses de pandemia en México. Eso es 1,084 veces más muertos que en el sismo de 2017. Es 100 veces más muertes que las 4,000 reconocidas por el gobierno en el sismo de 1985. Esto es 1.6 veces más que el total de homicidios dolosos que hubo en los sexenios de Calderón y Peña sumados. 

Estoy hasta la madre de que nadie se sienta profundamente agobiado y corresponsable de que el 73% de las muertes sean de personas que tenían escolaridad de primaria o secundaria, es decir, que los mató la pobreza, no el COVID.

Estoy hasta la madre de no saber cómo hacer para que todos enfoquemos nuestro enojo y frustración a 5 cosas: 

  1. Frenar el contagio y la muerte
  2. Salvar a las economías familiares
  3. Reparar el daño de los que han sufrido
  4. Asignar responsabilidades y hacer pagar caro a los que renunciaron a sus responsabilidades
  5. Reconstruir el país

De esas 5 cosas se debería tratar este año, y nada más. 

El enojo y la frustración que sentimos deberían enfocarse, primero, a encontrar las mejores estrategias para frenar definitivamente el contagio y la muerte, y obligar al gobierno, como sea, a utilizar esta estrategia. Son nuestros malditos empleados carajo. Un panel de los mejores expertos mexicanos, reunidos con el único fin de definir las mejores estrategias a seguir, y luego, nosotros dispuestos a hacer todo lo necesario para obligar al gobierno a seguirlas. 

Lo segundo es recuperar y reconstruir la economía de las familias mexicanas. Necesitamos rediseñar nuestro modelo económico para salir de este agujero. No saldremos de éste haciendo lo mismo de siempre. Será demasiado lento y doloroso esperar a que el gobierno reaccione y decida invertir en cosas productivas para volver a generar confianza en el país. Necesitamos que las grandes mentes en materia económica, que si hay en este país, salgan del letargo y nos ayuden a crear una nueva forma de hacer negocios en México. Una más humana, más sustentable, más equitativa e incluyente.

Lo tercero es reparar el daño. Las personas que han sufrido innecesariamente deben recibir justicia para poder sanar. Esas historias de terror que todos hemos conocido de gente cercana, de personas que murieron porque no encontraron una cama y un tratamiento a tiempo, deben ser reparadas con justicia, si pretendemos sanar como país.

Lo cuarto es asignar responsabilidades concretas y personales. No hay manera de reconstruir nuestro país si no hacemos el trabajo de poner el dedo en quien traicionó al país, con pruebas y datos concretos, para hacerlos pagar, de manera justa y objetiva, por no asumir su responsabilidad. De lo contrario, siempre seremos una democracia incompleta, que deja a sus políticos hacer lo que quieran, y salirse con la suya.

Y finalmente, después de todo esto, podemos pasar a la reconstrucción de nuestra democracia. La lección debe ser que, a partir de ahora, sólo permitiremos que liderazgos íntegros y responsables se encarguen de las riendas del país. Pero también, la lección más importante, es que jamás podemos dejarlos solos. Como ciudadanos responsables tenemos que aprender que, si queremos un mejor país, nos toca a todos trabajar, todo el tiempo, y vigilar permanentemente a quienes ejercen el poder, para asegurarnos de que están trabajando por el bien de todos. Sólo así, el enojo y la frustración que sentimos hoy, habrá valido la pena. 

Manual de Acción para Ciudadanos de a Pie

Descarga y comparte el Manual Político para Ciudadanos de a Pie

Hace unos días una lectora me preguntó “¿Y qué hacemos exactamente los ciudadanos de a pie?” Y en honor a su pregunta se me ocurrió hacer este “Manual de Acción para Ciudadanos de a Pie”:

  1. Quítate de encima la negatividad: el poder desgasta y cambia de manos. Es decir, hay mucho que hacer
  2. Somos 92,236,516 Ciudadanos Registrados con Corte al 1 de enero de 2021, ante el INE, es decir, 92 millones de consciencias que tienen el poder en sus manos
  3. Convéncete de que cada voto cuenta y hay 92 millones de razones diferentes para votar
  4. Asegúrate de tener tu credencial vigente
  5. Guárdala en un lugar seguro, ya no la utilices
  6. No se la entregues a nadie, ni entregues copias de ella
  7. Asegúrate de que tus familiares y amigos tienen credencial vigente y que la guarden
  8. Ayuda a las personas que trabajan contigo a tener una credencial vigente y a cuidarla
  9. Si te toca ser parte de una casilla, participa con gusto
  10. Si no, averigua cómo ser observador electoral, aunque sea de manera informal
  11. Infórmate todos los días sobre lo que sucede en tu país
  12. Escoge buenas fuentes, darle una pasada a las redes sociales no es informarte
  13. Escoge dos o tres periódicos de circulación nacional y dales 20 minutos cada mañana
  14. Procura que tus fuentes sean diversas, no escojas sólo fuentes acordes a tus convicciones
  15. Escoge 5 columnistas buenos para leer de manera disciplinada cada semana
  16. Comenta con familiares, amigos y colegas de trabajo lo que leíste en la semana
  17. Evita discusiones sobre opiniones de otros y trata de poner datos sobre la mesa de discusión
  18. No te enojes, no personalices en las discusiones, no ofendas, no trates de ganar las discusiones, sólo platica de política para difundir información
  19. Genera debates sobre temas importantes y evita aquellos que se refieren a cosas intrascendentes 
  20. Crea círculos de discusión con personas que te reten a pensar diferente
  21. Limpia tus redes sociales de manera permanente, elimina a todas aquellas personas que no te aportan nada y sigue a quien te informa, te forma y te reta
  22. Aprende a utilizar las redes para crear discusiones interesantes y difundir información útil
  23. Aprende a utilizarlas para presionar a candidatos, servidores públicos y partidos acerca de lo que tu quieres
  24. Crea grupos que se interesen en temas que te apasionan para poder influir
  25. Evita difundir datos delicados sobre tu vida y actividades
  26. Evita difundir o compartir cualquier tipo de mensaje que ofenda personalmente
  27. Rechaza y denuncia a personas que utilicen las redes sociales para ofender, discriminar o generar violencia de cualquier tipo
  28. No hace falta generar odio para exponer a personas que le hacen daño a México
  29. Conviértete en un implacable observador del uso de los recursos públicos
  30. Ubica en las redes sociales a servidores públicos y candidatos que generen impacto en tu vida con sus decisiones
  31. Pregúntales cosas de manera directa, hasta que obtengas una respuesta
  32. Si no te responden, genera tendencias, memes, grupos que los presionen 
  33. Utiliza fotos, infográficos y memes en tus mensajes, son más efectivos para comunicar una idea
  34. Cuando preguntes cosas asegúrate de que sean cosas concretas y específicas, y que el responsable esté citado
  35. Difunde cualquier información, columna o imagen que creas que puede informar y formar a otras personas
  36. No difundas información falsa, de fuentes dudosas o que esté específicamente diseñada para dañar a una persona por cuestiones distintas a su responsabilidad pública
  37. Bloquea a todas las personas o cuentas que se dediquen a los anterior
  38. Jamás te metas en discusiones con cuentas falsas, trolls o individuos que sólo se dedican a eso
  39. Siempre que vayas a publicar algo, piénsalo tres veces: la primera al redactar tus palabras, la segunda cuando leas completo con calma lo que escribiste, y la tercera cuando los vuelvas a leer para imaginar lo que puede provocar
  40. Identifica en las redes a los candidatos que de manera directa te van a tocar a ti
  41. Infórmate acerca de los diferentes tipos de elección que habrá en tu localidad
  42. Infórmate acerca de las funciones de cada uno de los diferentes tipos de cargo que estarán en juego
  43. Síguelos a todos para estar pendiente de todas las cosas que dicen y proponen cada día
  44. Pregúntales cosas de manera directa cuando alguna de sus propuestas te llame la atención
  45. Genera campañas en redes cuando alguna propuesta te parezca dañina, peligrosa, antidemocrática, ilegal, absurda
  46. Crea tu criterio con base en la congruencia de sus propuestas con respecto a su historia personal y política, no con base en la mercadotecnia de su campaña
  47. Ve eliminando candidatos poco a poco con base en tus necesidades y las de tu comunidad
  48. Asume que jamás habrá un candidato perfecto, no existen, es política, no una película romántica, escoge al que creas que puede representar mejor las necesidades de tu comunidad
  49. Discute con tu familia y amigos acerca de tus preferencias y las de ellos, no para convencerlos o imponer tu criterio, sino para conocer opciones 
  50. Mantente abierto y flexible, es muy importante conocer alternativas antes de volcarse a favor de una opción 
  51. Aprende a evaluar las acciones de los gobiernos en turno (federal, locales y municipales)
  52. Varios de ellos quieren reelegirse, debes decidir si lo merecen
  53. Compara el país, tu estado o tu municipio con las condiciones que tenían hace 3 años
  54. Busca datos concretos de las mejoras o cosas que empeoraron en 3 años
  55. Discute con personas de diferentes sectores de tu localidad sobre cómo ha mejorado o empeorado su situación
  56. Decide qué es lo que tú consideras como prioridades que se deben atender primero
  57. Distingue lo prioritario de lo que no lo es
  58. Cuestiona a los condidatos sobre las acciones concretas para atender las prioridades
  59. Descarta a los candidatos que no consideren tus prioridades o no tengan propuestas serias
  60. Evalúa si los candidatos con cargo actual han asumido con responsabilidad sus aciertos y errores
  61. Conoce las funciones y responsabilidades de los legisladores federales y locales
  62. Analiza cómo te impactan a ti esas funciones
  63. Investiga qué iniciativas ha propuesto tu diputado federal y tu diputado local
  64. Investiga qué iniciativas ha apoyado
  65. Investiga sobre su historia personal y profesional 
  66. Evalúa si ha cambiado de partidos y por qué 
  67. Si va a buscar la reelección, define claramente si lo merece
  68. Observa cómo hacen campaña y pregunta sobre el origen del dinero para hacerlas
  69. Olvida los membretes, esos no votan ni deciden, evalúa a las personas y sus propuestas
  70. Los Congresos Federal y locales definen el uso del presupuesto, tu voto inteligente para ambos es crucial 
  71. Conviértete en un auditor del uso de los recursos de los partidos 
  72. Durante la campaña, denuncia cualquier acto que te parezca irregular 
  73. No colabores con campañas negras 
  74. Exige que en las campañas se discutan propuestas concretas y prioridades
  75. Evita actos masivos que pongan en riesgo tu salud durante la pandemia 
  76. No aceptes regalos o intentos de compra de votos 
  77. Denuncia cualquier intento de acarreo o compra de voto de los que seas testigo 
  78. Retira tu confianza a los candidatos y partidos que utilicen esas prácticas
  79. No colabores con campañas de desprestigio respecto de autoridades electorales 
  80. Convence a otras personas para que se conviertan en observadores y fiscalizadores de las campañas 
  81. El día de la jornada, trata de votar a buena hora
  82. Comprométete a convencer por lo menos a 5 personas que no iban a votar 
  83. Asegúrate de que si vayan a votar 
  84. Compórtate de manera civilizada en la casilla 
  85. Denuncia ante la autoridad o expón en redes cualquier acto irregular 
  86. No colabores en campañas de desinformación que pretendan descarrilar el proceso
  87. Vota con gusto, es un privilegio ejercer este derecho
  88. Lleva a niños a la casilla y explícales de qué se trata el día 
  89. Espera resultados oficiales antes de compartir información o emitir juicios
  90. Acepta los resultados oficiales y resiste cualquier intento de desconocer la voluntad de la mayoría 
  91. Prepárate para exigir responsabilidad de quien obtuvo un cargo 
  92. No le permitas a los perdedores desconocer la voluntad popular 
  93. Mantén la disciplina de estar informado 
  94. Construye redes que mantengan la presión sobre los candidatos electos 
  95. Observa que cumplan con lo prometido 
  96. Únete a organizaciones de la sociedad civil que te ayuden a empujar propuestas que te interesen 
  97. Mantén la confianza en los procesos democráticos, son lentos pero son la única forma de mantener la pluralidad 
  98. Conviértete ahora en un auditor social de la utilización de los recursos públicos que vienen de tus impuestos 
  99. Recuerda que la rendición de cuentas no sólo es una obligación de todo servidor público, sino un derecho tuyo como ciudadano
  100. Defiende siempre tu democracia, es tuya y nos ha costado mucho trabajo construirla 
Manual-de-Acción-Política-para-Ciudadanos-de-a-pie

2021: el año que defendimos nuestra Democracia

No lo dudes, nuestra democracia está en peligro. Quienes hoy ocupan el poder aborrecen la idea de compartirlo, odian limitarse, repudian cualquier crítica o revisión, y no están dispuestos a rendir cuentas. Su insuperable soberbia los ha hecho creer que su grupo político tiene alguna especie de mandato histórico para gobernar este país. Esa misma soberbia los ha hecho creer que no se necesita experiencia ni preparación técnica para gobernar. Se creyeron ya su discurso de voluntarismo y razón moral. Están convencidos de su causa y, por eso, cualquiera que los estorbe será señalado y atacado. Así, este año es más importante que nunca que exista una ciudadanía activa, que entienda la importancia de las instituciones democráticas y las sepa defender.

Existen tres tipos de instituciones democráticas fundamentales en un Estado: las que organizan el acceso al Poder, las que limitan el abuso del Poder, y las que generan responsabilidades por el abuso del Poder. Las tres son fundamentales. Las tres son imprescindibles para la supervivencia de la democracia. 

Lo que vimos esta semana en Estados Unidos es un buen ejemplo para ilustrar la importancia de los tres tipos de instituciones democráticas. Primero vimos a un gran aparato electoral (viejo, desorganizado y anticuado, pero sólido) organizar unas elecciones masivas en las que votaron 159 millones de personas, y cada voto se contó. Ese voto le dio el triunfo a Joseph Biden. Y, a pesar del berrinche del perdedor, del abuso del poder para tratar de manipular las elecciones, después el conteo, y luego la determinación de resultados, el resultado democrático prevalecerá, y Biden será jurado presidente. A pesar del intento de golpe de Estado, claro y visto por todos en televisión, la voluntad de los electores prevalecerá. 

El segundo tipo de instituciones democráticas ya está en acción. Se trata de un gran aparato que ya investiga a todos y a cada uno de los que participaron en la toma del Capitolio, la destrucción del inmueble, documentos y oficinas, y la muerte de personas. Se trata de autoridades autónomas que están construyendo expedientes sólidos para poder deslindar responsabilidades personales y concretas, a cada uno de los participantes. 

El tercer tipo de instituciones están esperando ya el trabajo de las segundas. En el momento que se concluyan las investigaciones habrá responsables concretos de todos y cada uno de los actos ilegales perpetrados en la semana. Desde los organizadores hasta los que ejecutaron los actos. Pero no parará ahí, habrá responsabilidades políticas para los facilitadores y seguro también investigaciones respecto de la corrupción que se dio a lo largo de los últimos cuatro años de la administración.

Y así, a pesar de haber sido una vergüenza para el mundo esta semana, en las siguientes semanas Estados Unidos dejará ver al mundo cómo funciona una democracia con instituciones autónomas e independientes, que limitan el abuso del poder. 

En México estamos por vivir uno de los retos más importantes de nuestra joven democracia. El presidente y su partido ya dejaron claro que están dispuestos a atacar sin clemencia a la autoridad electoral y cuestionar de todas las formas posibles sus facultades y decisiones. Además, ya mostraron que no tienen empacho alguno en utilizar el aparato completo del poder para hacer campaña: el presidente del partido ha convertido la campaña de vacunación en propaganda electoral, y el presidente de la República ya anunció que esos oscuros empleados del partido, con chaleco marrón y logo de Morena, serán los encargados de vacunar a las personas en sus casas, seguro a cambio de su credencial de elector, y bajo amenaza de no recibir la la vacuna, si no apoyan al partido y a su campaña.

Respecto del segundo tipo de autoridades, las que limitan el abuso del poder, el presidente ya anunció que las quiere someter a su autoridad. No quiere estorbos. No quiere límites. (Le estorban el INE, el IFETEL, la COFECE, el INAI, el Poder Judicial, entre otros) No quiere que nadie le recuerde que el titular temporal del Poder Ejecutivo y su gobierno están sometido a la Constitución y las leyes de México, en cada decisión de gobierno. Son alérgicos a la rendición de cuentas y a la transparencia, y más aún, a la responsabilidad.

Y por eso también quieren acabar con el tercer tipo de instituciones democráticas, que son las que generan las responsabilidades por abusar del poder. El tiro ya está cantado. El presidente y su partido ya anunciaron que quieren desbaratar y debilitar al Sistema Nacional Anticorrupción, que fue diseñado y creado por un gran movimiento ciudadano, precisamente para generar responsabilidades concretas por el abuso de poder. No lo han dejado consolidarse, y ahora quieren decir que no sirve, para desaparecerlo.

Por eso, este año somos tan importantes tú y yo. Con nuestro voto podemos retomar el camino. Este camino consta de tres pasos. El paso número uno es el de exigir a los partidos de oposición que incorporen a sus campañas la defensa concreta y directa de estos tres tipos de instituciones democráticas. El paso número dos es el de votar por los candidatos que se comprometan formalmente a defender a estas instituciones. Y el paso número tres es la defensa a ultranza del voto y de sus resultados, sean los que sean. 

Este es el año que será recordado como el año en el que defendimos nuestra democracia como ciudadanos. Este es el año, ¿estás listo? 

Imagina un 2021 diferente al que estás pensando

La mente humana está diseñada para pensar y creer con más facilidad en escenarios negativos y sus consecuencias, que en escenarios positivos y sus ganancias. Se llama “Sesgo de Negatividad” y es la tendencia natural del cerebro para prepararse mejor respecto del escenario negativo, que requiere algo de previsión y preparación, que, respecto del positivo, que no la requiere. El 2020 nos mostró de manera cruel que todos nuestros miedos pueden hacerse realidad, con una facilidad y velocidad increíbles. El “Sesgo de Negatividad” está más fuerte que nunca en la mayoría de nosotros. Tendremos que hacer un esfuerzo gigantesco para superarlo. En especial, en el plano de la política, fue un año terrible. La pandemia no pudo llegar con un peor gobierno en turno, pero, además, uno que le sigue a otro que dejó el país y a sus instituciones democráticas agarradas con alfileres. “Y, entonces ¿cómo carajos me pides que imagine un 2021 diferente al que estoy pensando?” seguro me quieres decir en este momento. Déjame ver si lo logro.

El señor López y su partido quieren que tú creas que su poder es inevitable, necesario, predestinado, y, sobre todo, invencible. Durante años se ha dedicado a crear una narrativa basada en la necesidad moral de su llegada al poder para vencer a ese grupo sin cara ni definición concreta al que él llama “la mafia del poder”. En su versión de la política, sólo él tiene la estatura moral para señalarlos, para acusarlos y hasta para perdonarlos. De diferentes formas ha dicho que él no se mancha con el poder, que su condición moral se mantiene intacta a pesar del poder. Ese veneno que corrompe a tantos otros que han pasado por ahí, es inerte en su caso. A él no lo afecta, y esa aura se extiende en automático a quienes lo apoyan. Así, cualquier otra opción política que no esté bendecida por su complacencia moral, es cuestionable y hasta antipatriota. Varios millones de incautos creyeron en esta versión hegeliana de la historia en la que el gobierno actual era el paso necesario y lógico en nuestra frágil construcción democrática, y no una simple corriente política en busca del poder, como cualquier otra. 

Ni son inevitables, ni son necesarios, o imprescindibles, y, mucho menos, invencibles. En efecto controlan en este momento un aparato que contiene muchas herramientas de poder duro que puede acabar con la vida y la libertad de las personas. Han mostrado una y otra vez que no tienen empacho ni vergüenza en abusar de él de todas las maneras que crean necesarias. Suelen anteponer argumentos cursis y baratos en la línea de lo antes descrito: si estás en contra de nuestro proyecto, estás en contra de México, y eso me da permiso de abusar del poder. En los discursos y acciones del presidente, de diputados y senadores de Morena, así como de gobernadores y presidentes municipales encontramos rasgos claros de esta soberbia, que los hace creer que su causa no sólo es la correcta, sino la única.

Esa actitud, en manos de personas que tienen instrumentos reales de poder en las manos, genera temor y la sensación de impotencia. No es algo menor, y tienen razón en sentirse indefensos quienes han sido señalados como “enemigos del movimiento”.

Pero ya es hora de desenmascararlos, para siempre. La historia, en espacial en el plano de la política, es todo menos una lógica concatenación de eventos que llevan a la sociedad a un lugar mejor. No hay buenos y malos, ni un camino necesario que construye un futuro mejor. La historia de la política es caos. Se trata de la constante interacción de personas egoístas, imperfectas y erosionadas, que buscan el poder para ejercerlo como mejor lo entiendan. Nada más, pero nada menos. 

Así, quienes están hoy en el poder, son una simple alternativa política. No más. Llegaron porque pudieron hacer lo necesario para ganar, y se van a ir cuando se les agote el control del poder. Eso es todo lo que son. Y así, son tan vulnerables y vencibles como cualquiera. 

Ahora, para imaginar un 2021 mejor al que estás pensando, no se puede tratar sólo de sustituir a estos con otros, de otro color, que acaben siendo lo mismo. Esa película ya la vimos una y otra vez. Se trata de construir algo diferente. ¿Diferente en qué, si el poder es el mismo? Diferente en su origen y concepción. Me explico.

Dejemos a un lado las versiones románticas del ejercicio del poder. No queremos santos perfectos en el poder. Queremos seres humanos imperfectos, con ambición y carencias, que se sepan acompañar de otros para hacer equipo y resolver de manera eficaz nuestros problemas. Queremos líderes que conozcan sus demonios y los tengan bajo control, para poder trabajar en la construcción de un mejor lugar para todos. Queremos líderes que confíen en sus convicciones lo suficiente para no tratar de imponerlas a otros. Queremos personas que reconocen que no pueden hacerlo todo, todo el tiempo, y tienen que pedir ayuda, incluso de aquellos que han sido sus contrincantes en la lucha por el poder. Así, el origen del poder no debe ser la entrega de este al nuevo grupo de “los buenos”, sino el depósito del poder, de manera temporal y limitada, al equipo de personas que quieran construir un mejor lugar, en el que estemos incluidos todos. 

Y nuestra concepción del poder también tiene que cambiar. No se trata de una fuerza “moralizante”, sino de una herramienta peligrosa que debe limitarse, contenerse y encausarse para generar bienes y no peligros constantes. Tenemos que aprender a ver el poder como una simple herramienta que, como la energía nuclear, pude utilizarse para iluminar una ciudad, o para destruirla. El poder no transforma a las personas, simplemente las descubre como son. 

Con esto en mente, podemos hacer el esfuerzo de pensar en un año diferente al que nuestra mente nos quiere llevar de manera natural. Uno en el que buscamos a personas que están hartas de soportar la tragedia, y quieren hacer algo al respecto, pero trabajando juntos. Somos muchos, te lo aseguro. 

Ilustración: Marco Colín

Este no es el típico recuento del año

Imposible tratar de hacer una síntesis medianamente coherente de este año. Imposible tratar de analizar un año que se sintió como si hubieran pasado diez años, pero a la vez, como si se hubiera esfumado de nuestras manos en un par de meses. No trataré de revisar aquello que fue importante y que dejó huella en mí, porque aún no tengo idea de cómo describir este maldito tren que me atropelló y que me tiene aún atorado entre las llantas dando vueltas. Menos intentaré describir aquello que ustedes vivieron y sintieron, porque estoy seguro de que cada uno lo vivió de manera distinta. Tampoco me pondré cursi y profundo tratando de adivinar el significado del 2020, o de las grandes enseñanzas que nos deja como humanidad. No haré predicciones sobre el 2021 para no quedar en ridículo cuando ninguna de ellas se cumpla.  Sólo les quiero compartir mi lista de deseos, de diferentes temas, que se han ido acumulando en mi cabeza.

Primer deseo: deseo haber aprendido finalmente a vivir un día a la vez. Qué trabajo me cuesta dejar de pretender controlar lo que va a suceder mañana. Es una ilusión absurda, lo sé, y aún cuando lógicamente entiendo que nunca podré controlar lo que va a pasar, ni siquiera en los siguientes minutos, aún lo intento. Este año se cagó de risa en mis planes de enero. Se burló sonoramente de todo aquello que según yo haría este año. Y aún así creo que puedo planear para el siguiente. Vivir un día a la vez, eso deseo. Quiero aprender a observar el momento presente, aceptarlo sin pelear con él, y sólo vivirlo.

Segundo deseo: deseo vivir en paz, un día a la vez. Estoy hasta la madre de las angustias. Estoy harto de sentir siempre que algo me falta, que no soy suficiente, que no hice lo suficiente en el día, en la semana, en el mes. Deseo aprender a vivir en paz con lo que soy en el momento presente, y ya. Deseo tener la capacidad de observar lo que el momento presente pide de mí, y simplemente hacerlo, en paz y con mucha pasión. Deseo aprender a vivir sin esperar que un día llegue ese momento en el que todo cuadra, el día en el que todo hace sentido. Nunca llegará el día en el que todo es como yo quiero, porque la vida es como es, no como yo quiero. Hoy, todo cuadra, como debe ser, porque así es, porque no hay otra cosa.

Tercer deseo: deseo vivir en paz, un día a la vez, y servir mucho. Vaya que fue duro ver tan gráficamente una realidad que solemos poner a un lado: nos vamos a morir, somos frágiles y un día nos vamos a morir. Este año se encargó de restregarnos en la cara esa realidad de la vida que hacemos a un lado constantemente. Suelo vivir mi vida como si tuviera asegurado que me quedan muchos años, y por eso me doy el lujo de perder el tiempo en pendejadas. Ya no quiero perder un solo minuto de vida en cosas o personas que no me hacen crecer, que no me hacen feliz y que no me permiten servir. Quiero servir para servir. Deseo con toda mi alma poner todos mis talentos y todo mi tiempo al servicio de un mejor país, de un mejor mundo. Ya no me quiero esperar para mañana.

Cuarto deseo: deseo vivir en paz, un día a la vez, para servir mucho y crear cosas nuevas. Qué cantidad de mierda teníamos guardada por todos lados. Somos acumuladores de cosas, de momentos, de sentimientos, de personas y de basura que no nos sirve. Las guardamos y así nos quedamos sin espacio para crear cosas nuevas, diferentes, completas, útiles, mejores. Cuidar lo viejo nos quita tiempo y energía para crear algo nuevo. Yo me di cuenta de que por años me la pasé guardando y remendando cosas, valores, ideas, reglas, personas y recuerdos que creía útiles y necesarias. “Algún día las necesitaré», pensaba yo, y las iba guardando para cuando fueran necesarias. Y ahí estaban, estorbando cuando más espacio necesitaba. A la basura. Adiós con todo aquello que ya no sirve. Deseo crear cosas nuevas, momentos nuevos, ideas y herramientas nuevas, con personas que quieran servir para reconstruirnos.

Quinto deseo: deseo vivir en paz, un día a la vez, para servir mucho, crear cosas nuevas y ser un líder positivo. Por años he soñado con ser un gran líder que ayude en la reconstrucción de este país. Pero debo confesar que mi deseo estaba más alineado con mi ego y su necesidad de ser reconocido y aplaudido, que con un deseo real de servir. Hoy creo que es mucho más auténtica mi intención. Por lo menos eso es lo que deseo. Hasta hace poco mi concepto del líder que requería este país era el de un constructor de cosas: instituciones, leyes, procesos, políticas públicas, etc. Hoy creo que puedo ser un gran articulador de personas. No necesitamos cosas, necesitamos muchas almas y mentes que se ponen en sintonía para reconstruir al país que queremos. Son almas en armonía las que van a reconstruir este país, y no simples cosas que se quedan sin sustancia porque carecen de humanidad. Deseo ser un líder que articula y sirve para sacar lo mejor de cada mexicana y mexicano que quiera dar la vida por su país. 

Así, no tengo idea de qué demonios va a pasar en unos días que cambiemos de año, pero tengo claro lo que deseo ser y hacer. No sé qué significa aún este año para mí ni para ti, pero tengo claro que podemos trabajar juntos para hacer que, por lo menos, haya valido la pena. Como dije, no tengo respuestas, sólo preguntas y deseos, y me falta el sexto deseo. Mi sexto deseo es que después de leer esto quieras encontrar tu propia paz, propósito y misión para el próximo año. Gracias por haberme acompañado en este. 

Ilustración: Marco Colín

El gobierno nos abandonó ¿Qué hacemos?

El 27 de abril del 2020 el presidente dijo por primera vez “Ya domamos la pandemia”. Está grabado y reportado en varios medios escritos. Lo repitió en mayo, en junio y en julio. Una y otra vez minimizó el problema de todas las maneras que pudo y negó lo que la ciencia decía. Su subsecretario repetía todas las noches la letanía que consistía en “Vamos bien, no hay alarma, salgan y cuídense un poco”. Ambos se negaron a recomendar medidas estrictas para evitar el contacto entre ciudadanos, y también se negaron sistemáticamente recomendar incluso las medidas más básicas como el uso del cubrebocas y otras formas sencillas de cuidado. Por supuesto, jamás quisieron ser un ejemplo para la población en las formas de prevención. Se negaron a hacer pruebas masivas, como se hicieron en los países que controlaron exitosamente la pandemia, y así pudieron manipular siempre la cifra de enfermos activos, que paseaban por la calle contagiando a otros. Mintieron abiertamente respecto de la cifra de muertes y de la gravedad en la ocupación hospitalaria. Está documentado por diversos medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. Miles de personas murieron en su casa porque eran rechazados de todos los hospitales a los que acudían y suplicaban para ser recibidos. Murió en su mayoría gente pobre, sin recursos para acudir a un hospital privado. Son miles de testimonios directos que lo relatan. Los gobiernos estatales sometidos al presidente, como el de la Ciudad de México, siguieron abyectos esta actitud del gobierno federal, temerosos siempre de contradecir  a su jefe.

Así, la población mexicana, poco acostumbrada de por sí a seguir las reglas y a respetar a la autoridad, recibió tres mensajes de su gobierno: 1) No es tan grave el problema, 2) Ya lo controlamos, 3) Ustedes háganse cargo de decidir. De ahí la actitud irresponsable y poco disciplinada de la mayoría de los mexicanos. No es disculpa, es sólo una terrible explicación. 

Pero este no fue el único abandono. Como ya platicamos hace unas semanas aquí, el gobierno permitió que más de un millón de pequeñas y medianas empresas quebraran, sin un solo apoyo. “Que quiebren las empresas que tengan que quebrar” dijo textualmente el presidente. 

Ilustración: Marco Colín

Así llegamos a diciembre, y resulta que 9 meses después del inicio de esta pandemia en México, estamos en el peor momento (otra vez). La cara de la jefa de gobierno de la ciudad de México en sus conferencias de prensa lo dice todo. Finalmente le cayó encima la responsabilidad de haber permitido tanta muerte. Desesperados nos piden lo que debieron haber exigido en mayo de este año. Histéricos nos suplican no salir a ningún lado a partir de hoy, y vuelven a cerrar toda la zona que concentra a la mayor cantidad de mexicanos del país, así como su centro económico. El corazón del país está cerrado de nuevo y hay responsables concretos de esto. No se nos puede olvidar jamás. Un día, muy pronto, tendremos que pasar la factura.

El gobierno nos abandonó, pero nosotros tenemos que sobrevivir. No podemos darnos por vencidos. No podemos contar con ellos, porque están absolutamente rebasados. Tenemos que hacerlo nosotros. 

Propongo tres acciones concretas. Primero la salud personal, porque sin ella no hay nada. La primera obligación que tenemos todos hoy es la de informarnos adecuadamente. Entender al pinche bicho, sus características, formas reales de transmisión, medidas de prevención, posibles consecuencias y riesgos. Con base en esa información tomar todas las medidas que recomiendan los expertos de verdad, que son muchos y están disponibles para todo mundo. Y, finalmente, ocuparse de la prevención como nunca: comer bien, hacer ejercicio de verdad, dormir de manera adecuada y atender la salud mental con toda disciplina. 

Lo segundo es ocuparnos de la salud de los demás. Es momento de asumirnos como parte de una raza humana que está amenazada por un virus que podemos vencer. Un día llegará la vacuna y los tratamientos, pero en lo que eso sucede necesitamos ocuparnos de los otros. Salir poco, y hacerlo con todas las precauciones no es sólo una medida personal de salud, es también nuestra responsabilidad social. Cuidar a los otros de mí, es hoy una obligación que todos debemos asumir. Es momento de dejar de señalar la irresponsabilidad de otros y asumir la propia. Todos hemos hecho cosas que no debimos haber hecho. Esto no nos hace culpables del desastre, pero nos debe hacer sentir corresponsables. Ya es hora.

Y, finalmente, debemos ocuparnos de la reactivación económica. Como escribí aquí hace unas semanas, es el mejor momento para ser solidarios y ayudar a nuestro barrio a reactivar su economía. Es momento de sacar toda nuestra creatividad para generar alternativas de negocios que no dependan del gobierno, que generen formas nuevas de intercambiar bienes y servicios entre nosotros, para poder sobrevivir y convertirnos en una verdadera comunidad de ciudadanos solidarios. Una economía más justa, más solidaria y menos dependiente del gobierno es posible. 

Estamos pasando por un momento muy complejo. Pero lo vamos a superar. Te prometo que va a pasar y lo vamos a superar. Pero, si hacemos estas tres cosas, además de simplemente sobrevivir a este enorme reto, podemos salir mejores, más fuertes y más resilientes. En una de esas, esta pandemia resulta ser el punto de inflexión que nos lleve a convertirnos en una verdadera nación y en una gran democracia.

Ética para el Servidor

Querida Servidora Pública, Querido Servidor Público,

Estoy en tus manos. Tú eres el que me cuida cuando salgo a la calle, porque las vigilas y alejas de mí a quienes quieren hacerme daño. Tú eres el que me cura cuando voy a un hospital y se asegura de que yo reciba las medicinas adecuadas. Tú eres el que educa a nuestros niños y los hace personas de bien. Tú eres el que vigila que yo vaya seguro en una carretera o cuando viajo en avión. Tú eres el que recibe parte del dinero que yo produzco para mejorar la vida de los que menos tienen. Tú eres el que genera las condiciones para que mis negocios sean exitosos. Tú eres el que pone las reglas del juego para que funcionemos bien como comunidad y todos respetemos los derechos de todos. Tú eres el que cuida el mundo en el que vivo y protege sus recursos. Tú eres el que produce la energía que se necesita para que las máquinas y las ciudades funcionen. Tú eres el que me cuida del propio poder que tienes para hacer el bien. Estoy en tus manos, y me gustaría pensar que entiendes lo que eso significa. Estoy en tus manos y confío en que la ética te guía. 

La ética es esa capacidad interna de distinguir un acto justo de uno injusto, un acto que te hace bien a ti y no lastima a otros, de uno que te hace mal a ti y a otros. La fórmula es muy sencilla, y diversos autores, de distintas épocas han formulado la regla de oro: “Sólo haz a otros aquello que quisieras para ti”. Es así de sencillo, y así de complicado a la vez. Pero en tu caso, querido Servidor Público, es aún mas complejo, porque tú además tienes una cosa que se llama PODER. Tienes el poder del Estado, capaz de afectar la vida de una o miles de personas. Tienes el poder de sanar, pero también de matar. Tienes el poder de liberar, pero también el poder de privar de la libertad a otros. Tienes el poder de educar e ilustrar, pero también de manipular y distorsionar. Tienes el poder de cuidar y proteger, pero también el de aterrar y espantar. Por eso te quiero pedir que leas esta petición.

“Sólo haz a otros lo que quisieras para ti”, o, en sentido opuesto “No hagas a otros aquello que no quisieras para ti”. Es una fórmula muy sencilla que quisiera que adaptaras a todas y cada una de tus decisiones, en el ejercicio de tu cargo público.

Sé que no es sencillo. Entiendo las diferentes dificultades que existen en el ejercicio cotidiano del cargo público, para poder cumplir con esta fórmula. Sé que tienes jefes necios y ambiciosos que no creen en esta máxima, y que sólo buscan su beneficio. Sé que las leyes y las reglas administrativas a veces te limitan y te estorban. Sé que a veces tienes pocos recursos para tomar la mejor decisión, y que la vida de un servidor público suele girar en torno a decisiones urgentes y bomberazos. Lo sé porque los viví durante 12 años como servidor público. Lo entiendo y sé lo difícil que es. Asumo mi responsabilidad de no haber hecho siempre lo mejor y lo suficiente cuando fui servidor público. Pero este no es un texto para lavar culpas, sino para construir una nueva cultura del servicio público, juntos.

Déjame ponerte algunos ejemplos que aclaren mi petición. Empiezo por tu capacidad para crear leyes o reglamentos y normas administrativas, es decir, las reglas del juego que nos aplican a todos. Es una capacidad muy importante, porque tú tienes el poder de permitir que un grupo de personas puedan ejercer sus derechos o no, de afectar, para bien o para mal, una actividad económica, o la vida de una comunidad, o la seguridad de una región. Con las leyes o reglas que tú haces puede cambiar la vida de miles de personas, para bien o para mal. Lo único que te pido es que piensas, cada vez que hagas una, cómo te iría a ti, si fueras uno de los regulados. Es decir, cada vez que hagas una nueva ley o regla pienses en ti sufriendo las consecuencias, y si pasa la prueba de la regla de oro, la empujes con decisión, y hagas que se cumpla.

Toca ahora el ejemplo de la aplicación de la ley, a través del poder. Tú tienes la facultad de darle derechos a las personas o retirárselos, de crear obligaciones legales o de restarlas, tienes del poder de afectar la vida, la libertad o el patrimonio de personas concretas con tus decisiones. Lo que te pido es que cada vez que tomes una de estas decisiones sólo pienses si esa misma decisión sería justa para ti. Es decir, si alguien mas la tomara respecto de ti, ¿sería justa y adecuada? Suena sencillo, pero no lo es. Porque la actuación ética requiere libertad personal, y en el servicio público, a veces es muy escasa. Por eso es tan difícil mi petición, porque es posible que un día te cueste la chamba. Pero quizá salve tu dignidad como persona.

Y, finalmente, está la capacidad que tienes de vigilar que todos hagan lo que les corresponde. Esta es quizá la más difícil. Porque un servidor público no sólo tiene la responsabilidad ética de vigilar su propio comportamiento, sino de hacerse responsable del comportamiento de otros, en especial, el de aquellos que tienes a tu cargo, bajo tu responsabilidad y liderazgo. Porque un gobierno está diseñado no sólo para confiar en la ética individual, sino también en la ética colectiva, que se rige desde las posiciones de liderazgo. Por eso, si además de servidor público, eres líder de un equipo, te pido que les expliques la regla de oro, y, con tu liderazgo y congruencia, los ayudes a ejercerla, todos los días.

Este texto es mucho más que una simple súplica. Hoy es la única manera que tienes de recobrar la confianza de las personas, que están muy decepcionadas de todos los que alguna vez ejercimos el servicio público, y con justa razón. Yo aún creo en ti, y te quiero ayudar, espero me des la oportunidad. Gracias por leer esta petición.

Atentamente

Max Kaiser (uno de 130 millones de mexicanos que dependemos de ti)

Ilustración: Marco Colín

Una economía de barrio

“Ahora me pongo diario patrón, y casi no vendo nada” nos dijo la doña de los tlacoyos con cara de tristeza. “¿Cuántas le doy?” corrió con una sonrisa el don de la miel, que tenía la camioneta llena de la mejor miel que he probado en mi vida. El corazón se me parte en dos, cada vez. Me gustaría hacer mucho más que comprar un poco de lo que producen estas increíbles y resilientes familias mexicanas, porque no les está yendo nada bien. Esta semana, gracias al Estudio sobre Demografía de los Negocios (EDN 2020) del INEGI, nos enteramos de un dato brutal: en lo que va del año, un millón de micro, pequeñas y medianas empresas cerraron sus puertas para siempre. Un millón de negocios pequeños y medianos, sustento de varios millones de mexicanas y mexicanos, simplemente dejaron de existir. Con ellos se fueron sus sueños y esperanzas de una vida digna y un futuro más estable, por los menos por ahora. 

Un millón de empresas. Te pido que te detengas a pensar en el número por un momento, y trates de imaginar a todas las familias que dependían de estos proyectos económicos. Te pido que pienses en la angustia de esas madres y padres mexicanos, que vieron desaparecer eso poco que habían acumulado con mucho esfuerzo. Cierra por un momento los ojos e imagina las fiestas decembrinas que van a pasar, y lo duro que será para ellos el inicio del año que viene. Dime que te surge la misma pregunta que a mí: “¿Cómo les puedo ayudar yo?” 

Por años hemos cerrado los ojos y olvidamos a la mitad del país: decenas de millones de mexicanos que lo intentan de todas las maneras posibles, todos los días, y no logran brincar al siguiente escalón. Sin muchas herramientas o tecnología, nula capacitación, muy poco apoyo financiero, pero muchas ganas y mucho trabajo, apuestan todo lo que tienen a un nuevo negocio, y así vemos surgir por todas las esquinas de las ciudades de México nuevos micro y pequeños negocios. Familias llenas de esperanza que lo vuelven a intentar, una y otra vez. Unos meses después de la gran inauguración con globos y una bocina rentada, la cortina de metal está cerrada, y la fachada ya volvió a cambiar. Rara vez imaginamos a la familia que perdió todo en esa nueva apuesta. Nos pasamos de largo, sin una sola emoción. ¿Quiénes eran? ¿Cuántas personas dependían de ese negocio? ¿Cuánto perdieron? ¿Había manera de ayudarles a hacerlo mejor? Nadie se pregunta, y yo ya no puedo con eso. Ya no quiero vivir en un país que no se ocupa de los suyos. Esta no puede ser la única manera de organizarnos como sociedad.

El 7 de mayo de 2020, en su inútil homilía mañanera el presidente dijo: “Que quiebren los que tengan que quebrar”. Así los dijo. Que se hagan responsables los empresarios, dijo el presidente. Y eso pasó, quebraron un millón de empresarios de diferentes tamaños, olvidadas por su gobierno, abandonadas a su suerte. Desde ese día el gobierno decidió que no era su responsabilidad crear políticas contracíclicas para frenarar un poco la caída de sus negocios y ayudarles a sobrevivir la pandemia. El gobierno seguiría gastando cientos de miles de millones de pesos del presupuesto público en tres proyectos faraónicos inviables y poco rentables, porque el orgullo del presidente es más importante que la vida de millones de familias mexicanas.

¿Es este el único modelo político-económico que se nos ocurre? ¿»Cada quien su pedo” y “primero el ego del presidente” es la mejor respuesta que tenemos a una crisis como la que vivimos? ¿Dónde carajos queda esa solidaridad natural que tenemos los seres humanos, ese espíritu de colaboración que nos ha sacado de las peores crisis, a lo largo de la historia? 

Yo creo que podemos hacer mucho más. No soy economista, ni pretenderé entender cómo reconstruir el modelo económico global, ni el nacional. Pero se me ocurren algunas ideas. 

¿Qué pasaría si a partir de hoy, todos empezamos a destinar una buena parte de nuestros ingresos para comprar bienes y servicios a los de nuestro barrio? Solo a los de nuestro barrio. Me refiero a las cosas básicas, a las de todos los días, a las que no requieren marcas específicas o una calidad técnica especial. ¿Qué pasaría si además lo haces con una sonrisa y te ocupas de conocer el nombre de la persona o la familia que está detrás de ese negocio? Quizás así empezamos a ponerles cara, nombre, corazón y alma a todas esas personas que pasan desapercibidas en esta jungla urbana, y que sufren en silencio. Quizá si empezamos a generar barrios más densos y humanos, en los que las personas se echan la mano y se hacen responsables del entorno, podemos generar una nueva forma de organizarnos. 

Esto además nos hará menos dependientes de un gobierno insensible, que no quiere ver ni atender la realidad, y nos hará mucho menos vulnerables a los vaivenes de la economía. ¿Qué perdemos con intentarlo? Quizá no cambiemos la economía del mundo, pero te aseguro que vas a comer miel y fruta más fresca, mejores tortillas, comida casera deliciosa, helados con más sabor, pero, sobre todo, serás responsable, por lo menos por un momento, de regresar la esperanza a las familias de tu barrio, que se rompen la madre todos los días, por un poco de certeza. ¿Cómo ves, lo intentamos?

Ilustración: Marco Colín