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Si no votas, no jodas

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Votar en una democracia es mucho más que decidir entre alternativas imperfectas. Se trata de una actitud, de una expresión de responsabilidad, de un mensaje que expresa la intención de ser parte de la construcción de un país. Es la forma más completa de gritar YO SOY MÉXICO. 

Votar es la síntesis del ejercicio de ciudadanía democrática más completo: yo decido quién ejerce el poder, cómo y hasta cuándo. Es el derecho que nos iguala a todos los ciudadanos de un país. Según Pew Research, sólo el 57% de los países del mundo son democracias. Según Reuters, 2.6 billones de personas del mundo viven atormentados por gobiernos represivos, corruptos que abusan sistemáticamente de sus derechos humanos. Estas 2.6 millones de millones de personas no sólo carecen del derecho para definir quién los gobierna, sino que carecen de las libertades básicas que tú si tienes como las de pensamiento, de creencias, de expresión, de movimiento, de prensa, y, sobre todo, los derechos básicos que les permitan frenar los abusos de gobierno, a través de instrumentos establecidos en su sistema jurídico, como los que tú si tienes en México. En esos países te matan por criticar o burlarte del presidente, tú le puedes mentar la madre directamente en su cuenta de Twitter y no te pasa nada. Esas 2.6 billones de personas no tienen derecho a conocer lo que hace su gobierno, ni capacidad para conocer qué hacen con su dinero. Tú tienes todos los canales para saber y pedir. 

Pero aún mas importante que la comparación internacional es la consciencia de que muchos de nosotros nacimos en un país que pertenecía al catálogo de los países sin democracia. En 1975, cuando yo nací, el voto era una estúpida simulación. Un año después de que yo llegué a este mundo, López Portillo ganó la presidencia de la República como candidato único. Ningún otro candidato se presentó a la elección. Durante toda mi infancia México era un país con dos televisoras, un puñado de periódicos y radiodifusoras, que sólo podían decir lo que el personal de gobernación, que no se despegaba de quienes dirían o escribirían las “noticias”, les permitía. El Estado mexicano tenía la capacidad real de abusar del poder a placer, sin límite alguno. Las libertades individuales eran sólo un bonito texto constitucional. Antes de 1953 las mujeres tenían prohibido votar, por el simple hecho de ser mujeres. Pregúntale a tu abuela. El presidente de México nos aburría una vez al año, cada 1 de septiembre, con un simulado “informe”, que de nada nos servía, y el resto del año la opacidad del gobierno era total. Para que todo esto cambiara, para que tú tuvieras derechos, libertades y la posibilidad de votar y escoger a quién te gobierna, miles de personas dieron la vida. No es una expresión, es un dato. Miles de reformas y contra reformas fueron necesarias para cambiar por completo el ejercicio del poder en México. Yo conozco a valientes mexicanos que pasaron dos horas acostados boca abajo en una desolada carretera de Guanajuato, con una metralleta pegada en su nuca, con un judicial sosteniéndola, porque habían tenido la osadía de defender una urna, en la que no había ganado el PRI, esto, en los no tan lejanos 90. Esas personas soñaban con un país en el que cuidar los votos contra el gobierno no implicara arriesgar la vida. Es decir, el país que tenemos hoy, el país en el que vives en 2021.

Pero la democracia que tenemos hoy es incompleta y frágil, y está en riesgo. Le falta mucho para ser lo que hoy soñamos que puede ser. Pero también se puede destruir por completo. Muchísimas de las Tiranías que existieron durante el último siglo surgieron de débiles democracias que permitieron que un grupo de personas destruyeran los cimientos de su democracia. Los tiranos de esos países aprovecharon crisis económicas, políticas o sociales para convencer a su gente de que era buena idea darles poder absoluto para resolver la crisis, y ya después, todo regresaría a la normalidad. Después de miles de muertes, abusos a sus derechos humanos y un empeoramiento de la crisis de origen, las personas se dieron cuenta de que les habían mentido. Y ya no había vuelta atrás.

No estamos aún ahí, gracia a dios. Pero estamos en el camino. El señor López y su partido nos han expresado fuerte y claramente que no creen en la Constitución y la Ley. Nos han dicho de todas las maneras posibles que cualquier autoridad, órgano, medio o persona que intente limitar su poder es considerada enemigo de su “causa”. Amenazaron de muerte impunemente al presidente del Instituto Nacional Electoral, tienen sometido y amenazado al presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y han amenazado e investigado a diversos titulares de órganos autónomos, que tienen la función constitucional de limitar el poder del gobierno. No esconden que utilizarán su poder y su mayoría para desaparecerlos.

Así, el 6 de junio no es sólo el simple ejercicio de elegir entre diversos candidatos de diferentes partidos. Es la gran oportunidad que tenemos los mexicanos de mandar un mensaje fuerte y claro a TODAS las fuerzas políticas: queremos seguir viviendo en democracia, y estamos listos para defenderla a toda costa. Por eso, quedarse en casa ese día es mucho más que una irresponsabilidad. No votar es perder el derecho para quejarse después, si el abuso del poder llega a tu puerta, si pierdes tu empleo o negocio, si eres asaltado en la calle o si no hay medicinas para tus hijos en un hospital. Abstenerse en esta elección nos dice a los demás que tú no quieres reconstruir la democracia con nosotros, y que te vale madres el presente y el futuro del país. Nos dice que no contamos contigo. 

En cambio, salir a votar con gusto y orgullo es la mejor forma de reiterarle a la clase política que el poder hoy está en nuestras manos, y que no pretendemos renunciar a él, nunca más. Pero también, y aún más importante, es la mejor forma de reconocernos entre quienes queremos reconstruir el país, para ponernos a trabajar juntos.

Voto Útil, Voto Eficaz. Una Guía

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Todos los mexicanos registrados en la Lista Nominal del INE, y con credencial de elector vigente, tenemos exactamente el mismo derecho: un voto para cada tipo elección. Sólo uno. El 6 de junio tu voto vale exactamente lo mismo que el del presidente de la República o el del hombre más rico de México. Esa es la maravilla de las elecciones, todos tenemos exactamente el mismo poder en las manos. Pero sí hay formas de desperdiciarlo o de hacer que sea menos útil y eficaz para decidir quién asume el poder en los distintos cargos. El texto de hoy pretende ser una GUÍA lo más sencilla posible de cómo funciona la votación y cómo hacer que tu voto tenga un mayor impacto. Regálame unos minutos y ayúdame a compartirla a quienes creas que les interese saber más de este tema.

¿Qué elegimos? Primero renovamos toda la Cámara de Diputados Federal, que son 500 cargos en juego. También se elige a 15 gobernadores en el mismo número de estados. También se renuevan 30 Congresos locales en el mismo número de entidades y se renuevan 1,923 Ayuntamientos en 30 estados. Más de 21 mil cargos en juego (Ver Anexo 1 por estado al final del texto).

Empecemos por las 3 formas más sencillas de desperdiciar tu derecho a decidir. La primera es quedarte en tu casa y no votar. Quizá creas que es una forma de protesta porque no hay buenas opciones. Pero pasan tres cosas: la obvia, es que otros sí van a la urna y deciden por ti, lo segundo es que te conviertes en una simple estadística genérica llamada “Abstención” que no genera nada y a nadie ocupa, y lo tercero es que permites que el voto duro de los partidos grandes, que tienen mayor capacidad de comprar y movilizar votos, ganen las distintas elecciones. 

La segunda forma de desperdiciar tu derecho es anular tu voto tachando toda la boleta, o dejando la boleta en blanco o dejando un mensaje. Es un desperdicio porque, otra vez, te conviertes en parte de un simple número global que a nadie le importa y que no genera nada positivo. El problema es que el voto nulo si tiene una consecuencia negativa: infla artificialmente el voto de los partidos que mantienen el registro. Te explico. Imagina que votan 100 personas: 30 por el partido A (30%), 30 por el B (30%), 20 por el C (20%), 5 por otro D (5%), 5 por otro E (5%), 10 votos nulos (10%). 100 votos es el 100%. Lo primero que se hace al contar los votos es quitar de la cuenta los votos nulos y los votos por candidatos no registrados. Y ya, sólo se van. Desaparecen de la cuenta. El problema es que le ayudas artificialmente a todos los partidos. Ahora el 100% es 90 votos, y así, ahora el partido A tiene el 33.33%, el B 33.33%, el C 22.22%, y el D y el E ahora tienen 5.5% cada uno. Como ves, tu voto nulo sólo le regaló un porcentaje artificial mayor a los partidos grandes, y con eso, más diputados de representación proporcional y más recursos públicos. Así de sencillo. No les ayudes así. 

La tercera forma de desperdiciar tu voto es votar por los partidos de nuevo registro que no representan más que a sus líderes y creadores: Fuerza México (FM), Partido Encuentro Solidario (PES) y Redes Sociales Progresistas (RSP). Son partidos negocio que no pueden ir en coalición en su primera elección y sólo pretenden obtener más del 3% de la votación que les exige la Constitución para sobrevivir. Lo que pretenden es engañar a la mayor cantidad de votantes posibles, haciéndose pasar por una nueva opción, para entrar así a la repartición de diputados de representación proporcional, para que puedan vender sus pocos votos en el Congreso, al mejor postor. Eso han hecho en los últimos 25 años estos partidos. Eso y nada más. En el caso de estos tres partidos, ya han declarado abiertamente su apoyo a Morena, que incluso tiene a miembros de ese partido, escondidos en candidaturas de los tres. 

Quedan así tres opciones políticas: dos coaliciones y un partido mediano. La Primera coalición está conformada por Morena, el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) (Van coaligados es 183 distritos federales, y en varias elecciones locales. Convenio de Coalición federal, Anexo 3) , la segunda coalición está conformada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) (Van en coalición en 219 distritos federales, y diferentes elecciones locales. Convenio de Coalición federal, Anexo 4), y el partido mediano que no va en coalición es Movimiento Ciudadano (MC).

La coalición encabezada por Morena ofrece tres cosas, y sólo tres en sus campañas (No me crean a mí, vean y escuchen toda su publicidad): 1) México va bien, 2) No vamos a cambiar nada, 3) En cualquier puesto haremos lo que diga el señor López, líder de nuestro movimiento. Si eso es lo que tú quieres, esta es tu opción.

Si no quieres eso, y quieres repartir el poder para generar equilibrios y contrapesos al poder, te quedan dos alternativas, la otra coalición y el partido mediano. Y así, llegamos a la mejor manera de hacer que tu voto sea verdaderamente útil y eficaz en la conformación de las diferentes autoridades y en la creación de contrapesos.

Primero, las más fáciles, los poderes ejecutivos locales y municipales: las 15 gubernaturas y los 1,923 Ayuntamientos. El cargo se va al que tiene un voto más que los contrincantes. Así de sencillo. Los demás pierden y se van a su casa. Si lo que tú quieres es ayudar a ganar estas elecciones a alguien que no pertenezca a la coalición de Morena, tu voto debe ir al partido o coalición que vaya en segundo lugar, según las encuestas creíbles, o en primero, por encima de Morena, para que consolide su ventaja. Hay diferentes coaliciones en diferentes estados para este tipo de elecciones, y por eso debes estar bien informado de quién va con quién. No hay manera de que aquí te pueda decir cómo se pusieron de acuerdo en 1,923 Ayuntamientos y 15 gubernaturas. Esta chamba la tienes que hacer tú.

Las elecciones legislativas son más complejas. Tanto en la Cámara de Diputados Federal como en los Congresos Locales la composición es mixta. Esto es, una combinación de mayoría relativa (MR, diputados que ganan un distrito) y representación proporcional (RP, los que conoces como plurinominales, y se eligen por lista con tu voto a los primeros). En la Cámara Federal la composición es 300 de MR y 200 de RP, y en los estados la composición y tamaño de cada Congreso depende del número de habitantes. Así, en ambas elecciones, cuando votas por tu diputado de MR, también estás votando por las listas de RP que están detrás de las boletas. La diputación de MR se asigna al candidato que tiene un voto más que los otros, y los demás no obtienen nada. 

Para la asignación de diputados de RP en los estados se suman todos los votos de MR por partido, y el porcentaje de votos total en el estado determina el número de diputados de RP a asignar. Así, para la elección de diputados por ambos principios en los estados, si pretendes que tu voto sea útil éste debe ser por quien tenga más posibilidad de ganar el distrito local, y por el partido que creas que debe tener más diputados de RP en tu Congreso local. 

La votación a nivel federal es un poco más compleja. El país se divide en 5 circunscripciones, compuestas por estados (Anexo 2).  Tu voto por un diputado de MR vale también para la lista que está al reverso de la boleta, de 40 candidatos por partido. El de MR gana su distrito con un voto más que los demás, que no ganan nada. Y en cada circunscripción se asignan 40 diputaciones, de acuerdo con el porcentaje de votación por partido de todos los distritos de la circunscripción. Así, si quieres que tu voto sea útil y eficaz, vota por el candidato que puede ganarle tu distrito federal a Morena, y por el partido que quieres que tenga más diputados de RP en la Cámara de Diputados Federal. 

El lunes 17 será presentada una plataforma para hacer sencillo este proceso, consúltala, la encuentras en mivotoutil.mx 

Así, siguiendo esta GUÍA podrás hacer que tu voto tenga más poder, sientas que influiste con más eficacia en la conformación de los puestos a elegir, y te sepas corresponsable en el ejercicio que harán del cargo. No todos los ciudadanos del mundo tienen este derecho y esta capacidad, utilízalo con gusto y orgullo. Este 6 de junio Vota y convence a 5 de hacerlo con inteligencia.

Anexo 1: ¿Qué se elige por Estado?

  • Aguascalientes: 27 diputaciones y 11 ayuntamientos
  • Baja California: Gobernador, 25 diputaciones y 5 ayuntamientos
  • Baja California Sur: Gobernador, 21 diputaciones y 5 ayuntamientos
  • Campeche: Gobernador, 35 diputaciones, 13 ayuntamientos y 22 juntas municipales
  • Chiapas: 40 diputaciones y 124 ayuntamientos
  • Chihuahua: Gobernador, 33 diputaciones, 67 ayuntamientos y 67 sindicaturas
  • Ciudad de México: 66 diputaciones y 16 alcaldías
  • Coahuila: 38 presidencias municipales, 76 sindicaturas y 400 regidurías
  • Colima: Gobernador, 25 diputaciones y 10 ayuntamientos
  • Durango: 25 diputaciones
  • Estado de México: 75 diputaciones y 125 ayuntamientos
  • Guanajuato: 36 diputaciones y 46 ayuntamientos
  • Guerrero: Gobernador, 46 diputaciones y 80 ayuntamientos
  • Hidalgo: 30 diputaciones
  • Jalisco: 38 diputaciones y 125 ayuntamientos
  • Michoacán: Gobernador, 40 diputaciones y 112 ayuntamientos
  • Morelos: 20 diputaciones y 33 ayuntamientos
  • Nayarit: Gobernador, 30 diputaciones, 20 ayuntamientos y 138 regidurías
  • Nuevo León: Gobernador, 42 diputaciones y 51 ayuntamientos
  • Oaxaca: 42 diputaciones y 153 ayuntamientos
  • Puebla: 41 diputaciones y 217 ayuntamientos
  • Querétaro: Gobernador, 25 diputaciones y 18 ayuntamientos
  • Quintana Roo: 11 ayuntamientos
  • San Luis Potosí: Gobernador, 27 diputaciones y 58 ayuntamientos
  • Sinaloa: Gobernador, 40 diputaciones y 18 ayuntamientos
  • Sonora: Gobernador, 33 diputaciones y 72 ayuntamientos
  • Tabasco: 35 diputaciones y 17 ayuntamientos
  • Tamaulipas: 36 diputaciones y 43 ayuntamientos
  • Tlaxcala: Gobernador, 25 diputaciones, 60 ayuntamientos y 299 presidencias de comunidad
  • Veracruz: 50 diputaciones y 212 ayuntamientos
  • Yucatán: 25 diputaciones y 106 ayuntamientos
  • Zacatecas: Gobernador, 30 diputaciones y 58 ayuntamientos

Anexo 2, Circunscripciones Federales:

Anexo 3, Convenio de Coalición Morena, PVEM, PT:

https://repositoriodocumental.ine.mx/xmlui/bitstream/handle/123456789/118544/CGor202103-21-rp-27-Anexo.pdf

Anexo 4, Convenio de Coalición PAN, PRI, PRD:

https://repositoriodocumental.ine.mx/xmlui/bitstream/handle/123456789/117345/CGex202115-02-rp-4-Anexo.pdf

Quiero ser un desobediente que provoca a otros desobedientes

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Toda mi vida he seguido las “reglas”. Todas y cada una de ellas. Por años lo hice sin cuestionarlas. Eso no me hace más bueno que nadie, sólo más pendejo e infeliz que muchos. Me convencieron y me convencí de que conocer las reglas en cada ámbito de mi vida, y seguirlas al pie de la letra, sería suficiente para ser una buena persona y así, ser feliz. Las reglas religiosas, morales, familiares, sociales, académicas, profesionales y legales se convirtieron en una carga muy pesada. Tienen la fea tendencia de multiplicarse y hacerse cada vez más exigentes. No culpo a nadie. En efecto me fueron impuestas cuando mi conciencia era muy frágil y maleable, pero después las hice propias por voluntad e incorporé nuevas con plena conciencia de adulto. Yo sólo me impuse la carga de cumplir con las distintas expectativas que crean los códigos, en cada ámbito de la vida. Sin ayuda de nadie me impuse la obligación de complacer a todo mundo con mi vida, mis elecciones, mis decisiones y mis proyectos. Con plena inconciencia (porque eso no puede ser conciencia) me dediqué a construir un personaje que se adapta en cada lugar y circunstancia, porque tiene mucha experiencia en estudiar las reglas de cada lugar, y adaptarse a ellas. Parecía una fórmula sencilla. Pero resultó ser una pinche pesadilla. La voz de mi cabeza, el pinche ego, siempre me cambia la meta. “Puedes un poco más”, me dice con absoluta contundencia. “Ya la cagaste” me dice con tono lapidario. “Ya se enojaron contigo, los decepcionaste” me dice con tono irónico. Ese patrón se repite todos los días, en diferentes ámbitos de mi vida. Y así, “cumplir” es más una tortura que una sana forma de vida. Esta forma de vivir me provocó en los últimos meses una fuerte llamada de atención de mi cuerpo. Me hizo saber de fea manera que era una pendejada vivir así, y que lo estaba lastimando. Me hizo ver que el estrés y la ansiedad que esta forma de vida provoca descompone alguna función fundamental del cuerpo. En 2 meses bajé mas de 10 kilos. Me espanté mucho, como nunca. Me dio terror pensar que ahora sí no me la iba a perdonar. Dejé que mi ego se encargara de mi vida, y la estaba jodiendo por completo.

Pero ya lo caché. Ya lo escucho y lo veo venir. Ya sé que mi ego no soy yo. Ya sé que es una voz que fue construida en mi mente durante años, con diferentes experiencias, aprendizajes, imposiciones, códigos, interpretaciones, apreciaciones y fantasías. Ya sé que la mayoría de esos códigos y reglas son simples construcciones artificiales creadas por otras personas igual de inseguras y frágiles que yo. La gran mayoría tienen poco sentido y utilidad en mi vida. Ya puedo cuestionarlas y puedo quitarles el valor casi sagrado y absoluto que yo les había asignado. Ya puedo escoger aquellas que tienen utilidad y sentido en mi vida, porque sí hay algunas que lo tienen. Ya puedo ver lo ridículo e imposible que es complacer a todo mundo, todo el tiempo, y lo fácil que es “decepcionar” a otros, si yo me genero la expectativa de tener a todo mundo siempre contento conmigo, de ser perfecto a cada instante. Ya lo puedo ver y entender, pero aún me queda el hábito. Aún me queda esa reacción inconsciente que me genera estrés y angustia cuando la cago, cuando incumplo alguna regla o decepciono a alguien cercano por mi comportamiento. El ego no es inteligente, pero se vuelve cada vez más hábil para sobrevivir y provocar reacciones. Por eso me quiero hacer el hábito contrario. El de la desobediencia. Quiero hacerme el hábito de cuestionar cada regla, código o expectativa sobre mí. Quiero hacerme el hábito de reírme cada vez que el ego me quiere imponer una nueva norma o meta y poder decirle “cállate pendejo, déjame vivir en paz”. Ya empecé, con cosas simples, y otras muy complejas, y se siente muy chingón cuando lo logras. Lo intento todos los días. Quiero hacerlo un hábito. Como cuando aprendí a manejar un automóvil. Primero se requería de toda mi concentración, hasta que se convirtió en algo mecánico y automático. Quiero que un día sea algo que simplemente sucede, mientras yo me dedico a vivir.

Ahora, conforme eso sucede conmigo, me gustaría ser un provocador de desobedientes. Es un cambio radical en mi vida profesional. Soy un abogado que lleva toda su vida profesional gritando a la gente “cumplan todas las reglas”. Hoy quiero empezar a decirles que cuestionen todas las reglas. Hoy quiero enseñar a la gente a identificar las reglas absurdas, en distintos ámbitos, para que las cuestionen y las desobedezcan. Me gustaría construir instrumentos y herramientas para que las personas aprendan a vivir en comunidad a través de la Regla de Oro: haz con otros exactamente lo mismo que querrías para ti. Quiero colaborar en la construcción de una nación más solidaria, empática, comprometida y responsable. Convocar y construir con personas que no se conformen con simplemente “cumplir”, porque saben que no es suficiente. Personas que desobedecen para servir, y sirven para poder ser felices. 

7 de junio, el día después

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¿Cómo te quieres sentir al día siguiente de la elección más grande de la historia de México? ¿Cuál quieres que sea la emoción que domina tu alma el 7 de junio? Tienes 35 días para construir esa emoción. Tú no puedes controlar el resultado final, el resultado externo, ni el número de asientos que tendrá en el congreso cada partido, pero puedes controlar algo más importante: la convicción interna de que hiciste todo lo que estaba en tus manos, que hiciste todo lo posible por cuidar y construir una mejor democracia. Eso sí lo puedes controlar, y es mucho. Y quizá, si muchos hacemos juntos lo que aquí te voy a proponer, también podemos influir en los resultados externos, además de controlar nuestro ánimo interno. Hay cinco cosas que todos podemos hacer en estos 35 días que faltan para el 6 de junio.

Primero, infórmate. Es un hábito, y requiere disciplina. No es suficiente con seguir a algunas personas en Twitter y discutir en el chat de vecinos. Tienes 30 días para conocer lo que realmente está pasando en tu país. No puedes tener un criterio propio si no sabes que hay miles de niños que no han recibido en meses su tratamiento para el cáncer, si no sabes que el sistema de abastecimiento de medicinas está destruido y hay una escasez histórica de medicinas y equipo médico, si no sabes que en México asesinan a 100 personas diarias en promedio (3,000 al mes) y que la gran mayoría de esos homicidios quedan impunes, si no sabes que en el último año se sumaron 10 millones de personas a la estadística de pobreza, si no sabes que somos el país (sin guerra formal) con más activistas de derechos humanos y reporteros asesinados, y que también quedarán impunes esos asesinatos, que el gobierno sólo ha logrado vacunar al 5% de la población con esquema completo y que murieron alrededor de 500 mil personas por la pandemia, la mayoría personas pobres con educación preparatoria hacia abajo, que PEMEX se quema para nada miles de millones de pesos al año o que llevamos 6 trimestres seguidos en los que la economía se hace mas chica. Si no sabes nada de eso, que son datos duros y oficiales, no puedes formar un criterio completo para tomar decisiones inteligentes. 

Segundo, trabaja tu curiosidad. ¿Qué de lo que acabas de leer te indignó más? ¿Qué fue lo que te hizo sentir más enojado o frustrado con tu país? Sobre eso, busca más, aprende más, lee más, conoce más. Involúcrate, comprométete con algún tema. México necesita a millones de personas que se comprometan con un tema específico, y quieran ayudar con éste. Los todólogos no sirven para nada. Las personas que conocen poquito de todo, ayudan muy poquito. Vivimos en un país con muchos problemas distintos, que requieren de diferentes tipos de experiencias y capacidades. Hay mucho que puedes hacer, si trabajas tu curiosidad en uno de esos temas, te involucras, conoces y te comprometes. No sólo de aquí al 6 de junio, de aquí hasta que hayas dado todo lo que podías dar, en ese tema.

Tercero, exige respuestas. Cuando conoces más a fondo uno de los problemas de México es imposible que quedes satisfecha con las políticas que se aplican a ese problema. De la curiosidad siempre surgen las ganas de hacer algo, de exigir mejores respuestas, de pedir cuentas a los responsables. Eso es hacer ciudadanía. Eso es lo que hacen las personas comunes en las democracias que funcionan. No hace falta que dejes a un lado tu vida, sólo que tengas una causa social, con la que realmente te comprometes, porque te genera curiosidad y luego responsabilidad.

Cuarto, evalúa alternativas. Respecto del problema que te generó curiosidad ¿Quién tiene la mejor solución? ¿Quién muestra preocupación por el tema? hay muchos héroes desconocidos haciendo muchas cosas en México. Algunos de ellos son políticos y buscan tu voto. Y si no encuentras a nadie, ya tendrás chance de proponer algo concreto, mientras tanto, puedes castigar con tu voto al encargado actual, a quienes no ha hecho nada para resolver el problema que te indigna. Y hazlo público. Platica en público por qué vas a votar contra aquellos que destruyeron el sistema de abastecimiento de medicinas, si ese es el problema que te atrajo. O explica por qué piensas votar contra quienes militarizaron la seguridad, y provocaron más violencia, si eso te indigna. Explica por qué vas a castigar a los que dejaron morir a más de un millón de PYMES, sin apoyo alguno. Esa explicación pública sirve para generar una conversación constructiva que puede llevarnos a todos a solucionar el problema. El voto también es una herramienta muy eficaz si se utiliza para castigar y genera una buena discusión. 

Quinto, lleva a 5 personas a las urnas. En esta elección, como en ninguna otra, el mensaje a favor de la democracia debe quedar perfectamente claro. Una participación histórica le dejará perfectamente claro a todos los actores políticos que los mexicanos optamos por la democracia. Llenar las urnas de votos es la mejor manera de hacerles saber que queremos tomar las decisiones desde la sociedad, de forma democrática, y no dejarle a un pequeño grupo de ambiciosos un cheque en blanco cada tres años, para que hagan lo que quieran con el país. Convence a 5 personas que no querían votar, de ir a votar. Conviértete en un promotor activo de tu democracia. Son sólo 5 personas. Estoy seguro de que sí puedes convencerlas y llevarlas a las urnas. 

Si haces estas 5 cosas que te propongo, pase lo que pase el 6 de junio, estoy seguro de que tu alma estará en paz el 7, porque habrás dado todo. Y estarás listo para dar la batalla que viene: tres nuevos años para cambiar el rumbo de nuestro país, juntos, cómo ciudadanos que saben que pueden construir un lugar mejor. 

Las Mentiras del Aspirante a Tirano

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No hay peor traición a la democracia que utilizar la vía democrática y sus instituciones para llegar lleno de legitimidad al poder, para después tratar de dinamitar esas instituciones, a través del abuso del poder, para destruir los equilibrios y la posibilidad de alternancia. Eso es justo lo que intentan el aspirante a Tirano que hoy ocupa la presidencia, acompañado por sus grupos de empleados en el gobierno y en el congreso, y sostenido por un ejército de facilitadores que, desde diversos medios, la academia, la sociedad civil organizada o diversos grupos empresariales beneficiados por el poder, justifican el abuso de éste. Es una auténtica borrachera de abuso de poder. Cada día es más difícil llevar la cuenta de cuantas leyes han violado y cuántas responsabilidades administrativas y criminales deberían ejercerse. Es una borrachera de poder que deja víctimas por todos lados. Desde los 3 mil homicidios impunes de cada mes, hasta los 500 mil muertos por la pandemia, o el fracaso de la “estrategia” de vacunación. Es una borrachera de poder que los ha llevado a amenazar de muerte a consejeros electorales, amenazar públicamente a jueces federales que detienen algunos abusos de poder a través del amparo o destruir, por sus pantalones, proyectos de infraestructura multimillonarios o instituciones imprescindibles para los mexicanos, como el seguro popular. En un exabrupto tipo tío borracho en fiesta de quince años, el coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, el priista poblano disfrazado de Morena, Ignacio Mier gritaba hace un par de días “El derecho es de los conservadores, no nos pidan optar por el derecho”, desde la más alta tribuna del Congreso mexicano, donde se hacen las leyes. El problema es que, como en toda borrachera, el cuerpo tiene un límite y la cartera también. La fiesta se está acabando. Y lo saben. El país parece palacio romano después de la peor bacanal herodiana. Y alguien tiene que pagar la cuenta. Pero los borrachos de poder quieren seguir con la fiesta, y por eso han inventado cinco mentiras.

La primera mentira es que esta elección ya está definida. Pretenden difundir la idea de que el presidente es tan querido y popular, que todo mundo se va a volcar a las urnas para apoyar a los candidatos de su partido. Esta mentira se desmorona día a día con las encuestas específicas que surgen por todos lados. No sé hoy si habrá una debacle total del partido en el poder, pero estoy seguro de que no habrá una ola marrón, y lo saben ellos. Y cada día se ve peor para la causa de los borrachos de poder. Sus candidatos no levantan, porque carecen de toda sustancia y no hay un solo logro del partido en el poder que puedan vender a la gente. Sin el señor López en su propaganda se sienten incapaces de articular una campaña medianamente llamativa e interesante. 

La segunda mentira es que los decepcionados con Morena no tienen opciones más que quedarse en su casa. Difunden por todas las vías que votar por otros candidatos de otros partidos es igual o peor. “Todos son una mierda” dicen ellos y sus facilitadores, “No hay por quién votar” difunden sin pudor. Esto es una mentira doble: ni todos son iguales, ni es cierto que en 21 mil puestos en juego no hay una sola mujer u hombre que valga la pena empujar a un cargo público. No hay una elección nacional. Hay 300 elecciones federales para la Cámara de diputados, 30 elecciones para integrar congresos locales, 15 elecciones para cambiar de gobernador, y alrededor de 2 mil elecciones para renovar Ayuntamientos y Alcaldías, y por supuesto que hay personas que valen la pena. Nadie perfecto, nadie que llene todas tus expectativas, pero muchas mexicanas y mexicanos que quieren hacer las cosas diferente. Y si no encuentras alternativas que te motiven, por lo menos puedes optar por la pluralidad y el equilibrio de poder, que también es un buen motivo para votar. 

La tercera mentira es que el árbitro está en su contra. Se trata de un burdo engaño porque es la misma autoridad que los llevó al poder, y la que defendió a capa y espada su triunfo legítimo. Esta es la mentira más peligrosa porque se trata de la preparación del desconocimiento de la elección. Y no sería la primera vez que el señor López y su grupo desconocen un resultado y tratan de dinamitar un proceso electoral, y a la institución que administró el proceso.

La cuarta mentira es que en México aún es posible un gran fraude electoral. Esta mentira tiene 20 años siendo sostenida por quien hoy ocupa el poder, aunque él mismo sabe que esto es prácticamente imposible desde 1997. Las elecciones no son perfectas, y en efecto hay muchos errores, trampas y delitos. Pero un fraude masivo, en la votación, que altere por completo el resultado electoral de un cargo, es casi imposible, por lo menos imposible sin ser fácilmente detectado. Pero difunden esta mentira porque eso es lo que pretenden argumentar en todos los cargos que pierdan. Se trata del típico “curarse en salud”, tan común en este grupo.

La quinta mentira es que pueden quedarse en los cargos que pierdan por la fuerza. Es una mentira porque, a pesar de que sí podrían, la mayoría demócrata de México lo vamos a impedir. Estamos listos para ir a votar, y después defender, tanto los resultados de la elección, como a las autoridades que se encargaron del proceso. La democracia es nuestra, y también sus instituciones.

Es hora de ver la realidad. La borrachera se está acabando, aún podemos evitar que el país sea convertido en una bacanal de poder permanente, en una Tiranía populista que destruye todo a su paso para sostenerse. Las borracheras hay que pararlas, o se convierten en tragedias irreparables. Durante todo el siglo XX hubo decenas de intentos de tiranos, que fueron parados abruptamente por un pueblo convencido de cuidar su democracia. Estoy seguro de que eso somos nosotros, un pueblo fuerte, que ya aprendió la lección y no quiere perder su democracia. Así, no creas en las 5 mentiras y ve a votar, pero, además, convence a 5 personas de hacerlo y llévalos a las urnas. Esta vez, no pueden quedar dudas.

Un Nuevo Mexicano

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Hoy, más que nunca, necesitamos un nuevo tipo de mexicana y mexicano. La crisis que vivimos nos ha dejado claro que quienes dirigen este país, desde el ámbito político, económico o social, tienen 5 características que los limitan definitivamente para encabezar la reconstrucción de este país: son Huecos, son Inútiles, son Irresponsables, son Deshonestos y son Incapaces. Y, lo que necesitamos es un nuevo grupo de líderes que tengan las 5 características exactamente opuestas: necesitamos líderes con Sustancia, con espíritu de Servicio, Responsables, Íntegros y Eficaces. Vamos una por una de las características de los líderes de hoy, y la característica contraria que requerimos.

Primero, estamos llenos de líderes Huecos. Personas que son famosos por ser famosos. Individuos que alguna vez hicieron algo llamativo que los hizo famosos y, a partir de ahí, se dedicaron a construir un personaje hueco, muy sonriente, lleno de slogans adecuados y la ropa correcta, que no aportan nada, porque no tiene nada que aportar. Estudian poco, leen poco, analizan poco, pero hablan mucho. Sus discursos están llenos de palabras sin significado que sólo llenan espacios y templetes, pero no transforman nada. Se trata de personas que viven para cuidar la idea de que son relevantes y necesarios. Se rodean de equipos que les ponen el vestido o la corbata correcta, y ponen en sus manos una tarjeta con ideas prefabricadas que, sólo debe leer con una gran sonrisa, pero dicen muy poco. 

Estos debemos sustituirlos por personas que tengan Sustancia. Me refiero a esas mujeres y hombres que tienen humildad intelectual permanente, que les permite estudiar constantemente, analizar todo, buscar diferentes opiniones y reconocer cuando alguien más tiene una buena idea. Son personas con inteligencia académica, pero también inteligencia de calle, que se demuestra en su habilidad para comunicarla, convencer y llevarla a cabo. De estos necesitamos muchos.

Segundo, estamos llenos de líderes Inútiles. Se trata de ese ejército de personas que son una carga para todo mundo porque sólo generan costos y nunca beneficios. No producen nada y siempre esperan servicio y ayuda de otros. Se venden como indispensables y sólo ocupan espacio y tiempo de otros. Nada sustantivo lleva su nombre, nada que transforme surge de ellos. No inventan nada útil, ni transforman lo inútil.

Estos debemos sustituirlos por personas con espíritu de Servicio. Esa enfermera que se quedaba horas extras para atender al último enfermo de COVID. Esa doctora que no se iba a su casa hasta no revisar a su último paciente. Ese encargado de mantenimiento que limpiaba el hospital, por enésima vez en el día, con plena consciencia de que unos minutos después estaría hecho un desastre de nuevo. Esa maestra que se reinventó y se volvió un as del zoom para mantener a sus alumnos interesados y aprovechando el encierro. De estos necesitamos miles.

Tercero, estamos llenos de líderes Irresponsables. Nadie tiene la responsabilidad de nada en este país. Todos los líderes de México tienen una buena explicación de por qué ellos no tienen la culpa de nada y cómo todo conspiró en su contra para que algo se echara a perder. Nadie asume su responsabilidad, nadie levanta la mano y dice “Fui yo, yo tomé la decisión, pregúntenme a mí”.

Estos debemos sustituirlos por líderes Responsables. Me refiero a personas que de inmediato y sin pretextos se hacen dueños de cada una de sus decisiones, actos o ausencia de decisiones. Personas que renuncian a la evasión, a echar culpas o a buscar causas que los exculpen. Necesitamos mexicanas y mexicanos que se asuman imperfectos, y tengan la humildad de reconocer sus errores, corregir, y pedir ayuda.

Cuarto, estamos llenos de líderes Deshonestos. Siempre esconden algo, se les nota en cada discurso, se les ve en su postura y en la agresividad con la que cuidan las puertas cerradas de su pasado y su presente. Se trata de esas personas que siempre cuentan la mitad de la historia, que son ambiguos con sus posturas y principios, que son contradictorios en sus supuestas convicciones a lo largo del tiempo, además de inconsistentes en sus decisiones y su fundamento. Estamos rodeados de esos.

Estos debemos sustituirlos por líderes Íntegros. Me refiero a personas de una pieza, completas, sin huecos. Nunca perfectas ni inmaculadas. Esas ni existen, ni nos interesan. Me refiero a personas que vivan con base en un sencillo código de valores que motive la mayor parte de sus acciones y decisiones. Personas que sepan reconocer cuando el motivo de una acción o decisión no fue el mejor, y tengan el valor y la humildad de corregir y ofrecer disculpas. Personas que generan confianza porque, a pesar de sus errores, siempre sabes de dónde vienen sus decisiones. Nos urgen miles de éstos. 

Quinto, estamos llenos de líderes Incapaces. Hablan y hablan de todo lo que piensan hacer pero nunca dan resultados. Son buenos para convencer pero malos para ejecutar. Todo lo dejan a medias, nunca hay un producto final y útil. Son esas personas que proyectan siempre brillantes futuros, que no hacen nada concreto para construirlos. Aman el foro público, y odian el trabajo manual. 

Estos debemos sustituirlos por líderes Eficaces. Me refiero a personas que terminan lo que empiezan. Que ponen trabajo y sudor dónde estuvo su boca, prometiendo cosas. Personas que hacen todo lo necesario por ver su obra terminada. Se trata de esos arquitectos que aman tanto ver la casa terminada como amaron diseñarla en un plano. Estos son los verdaderos transformadores.

La buena noticia es que, tanto las 5 características negativas, como las 5 positivas, son creadas, no genéticas. Nadie nace siendo un inútil irresponsable, se hacen. Pero tampoco se nace siendo un líder con sustancia, espíritu de servicio, responsabilidad, integridad y eficacia, se van consiguiendo estas armas, con mucho trabajo, a lo largo de una vida. ¿Estás listo para ser uno de estos? México te necesita, más que nunca. 

Iguales ante la Constitución y la Ley

Los párrafos primero y quinto del artículo 1 de la Constitución son quizá los más importantes de todo el texto constitucional porque establecen un principio rector fundamental: la igualdad de todas las personas, sin condiciones, frente a la Constitución y la ley.

Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece. (…)

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Por algo el constituyente decidió que este fuera el primer párrafo de toda la Constitución, porque no hay democracia posible si no se parte del fundamento básico de que todos gozamos exactamente de los mismo derechos, y que está prohibido todo tipo de discriminación. Se trata de un principio básico, que va primero dirigido a todos los órganos del Estado, que toman decisiones con base en sus facultades constitucionales y legales. Éstas tienen absolutamente prohibido crear cualquier programa, política o tomar cualquier decisión que discrimine entre una y otra persona, con base en alguno de los conceptos establecidos en el párrafo quinto del artículo 1. 

Hoy, en México, de manera absurda e increíble, enfrentamos un doloroso ejemplo de discriminación para aplicar la vacuna contra el COVID, por parte del gobierno, con base simplemente en el sector en el que el personal médico está contratado. El presidente lo ha dicho abiertamente: ser parte del sector privado es el único motivo para no ser vacunado. Lo escuchamos también de las autoridades de salud, y lo vimos con vergüenza y coraje en un video difundido en redes sociales, cuando un “Cuervo de la Nación” gritaba que no había más vacunas para personal médico del sector privado. Así lo dijo, así lo han dicho el presidente y sus empleados, sin ningún recato. Lo demás, son maromas posteriores. Así, los grandes héroes de este país, los que se han jugado la vida para mantener nuestra salud en la pandemia, desde un peligroso salón de urgencias, hasta un peligorso consultorio de dentista, son rechazados por su gobierno, porque decidieron trabajar en el sector privado. Lo mismo enfermeras y enfermeros, ayudantes, asistentes y hasta las personas que limpian para que al día siguiente todo se encuentre limpio, todos ellos, discriminados por su gobierno. Expuestos todos los días, arriesgando la vida por nosotros para cumplir el juramento por la salud que hicieron, son puestos a un lado.

Esto no sólo viola la Constitución y las leyes, se trata tambien de un inhumano absurdo que retrasa la lucha contra la pandemia y nos pone en peligro a todos. 

Lo malo es que no sólo parece ser una decisión estúpida e inhumana, se enmaraca en una idea política más amplia, que los hace sentir como una especie de justicieros contra aquellas personas e instituciones que gozaban de éxito en el pasado. Al parecer se trata de un doloroso y penoso complejo de inferioridad que rige sus decisiones diarias, y que busca instalar la mediocridad como techo, para que nadie se sienta menos. Hay varios ejemplos de esto, describo algunos.

Una respuesta parecida recibieron los pequeños y medianos empresarios que durante la pendemia suplicaron por algo de apoyo de su gobierno para no desaparecer. “Que quiebren los que tengan que quebrar” dijo el presidente abierta y públicamente. Y eso pasó, con 1 millón de PYMES, según el INEGI, que murieron ante la falta de apoyo. 

Lo mismo ha sucedido con las miles de organizaciones de la sociedad civil que no pedían ayuda, sólo condiciones justas para poder operar, recibir recursos y realizar sus actividades. El presidente los tachó de “Fifís” y los sentenció a morir con una serie de medidas fiscales imposibles de cumplir. Estas organizaciones se dedicabana a ayudar a mujeres golpeadas, alimentar y resguardar niños sin recursos o documentar abusos a los derechos humanos en diferentes zonas del país, además de documentar la corrupción del gobierno o evidenciar el fracaso de las políticas contra la violencia. Las que no han muerto han sido reducidas a pequeños grupos de personas que operan sin recursos ni información.

La misma discriminación ilegal sufren los medios de comunicación. Por un lado están aquellos que pasan en vivo y en directo las mañaneras, o la reportan sin crítica en sus portales digitales o periódicos, que reciben cientos de millones de recuros públicos en contratos de publicidad del gobierno, y un trato preferencial en el acceso a la información. Por el otro lado estan los medios independientes, que se financian con fuentes privadas y evitan la propaganda gubernamental, que son señalados, atacados, investigados y hostigados por un gobierno incapaz de tolarar la crítica. Los primeros se toman fotos con el presidente, los segundos sufren para sobrevivir. 

Les pasa tambien a los ciudadanos de municipios o estados gobernados por partidos diferentes a Morena. Sufren de abierta discriminación del gobierno en programas esenciales de seguridad, apoyo al campo, infraestructura o programas sociales básicos. El gobierno federal abiertamente esconde recursos a gobiernos municipales y estatales gobernados por la oposición, sin reparar en que los afectados finales son los ciudadanos de esas localidades, y no los enemigos políticos. Las violaciones a las leyes de presupuesto y coordinación fiscal deben superar ya a las de varios gobiernos anteriores juntos, pero lo que importa es mostrar autoridad.

Y, así, me podría seguir con varios ejemplos más de un gobierno que entiende al Estado mexicano como un instrumento para aplicar su chafísima y setentero concepto de justicia social, que básicamente implica que todos estén igual de jodidos. La mediocridad como medicina para los complejos de inferioridad. Y todo, en franca y abierta violación al régimen democrático constitucional.

Esta elección podemos empezar a corregir eso. Un Estado multicolor, sin concentración ilegal del poder en unas cuantas manos, es la unica manera de evitar la discriminación y la violación de nuestros derechos. Necesitamos enseñarles a los políticos, del color que sean, que una vez que llegan al cargo, los rige en todos sus actos y decisiones el artículo 1 de la Constitución, y así, están obligados a gobernar para todos, aunque les cueste trabajo entenderlo. En esta elección nos jugamos las libertades básicas yel derecho a ejercer todos nuestros derechos. 

El Camino Ciudadano

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Que difícil decisión tenemos los ciudadanos este 6 de junio. Por un lado está el partido que destruye el presente y futuro de México todos los días desde el poder ejecutivo y la mayoría en el congreso, acompañado por una serie de parásitos en forma de partido, que sólo nacieron para chupar recursos públicos y servir a Morena y al presidente. Por otro lado están los tres partidos que han sido gobierno y que son responsables de muchos de los males sistémicos que sufrimos todos hoy, que traicionaron a México con graves escándalos de corrupción y que fueron incapaces de acabar con la violencia de décadas. 

Quien les escribe fue parte de los dos gobiernos federales emanados del PAN y soy, en parte, responsable de no haber cumplido con las enormes expectativas que se tenían de estos dos gobiernos, que siguieron a las 6 décadas del sistema de partido hegemónico. No sólo nos faltó creatividad, también nos faltó arrojó para romper las viejas estructuras y los inútiles formatos de poder que limitaban la innovación. Soy responsable de ambos, y lo asumo sin condiciones. Como muchos, me acomodé y me sentí satisfecho con lograr muy poco, y la ciudadanía nos castigó, y tenían razón. Hacía falta mucho más que simplemente hacer las cosas diferente. La ciudadanía demandaba arrojo y valor para destruir los viejos esquemas de poder y las redes que los dominaban. Y quedaron casi intactos. Esto provocó un retorno nostálgico al partido “de las decisiones”, el que tiene el valor de dar el manotazo en la mesa y decidir, a pesar de los costos. Así se vendieron en la campaña de 2012 y funcionó. “Haremos los grandes cambios que el PAN no se atrevió a hacer” le dijeron al electorado, que los regresó al poder. México se convirtió en el único país del mundo en derrotar a un partido hegemónico por la vía pacífica del voto, para después regresarlo al poder por la misma vía. Vino el arrojo, la pericia, el valor que cristalizó en reformas estructurales históricas. Pero la naturaleza traicionó a varios que no pudieron evitar ver al poder como patrimonio privado. La corrupción fue burda, evidente y muy frustrante. Era obvio que no habían aprendido la lección, y el cobro de la factura fue enorme. 5 de cada 10 electores decidió que el motivo más importante de su voto en 2018 era el castigo. Un motivo perfectamente legítimo en una democracia. Decidieron tachar todas las boletas con el mismo símbolo político, como signo inequívoco de su coraje. Esto, y una trampa evidente (esconder candidatos de Morena en otros partidos) le dio una mayoría desproporcionada al partido que había ganado la elección. Los dos partidos que habían gobernado en los últimos tres sexenios quedaron devastados. Sumidos en divisiones internas y liderazgos débiles, nunca encontraron su vocación como contrapeso al poder. Esto agrandó la soberbia del partido gobernante que, en lugar de reconstruir lo que no servía y fortalecer aquello que si funcionaba, se ha dedicado a destruir todo lo que se le pone enfrente, pero sin sustituirlo por nada que sirva. Destruyeron la confianza de los inversionistas porque acabaron con los fundamentos básicos de una economía sólida. Destruyeron el sistema de contrataciones públicas que, entre otras cosas, se ocupa del abasto de medicinas en el sector de salud pública. Destruyeron el sistema energético mexicano, que empezaba a generar la esperanza de una moderna y sustentable recuperación. Destruyeron una de las palancas más importantes de desarrollo que es la obra pública, apostando a tres proyectos carísimos, inviables, improductivos y pésimamente mal planeados. Destruyeron la reforma educativa, que ponía una plataforma inicial para reconstruir el sistema educativo. Destruyeron el seguro popular, que daba esperanza de vida a millones de personas que nunca la habían tenido. Destruyeron la posibilidad de una alternativa real de seguridad pública al entregar al ejército esta imposible tarea. Y ahí no acaba la historia. Tienen puestas sus miras en las pensiones, en el ahorro, en los órganos autónomos, en el Sistema Nacional Anticorrupción, el sistema de justicia, y cualquier institución que amenace su idea de populismo autoritario sin límites. Destruyen sin sustituir. Rompen sin crear algo a cambio. Arruinan instituciones para acumular poder, y no para crear alternativas. Y en esa acumulación de poder se ponen en riesgo las libertades básicas de todos nosotros. El abuso de poder siempre tiene consecuencias en personas concretas. No es un simple concepto de la ciencia política. Quien abusa del poder lo hace en perjuicio de una persona en concreto que pierde una libertad básica. Y eso es lo que hay que frenar. No hay de otra. 

El motivo legítimo y democrático de esta elección debe ser el castigo a quienes han abusado del poder y quieren acumularlo con el simple objetivo de tener más. El motivo ciudadano de esta elección es la protección de nuestra democracia, de aquellos que quieren quitarnos libertades para poder abusar libremente del poder. Y ahí es donde viene la parte fea. Porque para hacer esto, no queda de otra más que votar con estrategia. Cada uno de nosotros tendrá en sus manos distintas boletas, para distintos puestos, que tendrá que utilizar de manera inteligente para equilibrar el poder. Detener la acumulación antidemocrática del poder es la clave. Es horrible lo que te digo, lo sé. Es un trago amargo votar por quienes nos quedaron mal en el pasado. El recuerdo es reciente y los motivos de tu enojo y frustración con esos partidos era perfectamente válido. Pero esto es una emergencia. De verdad lo es. Una auténtica emergencia. 

Pero la elección termina al día siguiente de la jornada. Y ahí empieza nuestro camino, el de los ciudadanos. Ya es hora de hacer mucho más que esperar tres años sentados, a ver si las cosas cambian mágicamente. Es momento de involucrarnos de lleno en nuestra democracia y ocuparnos de ella, de tiempo completo. Propongo 5 cosas que tenemos que hacer a partir del 7 de junio:

  1. Defender la democracia y obligar a todos los contendientes a aceptar los resultados y resoluciones de las autoridades electorales.
  2. Exigir justicia, por todos los canales posibles, para aquellos que traicionaron nuestra confianza. Un país no puede caminar hacia delante sin justicia. Por ejemplo, la tragedia en el manejo de la pandemia debe generar responsabilidades penales y administrativas por acción y por omisión. Medio millón de muertes no pueden quedarse en una simple tragedia sanitaria. Hay ahí cientos de responsables por acción u omisión. 
  3. Establecer canales eficaces para generar un marcaje personal a todos los servidores públicos electos, para obligarlos a cumplir con todo lo que prometieron en campaña, sin excepciones.
  4. Utilizar todas las herramientas jurídicas a nuestra disposición para frenar de manera individual y colectiva los distintos abusos de poder, todos los días, sin descanso.
  5. Crear e impulsar, finalmente, nuevos liderazgos políticos que propongan verdaderas alternativas de presente y de futuro. Necesitamos generar y mantener plataformas para que personas con ideas creativas, nuevas y diferentes puedan crecer y puedan competir con los políticos de siempre, para que, pronto, les puedan arrebatar el poder de las manos. Este debe ser nuestro objetivo más importante, nuestra tarea diaria, nuestra labor incansable.

Este es un año definitivo y definitorio. Este año se decide si tenemos la capacidad de superar nuestra infancia democrática y dar el paso a la adultez, que no es sencilla, pero es necesaria. 

La Secta de la Mediocridad

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“Que pierdan los que siempre han ganado, aunque nadie gane nada” parece ser la máxima que impone el líder de la Secta de la Mediocridad. Perder como símbolo de justicia social, destruir como logro de quienes nada quieren construir, el enojo de otros como triunfo propio, el nacionalismo chafa como pretexto para arruinar el futuro de todos. Apapachar los complejos de inferioridad de quienes ocupan el poder y de sus seguidores, para evitar su enojo y frustración, parece ser la resignación de un país que no encuentra el rumbo. 

La economía cae 9% en un año, pero está bien porque perdieron millones de personas y empresarios que siempre habían ganado mucho. Murieron más de 1 millón de PYMES en un año, y hay que celebrarlo porque muchas de esas empresas explotaban a sus trabajadores. Murió medio millón de personas durante un año de pandemia sin control, pero por lo menos sufrieron también quienes antes no sufrían las epidemias. La estrategia de vacunación es un absoluto desastre, pero por lo menos los ricos tienen que hacer largas filas y esperar como todos. Tendremos poca energía y producida con los insumos más contaminantes que existen, pero por lo menos tenemos el orgullo de habérsela arrebatado a compañías transnacionales que ganaban mucho dinero. Habrá más de 10 millones de pobres nuevos, pero por los menos ahora el gobierno les regala un poco de dinero al mes. Hay 9 millones de jóvenes que dejaron la escuela en un año, pero por lo menos ahora no se meten organizaciones privadas y el sindicato de maestros es nuestro aliado electoral. Cada mes mueren asesinadas en promedio 3,000 personas, pero por lo menos ya nadie habla del tema, como en otros sexenios. Y así la lista de tragedias en todos los rubros de gobierno, que arrojan los peores resultados, pero tienen siempre un pretexto enmarcado en esa justicia social de quinta, basada en la peor mediocridad.

El discurso fue construido por el líder de la secta que edificó su propia versión de la historia reciente de México. Se trata de una caricatura simplona de explotadores y explotados, ganadores eternos y perdedores permanentes, culpas sencillas y agravios históricos, con responsables plenamente identificables. No hay matices, no hay contextos históricos, no hay datos ni estudios, sólo la palabra del líder, sólo su versión y su interpretación de la historia. Así nace una secta, justo así. El líder construye una historia sencilla para explicar fenómenos sociales complejos. Escoge selectivamente pasajes comprobables de la historia reciente para “demostrar” que tiene razón. Utiliza su carisma para atraer seguidores que deben unirse a su causa justa, para salvar al grupo. La causa siempre tiene un enemigo o varios, con características sencillas de identificar. Ese enemigo es el obstáculo principal entre el momento actual y una mejor vida futura, que sólo el líder ha visto y entiende. La secta requiere unidad y lealtad absoluta, porque el enemigo es implacable. El líder no puede ser cuestionado porque su visión es absoluta y correcta. Es completa e integral, lo abarca todo. Cuestionarlo debilita al líder, y, por lo tanto, debilita a la secta, y así se fortalece el enemigo. Los resultados de corto y mediano plazo no importan porque son sólo el difícil camino a ese mundo ideal que el líder ya vio, y que nadie más es capaz de ver. Cuestionar al líder sobre los malos resultados momentáneos te convierte en un aliado del enemigo. Las sectas suelen estar integradas por tres tipos de personas: el líder, el grupo cercano al líder y los seguidores. El grupo cercano suele estar integrado por personas que conocen y entienden la mentira, pero la promueven porque los beneficia política, social o económicamente. Son cómplices con responsabilidad completa porque saben que no existe la visión del futuro ideal, pero no importa porque el presente los llena de privilegios. Facilitadores les llamo yo.

Estas historias nunca han acabado bien. La abrumadora mayoría de miles de sectas que han surgido, en miles de años de historia de la humanidad, acaban en tragedia. La canija realidad destruye la historia fabricada por el líder de la secta, la lealtad y los sacrificios impuestos se convierten en terribles agravios, y la lealtad ciega se transforma en potentes sentimientos de venganza. Los ejemplos históricos son muchos, son terribles, y las lecciones están a la vista de todos. 

Con este texto no pretendo abrir los ojos de quienes forman parte de la Secta de la Mediocridad. Mi intención es provocar a quienes no somos parte de ella a que reconozcamos tres cosas: primero, que México es un país profundamente injusto y desigual que hizo posible la llegada al poder de esta Secta, lo segundo es que todos, de una o de otra manera hemos sido responsables de eso, y lo tercero es que este no es nuestro destino. 

Parte de la historia de explotación, desigualdad e injusticia es dolorosamente cierta, y hemos hecho muy poco para cambiar esa historia. Así, la mejor manera de derrotar a la Secta de la Mediocridad es creando una visión de país diferente. Un país que crezca económicamente pero que brinde oportunidades para la gran mayoría. Un país que sustente ese crecimiento en energía limpia, amigable con el medio ambiente y sustentable a lo largo de generaciones. Un país que acabe con la pobreza, en sus diferentes facetas y no que la administre o la esconda. Un país que acabe con la violencia a través de la justicia eficaz y permanente, y a través del mejor sistema de educación y salud pública que podamos imaginar. Así, la mejor manera de derrotar a la Secta de la Mediocridad es construyendo el país que ellos no se atreven a imaginar. 

El modelo político actual se agotó

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Está roto el modelo político que nos rige hoy. Ya no sirve para crear bienes públicos ni bienestar privado. Sólo le sirve, un rato, a quienes ocupan de manera temporal el poder. Nos sale carísimo, destruye recursos naturales y oportunidades para el futuro de todos. Nos divide a quienes deberíamos trabajar juntos y nos enfrenta con personas que ni conocemos. Nos hace ver como enemigos a quienes tenemos tanto en común y nos hace defender a personas que nunca se han ocupado de nosotros. Pero no está escrito en piedra, lo podemos tirar a la basura y podemos crear un modelo político que nos permita crear bienes públicos para todos. ¿Cómo funciona el modelo político actual y cómo podríamos crear uno mejor? Regálame unos minutos de tu atención y trato de explicarme con un símil sencillo.

La Democracia Incompleta

Vivimos en una democracia inacabada, incompleta, chafa. Construimos un modelo político parecido a un hotel de playa del tipo “Todo incluido”. Parece una buena idea. Pagas por adelantado una semana en un hotel que te promete bebida y comida ilimitada, para que simplemente disfrutes de la playa, sin preocupaciones. Nada puede ser más sencillo, sólo pagas, llegas con hambre y ganas de olvidarte de todo, y alguien más se encargará de poner toda una experiencia a tu disposición. Acostado en un camastro abrirás la boca y un delicioso manjar entrará en ella, mientras disfrutas de un bello atardecer. Por eso pagaste un precio absurdo, antes de conocer el producto. La expectativa es enorme, y la decepción es aún más grande. Todo es abundante, los platos y los vasos están llenos de comida y bebida, como te prometieron, pero la calidad es pésima. Hay mucho de todo, pero nada sabe como tú esperabas. La comida parece bufete de campamento de niños y la bebida sabe a alcohol adulterado con colorante. El servicio es prácticamente inexistente y de las instalaciones sólo funciona la mitad. Y es el primer día de una larga semana que ya está pagada y no hay reembolso. ¿Qué haces? Decides quedarte y ponerle actitud, comer lo que hay, utilizar la única alberca que sirve y bañarte con agua fría. Ya aprendiste la lección ¿Cierto? Tu siguiente vacación será diferente. Hasta que pagas el crucero impagable, que te promete las vacaciones de tu vida y vives lo mismo, pero ahora encerrado en una ciudad flotante, en medio del mar. Lección aprendida, hasta que pagas el tour por Europa y te das cuenta de tu error cuando estás comiendo espagueti de lata en el restaurante para turistas, a una cuadra del Coliseo. Eso somos los mexicanos. Somos los turistas que creemos que podemos pagar por una vacación permanente de nuestros deberes ciudadanos. Y nuestra clase política se ha convertido en ese vendedor de tours que te promete lo que sea con tal de vender su cuota del día. Los partidos y candidatos se han convertido en esos gritones a la salida del aeropuerto de Cancún que te ofrecen la experiencia de tu vida por 100 dólares, y nosotros somos los turistas incautos que pagamos una y otra vez por ver si ahora sí funciona. 

Los políticos se han convertido en unos mediocres vendedores de espejismos, porque nosotros nos convertimos en unos mediocres ciudadanos que nos acostumbramos a lo que sea, sin reclamar. No sirve la seguridad pública, ni la salud pública, ni la educación pública, no sirven los servicios básicos ni la economía, y en lugar de construir entre todos un modelo nuevo de hacer política, queremos apostar por ver si el político que no habíamos probado antes, de milagro sale mejor. Mientras vemos como el nuevo “líder” falla estrepitosamente, nos peleamos entre nosotros, a nombre de ellos, discutiendo en la superficie de nuestros problemas. Nos enfrentamos entre ciudadanos como si en la disputa pudiera surgir, milagrosamente, la alternativa.

Una Democracia completa

No hay atajos en la construcción de una democracia. No hay tours perfectos ni cruceros mágicos. No hay vacaciones de la vida, hay grandes experiencias dentro de la vida. Nadie puede sólo pagar para luego acostarse a disfrutar del trabajo de otros. Las democracias exitosas del mundo se han construido con el trabajo generoso y colaborativo de todos. Imagina unas vacaciones en las que todos colaboran. Unas vacaciones en las que todos le echan ganas para planear, preparar, y todos ponen algo de su parte. Cada día todo el grupo renueva el compromiso de mantener una buena actitud y disfrutar el día. Todos sacrifican algo que querían, en favor del goce de todo el grupo. Sólo escogen a los mejores proveedores de servicios, a los mejor calificados, a los que tienen experiencia para cada cosa. De cada uno esperan lo mejor y les exigen excelencia en el servicio. A los que fallaron les piden el reembolso y los castigan con una mala calificación en Trip Advisor. Los exponen en redes sociales para asegurarse que nadie más los vuelva a sufrir. Todo el grupo entiende la lección: para tener una gran experiencia se requiere preparación, trabajo, compromiso, creatividad y mucha actitud. Si quieren volver a tenerla, el camino es el mismo. 

Lo mismo vale para construir una democracia exitosa. Jamás tendremos liderazgos políticos dignos si no los creamos nosotros. Tenemos que soñar con la experiencia de país que queremos vivir para después construirla, sacrificar algo de tiempo, energía y creatividad, para que las experiencias de todos puedan estar incluidas y sean satisfactorias. Tenemos que convertir a la clase política en meros proveedores de servicios, siempre vigilados y contenidos, dispuestos a pelear por nosotros, y no al revés. Somos 93 millones de electores con una credencial que vale más que la más poderosa tarjeta de crédito. Es hora de utilizarla con convicción.