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Adiós al Drama

Tenemos demasiados problemas y pendientes como para desperdiciar toda nuestra energía en el drama que éstos provocan. Es mucho lo que tenemos que arreglar como para ocuparnos sólo del escándalo que hacemos entre todos. Gastamos toda nuestra energía en tener razón y en desacreditar a quienes ven los retos de manera distinta. Y, mientras, los problemas y los retos de México crecen sin remedio. Voy a poner 5 ejemplos: la pandemia, la violencia, la economía, la corrupción y la infraestructura.

La pandemia. Se trata del más grande reto de salud pública que ha enfrentado este país en toda su historia. Llevamos 8 meses inmersos en ella, y alrededor de 300 mil personas han perdido la vida, y varios millones han sido contagiados. Los hospitales están abarrotados, las medicinas son escasas y el personal médico hace esfuerzos heroicos por salvar a quienes pueden. Somos el país con más muertes de nuestro personal médico en todo el mundo, y el cuarto en muertes totales (de las oficiales). Una tragedia humanitaria por donde se le vea. Y, ¿en qué ocupa su tiempo el gobierno? En defenderse, en exponer a sus críticos, en desacreditar a medios y plataformas que los cuestionan, en cuidar su orgullo. Con soberbia inexplicable el presidente ha dicho en repetidas ocasiones: “Vamos bien, no vamos a corregir”. Y, ¿qué hacemos los ciudadanos? Mentarles la madre, gritarles por todos los canales posibles, llenarnos de miedo y frustración, y, cuando nos desahogamos, nos ocupamos de cuidar nuestra salud, la de los nuestros, y tratamos de salvar lo que podemos de nuestro sustento de vida. Nos conformamos muy fácil, nos acostumbramos muy rápido, nos replegamos sin mucho pleito, nos hacemos a la idea de que hay pocas alternativas. ¿Qué pasaría si el gobierno y los ciudadanos dejáramos a un lado el drama en este tema? ¿Cuáles serían las preguntas importantes? ¿Cuáles serían las 5 cosas que deberíamos definir entre todos? Propongo 5 cosas que podríamos discutir si dejamos a un lado el drama:

  1. ¿Cómo frenamos el contagio entre todos? ¿Qué se requiere?
  2. ¿Cómo atendemos bien a quienes se enfermaron, para evitar más muertes y complicaciones?
  3. ¿Cómo evitamos que el invierno genere otra crisis?
  4. ¿Cómo hacemos para abastecer perfectamente a todo el sistema de salud para todo lo que se necesite?
  5. ¿Cómo apoyamos y cuidamos al personal de salud de la mejor manera?

La violencia. Este es el inicio de sexenio más violento de la historia. No es una opinión, lo dicen los datos duros: van más de 65 mil homicidios impunes en los primeros dos años de gobierno. 3 mil por mes, 100 por día, 4 por hora. Esto, además de los datos de violencia familiar, violencia contra las mujeres, violencia contra reporteros y violencia contra niñas y niños, que también han roto todos los récords. No es una opinión, es un hecho. Si no existiera la pandemia, este drama humanitario tendría toda nuestra atención. Y, ¿cómo abordamos este tema? Otra vez, se trata de una guerra verbal entre un gobierno soberbio que miente y dice que vamos bien, y que no piensa cambiar su inexistente “estrategia”, y por el otro lado los ciudadanos que sólo gritamos impotentes, aterrados y frustrados, ante el crecimiento de la violencia. ¿Cuáles son las 5 preguntas que deberíamos atender entre todos en torno a este fenómeno?:

  1. ¿Cómo desactivamos la violencia en los lugares más peligrosos del país? ¿Qué requieren esas ciudades y regiones de manera especial?
  2. ¿Cómo protegemos de manera especial a los grupos más vulnerables como las mujeres, los niños y los trabajadores de la comunicación?
  3. ¿Cómo generamos comunidades más densas y solidarias que puedan protegerse a sí mismas del crimen?
  4. ¿Cómo rediseñamos integralmente el Sistema de Justicia para desarticular redes completas de crimen y acabar con la impunidad?
  5. ¿Cómo generamos mayor y mejor coordinación y colaboración entre los diferentes órdenes de gobierno y poderes, para que sea el Estado mexicano unido el que enfrenta al crimen?

La economía. Este año la economía caerá alrededor del 10% del PIB. Pero esto no es un simple dato macroeconómico. Se trata de millones de empleos perdidos, miles de empresas desaparecidas, y, así, millones de familias sumidas en un drama terrible. Un drama real, no inventado. CONEVAL ha dicho que pueden ser más de 10 millones de personas las que caigan por debajo de la línea de pobreza, y la clase media se achica y con ello, las posibilidades de una pronta recuperación desaparecen. Y, otra vez, gobierno y sociedad estamos atorados en el drama de las culpas y las responsabilidades. El gobierno miente abiertamente cuando dice que vamos bien y que ha hecho algo para evitar la tragedia, y nosotros nos conformamos con mentarle la madre, porque sabemos que se trata de una ridícula y evidente mentira. ¿Cuáles son las 5 preguntas que deberíamos atender entre todos en torno a este fenómeno?:

  1. ¿Cómo salvamos la mayor cantidad de empleos posibles? 
  2. ¿Qué políticas públicas concretas se requieren para rescatar empresas y darles la posibilidad de salir fortalecidas de la pandemia?
  3. ¿Cómo educamos a la población para tomar mejores decisiones económicas y financieras al interior de las familias?
  4. ¿Cómo recobramos la confianza de los inversionistas mexicanos y extranjeros para que le vuelvan a apostar a México?
  5. ¿Cómo aprovechamos la pandemia para cambiar el modelo económico y crear uno más justo e incluyente?

La corrupción. Fue la gran promesa de campaña del candidato, y es la gran mentira del presidente en el cargo. Se olvidó de todo lo que prometió, e hizo dolorosamente evidente que nunca entendió el fenómeno de la corrupción. No entiende sus causas, no conoce sus formas, no quiere ver su expansión ni sus consecuencias. Los riesgos de corrupción se extienden por todos los espacios de gobierno, los escándalos se acumulan cada semana, y la impunidad se mantiene como sistema. El presidente y el gobierno mienten abiertamente al decretar que la corrupción se acabó y los ciudadanos hacemos poco al sólo exponerla. ¿Cuáles son las 5 preguntas que deberíamos atender entre todos en torno a este fenómeno?:

  1. ¿Cuáles son las áreas y procesos de mayor riesgo en el gobierno? Es decir ¿cómo funciona el Mecanismo de la Corrupción en México?
  2. ¿Cómo frenamos la corrupción en esas áreas específicas de riesgo?
  3. ¿Cómo fortalecemos la autonomía, la independencia y la capacidad de los órganos del Sistema Nacional Anticorrupción, para que acaben con la impunidad?
  4. ¿Cómo rediseñamos las estructuras y procesos de más alto riesgo para prevenir la corrupción?
  5. ¿Cómo mejoramos la coordinación y colaboración entre el Estado y la ciudadanía, para ser aliados en el combate a la corrupción?

La infraestructura. Vivimos en uno de los países con menor presupuesto en relación con su PIB de toda la OCDE. Es decir, el Presupuesto es insuficiente e inestable. Y el gobierno ha decidido malgastarlo en 4 proyectos innecesarios, inviables, improductivos y caprichosos: el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, el Tren México Toluca y la refinería de Dos Bocas. Entre estos cuatro proyectos va a desaparecer más de un Billón de pesos. Dinero que no tenemos y que podríamos utilizar de mejor manera en otros lados. El gobierno parece niño berrinchudo, encaprichado con 4 juguetes que no quiere soltar, y está dispuesto a quemar nuestro dinero a cambio de mantener su orgullo. Y nosotros solo gritamos frustrados ante este terrible desperdicio de dinero, de tiempo y energía. ¿Cuáles son las 5 preguntas que deberíamos atender entre todos en torno a este fenómeno?:

  1. ¿Cuál es la manera más barata y sencilla de salirse de esos 4 proyectos inútiles?
  2. ¿Cómo diseñamos un plan de infraestructura para los próximos 50 años, y no para los próximos 4?
  3. ¿Cuáles son las áreas estratégicas que nos podrían dar mayores ventajas en inversión de infraestructura?
  4. ¿Cómo generamos esquemas mixtos, rentables y seguros que combinen inversión pública e inversión privada?
  5. ¿Cómo mejoramos el control, la vigilancia y la eficiencia de cada proyecto, para que sean íntegros, rentables y viables?

Podemos seguir en el drama, es nuestro derecho. O podríamos pasar finalmente a una edad adulta de nuestra democracia, dejar a un lado el drama y ponernos a trabajar todos en las preguntas importantes, que nos permitan construir un lugar mejor. La decisión es nuestra. 

Ilustración: Marco Colín

What am I here for?

In Sanskrit they call it Dahrma, in Japanese they call it Ikigai, and in both it is the center in which 4 different concepts are combined: that which generates passion in me, that for which I am good, that which is useful for the world, and that which can give me what I need to live. It is not a physical space, nor a goal, nor a specific place. According to what I have been able to understand, it is rather a permanent aspiration, a long path that leads nowhere specific, but to permanent personal growth.

According to those who know about this, the search for happiness as such is useless, if it is not defined in some way. Dahrma or Ikigai are two very useful ways I have found recently to describe this elusive and constant search for happiness. Because, that’s why we are here, isn’t it? To be happy and enjoy what we are. Much easier said than done, even for a few minutes a day, isn’t it? Even more so in this difficult 2020 that has tested all the concepts and ideas we had about life.

Before you leave the text, I don’t intend to give you a bad lesson about these two concepts or give you a hard time about how to incorporate them into your life. This text is my attempt to understand these two concepts, to understand myself through them, and to share it with you. I hope it serves me, and I hope it serves you. 

That which generates passion in me. I don’t know how to define this without falling into cheesy generalizations or cheap clichés, but I will try. I am passionate about understanding difficult things, complex phenomena, especially those that have to do with people and the interaction between them. I am passionate about understanding the motives of people who move the world, as well as their vision of life and their strategies. I am passionate about taking the great lessons that come from these people and communicating them to others and trying to make an impact on them in the same way that they made an impact on me. Teaching, educating, inspiring, moving others is what I am most passionate about. To be on stage, in a classroom or in a close-up communicating an idea that can transform a person is my greatest passion. The same thing happens to me when I write something like this. I’m passionate about the thought that one of my readers will have a revealing moment with one of the ideas I write, and it will serve him/her well. That moves me.

That which I’m good at. This is perhaps the one that costs me the most. I am educated to avoid arrogance. «Praise in one’s own mouth is vituperation» I was told many times by those who educated me. It is a red flag that I always have in my head. And, although I still believe that pride is a terrible characteristic, false modesty is a terrible limitation in my life. So I am going to try, even if it hurts: I am very good at understanding complex social phenomena, extracting the most important elements from them, forgetting the ephemeral, creating a simple model, and explaining it to other people. (I said it, «I’m very good,» and I really believed it. I’m doing something right). So, the thousands of hours of teaching that I have accumulated, added to the hours that I have giving lectures and courses, seeing and reading the public, their reactions and emotions, together with the hours that are behind to study and prepare classes and lectures, have given me a great capacity to see beyond the obvious, create simple explanations and make them available to others. 

That which is useful to the world. Those of us who were born in the 1970s lived for a couple of decades in a world, or at least a country, with very few bridges to reality. There were three TV channels, three newspapers, some magazines and books. That was our window to the world. Thus, the great teachers and leaders of the time were the lucky ones who had the possibility of accessing information that was restricted to the great majority and had the right platform to repeat it. I would have been of little use at that time. Today, information is available to virtually everyone. And it is too vast. In this era the challenge is to discriminate, to cure, to synthesize, to link and to relate relevant pieces of information, to understand reality. The great challenge today is to create simple models to understand very complex social problems, without drowning in the tsunami of information, to get non-experts to understand it and to generate some reaction in them. So, what I do well is really useful for the world at this time.

That which can give me what I need to live. This has been the great creative and personal challenge of this year. The jobs that could make the best use of the three elements above are very few and already taken. So, I have no choice but to create my own space to serve, with passion, and take advantage of what I am good at. Doing this at 45, a husband and father of two, with many responsibilities, is not only difficult, but sometimes frightening. Most days you feel that you are dragging everyone into a useless and unrealistic dream. The temptation to ask for a job somewhere or look for a placement agency is permanent. But I have two blessings. The first is an amazing family, as well as a very small but wonderful set of friends who believe in me and push me every day to keep looking for my Dahrma. The second blessing is my blood. I come from a couple of families of stubborn people who never give up, who were even willing to give up everything, to cross the Atlantic Ocean and look for a better place to build a family.

So goes my search for my Ikigai or Dahrma. As I warned you, I was not trying to give you the recipe for finding yours, but maybe reading this will motivate you to do so. If I succeeded with one of you, it means that, indeed, I am good at communicating and inspiring. 

¿Para qué estoy yo aquí?

En sánscrito le dicen Dahrma, en japonés le dicen Ikigai, y en ambos se trata del centro en el que se combinan 4 diferentes conceptos: aquello que me genera pasión, aquello para lo que soy bueno, aquello que es útil para el mundo, y aquello que puede darme lo que necesito para vivir. No es un espacio físico, ni una meta, ni un lugar específico. Según lo que he logrado entender, se trata más bien de una aspiración permanente, un camino largo que no lleva a ningún lado específico, más que al crecimiento personal permanente.

Ilustración: Marco Colín

Según quienes saben de esto, la búsqueda de la felicidad como tal es inútil, si no se define de alguna manera. Dahrma o Ikigai son dos maneras muy útiles que he encontrado yo recientemente para describir esa elusiva y constante búsqueda de la felicidad. Porque, para eso estamos aquí ¿no?, para ser felices y gozar lo que somos. Mucho más fácil decirlo que lograrlo, aunque sea por unos minutos al día, ¿no es así? Más aún en este complejo 2020 que ha puesto a prueba todos los conceptos y las ideas que teníamos de la vida.

Antes de que abandonen el texto, no pienso darles una mala lección acerca de estos dos conceptos, ni echarles un rollo de cómo incorporarlos a su vida. Este texto es un intento por entender estos dos conceptos, entenderme a través de ellos, y compartirlo con ustedes. Espero me sirva, y les sirva a ustedes. 

Aquello que me genera pasión. No sé cómo definir esto sin caer en generalizaciones cursis o clichés baratos, pero lo voy a intentar. Me genera pasión entender cosas difíciles, fenómenos complejos, sobre todo los que tienen que ver con personas y la interacción entre ellas. Me genera pasión entender los motivos de las personas que mueven el mundo, así como su visión de la vida y sus estrategias. Me genera pasión tomar las grandes lecciones que surgen de estas personas y comunicarlas a otros, y tratar que a ellos les impacte de la misma forma que me impactaron a mí. Enseñar, educar, inspirar, mover a otros es lo que más pasión me genera. Estar en un escenario, en un salón de clases o en un zoom comunicando una idea que puede transformar a una persona es mi mayor pasión. Lo mismo me pasa cuando escribo algo como esto. Me apasiona pensar que uno de mis lectores tendrá un momento revelador con alguna de las ideas que escribo, y le va a servir para algo importante. Eso me mueve.

Aquello para lo que soy bueno. Este es quizá el que más trabajo me cuesta. Estoy educado para evitar la soberbia. “Elogio en boca propia es vituperio” me dijeron muchas veces quienes me educaron. Es una alerta roja que tengo siempre en mi cabeza. Y, aunque sigo creyendo que la soberbia es una terrible característica, la falsa modestia es una terrible limitante en mi vida. Así es que lo voy a intentar, aunque duela: soy muy bueno para entender fenómenos sociales complejos, extraer de ellos los elementos más importantes, olvidar lo efímero, crear un modelo sencillo, y explicarlo a otras personas. (Lo dije, “soy muy bueno”, y lo creí de verdad. Algo estoy haciendo bien). Así, las miles de horas de dar clases que llevo acumuladas, sumadas a las horas que tengo dando conferencias y cursos, viendo y leyendo al público, sus reacciones y emociones, juntos con las horas que hay detrás para estudiar y preparar clases y conferencias, me han dado una gran capacidad para ver más allá de lo obvio, crear explicaciones sencillas y ponerlas a disposición de otros. 

Aquello que es útil para el mundo. Quienes nacimos en los 70 vivimos durante un par de décadas en un mundo, o, por los menos en un país, con muy pocos puentes hacia la realidad. Había tres canales de televisión, tres periódicos, algunas revistas y libros. Esa era nuestra ventana al mundo. Así, los grandes maestros y líderes de la época eran los afortunados que tenían la posibilidad de acceder a información restringida para la gran mayoría, y tenían la plataforma adecuada para repetirla. Yo habría sido poco útil en esa época. Hoy, la información está al alcance de prácticamente todo mundo. Y es demasiada. En esta época el reto es discriminar, curar, sintetizar, enlazar y relacionar pedazos relevantes de información, para entender la realidad. El gran reto hoy es crear modelos sencillos para entender problemas sociales muy complejos, sin ahogarse en el tsunami de información, lograr que personas no expertas la entiendan y generar alguna reacción en ellos. Así, lo que hago bien es realmente útil para el mundo en este momento.

Aquello que puede darme lo que necesito para vivir. Este ha sido el gran reto creativo y personal de este año. Los empleos que podrían aprovechar de la mejor manera los tres elementos anteriores son muy escasos y están ocupados. Así, no me queda otra más que crear mi propio espacio para servir, con pasión, y aprovechar aquello para lo que soy bueno. Hacer esto a los 45 años, esposo y padre de dos hijos, con muchas responsabilidades, no sólo es difícil, sino, a veces, aterrador. La mayoría de los días sientes que estás arrastrando a todos a un sueño inútil y poco realista. La tentación de pedir un empleo en algún lado o buscar a una agencia de colocación es permanente. Pero tengo dos bendiciones. La primera es una familia increíble, así como un conjunto muy pequeño pero maravilloso de amigas y amigos que creen en mí, y me empujan todos los días a seguir buscando mi Dahrma. La segunda bendición es mi sangre. Vengo de un par de familias de necios que nunca se dan por vencidos, que incluso estuvieron dispuestos a dejarlo todo, para cruzar el Océano Atlántico y buscar un mejor lugar para construir una familia.

Así va mi búsqueda de mi Ikigai. Como lo advertí, no intentaba darles la receta para buscar el suyo, pero quizá leer esto los motive a hacerlo. Si lo logré con uno de ustedes, quiere decir que sí soy bueno para comunicar y para inspirar. 

Ilustración: Marco Colín

¿La Mediocridad es nuestro destino?

Definitiva y tajantemente, NO. Jamás me harán conformarme con lo que tenemos y lo que somos hoy. No estoy dispuesto a renunciar al sueño de convertirnos un día en un gran país, lleno de grandes líderes, en diferentes campos. Ese sueño es el que me levanta en las mañanas, es el que me hace pasar los malos días, es el que me hace aguantar las críticas y los ataques, y reírme de las amenazas. El sueño de construir juntos un país más justo, mas libre y más próspero es el que me permite ver al 2020 como un gran reto y una gran oportunidad. Es el que me permite ver a este gobierno como un grave error, pero al mismo tiempo como un gran espejo que necesitábamos para despertar. Nos urgía una verdadera sacudida, y sólo podía venir del gobierno más soberbio, improvisado, ineficaz, corrupto y mediocre de la historia. Sólo un gobierno integrado con personas con estas características nos iba a sacar de ese letargo en el que nos encontrábamos, y más nos vale aprovecharlo. Pero déjenme tratar desmenuzar estas conclusiones que acabo de aventarles.

Primero ¿Qué es un mediocre? Un mediocre es alguien que se conforma, que no cuestiona, que se acomoda, que se olvida de su origen y del camino que lo trajo hasta aquí, que se abraza con fuerza a eso poquito que ha conseguido, porque no se cree capaz de lograr más, y, sobre todo, le aterra perder lo ya logrado. Un mediocre es el que no escucha a nadie porque se siente amenazado por las opiniones que no entiende o que son diferentes a las suyas. Un mediocre es el que cree que llegó a un lugar importante por mérito y trabajo propio, y se olvida de todos aquellos que lo ayudaron a llegar. Un mediocre es el que siempre quiere tener la razón y se siente dueño de la verdad, y así se pierde del vasto universo de la diversidad que existe fuera de su pequeña mente. Un mediocre es el que se rodea de porristas y corifeos que sólo se atreven a replicar sus ideas y aplaudir sus opiniones. Un mediocre es el que piensa que un triunfo dura para siempre, y se aferra a éste como si fuera un salvavidas en mar abierto. Un mediocre es el que se aferra a una derrota pasada y toma decisiones basadas en el rencor y la frustración que esta le provocó. Un mediocre es el que no puede ver las oportunidades que existen fuera de sus planes y prejuicios, y que se limita a sí mismo con reglas autoimpuestas.

Lo digo con toda claridad: este gobierno está dirigido por mediocres que cumplen casi todas estas premisas. Se trata de personas que lucharon mucho por llegar al poder y muy rápido se olvidaron por qué llegaron, para qué llegaron, gracias a quién llegaron y qué se esperaba de ellos. Viven aferrados a responder a cada crítica y atacar a sus críticos porque les aterra perder lo poco que han logrado. Hoy en día, no hay un solo resultado positivo de gobierno que puedan presumir. Lo repito, con base en los datos duros de los rubros más importantes de la gestión de gobierno, sus resultados son patéticos: la peor crisis económica de la historia, la peor crisis de violencia de la historia, 8 meses de pandemia sin control, con mas de 200 mil muertos, 10 millones de pobres nuevos en sólo un año, desempleo sin precedentes y el peor manejo del presupuesto en décadas. Y lo peor de todo, la corrupción impune de los suyos, más abierta y burda que nunca. Y, a pesar de todo esto, se les ve y escucha satisfechos. Los ves y los escuchas y parecería que son los artífices del mejor gobierno de la historia. Es de locos escucharlos hablar sobre lo sucedido en el último año. Perece que viven en un lugar distinto al nuestro. Mediocres que están satisfechos con un discurso chafa y cursi, y que creen que hacen suficiente con prometer un futuro mejor que no construyen. Son mediocres porque no escuchan a nadie, porque no quieren corregir nada, porque no aceptan posiciones distintas y porque ven en todo extraño a un enemigo. Son mediocres porque sus decisiones parecen estar siempre amarradas al rencor y la amargura de sus derrotas pasadas. Sus decisiones parecen estar fundadas más en la revancha que en el beneficio que pueden generar en las personas que confiaron en ellos. Sus políticas sociales están diseñadas para comprar la voluntad de la gente más humilde de este país, y para mejorar permanentemente sus condiciones. 

Ahora, tenemos que hacernos dos preguntas cruciales ¿Esas personas, ese gobierno, somos nosotros, eso eres tú? y ¿Es inevitable tenerlos en el poder?

Trato de responder la primera. Creo que muchas personas se identifican con este gobierno porque los hace sentir menos mediocres. Ni modo, así lo veo. Les gusta el discurso conformista porque los hace sentir menos insatisfechos con su propia vida. Les acomoda el discurso de “víctima de los opresores” porque les resta responsabilidad de los fracasos de su propia vida. Los tranquiliza el discurso de austeridad y escasez, porque así no tienen que esforzarse más en lo suyo. 

Pero estoy convencido también de que la abrumadora mayoría de las mexicanas y mexicanos que habitamos este país chocamos con esas ideas porque nos levantamos todos los días a trabajar para mejorar la vida de nuestras familias. Creemos en la posibilidad de mejorar y crecer, y soñamos con un lugar mejor para todos. Estoy convencido de que tú, que me estás leyendo en este momento, quieres algo diferente, algo mejor, algo más grande. Si me estás leyendo es porque crees que se puede, y te frustra el momento que estamos viviendo. Y justo por eso creo que la respuesta a la segunda pregunta es que no es inevitable tener a mediocres en el poder. Podemos y tenemos que encontrar a mejores personas para dirigir a nuestro país. Es nuestra responsabilidad. Ya vimos a dónde nos llevan los mediocres, ya no hay duda. Es momento de encontrar a unos mucho mejores, y con nuestro voto, llevarlos al poder, para luego exigirles hacer su trabajo. 

Pero tenemos que hacerlo bien esta vez. No se trata, otra vez, de buscar a unos que sólo se digan a sí mismos “diferentes”. Ya vimos que no es suficiente. Necesitamos volver a poner la carreta detrás de los caballos: primero las ideas, el proyecto de nación, la agenda ciudadana, y luego vemos quién tiene el tamaño y la capacidad para encabezarla y concretarla.

Así, la respuesta a la pregunta que da título a este texto es un rotundo NO: la mediocridad NO es nuestro destino. México y los mexicanos estamos destinados a ser enormes, gigantes, líderes en el mundo, actores principales. Es momento de creerlo y empezar a construirlo. 

Ilustración: Marco Colín

Restoring Faith in Democracy

It is not perfect, it is not infallible, it is not the recipe for automatically creating a happy world, but on days like today, DEMOCRACY (with a capital letter) gives us back our faith in humanity. For too many years, democracy had become a system that allowed the most cynical, the most demagogic, the most lying and the most populist to come to power, just because they shouted louder, divided society and radicalized the common citizen. Today it is clear that this can stop. It is a sign of hope. 

On Monday the world will remain exactly the same. The pandemic continues, the economic crisis may worsen, racism and violence will continue to make headlines in the United States, but the party that is taking place today in the streets of the great American cities gives us hope that the path may be different. 

In this era of populist demagogues, it was becoming very difficult to explain to my children and my students the goodness and essential principles of democracy. How is it possible that an openly misogynist, racist, violent guy, who threatens the media and wants to use the presidency to increase his family’s fortune, can win the presidency of the oldest and most powerful democracy in the world? That was the question I was asked constantly. But if it was difficult to explain why he won the first time, it would have been absolutely impossible to explain why, after abusing power, as he promised, people were taking him back to the presidency. I wouldn’t have known how to explain that anymore.

Fortunately, I don’t have to anymore, and today I can write about 3 great lessons that this election leaves us with. 

The first big lesson is that bills are paid in a democracy. People do have a limit to cynicism, to lies, to violence and to corruption. The joy in the streets that we see today is not free. It is not the jubilation for the triumph of a great candidate. Biden didn’t inspire even his closest allies. But he turned out to be the best candidate to defeat the demagogue in the essential places. Today he can boast that he is the president with the most votes in history: 74 million and counting (Obama had 69 million). He beat an incumbent president by 4 million. And that’s historic. It is very difficult to beat a president who has control of the entire government apparatus, in addition to the Senate, and who was not bent on using it with a huge display of cynicism. The Democrats kept control of the Lower House and they can still have control of the Senate, with the decisive vote of her vice president, the first woman in history to hold that position. He turned states that had been voting Republican for three decades, such as Georgia and Arizona (until today), upside down and restored the famous blue wall of Minnesota, Michigan, Wisconsin and Pennsylvania, in favor of the Democrats. And there are still those who say that his victory is not decisive. But if we go back to his campaign, we can see that it is not a triumph based on great proposals or overwhelming charisma. Biden’s project is very similar to that of his predecessors. During the campaign we heard more slogans than concrete public policies. On the side of charisma, it is very difficult to argue that the overwhelming victory has to do with the inspiration that his person provokes. 

It is actually a campaign that we political scientists will study for decades. The motto of the campaign was «We can restore the soul of our nation. It’s a very powerful phrase, and apparently very effective. First «We,» us, a call to collaborate to rebuild the country together. Then «Can» we, taking up the Obama campaign slogan «Yes we can», a call to dream that we can, to restore hope. Then «Restore», to talk about something that has been lost, but not forever, and that can be repaired. And the key words «Soul» and «Nation”. The first one evokes the idea that there is something that founds the nation project, something that is behind power and its motives. It is a word that evokes founding principles that must not change with every election, that must not be violated with a change of party. And finally, the word Nation, the common place, the place of all, the space that belongs to no one because it belongs to everyone. 

I think that’s the key. Trump is picking up the tab for attacking the soul of a nation that takes pride in its founding principles. He thought all this was gone, and he was wrong.

The second big lesson is that people get tired of lies, polarization, and ineffective government action. Trump bet everything on the economy. If I keep the economy train running, they will love me, he thought, and he said it several times with all cynicism. He was wrong. The United States is the country with the most total deaths from the pandemic in the world, and control is far from assured. Amidst the euphoria of the election they returned to alarming numbers, not seen since August, of 1,000 deaths per day. Instead of using his power to contain the pandemic, the outgoing president turned to playing golf and deflecting responsibility, as well as ferociously attacking his critics, instead of saving lives. No more of this, the American electorate told him. 

The third big lesson is that democracy can again be that space where different people come together for a common cause. What was the cause that united the people of Georgia, Pennsylvania, Michigan, Wisconsin, etc.? To get the populist demagogue out of power. It’s as simple as that. From there, there is much work to be done, but you will no longer have to deal with the great divider. They didn’t have to agree on everything, they only had to agree on one thing: we need to get rid of the main cause of the division.

These three lessons can be imported into Mexico. First, we need to make politicians pay the bill: hold them accountable for lies, broken promises, threats to critics, and corruption with impunity. It is time to learn to be citizens who hold their politicians accountable and run the cynics out of their jobs. It is time to let them know that we believe in democracy and its core values, and that we want this nation called Mexico to be the place of All and for All. Second, it is time to reject lying and polarization as the normal way to exercise power. We need politicians who tell the truth, who take responsibility and who are concerned with unifying the country in a common project. And third, it is time to use democracy for what it is meant to be: the common space in which we all build a new project for the nation. It is simply a matter of agreeing on what unites us and accepting diversity as something that enriches us. We are ready.

Ilustration: Marco Colín

Restaurar la fe en la Democracia

No es perfecta, no es infalible, no es la receta para crear en automático un mundo feliz, pero en días como hoy, la DEMOCRACIA (con mayúsculas) nos regresa la fe en la humanidad. Por demasiados años la democracia se había convertido en un sistema que permitía a los más cínicos, los más demagogos, mentirosos y populistas llegar al poder, sólo porque gritaban más duro, dividían a la sociedad y radicalizaban al ciudadano común. Hoy quedó claro que eso puede parar. Es una señal de esperanza. 

El lunes el mundo seguirá exactamente igual. La pandemia continúa, la crisis económica se puede agravar, el racismo y la violencia seguirán siendo noticia en Estados Unidos, pero la fiesta que hoy se vive en las calles de las grandes ciudades norteamericanas nos dan la esperanza de que el camino puede ser diferente. 

En esta época de los populistas demagogos se estaba haciendo muy difícil explicarle a mis hijos y a mis alumnos las bondades y los principios esenciales de la democracia. ¿Cómo es posible que gane la presidencia de la democracia más vieja y poderosa del mundo un tipo abiertamente misógino, racista, violento, que amenaza a los medios y quiere utilizar la presidencia para acrecentar su fortuna familiar? Era la pregunta que me hacían. Pero si era difícil explicar por qué ganó la primera vez, hubiera sido absolutamente imposible explicar por qué, después de abusar del poder, tal como lo prometió, la gente lo volvía a llevar a la presidencia. Yo ya no hubiera sabido cómo explicar eso.

Afortunadamente ya no tengo que hacerlo, y hoy puedo escribir acerca de 3 grandes lecciones que nos deja esta elección. 

La primera gran lección es que las cuentas se pagan en una democracia. La gente sí tiene un límite al cinismo, a la mentira, a la violencia y a la corrupción. El júbilo en las calles que vemos hoy no es gratuito. No es el júbilo por el triunfo de un gran candidato. Biden no ilusionaba ni a sus más cercanos. Pero resultó ser el mejor candidato para derrotar al demagogo en los lugares esenciales. Hoy puede presumir que es el presidente con más votos de la historia: 74 millones y contando (Obama tuvo 69 millones). Le ganó por 4 millones a un presidente en funciones. Y eso es histórico. Es muy difícil ganarle a un presidente que tiene el control del aparato de gobierno completo, además del Senado, y que no tuvo empacho en utilizarlo con un enorme despliegue de cinismo. Mantuvo el control de la Cámara Baja y aún puede tener el control del Senado, con el voto decisivo de su vicepresidenta, la primera mujer en la historia en ocupar ese cargo. Volteó estados que llevaban tres décadas votando republicano como Georgia y Arizona (hasta hoy) y restauró la famosa muralla azul de Minnesota, Michigan, Wisconsin y Pensilvania, a favor de los demócratas. Y todavía hay quienes dicen que su victoria no es decisiva. Pero si regresamos a la campaña podemos observar que no es un triunfo sustentado en grandes propuestas ni un carisma arrollador. El proyecto de Biden es muy parecido al de sus antecesores. Durante la campaña escuchamos más slogans que políticas públicas concretas. Por el lado del carisma, es muy difícil sostener que el triunfo arrollador tiene que ver con la inspiración que provoca su persona. 

Se trata en realidad de una campaña que los politólogos estudiaremos por décadas. El lema de la campaña fue “We can restore the soul of our nation” (Podemos restaurar el alma de nuestra nación). Es una frase muy poderosa, y, al parecer, muy efectiva. Primero “We”, nosotros, un llamado a colaborar para reconstruir el país entre todos. Luego “Can” podemos, retomando el lema de la campaña de Obama “Yes we can”, un llamado a soñar que se puede, a restaurar la esperanza. Luego “Restore” restaurar, para hablar de algo que se ha perdido, pero no para siempre, y que se puede reparar. Y las palabras clave “Soul” y “Nation”. La primera evoca la idea de que hay algo que funda el proyecto de nación, algo que está detrás del poder y de sus motivos. Es una palabra que evoca principios fundacionales que no deben cambiar con cada elección, que no deben vulnerarse con un cambio de partido. Y finalmente, la palabra Nación, el lugar común, el lugar de todos, el espacio que no le pertenece a nadie porque les pertenece a todos. 

Yo creo que esa es la clave. Trump está pagando la cuenta de haber atentado contra el alma de una nación que se siente orgullosa de sus principios fundacionales. Creyó que todo esto había desaparecido, y se equivocó.

La segunda gran lección es que la gente se cansa de las mentiras, la polarización y la ineficacia en la acción de gobierno. Trump apostó todo a la economía. Si mantengo el tren de la economía funcionando, me amarán, pensó, y lo dijo varias veces con todo cinismo. Se equivocó. Estados Unidos es el país con más muertes totales derivadas de la pandemia de todo el mundo, y se ve lejos el control. En medio de la euforia de la elección regresaron a números alarmantes, no vistos desde agosto, de 1,000 muertes por día. En lugar de utilizar su poder para contener la pandemia, el presidente saliente se dedicó a jugar golf y a desviar la responsabilidad, además de atacar ferozmente a sus críticos, en lugar de salvar vidas. No más de esto, le dijo el electorado norteamericano. 

La tercera gran lección es que la democracia puede volver a ser ese espacio en el que nos juntamos los diferentes por una causa común. ¿Cuál fue la causa que unió a las personas de Georgía, Pensilvania, Michigan, Wisconsin, etc? Sacar al populista demagogo del poder. Así de sencillo. A partir de ahí, hay mucho trabajo por hacer, pero ya no tendrán que ocuparse del gran divisor. No tuvieron que ponerse de acuerdo en todo, sólo tuvieron que coincidir en una cosa: necesitamos deshacernos de la causa principal de la división.

Estas tres lecciones pueden importarse a México. Primero, tenemos que lograr que los políticos paguen la cuenta: hacerlos responsables por las mentiras, las promesas incumplidas, las amenazas a los críticos y la corrupción impune. Es hora de aprender a ser ciudadanos que someten a sus políticos a una rigurosa rendición de cuentas y corre de su chamba a los cínicos incapaces. Es hora de hacerles saber que creemos en la democracia y sus valores esenciales, y que queremos que esta Nación llamada México sea el lugar de Todos y para Todos. Segundo, es hora de rechazar la mentira y la polarización como forma normal de ejercer el poder. Necesitamos políticos que digan la verdad, que asuman la responsabilidad y se ocupen de unificar al país en un proyecto común. Y tercera, es momento de utilizar la democracia para lo que sirve: el espacio común en el que todos construimos un nuevo proyecto de nación. Se trata simplemente de ponernos de acuerdo en aquello que nos une, y aceptar la diversidad como algo que nos enriquece. Estamos listos.

Ilustración: Marco Colín

Los Facilitadores

Eso es un amigo que ve a otro hundirse y no dice nada. Así se le puede decir a un amigo que ayuda a otro a construir argumentos para justificar la destrucción de su vida. “Tómate una más, te va a servir para relajarte, yo te acompaño y así olvidamos juntos todos nuestros problemas”. Es el amigo cobarde que prefiere ver la destrucción del ser querido, antes que decirle la verdad y acompañarlo a corregir el rumbo. Un Facilitador no es el responsable de la tragedia, es el que ayuda a crear el contexto que la hace justificable, a los ojos del responsable.

Eso son las personas inteligentes de este país que no levantan la voz, con vehemencia y claridad, ante la tragedia que estamos viviendo. ¿Cuál? Les regalo unos ejemplos. Somos el país que mas muertes ha permitido de trabajadores de la salud. El número uno del mundo, el peor de todos. Somos el cuarto país con más muertes totales, y eso, de las que ha reconocido oficialmente, porque en realidad somos el número dos, sólo debajo de Estados Unidos, con más de 200 mil muertes por COVID. Niños y mujeres con cáncer mueren y otros empeoran porque el gobierno destruyó el sistema de abastecimiento de medicinas, por soberbia e improvisación absoluta. 58% de las mujeres con cáncer que se atienden en el sector público no han recibido atención médica y tratamiento en lo que va de 2020. En 22 meses de gobierno van 65 mil homicidios impunes en todo el país. El inicio de sexenio más violento de la historia. Las fuerzas armadas están más presentes que nunca en tareas de seguridad, es decir, no sólo se renunció a la demanda de regresarlos a sus tareas tradicionales, sino que ahora, además, construyen cosas, transportan medicinas y gasolina, y administran puertos. Según CONEVAL, sólo en este año, se crearán más de 10 millones de pobres en el país por la crisis económica y los magros resultados de las políticas sociales. Se destruyeron millones de empleos formales e informales, y miles de empresas no volverán a ver la luz. Se crearon tres partidos satélite del partido en el poder, que nos costarán 600 millones de pesos el año que entra. Se trata de organizaciones abiertamente plegadas al gobierno, y creadas en torno a intereses sindicales y religiosos. El presidente maneja el presupuesto de egresos a su antojo y manipula la información que entrega a los órganos fiscalizadores. En 22 meses de gobierno no hay un solo caso de corrupción resuelto y sancionado. Ni una sola red de corrupción desarticulada o un solo peso realmente recuperado, y eso que se trataba sólo de darle una revisada al Mirreynato de Atlacomulco, el gobierno más corrupto de la historia (hasta 2018) y era la promesa de campaña más repetida. 

Todo esto son apenas algunos ejemplos de la tragedia. Podría seguir por varios párrafos describiendo malas decisiones y sus consecuencias. Ni uno sólo de los ejemplos que describí son opinión mía, son hechos perfectamente comprobables, con datos duros que han sido reiteradamente expuestos en estos meses. Pero lo peor de todo, es que son ejemplos de las causas más vehementes que miles de mentes inteligentes de este país defendieron por años. Nada de lo antes narrado es nuevo. Todo tiene su raíz en las enormes carencias de los gobiernos anteriores. Por eso han sido causa de miles de personas y organizaciones, por años. 

A miles de personas y cientos de organizaciones, no había cómo callarlos con cada homicidio que se presentaba en este país. Los contaban como si de eso dependiera frenar la violencia, y los exponían todos los días, por todas las plataformas posibles. Esas mismas personas y organizaciones gritaban en las calles sobre la militarización del país y exigían una solución civil a la inseguridad. Cientos de organizaciones en este país defendían a capa y espada la debida utilización de los recursos públicos en el sector salud, y se atrevían a decirle asesino a cualquier político que fuera negligente en la administración de una institución de salud pública. Cientos de personas y organizaciones en este país han creado las mejores herramientas para medir la pobreza, reconocer sus causas, evaluar los programas sociales y proponer políticas públicas que funcionen, además de exponer aquellas que son ineficaces y generan riesgos de corrupción. Pocos sectores son más capaces que éstos para entender cuando una política social es un auténtico fraude político electoral, que sólo genera clientelas para políticos tramposos. Su ojo clínico no tiene paralelo. Durante décadas aprendieron a identificar el oportunismo, la corrupción y el desperdicio de recursos. 

Hoy, cientos de esas mentes inteligentes y organizaciones de la sociedad civil callan vergonzosamente ante la evidente tragedia. Ante la evidencia contundente, prefieren voltear la mirada y callar. Peor aún, muchos de ellos se dedican a justificarla, con argumentos cada vez más ridículos y vergonzosos. Otros tantos, se dedican a hurgar en el pasado para tratar de encontrar justificaciones, que no causas, y motivos para desviar la atención. “Allá, volteen para allá, vean que feo está eso que sucedió hace 10 años”. Unos lo hacen por puro orgullo, otros, por el odio que guardan a los gobiernos anteriores, pero la mayoría, creo, lo hacen por simple cobardía. Miedo a ser catalogados como enemigos de un régimen que ayudaron a llegar. Miedo a un régimen que cataloga a sus críticos como enemigos, y los persigue como desleales. 

Facilitadores de la tragedia, eso son. ¿Por qué? Porque permiten mantener la idea de que la frase “Yo tengo otros datos” es una posibilidad real. Permiten al gobierno escapar de la rendición de cuentas. Permiten al gobierno y su partido construir una salida, un escape, un motivo para no corregir. Son los que construyen ese lugar cómodo y confortable en donde el gobierno y su partido pueden evitar la responsabilidad. Son los que le dicen al amigo alcohólico “Échate otra, te lo mereces, yo te acompaño”. 

Y así, se vuelven cómplices de la tragedia. No son los responsables, pero si son los facilitadores. Ojalá pronto encuentren el valor para levantar la voz, y así poder rescatar entre todos a este país que los necesita. 

Ilustración de Marco Colín

De Hacer País

Un país es mucho más que la tierra que se ubica entre sus fronteras políticas. Un país es mucho más que las definiciones legales de ciudadanía, símbolos patrios y obligaciones. Y, por supuesto, un país es mucho más que su gobierno y sus leyes. Un país lo hace su gente: individuos libres y diferentes que construyen un lugar común, en el que todos pueden coexistir sin estorbarse. Así, ser mexicano es una función, y no una simple definición. Pertenecer a un país es más que una simple etiqueta, es una oportunidad, la de servir a una causa mayor: construir entre todos un lugar de paz y justicia.

Hay dos formas básicas de habitar en una comunidad. Por un lado, están aquellos que se preguntan permanentemente “¿De qué me puedes servir? ¿Cómo me puedo aprovechar de ti?”, y por el otro, están aquellos que preguntan “¿Cómo puedo yo servir, en qué puedo ayudar?”

Los primeros extraen cosas de una comunidad, los segundos construyen, crean, innovan y dejan algo para todos. Los primeros generan costos, cargas, problemas. Los segundos generan bienes. 

Es fácil reconocer a unos y a otros. A los primeros puedes ubicarlos siempre en su búsqueda de una posición de poder, público o privado, para después utilizarla en beneficio propio. Son los que sólo quieren llegar por llegar, los que pueden pisar a cualquiera en su camino, y en cuanto llegan, se preguntan cinco cosas: ¿Qué sigue después de esto? ¿Qué hay aquí para mí? ¿Cómo puedo obtener más? ¿Cómo me mantengo aquí? ¿Quién me quiere quitar de este lugar?

Suelen ser personas muy inseguras y erosionadas que requieren de constante atención, aplauso y reconocimiento. Viven en un permanente estado de alerta porque piensan que el resto del mundo está listo para arrebatarles lo que han logrado. Utilizan tanta energía en cuidar lo que tienen, y en buscar más, que les queda muy poco tiempo y fuerza para servir, para crear, para ayudar y para mejorar el lugar que habitan. Son personas siempre infelices e insatisfechas. Generan mucho trabajo de otros, gastan mucha energía de otros y así, nos cuestan a todos. Nada es suficiente ellos. No hay meta que no se mueva de lugar, una vez que llegan. Apenas obtienen lo que estaban buscando, y ya pusieron sus ojos en algo más. 

De una u otra manera, a todos nos educaron así. Yo, por los menos, así fui educado por mi familia, escuela y sociedad, y así viví muchos años de mi vida. Apenas llegaba al lugar que estaba buscando y ya había volteado a la meta siguiente. Lo primero que siempre me preguntaba en un lugar era qué había para mí ahí, para satisfacer mis deseos y necesidades. La siguiente pregunta era automática: ¿cómo puedo obtener más? Y así, en el momento que ubicaba los beneficios personales que esa posición generaba a mí, lo natural era ubicar a los contrincantes que amenazaban mi posición, y generaba estrategias para mantenerme. Ahora que lo escribo paso a paso, me doy cuenta por qué estaba tan agotado siempre, y por qué me quedaba tan poca energía para servir, crear e innovar.

Es imposible dejar algo bueno en ningún lugar cuando la mayor parte del día estás concentrado en esas cinco preguntas. Así, durante muchos años yo he sido de las personas que se preguntan “¿Cómo me puedes servir?” Pero ya no quiero ser ese.

Por eso, ahora estoy aprendiendo de todas las personas que se preguntan “¿Cómo puedo servir yo?”

Estoy aprendiendo a ubicarlos, a conocerlos y entender sus motivos. La palabra que me ayuda a cambiar la ecuación es “Servir”. Para servir no tengo que llegar a un lugar o puesto específico. Así, ya no tengo la tentación permanente de voltear e ir al siguiente lugar. Para servir bien ya no necesito preguntar qué hay para mí, porque me tengo que ocupar de ver qué puedo aportar yo. Por eso se vuelve cada vez más importante estar bien formado e informado. Para poder servir tengo que conocer, tengo que estar bien preparado, y, sobre todo, tengo que estar en paz conmigo. Tengo que sanar internamente para poder servir más. Y eso es lo que ahora ocupa mi energía. Leer mucho, aprender mucho, observar mucho y, sobre todo, conocer gente interesante y diversa que ocupa su vida de la misma forma. Ya no tengo ansia de extraer, sino de aprender. Pero lo mejor de todo es que ya no hay amenazas, no hay enemigos, no hay contrincantes, porque servir sólo depende de mí.

Ahora lo que ocupa mi vida es ubicar a más y más gente que quiera construir un país para todos. Mi radar para ubicar a la gente que extrae y utiliza a otros se agudizó como nunca. Los veo venir a millas de distancia. Y mi radar para ubicar a los constructores está mejorando. 

Tengo la sospecha de que somos muchos los que pasamos por un proceso parecido al que estoy viviendo. Somos muchos los que ya probamos utilizar a otros para tener éxito, y no fuimos felices en ese modelo de vida. Somos más los que queremos pertenecer a esta nueva ola de personas que quieren innovar, construir, crear y mejorar la vida de otros. Puedo sentir esa nueva energía de personas que ya intentaron el primero modelo, y ya saben que no funciona para ser feliz. Ya vimos que está hueco, y no lleva a ningún lugar. 

Así, para HACER PAÍS tenemos que ubicarnos, encontrarnos y vernos a los ojos para preguntar “¿Cómo te puedo servir yo?”

Ilustración: Marco Colín

LAS 100 PENDEJADAS DEL GOBIERNO ACTUAL QUE TENDRÁN GRAVES CONSECUENCIAS

1.- El trágico, inhumano e ineficaz manejo de la pandemia, que nos ubicará para siempre entre los primeros 5 países con más muertes totales  2.- La tragedia en la economía provocada por la ausencia total de medidas de apoyo 3.- La creación de varios millones de nuevos pobres como consecuencia del pésimo manejo de la economía 4.- La desaparición de miles de empresas y millones de puestos de trabajo 5.- El uso político del aparato penal La manipulación de expedientes penales 6.- La renuncia a los sistemas de auditoría y control y la ausencia absoluta de sentencias finales en casos de corrupción 7.- El anuncio de casos espectaculares como método para ganar legitimidad, pero sin resultados 8.- La persecución de personas incómodas al gobierno 9.- La renuncia al sistema de responsabilidades administrativas 10.- El olvido de la secretaría de la función pública como pilar del control y la vigilancia 11.- El olvido del sistema de mejora de gestión de gobierno 12.- La ausencia total de autonomía de los órganos de control y vigilancia 13.- El olvido del sistema penal oral acusatorio 14.- El olvido del sistema profesional de carrera como creador de cuadros 15.- El olvido de la especialización de fiscalizadores y auditores 16.- Ponerle el pie al Sistema Nacional Anticorrupción 17.- Detener sus nombramientos básicos 18.- Dejarlo sin los recursos suficientes 19.- Desconocer en los hechos al presidente del Sistema Nacional Anticorrupción 20.- Bloquear el desarrollo e implementación de la Ley la Ley General de Responsabilidades Administrativas 21.- Tratar de someter políticamente al Tribunal Federal de Justicia Administrativa 22.- Pretender bloquear el nacimiento de la sección especializada en corrupción del Tribunal Federal de Justicia Administrativa 23.- Difundir la idea de que la corrupción ya se acabó 24.- Bloquear el desarrollo de los Sistemas Locales Anticorrupción 25.- Callar a la Auditoria Superior de la Federación 26.- Usar herramientas de investigación y fiscalización para amedrentar y presionar a las organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación 27.- Utilizar los espacios y eventos públicos para hacer proselitismo partidista disfrazado de programas de gobierno 28.- Confundir la titularidad del poder ejecutivo con el liderazgo del partido 29.- Privilegiar la lealtad partidista sobre la capacidad técnica en nombramientos clave 30.- Hacer nombramientos con abiertos conflictos de interés 31.-Manipular el concepto de conflicto de interés 32.- Acusar a enemigos políticos de conflicto de interés 33.- Crear alianzas oscuras con grupos sindicales corruptos 34.- Desarrollar proyectos de infraestructura por capricho presidencial 35.- Crear proyectos de infraestructura sin estudios de mercado y de costo beneficio completos 36.- Inexistente planeación en obra pública 37.- Renuncia al control y la vigilancia en obra pública 38.- Proyectos de obra pública sin rentabilidad social 39.- Proyectos de obra pública subvaluados para poder hacer la venta política 40.- Proyectos de infraestructura que responden a criterios políticos y no sociales 41.- Proyectos de obra pública inconexos entre sí 42.- Abuso de las excepciones a la licitación y desuso del sistema electrónico de contrataciones públicas 43.- Violación a las obligaciones internacionales en materia de contrataciones públicas 44.- Adquisiciones de bienes y servicios sin planeación y metas claras 45.- Concentración del mercado de contrataciones en pocos proveedores 46.- Inutilización de los datos del sistema de contrataciones públicas para hacer inteligencia de mercado 47.- Renuncia a la capacitación y especialización de los encargados de las contrataciones públicas 48.- Renuncia a los sistemas de control de confianza de los servidores públicos de áreas sensibles 49.- Inexistencia de sistemas de incentivos positivos del buen servicio público 50.- Golpear a la burocracia a través de su sueldo y prestaciones y someterla a través de amenazas 51.- Renuncia a la capacitación permanente de servidores públicos 52.- Sometimiento de los gobiernos locales y municipales a través del presupuesto 53.- Sometimiento de gobiernos locales y municipales a través de la inclusión o retiro del Ejército en tareas de seguridad 54.- El chantaje permanente a gobernadores para dejarlos sin inteligencia y herramientas en materia de seguridad 55.- La renuncia a un sistema carcelario eficaz y humano 56.- La incapacidad para controlar la violencia de manera permanente 57.- La ilusión de esconder la violencia detrás del discurso triunfalista 58.- La renuncia al control de tráfico de armas de fuego 59.- Evitar a toda costa la discusión sobre la despenalización de las drogas 60.- El abandono del sistema de recuperación de activos de corrupción y crimen organizado 61.- La ineficacia del sistema de administración de bienes recuperados 62.- El uso político de la unidad de inteligencia financiera 63.- El sometimiento político de la Fiscalía General de la República 64.- La incapacidad para investigar delitos 65.- La incapacidad para obtener sentencias condenatorias 66.- La falta de entrenamiento de los ministerios públicos 67.- La falta de atención a la sobre carga de trabajo de los ministerios públicos 68.- La falta de incentivos económicos y humanos para ministerios públicos y policías 69.- La falta de seguridad para ministerios públicos, investigadores, policías y personas expuestas 70.- La ausencia total de apoyo del gobierno a los servidores públicos caídos en el ejercicio de su encargo 71.- La falta de capacitación integral en cultura de derechos humanos a policías y servidores de áreas de seguridad 72.- El pobre desarrollo y financiamiento de los sistemas de inteligencia 73.- Los constantes intentos de presión a jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial 74.- Los intentos de presión y manipulación del Tribunal Federal Electoral 75.- Las designaciones con criterios políticos de ministros 76.- La presión permanente a los órganos electorales 77.- La creación de programas sociales con claros fines electorales 78.- La entrega de estos programas en grandes eventos con fines proselitistas 79.- La campaña permanente del presidente en las mañaneras y eventos 80.- Los eventos llenos de funcionarios de alto nivel que deberían estar trabajando 81.- Las mentiras abiertas respecto de los resultados de gobierno 82.- El gasto inútil en sorteos y consultas 83.- La presencia permanente del gobierno en medios masivos de comunicación a través de spots inútiles 84.- La opacidad en la información de gestión de gobierno y resultados reales 85.- El ocultamiento de información sensible 86.- La renuncia  a la transparencia proactiva 87.- La presión permanente a los órganos reguladores y autónomos 88.- La renuncia a las nuevas tecnologías para mejorar la gestión de gobierno 89.- El abandono de los foros internacionales en donde se discuten temas cruciales para México y el mundo 90.- La renuncia a cualquier tipo de liderazgo en estos foros 91.- El abandono de las políticas transversales de sustentabilidad y cambio climático 92.- La apuesta al carbón como energético esencial 93.- La ambigüedad inexplicable en la política internacional en temas de derechos humanos 94.- La indefinición de la política bilateral México-EU 95.- La renuncia a la protección vehemente de nuestros migrantes 96.- El apoyo cómplice a Venezuela 97.- La extraña y oscura relación con Trump 98.- El olvido de Europa como potencial socio comercial 99.- La indefinición de nuestra relación con China 100.- El desprecio por la sociedad civil organizada 

Max Kaiser

De Movimientos Sociales

Mover a muchos, organizarlos y darle cauce a la energía que se genera entre todos. De eso se trata, eso es un movimiento social. Crear sinergia entre individuos que tienen mucho que aportar a una causa común. Así, las cinco claves de un Movimiento social son: el verbo mover, la capacidad de organizar a individuos diversos, la capacidad para encauzar su energía en el sentido que se busca, multiplicar la energía en una sinergia creciente y que todo esto construya una causa común que perdure. Ninguna de las 5 claves es fácil de lograr. Vamos una por una.

Mover. La primera pregunta es ¿Para qué? Y las respuestas pueden ser múltiples: para que una persona tenga más poder o dinero, para que un grupo de personas llegue al poder, para evitar que otro grupo llegue o permanezca en el poder, para construir un bien social, para cambiar una ley, etc. La segunda pregunta es ¿Con qué? Y de nuevo hay varias formas: se puede mover a través del miedo, a través del enojo, a través de la frustración, o se puede mover a un grupo de personas a través del amor, la fraternidad, la solidaridad o la necesidad comunes. La tercera pregunta es ¿Cómo? Yo encuentro tres maneras: empujando desde atrás, jalando desde adelante del grupo, o todos en torno a una persona. 

Organizar. Mover consciencias, emociones y energía, para luego dejarlas tiradas es inútil y a veces hasta peligroso, porque alguien más las puede aprovechar para algo completamente diferente. Todo movimiento social requiere de una organización básica. Encuentro dos formas típicas: organizarse en torno a una persona, o crear una organización que responda a una idea. La primera forma suele ser una plataforma para mover y cuidar el ego de una persona que se autoproclama “El líder”. La segunda forma suele ser más orgánica, porque se desarrolla en torno a los requerimientos que la idea genera para ser alcanzada. En la primera, las personas deben renunciar a su diversidad para unificarse en torno al líder, en la segunda, la diversidad individual enriquece las distintas necesidades de la organización, y por eso se crea algo más lógico y útil. 

Encauzar y Multiplicar. Organizarse es apenas el primer paso. Una vez que existe una estructura mínima que reúne a muchas personas, se genera mucha energía. De ahí surgen dos grandes preguntas ¿Cómo utilizamos esa energía de la mejor manera? Y ¿Cómo hacemos que se mantenga y crezca? En los movimientos sociales creados en torno a una cusa común la energía humana encuentra cauces de manera más sencilla y orgánica, porque se alimenta de talentos individuales que quieren servir a la causa, y por eso también se mantiene y crece. En los movimientos sociales en torno a una persona, las responsabilidades de cada uno son impuestas y obligadas, son artificiales y prefabricadas. Por eso se agotan con facilidad y voltean a otro lado muy pronto.

Construir. Los movimientos sociales que pasan a la historia son los que construyen algo. El movimiento de Martin Luther King Jr. construyó la plataforma para generar miles de reformas legales sin precedentes, cientos de nuevas instituciones y toda una nueva cultura de diversidad e inclusión. El movimiento no acabó con su asesinato, y aunque ha tardado décadas en consolidarse, respecto de cada objetivo de Black Lives Matter se puede trazar una línea directa con las palabras de King. En cambio, miles de movimientos sociales que sólo pretendían la promoción de una persona se encuentran hoy en el basurero de la historia. 

En México nos gobierna un movimiento social creado en torno a una persona que tuvo la capacidad de encauzar dos emociones muy poderosas: la frustración y el enojo de millones de personas. Estas dos emociones se fueron acumulando como reacción a los malos gobiernos, plagados de corrupción, que fueron incapaces de disminuir la violencia, la pobreza y la desigualdad. Es decir, el movimiento está sustentando en motivos reales y emociones muy poderosas, en torno a una persona que conectó con millones. El problema es que de ahí no hay nada más: no se preparó una organización que tuviera la capacidad de encauzar toda esa energía, sostenerla, multiplicarla y llevarla a construir algo común.

Hoy sabemos que toda esa energía era sólo para que una persona llegara al poder, acompañada de una bola de oportunistas que no tienen nada que aportar. El movimiento está en medio de una guerra civil sin cuartel, la organización es tan inexistente que les tienen que hacer sus elecciones desde un órgano del Estado, y es imposible reconocer una sola causa social que sea algo más que un simple slogan de campaña. Han destruido todo lo que tocan a su paso, para no dejar nada a cambio. Y eso es absolutamente insostenible. La pobreza y la desigualdad crecen, al igual que la violencia y la corrupción. Y las capacidades del estado para enfrentar estos problemas se disminuye todos los días, gracias a la destrucción permanente de instituciones que ellos provocan. 

Así, es un gran momento para crear un Movimiento Social de verdad. Uno que no tenga a un gran ego en el centro. Uno que pretenda mover a la sociedad mexicana utilizando las mejores energías de las personas: amor, solidaridad, colaboración, fraternidad, respeto y humildad. Un movimiento que tenga la capacidad de crear una organización moderna, flexible, eficaz, audaz y dinámica que encauce y multiplique la energía de cada individuo, pero, sobre todo, que quiera construir algo que perdure y nos incluya a todos. Un nuevo país, un nuevo México. Estamos listos para empezar. 

Ilustración: Marco Colín