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De Hacer País

Un país es mucho más que la tierra que se ubica entre sus fronteras políticas. Un país es mucho más que las definiciones legales de ciudadanía, símbolos patrios y obligaciones. Y, por supuesto, un país es mucho más que su gobierno y sus leyes. Un país lo hace su gente: individuos libres y diferentes que construyen un lugar común, en el que todos pueden coexistir sin estorbarse. Así, ser mexicano es una función, y no una simple definición. Pertenecer a un país es más que una simple etiqueta, es una oportunidad, la de servir a una causa mayor: construir entre todos un lugar de paz y justicia.

Hay dos formas básicas de habitar en una comunidad. Por un lado, están aquellos que se preguntan permanentemente “¿De qué me puedes servir? ¿Cómo me puedo aprovechar de ti?”, y por el otro, están aquellos que preguntan “¿Cómo puedo yo servir, en qué puedo ayudar?”

Los primeros extraen cosas de una comunidad, los segundos construyen, crean, innovan y dejan algo para todos. Los primeros generan costos, cargas, problemas. Los segundos generan bienes. 

Es fácil reconocer a unos y a otros. A los primeros puedes ubicarlos siempre en su búsqueda de una posición de poder, público o privado, para después utilizarla en beneficio propio. Son los que sólo quieren llegar por llegar, los que pueden pisar a cualquiera en su camino, y en cuanto llegan, se preguntan cinco cosas: ¿Qué sigue después de esto? ¿Qué hay aquí para mí? ¿Cómo puedo obtener más? ¿Cómo me mantengo aquí? ¿Quién me quiere quitar de este lugar?

Suelen ser personas muy inseguras y erosionadas que requieren de constante atención, aplauso y reconocimiento. Viven en un permanente estado de alerta porque piensan que el resto del mundo está listo para arrebatarles lo que han logrado. Utilizan tanta energía en cuidar lo que tienen, y en buscar más, que les queda muy poco tiempo y fuerza para servir, para crear, para ayudar y para mejorar el lugar que habitan. Son personas siempre infelices e insatisfechas. Generan mucho trabajo de otros, gastan mucha energía de otros y así, nos cuestan a todos. Nada es suficiente ellos. No hay meta que no se mueva de lugar, una vez que llegan. Apenas obtienen lo que estaban buscando, y ya pusieron sus ojos en algo más. 

De una u otra manera, a todos nos educaron así. Yo, por los menos, así fui educado por mi familia, escuela y sociedad, y así viví muchos años de mi vida. Apenas llegaba al lugar que estaba buscando y ya había volteado a la meta siguiente. Lo primero que siempre me preguntaba en un lugar era qué había para mí ahí, para satisfacer mis deseos y necesidades. La siguiente pregunta era automática: ¿cómo puedo obtener más? Y así, en el momento que ubicaba los beneficios personales que esa posición generaba a mí, lo natural era ubicar a los contrincantes que amenazaban mi posición, y generaba estrategias para mantenerme. Ahora que lo escribo paso a paso, me doy cuenta por qué estaba tan agotado siempre, y por qué me quedaba tan poca energía para servir, crear e innovar.

Es imposible dejar algo bueno en ningún lugar cuando la mayor parte del día estás concentrado en esas cinco preguntas. Así, durante muchos años yo he sido de las personas que se preguntan “¿Cómo me puedes servir?” Pero ya no quiero ser ese.

Por eso, ahora estoy aprendiendo de todas las personas que se preguntan “¿Cómo puedo servir yo?”

Estoy aprendiendo a ubicarlos, a conocerlos y entender sus motivos. La palabra que me ayuda a cambiar la ecuación es “Servir”. Para servir no tengo que llegar a un lugar o puesto específico. Así, ya no tengo la tentación permanente de voltear e ir al siguiente lugar. Para servir bien ya no necesito preguntar qué hay para mí, porque me tengo que ocupar de ver qué puedo aportar yo. Por eso se vuelve cada vez más importante estar bien formado e informado. Para poder servir tengo que conocer, tengo que estar bien preparado, y, sobre todo, tengo que estar en paz conmigo. Tengo que sanar internamente para poder servir más. Y eso es lo que ahora ocupa mi energía. Leer mucho, aprender mucho, observar mucho y, sobre todo, conocer gente interesante y diversa que ocupa su vida de la misma forma. Ya no tengo ansia de extraer, sino de aprender. Pero lo mejor de todo es que ya no hay amenazas, no hay enemigos, no hay contrincantes, porque servir sólo depende de mí.

Ahora lo que ocupa mi vida es ubicar a más y más gente que quiera construir un país para todos. Mi radar para ubicar a la gente que extrae y utiliza a otros se agudizó como nunca. Los veo venir a millas de distancia. Y mi radar para ubicar a los constructores está mejorando. 

Tengo la sospecha de que somos muchos los que pasamos por un proceso parecido al que estoy viviendo. Somos muchos los que ya probamos utilizar a otros para tener éxito, y no fuimos felices en ese modelo de vida. Somos más los que queremos pertenecer a esta nueva ola de personas que quieren innovar, construir, crear y mejorar la vida de otros. Puedo sentir esa nueva energía de personas que ya intentaron el primero modelo, y ya saben que no funciona para ser feliz. Ya vimos que está hueco, y no lleva a ningún lugar. 

Así, para HACER PAÍS tenemos que ubicarnos, encontrarnos y vernos a los ojos para preguntar “¿Cómo te puedo servir yo?”

Ilustración: Marco Colín

LAS 100 PENDEJADAS DEL GOBIERNO ACTUAL QUE TENDRÁN GRAVES CONSECUENCIAS

1.- El trágico, inhumano e ineficaz manejo de la pandemia, que nos ubicará para siempre entre los primeros 5 países con más muertes totales  2.- La tragedia en la economía provocada por la ausencia total de medidas de apoyo 3.- La creación de varios millones de nuevos pobres como consecuencia del pésimo manejo de la economía 4.- La desaparición de miles de empresas y millones de puestos de trabajo 5.- El uso político del aparato penal La manipulación de expedientes penales 6.- La renuncia a los sistemas de auditoría y control y la ausencia absoluta de sentencias finales en casos de corrupción 7.- El anuncio de casos espectaculares como método para ganar legitimidad, pero sin resultados 8.- La persecución de personas incómodas al gobierno 9.- La renuncia al sistema de responsabilidades administrativas 10.- El olvido de la secretaría de la función pública como pilar del control y la vigilancia 11.- El olvido del sistema de mejora de gestión de gobierno 12.- La ausencia total de autonomía de los órganos de control y vigilancia 13.- El olvido del sistema penal oral acusatorio 14.- El olvido del sistema profesional de carrera como creador de cuadros 15.- El olvido de la especialización de fiscalizadores y auditores 16.- Ponerle el pie al Sistema Nacional Anticorrupción 17.- Detener sus nombramientos básicos 18.- Dejarlo sin los recursos suficientes 19.- Desconocer en los hechos al presidente del Sistema Nacional Anticorrupción 20.- Bloquear el desarrollo e implementación de la Ley la Ley General de Responsabilidades Administrativas 21.- Tratar de someter políticamente al Tribunal Federal de Justicia Administrativa 22.- Pretender bloquear el nacimiento de la sección especializada en corrupción del Tribunal Federal de Justicia Administrativa 23.- Difundir la idea de que la corrupción ya se acabó 24.- Bloquear el desarrollo de los Sistemas Locales Anticorrupción 25.- Callar a la Auditoria Superior de la Federación 26.- Usar herramientas de investigación y fiscalización para amedrentar y presionar a las organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación 27.- Utilizar los espacios y eventos públicos para hacer proselitismo partidista disfrazado de programas de gobierno 28.- Confundir la titularidad del poder ejecutivo con el liderazgo del partido 29.- Privilegiar la lealtad partidista sobre la capacidad técnica en nombramientos clave 30.- Hacer nombramientos con abiertos conflictos de interés 31.-Manipular el concepto de conflicto de interés 32.- Acusar a enemigos políticos de conflicto de interés 33.- Crear alianzas oscuras con grupos sindicales corruptos 34.- Desarrollar proyectos de infraestructura por capricho presidencial 35.- Crear proyectos de infraestructura sin estudios de mercado y de costo beneficio completos 36.- Inexistente planeación en obra pública 37.- Renuncia al control y la vigilancia en obra pública 38.- Proyectos de obra pública sin rentabilidad social 39.- Proyectos de obra pública subvaluados para poder hacer la venta política 40.- Proyectos de infraestructura que responden a criterios políticos y no sociales 41.- Proyectos de obra pública inconexos entre sí 42.- Abuso de las excepciones a la licitación y desuso del sistema electrónico de contrataciones públicas 43.- Violación a las obligaciones internacionales en materia de contrataciones públicas 44.- Adquisiciones de bienes y servicios sin planeación y metas claras 45.- Concentración del mercado de contrataciones en pocos proveedores 46.- Inutilización de los datos del sistema de contrataciones públicas para hacer inteligencia de mercado 47.- Renuncia a la capacitación y especialización de los encargados de las contrataciones públicas 48.- Renuncia a los sistemas de control de confianza de los servidores públicos de áreas sensibles 49.- Inexistencia de sistemas de incentivos positivos del buen servicio público 50.- Golpear a la burocracia a través de su sueldo y prestaciones y someterla a través de amenazas 51.- Renuncia a la capacitación permanente de servidores públicos 52.- Sometimiento de los gobiernos locales y municipales a través del presupuesto 53.- Sometimiento de gobiernos locales y municipales a través de la inclusión o retiro del Ejército en tareas de seguridad 54.- El chantaje permanente a gobernadores para dejarlos sin inteligencia y herramientas en materia de seguridad 55.- La renuncia a un sistema carcelario eficaz y humano 56.- La incapacidad para controlar la violencia de manera permanente 57.- La ilusión de esconder la violencia detrás del discurso triunfalista 58.- La renuncia al control de tráfico de armas de fuego 59.- Evitar a toda costa la discusión sobre la despenalización de las drogas 60.- El abandono del sistema de recuperación de activos de corrupción y crimen organizado 61.- La ineficacia del sistema de administración de bienes recuperados 62.- El uso político de la unidad de inteligencia financiera 63.- El sometimiento político de la Fiscalía General de la República 64.- La incapacidad para investigar delitos 65.- La incapacidad para obtener sentencias condenatorias 66.- La falta de entrenamiento de los ministerios públicos 67.- La falta de atención a la sobre carga de trabajo de los ministerios públicos 68.- La falta de incentivos económicos y humanos para ministerios públicos y policías 69.- La falta de seguridad para ministerios públicos, investigadores, policías y personas expuestas 70.- La ausencia total de apoyo del gobierno a los servidores públicos caídos en el ejercicio de su encargo 71.- La falta de capacitación integral en cultura de derechos humanos a policías y servidores de áreas de seguridad 72.- El pobre desarrollo y financiamiento de los sistemas de inteligencia 73.- Los constantes intentos de presión a jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial 74.- Los intentos de presión y manipulación del Tribunal Federal Electoral 75.- Las designaciones con criterios políticos de ministros 76.- La presión permanente a los órganos electorales 77.- La creación de programas sociales con claros fines electorales 78.- La entrega de estos programas en grandes eventos con fines proselitistas 79.- La campaña permanente del presidente en las mañaneras y eventos 80.- Los eventos llenos de funcionarios de alto nivel que deberían estar trabajando 81.- Las mentiras abiertas respecto de los resultados de gobierno 82.- El gasto inútil en sorteos y consultas 83.- La presencia permanente del gobierno en medios masivos de comunicación a través de spots inútiles 84.- La opacidad en la información de gestión de gobierno y resultados reales 85.- El ocultamiento de información sensible 86.- La renuncia  a la transparencia proactiva 87.- La presión permanente a los órganos reguladores y autónomos 88.- La renuncia a las nuevas tecnologías para mejorar la gestión de gobierno 89.- El abandono de los foros internacionales en donde se discuten temas cruciales para México y el mundo 90.- La renuncia a cualquier tipo de liderazgo en estos foros 91.- El abandono de las políticas transversales de sustentabilidad y cambio climático 92.- La apuesta al carbón como energético esencial 93.- La ambigüedad inexplicable en la política internacional en temas de derechos humanos 94.- La indefinición de la política bilateral México-EU 95.- La renuncia a la protección vehemente de nuestros migrantes 96.- El apoyo cómplice a Venezuela 97.- La extraña y oscura relación con Trump 98.- El olvido de Europa como potencial socio comercial 99.- La indefinición de nuestra relación con China 100.- El desprecio por la sociedad civil organizada 

Max Kaiser

De Movimientos Sociales

Mover a muchos, organizarlos y darle cauce a la energía que se genera entre todos. De eso se trata, eso es un movimiento social. Crear sinergia entre individuos que tienen mucho que aportar a una causa común. Así, las cinco claves de un Movimiento social son: el verbo mover, la capacidad de organizar a individuos diversos, la capacidad para encauzar su energía en el sentido que se busca, multiplicar la energía en una sinergia creciente y que todo esto construya una causa común que perdure. Ninguna de las 5 claves es fácil de lograr. Vamos una por una.

Mover. La primera pregunta es ¿Para qué? Y las respuestas pueden ser múltiples: para que una persona tenga más poder o dinero, para que un grupo de personas llegue al poder, para evitar que otro grupo llegue o permanezca en el poder, para construir un bien social, para cambiar una ley, etc. La segunda pregunta es ¿Con qué? Y de nuevo hay varias formas: se puede mover a través del miedo, a través del enojo, a través de la frustración, o se puede mover a un grupo de personas a través del amor, la fraternidad, la solidaridad o la necesidad comunes. La tercera pregunta es ¿Cómo? Yo encuentro tres maneras: empujando desde atrás, jalando desde adelante del grupo, o todos en torno a una persona. 

Organizar. Mover consciencias, emociones y energía, para luego dejarlas tiradas es inútil y a veces hasta peligroso, porque alguien más las puede aprovechar para algo completamente diferente. Todo movimiento social requiere de una organización básica. Encuentro dos formas típicas: organizarse en torno a una persona, o crear una organización que responda a una idea. La primera forma suele ser una plataforma para mover y cuidar el ego de una persona que se autoproclama “El líder”. La segunda forma suele ser más orgánica, porque se desarrolla en torno a los requerimientos que la idea genera para ser alcanzada. En la primera, las personas deben renunciar a su diversidad para unificarse en torno al líder, en la segunda, la diversidad individual enriquece las distintas necesidades de la organización, y por eso se crea algo más lógico y útil. 

Encauzar y Multiplicar. Organizarse es apenas el primer paso. Una vez que existe una estructura mínima que reúne a muchas personas, se genera mucha energía. De ahí surgen dos grandes preguntas ¿Cómo utilizamos esa energía de la mejor manera? Y ¿Cómo hacemos que se mantenga y crezca? En los movimientos sociales creados en torno a una cusa común la energía humana encuentra cauces de manera más sencilla y orgánica, porque se alimenta de talentos individuales que quieren servir a la causa, y por eso también se mantiene y crece. En los movimientos sociales en torno a una persona, las responsabilidades de cada uno son impuestas y obligadas, son artificiales y prefabricadas. Por eso se agotan con facilidad y voltean a otro lado muy pronto.

Construir. Los movimientos sociales que pasan a la historia son los que construyen algo. El movimiento de Martin Luther King Jr. construyó la plataforma para generar miles de reformas legales sin precedentes, cientos de nuevas instituciones y toda una nueva cultura de diversidad e inclusión. El movimiento no acabó con su asesinato, y aunque ha tardado décadas en consolidarse, respecto de cada objetivo de Black Lives Matter se puede trazar una línea directa con las palabras de King. En cambio, miles de movimientos sociales que sólo pretendían la promoción de una persona se encuentran hoy en el basurero de la historia. 

En México nos gobierna un movimiento social creado en torno a una persona que tuvo la capacidad de encauzar dos emociones muy poderosas: la frustración y el enojo de millones de personas. Estas dos emociones se fueron acumulando como reacción a los malos gobiernos, plagados de corrupción, que fueron incapaces de disminuir la violencia, la pobreza y la desigualdad. Es decir, el movimiento está sustentando en motivos reales y emociones muy poderosas, en torno a una persona que conectó con millones. El problema es que de ahí no hay nada más: no se preparó una organización que tuviera la capacidad de encauzar toda esa energía, sostenerla, multiplicarla y llevarla a construir algo común.

Hoy sabemos que toda esa energía era sólo para que una persona llegara al poder, acompañada de una bola de oportunistas que no tienen nada que aportar. El movimiento está en medio de una guerra civil sin cuartel, la organización es tan inexistente que les tienen que hacer sus elecciones desde un órgano del Estado, y es imposible reconocer una sola causa social que sea algo más que un simple slogan de campaña. Han destruido todo lo que tocan a su paso, para no dejar nada a cambio. Y eso es absolutamente insostenible. La pobreza y la desigualdad crecen, al igual que la violencia y la corrupción. Y las capacidades del estado para enfrentar estos problemas se disminuye todos los días, gracias a la destrucción permanente de instituciones que ellos provocan. 

Así, es un gran momento para crear un Movimiento Social de verdad. Uno que no tenga a un gran ego en el centro. Uno que pretenda mover a la sociedad mexicana utilizando las mejores energías de las personas: amor, solidaridad, colaboración, fraternidad, respeto y humildad. Un movimiento que tenga la capacidad de crear una organización moderna, flexible, eficaz, audaz y dinámica que encauce y multiplique la energía de cada individuo, pero, sobre todo, que quiera construir algo que perdure y nos incluya a todos. Un nuevo país, un nuevo México. Estamos listos para empezar. 

Ilustración: Marco Colín

SOY UN CIUDADANO POLÍTICO

Son tiempos de definiciones “¿Con quién estás? ¿A quién apoyas? ¿En qué crees?” me preguntan de mil maneras, tratando de extraer una definición concreta, que me ubique en un cajón o en otro. Ya no parece suficiente presentarte con tu nombre y apellido, ahora también tengo que declarar mi filiación política, creencias, valores, orientación sexual y catálogo de logros y contribuciones, antes de ser considerado como alguien confiable, para un grupo específico. Hemos convertido a las relaciones personales, y en especial a las que tienen que ver con política, en un mundo caricaturesco de decisiones simplonas y definitivas, siempre ubicadas en los polos, que no dejan espacios para el encuentro en un punto medio, ni para la reflexión. Y así, millones de personas portan orgullosos una etiqueta que los define y los limita, para que otros se sientan tranquilos. 

¿Con quién estas? Conmigo ¿A quién apoyas? A mí ¿En qué crees? En mí. Me explico. Por años he vivido cómodamente en ese mundo de etiquetas rígidas y concretas, que exigen definiciones permanentes e inflexibles. Por años me dediqué a llenar las casillas correctas de ese currículum perfecto que me haría “confiable” para aquellos grupos a los que yo quería pertenecer. Y lo conseguí. Las llené prácticamente todas. Cubro todos los requisitos. Soy una persona “confiable” para los clubes “correctos”. Fue agotador. Pero inútil. Las llené todas y no me siento mejor, ni más feliz. Pero no fue una pérdida de tiempo, fue un proceso, un camino. Hoy quiero viajar más ligero, caminar más pausado, para ser más feliz y útil, para servir y crecer permanentemente. 

A mí me hace muy feliz ser útil. A mí me hace muy feliz servir. A mí me hace muy feliz ser un CIUDADANO POLÍTICO que contribuye a mejorar las condiciones de vida de su país. Me hace muy feliz participar en la política para construir un país más justo y lleno de oportunidades para todos. Eso me hace feliz. 

En este camino de reencuentro conmigo he tratado de construir un rompecabezas de características que me impulsan a ser un CIUDADANO POLÍTICO, y se los quiero compartir, con la ilusión de que ustedes quieran reencontrarse a ustedes mismos a través de esos valores. Son 10.

Libertad. No más etiquetas, no más límites autoimpuestos, no más reglas artificiales y externas que impiden desarrollar todo el potencial que existe en mí. Quiero ser libre para tomar mis propias decisiones y conducir mi vida como yo quiero.

Responsabilidad. La libertad solo puede ejercerse adecuadamente si se hace con responsabilidad, es decir, con la conciencia plena de que voy a responder por todo lo que hago, digo y dejo de hacer. Solo se puede ser realmente libre si me hago cargo de cada una de mis acciones, emociones pensamientos y omisiones.

Humildad. La responsabilidad solo se puede ejercer si tengo la humildad de reconocer que no soy perfecto, que ya no pretendo serlo, que me equivoco muy seguido, y que tengo el derecho de corregir. No quiero ser perfecto, quiero ser feliz.

Congruencia. La humildad es más fácil cuando hay congruencia entre las cosas que creo, pienso y digo, con aquellas que hago o dejo de hacer. Es más fácil ser humilde cuando hay claridad y relación entre el fuero interno y el externo.

Valor. Para ser congruente se necesita tener mucho valor, porque no es fácil empatar lo que pienso y siento, con aquello que hago y digo. Se necesita mucho valor para ser, hacer y decir cosas que chocan con los requisitos de los clubes adecuados y los grupos deseados. Se necesita mucho valor para no pertenecer, y ser feliz a pesar. 

Serenidad. Para tener valor se necesita mucha serenidad, porque solo a través de la paz interna se puede encontrar el equilibrio que se necesita para caminar sin pertenecer, para ser sin corresponder.

Colaboración. Una gran forma de mantener la serenidad es encontrar personas que creen en lo mismo que tú, y estén dispuestas a colaborar contigo en todo aquello que los une y los hace similares a ti.

Respeto. Pero la colaboración sólo es posible a través del más profundo respeto a las diferencias y a la diversidad. Solo es posible encontrarse con el otro y crear una relación profunda y permanente, a través de la conciencia y el aprecio a las diferencias.

Resiliencia. Este camino es más largo y complicado que el de los clubes privados y las etiquetas rígidas. En este camino no es suficiente con cumplir. Se falla seguido. Las caídas son constantes y no hay meta. Se van a presentar toda la vida, y está bien. La resiliencia es esa capacidad de tomar fuerza y valor de cada tropiezo, y seguir caminando hacia adelante. 

Paciencia. Todo lo anterior es un camino, no una receta. No es el nuevo currículo que tengo que llenar, es una forma de vida que tomará tiempo y mucha disciplina. Paciencia es algo que nunca he tenido, ya va siendo hora de trabajarla.

Este es el rompecabezas que he logrado armar hasta ahora que llamo CIUDADANO POLÍTICO, y será mi guía en este tiempo de definiciones. Todos los movimientos, ideas, personas y proyectos en los que participe serán aquellos que me permitan ser un buen CIUDADANO POLÍTICO. 

Mi invitación para ti es que tomes lo que te sirva de este concepto y construyas el tuyo, para cuando te pregunten “¿Con quién estas?” Puedas responder lleno de seguridad “CONMIGO”.

EL CIUDADANO POLÍTICO POR VIVIANA HINOJOSA

Una Nueva Máxima para una Nueva Política

Pocas cosas son más difíciles, inciertas, complejas, injustas y enredadas que hacer política. Siempre ha sido, pero más aún, en este mundo híper conectado e informado que todo ve, todo revisa y de todo opina. Siempre parece haber más perdedores que ganadores, más enojados que contentos, y más frustrados que aliviados, con cada decisión que se toma desde el poder. La hipérbole y la exageración se han vuelto lugar común: toda decisión y suceso del poder pone en riesgo nuestra democracia y nos conduce a la catástrofe. Parece que nos quedamos sin parámetro para medir y evaluar con calma y objetividad aquello que se decide desde el poder.

Por años viví en el engaño y me dediqué a engañar gente. Mi preparación académica de abogado me llevó a creer, ilusamente, que crear buenas leyes, buenas instituciones que las aplican y cumplirlas era suficiente para tener un mejor país. De eso trataba de convencer a la gente que me escuchaba: si cumplo yo y cumplen ustedes con las leyes, ya la hicimos. Como buen abogado, me entrenaron para pensar en una súper estructura de reglas que moldearían nuestro comportamiento y nos llevarían a un lugar mejor. Por años creí en esta sencilla quimera. Era una buena fórmula, muy sencilla, que nunca ha servido, por sí misma. Me explico.

Sigo creyendo que necesitamos una buena estructura legal para ordenarnos como sociedad, para establecer los derechos básicos de cada uno y para establecer las funciones y los límites del aparato que ejerce el poder. Sigo creyendo que es necesario que esta estructura esté bien diseñada y que tenga instituciones eficaces para que sea debidamente aplicada. Sigo creyendo que las reglas del juego, aplicadas parejo, sin excepciones, es la mejor manera de conseguir una sociedad más justa y pacífica. No es una opinión mía, es un hecho verificable en todas las democracias exitosas que llevan años funcionado así, en todas las regiones del mundo. Sigo creyendo en todo eso, pero ahora estoy convencido de que eso es apenas la mitad de la explicación de una sociedad que vive mejor. Y, por eso, ofrezco una disculpa a todos aquellos a los que traté de convencer de que el derecho era nuestra salvación. Le ofrezco una sentida disculpa a todos aquellos a los que alguna vez les dije que cumplir con las reglas era suficiente para vivir mejor.

Hoy puedo ver con claridad todas las estupideces y atrocidades que se han hecho en nombre de, y a través del derecho. Hoy puedo ver con claridad a todos los líderes políticos que han abusado de la ley, para hacer todo tipo de barbaridades, y luego pedir aplausos y agradecimientos por haberlo hecho con apego a la norma.

Hace falta algo más. Hace falta una Máxima que guíe la política. Hace falta una guía de comportamiento ético que esté detrás del ejercicio del poder. Este texto tiene esa pretensión. No se trata de hacer un código moral más, sino de encontrar, para mí, una frase que me ayude a entender cómo hacer política, para qué, pero, sobre todo, por qué.

Trataré de empezar con el por qué. ¿Qué me mueve a hacer política? Me mueve el sueño de un país más justo y con mejores oportunidades para todos. Lo puedo ver en mi mente. Existe ese país mejor, es absolutamente posible. Yo ya lo vi. Estoy plenamente convencido de que podemos construirlo. 

¿Cómo se puede construir? Entre todos los que tenemos el mismo sueño. Es decir, juntando a quienes tengan la misma capacidad de ver un país diferente, y que estén dispuestos a poner su talento, su tiempo, su capacidad, su trabajo y su visión al servicio de esa construcción. Se trata de ponernos de acuerdo en todo lo que tenemos en común, olvidar todo aquello que nos divide, y generar una agenda clara y concisa que nos convoque a trabajar. 

¿Para qué? Para que todos los mexicanos estén incluidos en un proyecto de nación, en el que no haya personas olvidadas, que sufren con la pobreza y la marginación, ni personas que tienen miedo a la violencia, ni personas que carecen de una buena educación, ni personas que viven con miedo a perder la salud y no tener cómo recuperarla, ni personas que carecen de vías sencillas para hacer válidos sus derechos, o personas que viven sin un techo y piso dignos. 

Así, detrás de cualquier ley, reglamento, norma, regla o decisión del poder, podemos poner esta Máxima que les propongo: El Poder debe SERVIR para crear las condiciones que permitan a todos tener una vida MEJOR, más JUSTA y PLENA.

No es una regla, es una Máxima. No es algo que tienes que seguir porque habrá un castigo para quienes la incumplen. Es un principio rector, una proposición de conducta. Una simple guía ética de comportamiento. Yo la utilizaré para guiar todo aquello que escriba, diga, invente, diseñe o proponga. 

Pero también quiero ponerla a disposición de todos los que me leen, para que la utilicen, o para que hagan la suya, y le exijan a todos los que ejercen el poder expresar sus motivos reales detrás de cada decisión, y si no los tienen, obligarlos a dejar el poder.

Es momento de empezar a hacer política con un buen por qué. 

La Confianza

¿Qué tan confiable eres? ¿Puede alguien poner en tus manos algo sensible e importante, y confiar en que lo cuidarás? ¿Respondes por lo que sucede, después de que tomas una decisión? ¿Las relaciones importantes que tienes en la vida están basadas en la confianza? 

Es absolutamente imposible saber todo acerca de las personas con las que nos relacionamos. Ni siquiera de aquellas personas que han estado cerca de nosotros toda la vida. Hay dos cosas que jamás conoceremos: qué piensan y cómo sienten. Con el tiempo podemos hacer mejores interpretaciones, y quizá acercarnos mucho a ese reino interno de su mente y de sus emociones, pero jamás lo conoceremos de manera precisa. De ahí la importancia y la necesidad de la confianza. 

La confianza es el puente que une dos mundos desconocidos entre sí. Es la pieza que se necesita para conectar a dos entidades que jamás se conocerán completas. Yo confío en que tú eres lo que dices y lo que proyectas con tus acciones. Confío en lo que veo y puedo interpretar de ti, y por eso decido tener una relación contigo. Reconozco que jamás te conoceré completo, y por eso le dejo a la fe las piezas que siempre van a faltar. Lo que proyectas y dices ser me es suficiente para tener una relación contigo, y de ahí partimos para hacerla crecer.

Confiar no es esperar perfección, sólo congruencia. La confianza surge y crece con la congruencia entre la declaración inicial y la experiencia diaria. Pero así también se puede destruir poco a poco. Ese puente basado en la fe se puede destruir con el tiempo cuando las acciones diarias se parecen poco a lo que parecía ser. 

La confianza es así, caprichosa. Es un puente que tarda en construirse, y puede destruirse muy rápido. Crearlo toma tiempo y paciencia, un bloque a la vez, para llegar al otro lado, y así poder recorrer el camino de ida y vuelta, entre uno y otro. Un pequeño hoyo en medio del puente puede mantenerlo en su lugar, pero hace muy difícil cruzar de un lado a otro. No se destruye, pero se inhabilita.

Vivimos en el mundo una gran crisis de confianza. No hay puentes entre personas, ni entre personas y organizaciones. Todos queremos certezas y garantías, queremos transparencia y perfección absoluta, para poder creer en una persona o en una organización. No es gratuita la crisis. Una y otra vez hemos sufrido la incongruencia de personas e instituciones que resultan ser completamente diferentes a eso que nos habían prometido. 

La crisis es evidente en nuestras relaciones personales, en nuestras relaciones con organizaciones privadas y, en especial, en nuestra relación con la política y los políticos. 

Las relaciones personales se han visto gravemente afectadas por la necesidad de tener dos personalidades: la de Instagram, perfecta, completa e inmaculada, y la real, que surge en la convivencia diaria. Nadie puede ser tan perfecto, feliz y exitoso como aparece en Instagram. El intento por ser lo que quería proyectar es una tarea agotadora y absolutamente imposible de lograr. La ilusión puede durar unas semanas o meses, pero siempre se rompe el hechizo, y al aparecer quienes realmente somos se rompen rápido los débiles puentes que apenas empezaban a cruzar de un lado a otro.

Con las organizaciones privadas ha pasado lo mismo. Una y otra vez han tratado de vendernos mundos perfectos a través de publicidad engañosa que explota nuestras más básicas carencias y necesidades. Una y otra vez hemos querido confiar sólo para descubrir que mi GI Joe no volaba solo, la espada láser era sólo un foco de farmacia pintado de azul y el aparato para tener un cuerpo perfecto es un fraude aburrido e inservible.

Pero nuestra relación más complicada hoy es con la política y los políticos. El modelo de democracia electoral que tenemos los lleva a prometer y ofrecer lo que sea necesario para obtener nuestros votos. Una y otra vez la decepción es el único resultado posible. No hay otro desenlace lógico cuando la relación se crea con dos premisas falsas: ni es la persona que dice ser, ni piensa hacer lo que prometió. Desde hace muchos años, la democracia electoral híper mediatizada se ha encargado de vender productos milagro, sólo para llevarlos al cargo y luego decepcionar a todos. 

Ya ni siquiera parecen preocuparse por ganar nuestra confianza. Cínicos y ambiciosos como son, sólo se ocupan de parecer la opción más viable, la menos mala, la más rentable para un grupo específico. Se trata de ganar una elección, no la confianza de la gente a la que le van a cambiar la vida con sus decisiones. Ya no hay puentes, sólo intereses y cálculos. Ya no hay relaciones humanas, sólo algoritmos y estrategias que permiten tener acceso al poder. 

Cuando lo obtienen, se olvidan de sus promesas y de sus principios. Y por eso, ya no les creemos nada. El vínculo entre políticos y ciudadanos está completamente roto, y así no puede funcionar una democracia.

¿Qué más nos hace falta para darnos cuenta de que este modelo de democracia no nos sirve a nosotros, a ti y a mí? ¿Por qué seguimos depositando nuestra confianza en personas que no han hecho nada para ganarla? ¿Por qué ponemos nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra economía y nuestro futuro en las manos de personas que no se ocupan de nosotros?

¿Y si empezamos a exigirles que se ganen nuestra confianza? ¿Y si dejamos de pelear por ellos y los hacemos a ellos pelear por nuestra confianza? Yo declaro desde hoy que no confío en ninguno, y haré evidente mi desconfianza e incredulidad. 

Pero al mismo tiempo ofrezco hacer todo lo necesario para ser una persona confiable, con la que se pueden tender puentes. Ofrezco tener la mente y el corazón abierto para construir puentes con quienes demuestren tener buenas ideas y ganas de trabajar por México. Ofrezco mi energía, mi experiencia y mi trabajo para ganar tu confianza, y así, poder crear entre todos un nuevo modelo de democracia que nos sirva a todos. 

Ilustración: Marco Colín

El Divisor en Jefe

Necesitábamos como nunca un gran Jefe de Estado y un gran Jefe de Gobierno. Un Jefe de Estado que cuidara y desarrollara a las instituciones democráticas que tanto requerimos hoy, y un Jefe de Gobierno que convocara a una gran coalición de expertos para crear las mejores políticas públicas, y así poder enfrentar nuestros más complejos problemas. 

En lugar de eso, tenemos en la presidencia de la República al eterno candidato que se siente insuficiente frente a la mayoría de la población. Se trata de una persona profundamente insegura que necesita de un séquito de incondicionales que le recuerden permanentemente que él es suficiente, que sí sabe, que nadie sabe más que él, que él sabe todo. Los necesita porque se sabe incompleto frente a quienes sí saben de leyes, de economía, de política pública, de gestión de gobierno, de salud, de seguridad pública. No tolera a los expertos porque lo hacen sentir inseguro e insuficiente. No le gusta lo que dicen o hacen porque lo evidencian como una persona con mucha habilidad política, y casi nula capacidad de gobierno. Y eso es justo lo que ha tratado de esconder toda la vida. Como un buen mago ha logrado convencer a mucha gente de que la habilidad política se traduce mágicamente en capacidad para gobernar y dar resultados.

Para lograr este truco de magia, el eterno candidato siente la constante necesidad de dividir al país en dos: los que están con él y los que están en su contra. El primero tiene que ser un grupo leal, ciego, guiado por la fe, que no cuestione ni averigüe, y que necesite siempre del eterno candidato. Se trata de personas mediocres y poco capaces que ya probaron suerte por muchos lados diferentes y que sólo pueden sobrevivir en este competido mundo debajo de un patriarca que les regale un espacio en su proyecto político. Políticos, burócratas, analistas, periodistas, moneros, académicos, representantes de la sociedad civil organizada y empresarios que necesitan estar cerca del poder, porque se saben incapaces de hacerla por sí mismos. Ya lo intentaron, y saben lo difícil que es para ellos construir su propio camino. 

El precio que tienen que pagar por ser parte de ese grupo es alto: su dignidad. En ese grupo no hay medias tintas, no hay espacio para la crítica ni para la evaluación, no hay lugar para la disidencia y menos para los cuestionamientos. Pero no sólo se trata de aplaudirlo todo, también se demanda de ellos otra tarea aún más indigna: atacar a todo aquel que se salga del discurso fantasioso de cambio y éxito. 

El Divisor en Jefe les pone el ejemplo, les da la línea discursiva todos los días. Todas las mañanas, su séquito lo escucha referirse a sus críticos como:  achichincle, alcahuete, aprendiz de carterista, arrogante, blanquito, calumniador, callaron como momias, camajanes, canallín, chachalaca, chayotero, cínico, cómplice, conservador, corruptos, corruptazo, deshonesto, desvergonzado, espurio, farsante, fichita, fifí, fracaso, fresa, gacetillero vendido, hablantín, hampones, hipócritas, huachicolero, ingratos, intolerante, ladrón, lambiscones, machuchón, mafioso, mafiosillo, maiceado, majadero, malandrín, malandro, maleante, malhechor, mañoso, mapachada de angora, matraquero, me da risa, megacorrupto, miente como respira, mentirosillo, minoría rapaz, mirona profesional, monarca de moronga azul, mugre, ñoño, obnubilado, oportunista, paleros, pandilla de rufianes, parte del bandidaje, payaso de las cachetadas, pelele, pequeño faraón acomplejado, perversos, pillo, piltrafa moral, pirrurris, politiquero demagogo, ponzoñoso, pregonero, prensa vendida, ratero, reaccionario de abolengo, represor, reverendo ladrón, riquín, risa postiza, salinista, señoritingo, sepulcro blanqueado, simulador, siniestro, tapadera, tecnócratas neoporfiristas, ternurita, títere, traficante de influencias, traidorzuelo, vulgar, zopilote. (Este brutal recuento lo hizo Carlos Loret de Mola en su columna del periódico El Universal, el día 30 de diciembre de 2019).

Con esto pretende dos cosas: desacreditar a todos aquellos que no lo alaben, y unificar a su base en torno a su patriarcado. (Recalco la palabra “pretende”).

De lo que no se hace responsable el Divisor en Jefe es de las consecuencias que este modo de hacer política tiene en la sociedad. Si no hay espacio en medio, si solo hay dos polos, se elimina el espacio vital para el diálogo. Y así, todas las discusiones sobre la agenda pública se reducen a una desición simplona: estás con él o contra él. 

Pero esa consecuencia no es la peor. Lo más grave de esta forma de hacer política es la legitimación desde el poder del discurso del odio. Si el gran líder pueder despreciar a otros, puede atacarlos, puede etiquetarlos sin motivo, puede calumniarlos y reducirlos a cualquiera de los apodos antes citados, entonces yo tambien puedo, y hasta debo hacerlo, con todos aquellos que piensen diferente a mí.  Esa terrible forma de hacer política desde el poder se convierte en moda y permiso.

Y así, acabamos con familias fracturadas en dos, grupos de amigos fracturados en dos, socios o colegas divididos en dos, instituciones públicas y privadas divididas en dos, colonias y comunidades divididas en dos, y por lo tanto, un país dividido en dos. 

El remedio es muy sencillo: no caer en la trampa. Tu primo no es tu enemigo, tu tía tampoco, tu vecino no es tu enemigo, ni tu colega del trabajo, y menos lo es tu amigo de toda la vida. Son solo personas que piensan diferente a ti y que hacen lo mejor que pueden en este momento tan complejo. Sufren como tú, luchan como tú, sienten como tú. Sólo ven el mundo diferente a ti, porque no son tú. Así de sencillo.

Pero nos necesitamos todos. Justo hoy se conmemoran dos fechas terribles: el 19 de septiembre de 1985 y de 2017. Dos momentos de nuestra historia que nos mostraron nuestra fragilidad, pero también esa gran fortaleza que surge de la colaboración. Nadie tuvo que renunciar a sus convicciones políticas en esos días para sacar heridos de los escombros y llevarles comida a los damnificados, sólo tuvimos que hacer una cosa: vernos todos como mexicanos que nos necesitamos, para resistir y poder vivir. 

Ilustración: Marco Colín

Living with Less, to live with More

Since I was a child, I was taught to love and seek more of everything. Life was about having more, seeking more, wanting more. Anything, material or immaterial, was only the stepping stone to seeking something more. Everything becomes old and insufficient, faster and faster. And so, life is just a frantic race of accumulation and substitution. More of everything, all the time.

And suddenly, the pandemic arrives. That brutal handbrake we didn’t see coming. And the endless race to accumulate and replace came to an abrupt halt.  From one day to the next, the space I inhabit, the number of people I interact with, and the amount of things I have to do in a day, were reduced. 

At first, like many, I imagined it would be a simple temporary stop. A vacation at home. A 4-week sabbatical. Soon everything would be back to normal. The savings would be enough, the projects could wait, and the family would hold on.

But the 4 weeks became 6 months. The savings were not enough, the projects died and the family is already fed up for being locked up.

Without realizing it, I had to learn to live with less of everything. Less space to move around. Less commitments per day. Less income. Less expenses. Less fun and contact with different people. Less transfers and hurry. Less traffic and less pollution. Less privacy and less own spaces. Less distracting. Less alternatives. Less stuff. Less luxuries. Less formalities. 

I suddenly stopped wearing shirts, jackets, ties and dress shoes. Three-quarters of my clothing closet was forgotten. Two or three pairs of pants, a pair of T-shirts and a pair of sneakers began to be enough to walk around the house, with the same people as always, to do the same thing every day.

The things accumulated over the years began to get in the way. The spaces in the house, which before were only places of passage, became living spaces. Places to be and spend many hours, and not just corners that adorn and embellish. Living began to be more important than accumulating. Living began to be more important than replacing and renewing. Existing and resisting became more important than showing off and teaching. Life became slower, more monotonous, more repetitive. Many people who seemed indispensable in my life simply ceased to exist. Dozens of things that seemed essential in the day were left in a drawer. 

A laptop, a cell phone, a pen, a book, some pens and a blackboard became the things I really needed to exist and resist. 

Living and resisting, the only thing that matters today. Everything else is in the way. 

Suddenly, living with less generated the space I needed to live with more.

Living with fewer people allowed me to enjoy more those I do have. Living with less space forced me to look at myself and live with myself. Living with less generated space to create new and better things. Living with less money forced me to value more what comes in and make it last. Living with less haste generated more time to feel. Living with fewer distractions forced me to pay attention. Living with less formalities made me understand the priorities. Living with fewer obligations allowed me to feel the pleasure of serving again.

I am not ready to thank life for this moment, but I do want to remember it always, because 2020 has taught me that living with less allows me to live with more. 

Ilustration: Marco Colin

Vivir con Menos, para vivir con Más

Desde pequeño me enseñaron a querer y a buscar más de todo. La vida se trataba de tener más, de buscar más, de querer más. Cualquier cosa, material o inmaterial, era sólo el escalón previo para buscar algo más. Todo se hace viejo e insuficiente, cada vez más rápido. Y así, la vida es sólo una carrera frenética de acumulación y sustitución. Más de todo, todo el tiempo.

Y de pronto, llegó la pandemia. Ese freno de mano brutal que no vimos venir. Y la carrera interminable por acumular y sustituir se paró abruptamente.  De un día para otro se redujo el espacio que habito, el número de personas con las que interactúo y la cantidad de cosas que tengo que hacer en un día. 

En un principio, como muchos, yo imaginaba que sería un simple freno temporal. Una vacación en casa. Un sabático de 4 semanas. Pronto regresaría todo a la normalidad. Los ahorros alcanzarían, los proyectos podían esperar y la familia iba a aguantar.

Pero las 4 semanas se hicieron 6 meses. Los ahorros no alcanzaron, los proyectos se murieron y la familia ya está hasta la madre de estar encerrada.

Sin darme cuenta tuve que aprender a vivir con menos de todo. Menos espacio para moverme. Menos compromisos por día. Menos ingresos. Menos gastos. Menos diversión y contacto con personas distintas. Menos traslados y prisas. Menos tráfico y menos contaminación. Menos privacidad y menos espacios propios. Menos distractores. Menos alternativas. Menos cosas. Menos lujos. Menos formalidades. 

De pronto dejé de usar camisas, sacos, corbatas y zapatos de vestir. Tres cuartas partes de mi clóset de ropa quedaron olvidados. Dos o tres pantalones, unas playeras y unos tenis empezaron a ser suficientes para recorrer la casa, con las mismas personas de siempre, para hacer lo mismo de todos los días.

Las cosas acumuladas por años empezaron a estorbar. Los espacios de la casa, que antes eran sólo lugares de paso, se convertían en espacios vitales. Lugares para estar y pasar muchas horas, y no sólo esquinas que adornan y embellecen. Habitar empezó a ser más importante que acumular. Vivir empezó a ser más importante que sustituir y renovar. Existir y resistir empezó a ser más importante que presumir y enseñar. La vida se hizo más lenta, más monótona, más repetitiva. Muchas personas que parecían imprescindibles en mi vida simplemente dejaron de existir. Decenas de cosas que parecían esenciales en el día, quedaron guardadas en un cajón. 

Una laptop, un celular, una pluma, un libro, unos plumones y un pizarrón se convirtieron en las cosas que realmente necesito para existir y resistir. 

Vivir y resistir, lo único que importa hoy. Lo demás, estorba. 

De pronto, vivir con menos generó el espacio que necesitaba para vivir con más.

Vivir con menos personas me permitió gozar más a las que sí tengo. Vivir con menos espacio me obligó a verme a mí y convivir conmigo. Vivir con menos cosas generó lugar para crear nuevas y mejores. Vivir con menos dinero me obligó a valorar más el que llega y hacerlo rendir. Vivir con menos prisa me generó más tiempo para sentir. Vivir con menos distractores me obligó a poner atención. Vivir con menos formalidades me orilló a entender las prioridades. Vivir con menos obligaciones me permitió volver a sentir el placer de servir.

No estoy listo para agradecerle a la vida este momento, pero sí quiero recordarlo siempre, porque 2020 me ha enseñado que vivir con menos, me permite vivir con más. 

Ilustración: Marco Colín

Imagina, sí se puede

Acompáñame en este ejercicio de imaginación. ¿Te imaginas cómo hubiéramos vivido esta crisis tú y yo con un gobierno RESPONSABLE, HUMILDE, CAPAZ, HONESTO Y SENSIBLE? ¿Qué hubiera sido diferente? ¿Era mucho pedir?

Ilustración: Marco Colín

Si te fijas bien, no te estoy pidiendo que imagines un gobierno perfecto, de seres infalibles y todopoderosos. Sólo quiero que me acompañes a tratar de imaginar cómo sería hoy México, si las personas que están en posiciones de poder tuvieran esas 5 características que todos deberíamos exigir de nuestros líderes.

Un gobierno con personas RESPONSABLES daría la cara por todas y cada una de las decisiones que toma, las acciones que ejecuta y las decisiones que deja de tomar. Un gobierno de personas responsables no sólo se haría cargo de sus decisiones, sino de darles el mejor cauce posible, y de poner toda su energía y enfoque en las acciones concretas para verlas hechas realidades. Las personas responsables no ponen pretextos, no buscan excusas, no tratan de encontrar culpables en personas y circunstancias externas. Pero no son sólo las decisiones y las acciones las que requieren responsabilidad. También las omisiones deben tener un garante. Las decisiones que no se toman, o no se toman a tiempo, también tienen consecuencias. ¿Te imaginas a un gobierno que te dé la cara por cada decisión, cada acción y cada omisión?

Un gobierno con personas HUMILDES sabría que no tiene las respuestas a todas las circunstancias complejas que se presentan en una crisis como la que vivimos. La humildad los habría llevado a buscar a los mejores expertos en cada campo necesario del conocimiento y escucharlos. Con humildad buscarían mas allá de sus limitaciones, para abrir el campo de posibilidades, y generar diferentes alternativas. Les habría permitido evaluar objetivamente las decisiones tomadas y corregir a tiempo, para evitar muertes innecesarias y la destrucción de la economía y las fuentes de empleo. La humildad te permite ser responsable, porque te lleva a reconocer que nos necesitamos entre todos. ¿Te imaginas un gobierno con personas humildes?

Un gobierno CAPAZ, con personas expertas y preparadas, llenas de sabiduría y experiencia concreta, hubiera tenido mucho mayor habilidad de reacción, mejor coordinación y muchas más herramientas para generar políticas integrales, para enfrentar los problemas diarios. La capacidad no llega por arte de magia. Surge del estudio, de la dedicación, de la aplicación de los conocimientos a problemas concretos, de los que se aprende, para corregir y hacerlo mejor la próxima vez. La capacidad surge así de la humildad, porque sólo con humildad puedes reconocer que no lo sabes todo, y que es en los errores cometidos el mejor espacio para aprender. ¿Te imaginas un gobierno con personas capaces?

Un gobierno HONESTO nos habría comunicado todo de manera veraz, oportuna y precisa, para darnos la oportunidad de prepararnos y vivir esta crisis con mejores herramientas. Un gobierno honesto no sería sorprendido mintiendo acerca del número de muertos, del número de contagiados, de la debacle económica, de la recuperación, o del impacto de la crisis en el empleo y en la pobreza. Un gobierno honesto no necesitaría callar a sus críticos porque vería en ellos un necesario espejo para cambiar y corregir. Un gobierno honesto abriría sus puertas para mejorar y crear espacios de colaboración. Pero la honestidad está íntimamente ligada a la capacidad: es difícil ser honesto cuando no hay nada que presumir, y sí mucho que esconder. ¿Te imaginas un gobierno con personas honestas?

Y, finalmente, un gobierno compuesto con personas SENSIBLES jamás se reiría de nosotros. En medio de una tragedia en la que han perdido la vida 200 mil personas por COVID, 60 Mil por homicidios impunes, y millones han perdido su empleo, ingreso y negocio, lo último que esperas es la risa burlona de quien parece absolutamente insensible a tu dolor. “No es por presumir, pero sigo siendo muy popular” es la última frase que esperas de un líder al que le duele la tragedia de los suyos. Pero la sensibilidad sólo puede existir en una persona que es honesta consigo misma, y reconoce que se equivocó. ¿Te imaginas un gobierno con personas sensibles?

Si te fijas bien, no te pedí imaginar un gobierno perfecto, infalible o todo poderoso. Lo único que hicimos juntos en este texto fue imaginar lo que es posible tener, si a partir de hoy exigimos siempre estas 5 cosas en toda aquella persona que pretenda gobernarnos. Es así de sencillo, no necesitamos súper mujeres ni súper hombres para gobernarnos, sólo nuevos tipos de liderazgos, que abracen lo mejor que tenemos como seres humanos: la capacidad de amar al otro.