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El Incómodo | Episodio 4 | El Sumiso

Una novela de ficción, dolorosamente cercana a la realidad

Narrado en Voz de Laisha Wilkins

Después de colgar con el Gordo, el secretario Ruiz subió angustiado a su Suburban negra blindada, seguido por otra idéntica, llena de escoltas, de esas que ya no habría en este gobierno. La “austeridad” había sido una treta engañabobos que sólo afectó a los niveles medios del gobierno, es decir, a cientos de miles de servidores públicos que perdieron sueldo, seguros, prestaciones y fueron sometidos a un implacable control de lealtad partidista, mientras los secretarios y subsecretarios vivían como mirreyes, tal como los del gobierno anterior, que tanto criticaron.

Gabriel Ruiz Sanmartín era el secretario de comunicaciones y transportes del gobierno del presidente Lorenzo. Se trataba de un cargo que jamás en su vida soñó tener, para el cual, además, no tenía la más mínima experiencia o preparación.

Ruiz era un gris expresidente municipal de Texcoco y exdiputado local de ese mismo distrito. Era un consentido del presidente por su capacidad para conseguir dinero para el partido, en épocas electorales, “Es un mago para la lana” decía Lorenzo a los suyos.

Ruiz era uno de esos leales que hacía lo que fuera por el presidente Lorenzo, porque éste siempre le había pagado con candidaturas, impuestas por su manejo dictatorial en su actual partido, MOPENA (Movimiento Populista y Estatista Nacional), así como desde el partido del Sol Azteca, que destruyó sin piedad, después de utilizarlo a su antojo.

De ahí venía el poder y el control de Lorenzo sobre su gente, de su capacidad para regalar cargos a personas pequeñas, mediocres y poco preparadas, que juraban lealtad a cambio de un simple hueso con presupuesto público y algo de poder. Esa deuda eterna le permitía a Lorenzo pedirles cualquier cosa, someterlos a cualquier ridículo, y desconocerlos cuando no los necesitaba más. Todos eran desechables.

En las últimas cuatro décadas se habían sumado decenas de traiciones a miembros de sus círculos más cercanos. No sólo personas sobre las que tenía jerarquía política, sino también aquellos que lo llevaron al poder, como el Ingeniero Cardona, que lo encumbró para luego ver como su hijo político lo desconocía y lo traicionaba. O la señora Rosaura Robaina, que desfalcó al gobierno de la ciudad de México para pagar la primera campaña electoral de Lorenzo, y luego fue sacrificada por él, como si fuera un rito azteca, necesario para calmar a los dioses.

La combinación de agradecimiento y terror convertía a sus cercanos en cómodos súbditos que accedían a cualquier instrucción. Así estaba conformado su gobierno, las bancadas de MOPENA en el Congreso Nacional y en los locales, y también en los gobiernos locales y municipales que pertenecían a su partido. Un ejército de dóciles títeres que movía a placer, que tenían muy poco tiempo, energía e interés para dar resultados a sus gobernados, porque trabajaban de tiempo completo para una sola persona.

“Gordo, te veo en 20 min en el café de siempre” dijo el secretario Ruiz con voz casi de autoridad.

Las dos Suburbans negras frenaron súbitamente en la calle de Masaryk, para el terror de los comensales del café, que disfrutaban del sol de mediodía, en las mesas de la banqueta. Se bajaron cuatro escoltas de la camioneta trasera, con armas largas en la mano y lentes oscuros ochenteros en la cara. Corrieron a la camioneta de adelante para abrir la puerta y de ella bajó un tipo poco agraciado, de baja estatura, de traje café y camisa beige, que no parecía encajar con la escena de película gringa.

Caminó detrás de dos escoltas hacia el interior del café, hacia la mesa en la que ya se encontraba el Gordo. Se sentó y sin saludar le dijo “Gordo, necesito que me hagan el paro con otro proyecto. Antes de poder gestionar que les den a ustedes solos el proyecto grande que platicamos, tienen que probar su lealtad”.

“¿De qué se trata Gabriel?” preguntó ansioso el Gordo. “Necesito que acaben primero el Tren México-Toluca, y que lo hagan funcionar, aunque sea en un tramo, antes de que acabe el gobierno de Lorenzo, para que lo inaugure, junto con la regenta de la ciudad” dijo el secretario Ruiz con voz temblorosa. “No mames Ruiz, ¡esa obra es un desastre! El que le meta mano a ese elefante blanco no sólo perderá millones, sino que, además, se pone en la mira de todo mundo. Esa obra está llena de minas a punto de explotar. No seas ojete” dijo el gordo con la cara roja y el puño apretado sobre la mesa.

“Es la única forma de demostrar que están dispuestos a colaborar con nosotros. Es instrucción del patrón” dijo Ruiz con cara de arrogancia y sonrisa fingida. “Necesitamos a un constructor de confianza que esconda toda la mierda anterior, trabaje rápido, con poco presupuesto y sin hacer preguntas. Tómenlo como una inversión en el futuro” remató.

“¿Cuál futuro cabrón? Esto nos va a tomar lo que queda del sexenio” dijo el gordo irritado y frustrado. “Cecilia será la próxima presidenta Gordo. Si ustedes le ayudan con esto, el sexenio que entra serán los consentidos, probados y sin competencia” dijo Ruiz levantado los hombros como señal de lo inevitable.

“Tengo que platicarlo con mi Jefe, no va a ser fácil justificar ante el Consejo por qué nos meteríamos en una obra como esas” dijo el Gordo cada vez más nervioso.

“Tú siempre sabes cómo convencer a quien sea gordo, eres el rey de los placeres prohibidos” dijo Ruiz con una carcajada, mientras se paraba y caminaba hacia la salida.

“Jefe, tenemos que hablar, te veo en la ofician” dijo el gordo por teléfono mientras se paraba, con la camisa empapada de sudor y el corazón a mil por hora.

El Incómodo | Episodio 3 | El Berrinche

Una novela de ficción, dolorosamente cercana a la realidad

Narrado en voz de Laisha Wilkins

Mientras se desarrollaba la comida en Polanco, en el austero Palacio Nacional, el presidente Aurelio Mariano Lorenzo Obregón hacía uno de sus temidos berrinches. Esa imagen de viejo bonachón, que el público le conocía, era muy diferente al hombre iracundo, necio y lleno de complejos que su equipo cercano sufría todos los días. Todo tenía que girar en torno a su persona. Su necesidad por ser la primera y la última palabra en cada reunión era absoluta. Así se hablara de petróleo, la economía, la salud o la educación, el presidente Lorenzo tenía que poner el tono de la reunión al inicio, y dar el manotazo final para cerrar cualquier reunión. Su ego lo obligaba a ser la primera y la última palabra.

Su gabinete estaba reducido a un mediocre grupo de gerentes que escuchaban su conferencia mañanera todos los días, rezando por no ser convocados o nombrados, para así poder pasar otro día como jarrones de adorno en sus lujosas oficinas. Sobrevivir era su única misión. Cada día que ocupaban esos cargos, que le debían al presidente Lorenzo, era un día más de ganar un sueldo que jamás imaginaron, de tener un cargo que nunca soñaron, y de utilizar el poder que tenían para asegurar el futuro que cada día se veía más incierto. Gobernar y dar resultados era lo último que les preocupaba. En su lista de prioridades estaba: agradar al presidente Lorenzo, bajar la cara, ser discretos, sobrevivir y utilizar el poder para hacer el guardadito que cada día parecía mas necesario.

El berrinche de ese día tenía que ver con las nuevas cifras sobre el aumento de la violencia. Los homicidios habían roto un nuevo récord. Su secretario de seguridad le había informado que, al ritmo que iban, apenas pasando la mitad de su sexenio rebasaría el número total de homicidios del sexenio de su eterno enemigo, el expresidente Carreón. Su ego lo torturaba por dentro. Le gritaba implacable que doblara la apuesta, que mantuviera el camino, que era preferible fracasar en este rubro que reconocer que se equivocaron en la estrategia. “Inventemos una nueva manera de medir la violencia” le gritaba su ego por dentro, mientras escuchaba al secretario de la defensa pedir un mayor despliegue de fuerza en Guerrero y Michoacán.

La reunión acabó como todas: el presidente Lorenzo daba un manotazo en la mesa y gritaba instrucciones contrarias a las soluciones propuestas en la reunión. “Les ordeno que encuentren una nueva forma de medir la violencia, que ponga en ridículo a Carreón y me haga ver como un transformador de la seguridad” gritó mientras se ponía de pie y daba por terminada la reunión, con la mirada incrédula de su gabinete de seguridad.   Para el presidente Lorenzo lo más importante no era dar resultados, sino mostrar poder y jerarquía al interior de su gobierno. A todos les tenía que quedar claro quién era el jefe.

Camino a su despacho gritó “Ruiz, venga conmigo”. El secretario de comunicaciones sintió como se le helaba la sangre. Iba camino a la salida del salón y se tuvo que agarrar de una silla porque le flaquearon las rodillas. En su mente trataba de encontrar algún tema pendiente que le fuera a ocasionar problemas con el jefe. Caminó lo más lento que pudo, hasta cruzar la puerta y encontrar al presidente sentado detrás de su enorme escritorio, en esa gigantesca y lujosa oficina, de ese palacio que habitaron varios Virreyes de la Nueva España.

“Siéntese Ruiz, ¿Cómo va mi tren México-Toluca? ¿Cuándo lo voy a inaugurar?” El secretario Ruiz temblaba, no tenía la menor idea de cómo iba ese proyecto. El gobierno de Pérez Niembro se los había dejado botado, a medias, con miles de millones de pesos gastados, con trazos incompletos, problemas de tierras, además de burdos y enormes negocios de corrupción del gobierno anterior. Varios expertos le habían dicho a Ruiz que ese proyecto era un fraude completo: imposible de operar como tren rápido, un hoyo financiero, lleno de corrupción y un absoluto riesgo a la seguridad de posibles pasajeros. Pero, a su estilo, el presidente Lorenzo había sorprendido a todo su gabinete acordando con el gobernador del Estado de México, continuar con la obra. En su cálculo, la obra sería un gran instrumento de campaña para su candidata a sucederlo en la presidencia, la regenta de la Ciudad de México. La proyectaría como la gran modernizadora.

“Ya tenemos a un potencial constructor, leal a nosotros, que está dispuesto a seguir con el proyecto, sin hacer preguntas. Está desesperado por ser considerado por usted como aliado del gobierno, y hará lo que le pidamos” dijo Ruiz con voz temblorosa. “Véalo con mi hermano, si el lo aprueba, adelante. Que él se encargue de las aportaciones y los detalles” ordenó el presidente, corriéndolo de su despacho con un movimiento de la mano, y bajando la vista a un documento que tenía en su escritorio.

Ruiz salió casi corriendo, suspirando, y diciendo entre dientes “El pinche hermanito se va a llevar la mayoría de lo que me tocaba, carajo”. Una vez en la plancha del Zócalo, sacó su teléfono y dijo “Gordo, tenemos que hablar”.

El Incómodo | Episodio 2 | El Anzuelo

Una novela de ficción, dolorosamente cercana a la realidad

Narrado en voz de Laisha Wilkins

El gordo y su jefe estaban a punto de levantarse e irse, llevándose consigo esa jugosa historia. El incómodo no podía dejar pasar la oportunidad, y, sin pensarlo, se levantó, volteó a su mesa, y dijo en voz muy alta “Recuerden que soy amigo muy cercano del presidente Lorenzo Obregón, hace muchos años. A nadie escucha como a mí” Los cuatro de su mesa lo voltearon a ver con cara de sorpresa absoluta. Ninguno entendió el comentario, que nada tenía que ver con la conversación, y menos con la realidad.

De pronto lo vieron voltearse y caminar con una sonrisa cínica, muy cerca de la mesa de al lado, camino al baño. El anzuelo estaba tendido. El gordo fue el primero en acercarse a la trampa “¿Quién es ese güey? ¿Lo conoces?” le preguntó al jefe. “En mi vida lo había visto” le contestó. “Eso es justo lo que necesitamos cabrón, alguien cercano al presidente Lorenzo. Es la única manera de asegurar el contrato.” Dijo el gordo con voz de preocupación. “Sin duda. En este gobierno de nada sirve la palabra de un secretario, si no tienes la bendición de su mesías, el soberbio y sabelotodo Aurelio Lorenzo Obregón” aseguró el jefe con cara de enojo. 

En eso estaban cuando vieron caminar de regreso al gran amigo del presidente. Traje negro de talla exacta, camisa blanca perfecta, corbata negra delgada, caminando como dueño del lugar. El gordo se paró, se interpuso en su camino y le estiró la mano “Mucho gusto, soy Juan Colín ¿Te podemos invitar un trago y robarte 10 minutos?” El Incómodo hizo cara de sorpresa, le dio la mano y también saludó, fingiendo extrañeza, al amigo del gordo. “¿En qué les puedo servir?” dijo cordialmente. “¿Qué tomas?” le preguntó el jefe del gordo. “Una coca cola con mucho hielo” contestó. “No chingues, algo que valga la pena” dijo el gordo. “No tomo alcohol, pero una coca les acepto con gusto” dijo con una sonrisa. Ambos hicieron cara de desconfianza. Era común esa reacción en todo aquel que le ofrecía un trago, y era rechazado. Estaba acostumbrado, y nunca cedía, incluso a los chantajes de sus más cercanos amigos. 

“No pudimos evitar escuchar que eras amigo cercano del presidente Lorenzo Obregón” dijo el gordo. “Sí, somos amigos de años, lo he acompañado en todas sus locuras, escondido, detrás de los reflectores. No me gusta el escenario, nunca le he pedido nada, y por eso confía en mí. No soy de esos lambiscones que lo acompañan para tener un cargo. Nos respetamos mutuamente, y por eso me escucha” El gordo y su jefe se voltearon a ver como si hubieran encontrado 10 millones de dólares tirados en la calle. El anzuelo había sido mordido por completo. Se podía ver como atravesaba su paladar y salía por la nariz de ambos. 

El Incómodo dio un pequeño jalón más al carrete “Lo ayudo con proyectos importantes, sobre todo los que tienen que ver con obras públicas, desde que gobernaba la Ciudad de México”. El gordo y su jefe sentían como se les aceleraba el corazón, y les fue inevitable exhibir una sonrisa llena de ambición en sus rostros sudorosos. “Tenemos el proyecto perfecto para este gobierno moderno, transformador y tan preocupado por los pobres. Queremos poner nuestro granito de arena en este gran proyecto político del presidente Lorenzo” dijo el jefe como, si estuviera presentando un trabajo de civismo en la primaria, con una cartulina en la mano. Era casi cómica la escena, y absolutamente ridículo el discurso. Era increíble el nivel de lambisconería e indignidad al que estaban dispuestos a llegar los empresarios que sobreviven de la corrupción con el gobierno. 

“No es tan fácil, hay procesos” dijo el Incómodo fingiendo extrañeza y un poco de molestia. “Claro, lo entendemos perfecto, tenemos muchos años en este negocio y hemos pasado por varios gobiernos” dijo el jefe con voz agitada y remató “Por eso nos encantaría contar con alguien como tú de aliado”. Era casi demasiado fácil, pensaba el incómodo y siguió jalando el carrete para que el anzuelo se incrustara sin remedio “Primero necesitan mostrar su buena voluntad, apoyando al partido, por ahí empieza todo” les dijo con una seguridad asombrosa. 

“Eso ya lo hicimos, varias veces, y no fue poco lo que entregamos, ni fue fácil hacerlo sin que fuera fiscalizable por la autoridad electoral, tal como nos lo pidieron” dijo el gordo, confesando un delito electoral, a un completo extraño. “¿Saben cuántos empresarios hicieron eso en la pasada elección, esperando privilegios? La fila de favores es enorme, se necesita algo más para obtener la bendición principal” dijo el Incómodo con una carcajada interna que casi se refleja en su cara. “Pero el secretario está a bordo, ya nos prometió el proyecto” atajó el jefe. “Eso no quiere decir nada, y lo saben” les contestó el Incómodo. “Entonces ¿qué nos sugieres?” le preguntó el gordo. 

“Denme sus teléfonos y yo me pongo en contacto con ustedes” les dijo. Le entregaron cada uno una elegante tarjeta de presentación, con sus celulares privados escritos a mano, al reverso.  Se paró, y con una sonrisa casi burlona les dijo “Confío en su discreción, yo sólo trabajo de manera discreta y directa, si me entero de que le dijeron a alguien de nuestra plática, no volverán a escuchar de mí, ¿entendido?” les preguntó con jerarquía y autoridad. Los dos asintieron como niños regañados, mientras lo veían regresar erguido y seguro a su mesa. “Par de idiotas” dijo mientras se sentaba en su mesa, con la mirada incrédula de todos encima.

El Incómodo | Episodio 1 | La Comida

Una novela de ficción, dolorosamente cercana a la realidad

Narrado en voz de Laisha Wilkins

Le gusta escuchar las conversaciones ajenas. Le fascina conocer un pedazo de las vidas de otros. Asomarse por las ventanas que dejan abiertas para saber cómo viven, qué piensan, cómo sienten. Sentado en la mesa de un famoso restaurante de Polanco, en una aburrida comida de trabajo, escuchaba lo suficiente para no ser descortés, pero en realidad estaba metido en la conversación de la mesa de al lado.

Dos hombres muy bien vestidos, de cincuenta y tantos, hablaban acalorados y poco discretos sobre un gran negocio que estaba a punto de cuajar. Llevaban ya una botella de vino tinto caro, y empezaban la segunda, con un par de cortes gruesos de carne en la mesa. “Te digo que es cuestión de tiempo” decía el que no se había quitado el saco ni la corbata. “Ya no es como antes” reclamaba el otro, arremangado y sin corbata.

“Nunca nos habían tratado así. Acordar con un secretario de estado era garantía. Ahora parece un pinche volado. Toman la lana y luego se echan para atrás, con la mano en la cintura” decía pegando en la mesa. “Sí, le tienen pánico a su jefe. Pero nos necesitan otra vez, porque ya no se ve claro su futuro en este gobierno” contestó el gordo que acababa de manchar su corbata Ferragamo. “¿Cuánto quiere ahora este pendejo?” preguntó el que parecía más nervioso. “No quiere dinero. Quiere una parte del negocio” dijo mientras limpiaba su corbata con la Topo Chico que tenían en la mesa.

“Pinche atascado” dijo con la boca llena de carne, el que parecía tener la decisión en sus manos. “Y ¿cómo carajos quiere que le hagamos, para que nadie se de cuenta?” preguntó molesto. “Quiere acciones, a través de un fondo que maneja su hija, y una chamba para su hijo en la filial de España” dijo el gordo dando un enorme trago al vino nuevo.

“Que sofisticado me salió ahora. Hace unos años andaba pintando bardas y repartiendo folletos en su pueblo, y ahora resulta que es un elegante hombre de negocios, que en sus tiempos libres funge de secretario, ¿no?” dijo mientras cortaba un trozo de carne de la parrilla.

Lo sorprendente de la conversación era la naturalidad con la que se desarrollaba. Lo normal y común que parecía hablar de corromper al gobierno. No bajaban la voz al decir que se trataba de secretario de estado, ni cuando detallaban el plan para obtener el contrato. “Tenemos que obligarlo a diseñar el contrato lleno de huecos en los tiempos y en la supervisión. O vamos a perder un dineral, otra vez” dijo el que claramente era el jefe. “No te hagas pendejo, perdió dinero la empresa, tú y yo nos llenamos las bolsas con cada extensión del contrato.

Esa pinche obra no la vamos a terminar nunca. La maquinita del dinero sigue andando” dijo el gordo que no paraba de servirse enormes trozos de carne. “Hasta que nos cachen cabrón, o se acabe este gobierno y los nuevos nos manden a la chingada” dijo cada vez más nervioso el jefe.

“Escríbele tú el contrato gordo. Dile que sólo hay acuerdo si lo amarramos por todo lo que dure la obra. Ponle unas penas cabronas por terminarlo unilateralmente, tú sabes cómo hacer esas cosas. Pinches abogados siempre saben como hacer todo inentendible, para enredar todo y no perderle” dijo soltando una carcajada.

“Le vamos a meter el diente con los servicios extras y los estudios que nunca hacemos, vas a ver, tú sólo encárgate de enseñarle el dulce para que nos toque a nosotros el contrato” dijo el abogado gordo que ahora le hincaba el diente a una enorme rebanada de pastel de chocolate.

Su curiosidad estaba a tope ¿Qué obra era? ¿Dónde se desarrollaría? Debe ser un proyecto grande, pensaba. Ahora sí se había perdido por completo de la conversación de su propia mesa. No tenía idea de qué estaban hablando las otras cuatro personas que lo acompañaban.

 “¿Estás de acuerdo?” le preguntaron volteándolo a ver todos al unísono. “No sé, tengo que pensarlo” dijo apenado. “¿Qué tienes que pensar? Tú sólo das la conferencia y nosotros nos encargamos del resto del evento” le dijo extrañado uno de ellos. “De acuerdo entonces” contestó preocupado. ¿Conferencia de qué? ¿Dónde? Se preguntaba mientras su mente regresaba a la conversación vecina.

“Paga gordo” dijo el jefe con autoridad. “Paga la empresa, que estamos trabajando” dijo con sonrisa burlona. “Pagan los contribuyentes” dijo el jefe con una carcajada que provocó una mirada de desprecio del mesero, que nuestro amigo vio claramente desde su mesa. “Pinches cínicos” dijo entre dientes.

Los Insensibles

“Ya les estamos consiguiendo su medicinas, no nos molesten” dice el sr. lópez cuando se le cuestiona sobre el desabasto total de medicinas oncológicas, en todo el sector salud. 

Mientras cientos de padres de niños con cáncer, mujeres y diferentes enfermos de distintos tipos de cáncer recorren hospitales, farmacias y distribuidoras de todo el país para encontrar su tratamiento, el presidente y sus porristas se ocupan de atacarlos, acusarlos de complots inexistentes y desviar la atención de los cuestionamientos. “No es tan grave”, “Si hay medicinas, es mentira”, “Son representantes de las grandes farmacéuticas corruptas”, “Es una campaña de desprestigio”, “Defienden la corrupción que había”, son algunos de los disparates que hemos escuchado del gobierno en las últimas semanas. No hay sensibilidad, ni empatía, ni el menor grado de humanidad frente a una tragedia que se hace cada día más grande. 

Enfermar de cáncer es una tragedia humana en sí misma. La palabra lleva a cualquiera de nosotros a imaginar el mayor reto humano existente: tratar de sobrevivir con un enemigo invisible por dentro. Este reto sólo se supera cuando toda la energía de la persona que lo padece está ocupada en vencer a la enfermedad, y su entorno es propicio para contenerlo y ayudarlo. La red familiar y social en torno a la persona con cáncer es fundamental para generar un contexto de soporte e impulso. Estudio médico tras estudio médico demuestran que un enfermo de cáncer tiene mayores posibilidades de superar el mal si cuenta con una red de apoyo que le permite dedicar toda su energía emocional y física a luchar contra la enfermedad. 

Así, uno de los elementos fundamentales es que exista la estructura médica necesaria para tratarlo: los especialistas, las medicinas, el material y el equipo. Algunas personas tenemos la posibilidad de adquirir seguros médicos privados que hacen más seguro ese elemento, en la eventualidad de sufrir una enfermedad como estas. Pero la gran mayoría de los mexicanos no tienen esa posibilidad. Por eso, en una democracia solidaria, se pagan impuestos, para que aquellas personas que no pueden pagar un seguro tengan una red de apoyo pública, si el destino les juega la mala pasada de enviarles un mal como este. 

La idea es muy sencilla: todos los que generamos recursos pagamos un porcentaje de ellos en impuestos, el Estado los recibe y los administra, y luego los destina a generar bienes y servicios públicos para todos. En una democracia, quienes forman parte del Estado no tienen la libertad de gastar nuestros recursos en lo que ellos quieran. Es a través de los procesos electorales que se definen los proyectos políticos concretos y las prioridades de gasto que la población quiere, y es a través de la Constitución y las leyes que se vigila que sean atendidos y cumplidos, legalmente. 

El partido que hoy gobierna tenía como slogan “Primero los pobres”. Con esa promesa ganaron. Pero los dejó hasta el final. Para muestra un botón. Según una investigación publicada por el portal Animal Político, el 24 de marzo de 2021, sobre la pandemia de COVID en México “el 66.8% de los fallecidos tenía escolaridad básica terminada o incompleta (preescolar, primaria, secundaria)”. Es decir, en México 66 de 100 personas que murieron por COVID eran personas de escasos recursos. Murieron por no tener los recursos privados para atenderse, y porque el Estado los abandonó. Así de fácil. 

Lo mismo está sucediendo con el escándalo de escasez de medicamentos contra el cáncer. Las manifestaciones no las realizan familiares de enfermos que pueden atenderse en Houston con un seguro privado, sino familias de recursos medios o bajos que no pueden pagar con sus recursos propios la millonada que cuesta atender esta enfermedad. Para ellos debería estar listo el Estado. Para ellos pagamos impuestos. Yo no quiero una refinería que costará más de 12 mil millones de dólares, ni un tren que devastará la selva maya y que costará más de 150 mil millones de pesos. Tú y yo pagamos impuestos para que el Estado atienda prioridades reales y humanas, como la salud de los enfermos con cáncer. ¿Te imaginas todo lo que se podría hacer en el sector salud con los 240 Mil millones de pesos que costará la refinería de Dos Bocas? ¿Imaginas todo lo que ese dinero representaría en infraestructura, medicinas, materiales, equipo y buenos sueldos para doctoras y enfermeros? Es difícil de describir y de escribir. 

Pero el gobierno no quiere escuchar nada de esto. No quiere discutir el tema. No quiere siquiera recibir a los padres de los niños con cáncer que han sido atendidos por funcionarios menores que sólo tienen poder para pasar recados. Las críticas son recibidas como ataques a su inexistente proyecto de gobierno. Los críticos somos atacados en las mañaneras como enemigos del pueblo. Quienes señalamos la tragedia del desabasto en el sector salud somos acusados de defender intereses oscuros. Para el sr. lópez y su gobierno está primero la imagen, la política, la percepción, los votos. No parece dolerles en lo más mínimo el sufrimiento de otros mexicanos, los más necesitados, los que juraron defender antes que a otros. Su insensibilidad es total. 

Por eso, a los ciudadanos nos quedan tres tareas. Primero, hacer todo lo que esté en nuestras manos para aliviar el sufrimiento de los enfermos y sus familias. Segundo, vigilar cada una de las decisiones y actos de este gobierno. Y, tercero, reunir todos los elementos necesarios para un día poder hacer justicia. Esto no puede quedarse así. México nos necesita a todos.

La Des-lopez-ización de la política

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La política es demasiado importante como para centrarla en una persona que ejerce un cargo temporal, y que ha fracasado en todo lo que prometió. Todos hemos sido cómplices y víctimas de la lópez-ización de la política mexicana. Todos hemos colaborado con la concentración del debate en torno a una persona, en lugar de discutir la amplia y compleja agenda pública que forma la política. Discutimos cada ocurrencia y nos concentramos en desacreditar cada una de las cientos de mentiras (dato documentado) que dice el sr. lópez cada semana. Es absolutamente imposible no hacerlo en alguna medida, se trata del presidente de la República que miente cada que habla (dato duro) y que toma decisiones de poder que nos afectan a todos. Pero tenemos que aprender a des-lópez-izar la política. En este texto quiero proponer 5 formas de hacerlo.

Primero, es importante evidenciar las mentiras peligrosas y burdas, y analizar las decisiones legislativas y de política pública que nos afectan a todos, pero nada más. Por eso, a partir de hoy todos debemos concentrarnos sólo en la exposición de las mentiras, con datos duros, y con responsabilidad en las fuentes y la información. Atacar mentiras con mentiras sólo genera confusión. También, a partir de hoy, debemos concentrarnos en desmenuzar las propuestas legislativas y de política pública que sean peligrosas, violatorias de derechos humanos, contrarias a la constitución y la ley o perjudiciales para nuestras vidas. Con esto, los dejamos solos discutiendo las ocurrencias de cada día, los discursos huecos y la propaganda inútil.

Segundo, es imprescindible evaluar, observar y vigilar la actuación del gabinete y del resto del gobierno, que toman miles de decisiones irresponsables todos los días. El ejercicio del poder puede tener una fuerte influencia desde palacio nacional, pero los distintos órganos del gobierno ejercen facultades propias todos los días, que afectan la vida de millones de mexicanos. Los hemos dejado solos, libres para hacer lo que quieren, por concentrar todas nuestras baterías en el habitante del palacio virreinal. Es absolutamente imprescindible que hagamos a los distintos miembros del gabinete rendir cuentas de manera individual, y hacerlos responsables por sus decisiones. 

Tercero, es fundamental que exijamos a los medios tradicionales de comunicación que dejen de hacerle el juego al señor de las mañaneras. Sin edición ni editorialización alguna, las televisoras y estaciones de radio difunden miles de mentiras de las mañaneras, como si fuera información veraz, a veces hasta en vivo, generando confusión e ignorancia en la población. Van 5 ejemplos. El sr. lópez ha afirmado varias veces en su homilía mañanera que la violencia está controlada y disminuye. También ha afirmado que la pandemia fue bien manejada y los muertos son los que se dice oficialmente. También ha afirmado que la corrupción en su gobierno ya no existe. Ha dicho que la economía está recuperada y creciendo. Y ha dicho que la pobreza disminuye. Las 5 afirmaciones son flagrantes y comprobadas mentiras: los 86 mil homicidios dolosos que se acumularon en 30 meses de su gobierno superan la suma de los 30 primeros meses de los dos gobiernos anteriores, y así, es el inicio de sexenio más violento de la historia; México ha sido catalogado como uno de los peores países en el manejo de la pandemia por organizaciones internacionales y las muertes son el doble; los escándalos de corrupción de su gobierno se multiplican cada semana y no ha habido una sola sentencia en contra de un solo funcionario de alto nivel de este o de gobiernos anteriores; la economía está muy lejos de recuperar el tamaño y crecimiento previo a la pandemia, y la inversión extranjera, así como varios sectores de la economía, se encuentran en sus niveles más bajos históricamente; y, finalmente, la pobreza creció en 10 millones de personas el año pasado. Esto lo saben los medios que transmiten en vivo las afirmaciones mentirosas, y, aún así, las dejan fluir sin edición por sus ondas radioeléctricas. Tenemos que exigir mejores medios de comunicación, o dejar de ver y escuchar a los que tienen esta práctica nociva para nuestra democracia, y dejar de replicar lo que comunican. 

Cuarto, es necesario que apoyemos a los medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y organizaciones empresariales que sí investigan, critican y comunican con veracidad. Hay muchas personas y organizaciones que evalúan objetivamente al gobierno, difunden información veraz, denuncian violaciones a las leyes y generan alternativas reales a las planteadas por el gobierno y su partido. La des-lópez-ización de la política sólo es posible si generamos entre todos una alternativa real, sustantiva, completa y moderna de nación, a través de una agenda pública creada por verdaderos técnicos y expertos, y sostenida por la mayoría de la sociedad.

Y, quinto, es necesario que los ciudadanos comunes nos informemos cotidianamente, a través de fuentes confiables, y participemos en las discusiones importantes, de manera constructiva y colaborativa. El rescate de nuestra democracia sólo es posible a través de una ciudadanía disciplinada que se informa, se hace responsable y se compromete a trabajar en lo común y en lo importante, y tiene la capacidad de hacer a un lado lo banal e intrascendente. 

No podemos librarnos de las mentiras y las ocurrencias diarias del sr. lópez, pero sí podemos hacerlas inocuas e intrascendentes, si empezamos a elevar el nivel del debate, de nuestra responsabilidad y de nuestra ciudadanía. Un día a la vez.

El cajón de Tente

Hace algunos años un niño jugaba feliz en su cuarto con un cajón lleno de “Tente´s” (juguete de los 80 que hacía las veces de Lego mexicano). No había mejor actividad para ese pequeño. En el momento en el cajón salía de abajo de la cama aparecían cientos de piezas de todos colores que alguna vez fueron un barco, una nave especial o un avión. A ese niño no le gustaban las instrucciones, le gustaba abrir la caja y echar a volar su imaginación. En ocasiones lo que aparecía era un enorme edificio lleno de pisos, guaridas y antenas, en las que se desenvolvían brutales batallas entre los muñecos Yedi y los Storm Troopers que empezaban a perder la pintura negra. Otras veces la imaginación lo llevaba a construir una flota completa de barcos que luchaban en el mar y se iban destruyendo uno a uno. Las horas se evaporaban entre la decisión de qué construir ese día, armar los distintos actores de la nueva batalla y jugar con ellos.

Ese niño no necesitaba más que un pequeño cuarto, un cajón lleno de piezas multicolores y su imaginación. Nunca se preguntaba si los barcos tenían las medidas adecuadas, si serían aprobados por otros niños, si sus habilidades creativas eran suficientes y si en el juego se desenvolvía de la mejor manera posible. Tampoco se preocupaba por el juego del día siguiente. El cajón estaría ahí, esperándolo todos los días, para que sacara las piezas al tapete y se divirtiera con ellas. A ese niño le emocionaba mucho acabar su obra, correr por su papá para que le tomara una foto con sus nuevas naves espaciales, jugar con ellas, y luego desarmarlas para poder construir algo diferente al día siguiente. Nunca armó el avión que venía en la caja utilizando el instructivo, ni se preocupó por comparar la calidad de su obra con la de otros niños. El avión que saliera de juntar piezas con su imaginación era más que suficiente para jugar ese día. Aún quedan algunas fotos de ese pequeño parado al lado de sus construcciones de Tente, y siempre se le ve feliz y muy orgulloso. Cuando su mamá le pedía que recogiera para ir a dormir hacía corajes sólo porque el día había acabado y quería seguir jugando, nunca porque su obra o habilidades del día hubieran sido insuficientes. No había parámetro, no había rol que desempeñar o tarea que cumplir, sólo imaginación, juego y diversión.

Poco a poco ese pequeño fue creciendo, y el cajón de la cama quedó en el olvido. Un día su mamá puso todas las piezas en una caja de cartón y el Tente desapareció para siempre. Lo malo es que con el Tente se fue algo más. Ese pequeño que antes jugaba con el único fin de pasar una tarde divertida empezó a compararse con otros, y se divertía menos. Ahora su imaginación y su creatividad no eran suficientes para pasar una tarde divertida. Comparaba su capacidad, sus habilidades y su estatus en el grupo, con el de los otros niños de la calle. Jugar era ahora una actividad social. En la escuela pasaba algo similar. Aparecieron las reglas, las calificaciones, los grados, las diferentes materias, los juegos con criterios de medición y puntos. Nadie le explicó que podía seguir jugando, que la vida podía seguir siendo un divertido juego. A ese pequeño le angustiaba no ser suficiente. Le pesaba mucho tener que seguir reglas y aprenderse “instructivos” de memoria. Todo parecía tener manuales que seguir y puntos que conseguir. Su imaginación y creatividad dejaron de ser suficientes. Ahora había tiempos específicos para cada cosa, y la diversión estaba reservada para dos lapsos de 20 minutos cada mañana, llamados “el recreo”. El resto del día había que seguir reglas, conseguir la aprobación de muchos tipos diferentes de adultos que te calificaban todo el tiempo. Había sonrisas, aplausos y abrazos cuando cumplías las reglas y sacabas buenas calificaciones, y había cara largas y regaños cuando te alejabas de las reglas y un adulto desaprobaba tu desempeño. Lejos quedaron las tardes de simple diversión, ahora había que desempeñar con calidad y precisión. Y aprendió a hacerlo. Aprendió a desempeñar y a agradar a los adultos. Entendió las reglas del juego de la vida y se convirtió en un eficaz complacedor de adultos. Sacaba estrellitas en todos los espacios a los que lo mandaban. Y así se volvió un adulto. Nadie le explicó que ya no necesitaba sacar buenas calificaciones en todo, y así continuó ocupado en desempeñar eficazmente en cualquier lugar al que iba. Fue agotador. Nunca parecía suficiente. Siempre había una nueva exigencia que satisfacer. Lo que no veía es que las exigencias, en realidad, ya no existían más que en su mente. Nadie estaba ocupado de su desempeño. Cada uno estaba librando su propia batalla. Era él solo el que se exigía desempeño y buenas calificaciones. Hoy platiqué con el, y está convencido de una cosa: quiere volver a ser como el niño de las tardes de Tente. Me dijo que se quiere levantar cada mañana y ver el día como su cajón de piezas multicolores, llenas de posibilidades, para construir cada día lo que su imaginación y creatividad le digan. Me dijo que quiere construir cosas increíbles cada día, para ser feliz con el proceso de imaginarlas, probarlas, divertirse con ellas y luego sentir la libertad de dejarlas ir, romperlas, para poder volver a armar algo nuevo al día siguiente. Me encantó la idea, y le dije que lo quería acompañar en el proceso, porque yo también ya estoy hasta la madre de pasar mis días enteros sin jugar y ni divertirme. Voy a reaprender con él a ser feliz. 

Los que le chingamos a diario, y sin ayuda

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Olviden las “clases sociales” determinadas por nivel de ingreso familiar que inventan los economistas y académicos que nos quieren ubicar en cajones. Son tan arbitrarias como absurdas e inútiles para explicar la realidad de una familia mexicana que lucha todos los días para salir adelante. Según el informe de la OCDE llamado “Bajo presión: la reducción de la clase media” de mayo de 2019, un hogar mexicano de dos personas se considera de “clase media” si su ingreso es de 5 mil a 14 mil pesos mensuales, en los que se ubica el 45% de la población de nuestro país. Y son de “clase alta” quienes ganan arriba de 14 mil pesos mensuales, en los que se ubica el 19% de la población. Absolutamente absurdo ¿No lo crees? Te aseguro que en tu mente tenías una clasificación completamente distinta a ésta, mucho más cercana a la realidad.

Pero yo no soy economista, soy abogado y politólogo, y por eso, para el análisis que pretendo hacer en este texto, inventaré otra clasificación mucho más sencilla: los hogares que reciben algún apoyo del gobierno y los que no. Según el Censo de Población y Vivienda del INEGI del 2020, de los 35.2 millones de viviendas en México, el 25% obtienen ingresos extras, gracias a que al menos uno de sus integrantes es beneficiario de un programa social. Es decir, 8.8 millones de viviendas en México reciben recursos directos del erario, que provienen de los impuestos de todos. Y, que bueno que así sea, porque seguro mejora en algo, en el muy corto plazo, la precaria condición en la que sobreviven, a pesar de chingarle en diferentes trabajos, con pocas posibilidades de generar un patrimonio estable.

Pero eso también quiere decir que 26.4 millones de hogares en México vivimos sin recibir un quinto del gobierno. Le chingamos todos los días, la mayoría de las veces con diferentes tipos de trabajos e ingresos, de distintos miembros del hogar, para intentar vivir de la mejor manera posible. Y lo hacemos, no sólo sin ayuda del gobierno, sino a pesar de un gobierno absolutamente incapaz de mejorar las condiciones de la economía, la seguridad, disminuir la violencia o reducir nuestros costos mensuales a través de una buena educación pública o servicios de salud pública de calidad. Millones de estos hogares pagamos con nuestros propios ingresos servicios de salud privada, seguros de salud privados, educación privada, seguridad privada, transporte privado y diferentes tipos de servicios privados que en otros países de la OCDE son brindados por el gobierno. Por eso, no sólo sobrevivimos sin ayuda del gobierno, sino a pesar del gobierno, inútil para nosotros. 

26.4 millones de hogares en México carecemos de soporte gubernamental, pero pagamos miles de millones de pesos al mes de impuestos para sostener a un aparato gubernamental que abiertamente reconoce que NO gobierna para nosotros, que no le interesamos, que no lo necesitamos. El señor López dijo esta semana “Los de clase media son aspiracionistas y tienen una actitud muy egoísta”. Lo dijo tal cual, está en video. Esto, después de haber dicho durante la pandemia que “quiebren las empresas que tengan que quebrar” cuando se le preguntó sobre alguna ayuda del gobierno a las empresas o al empleo (también está en video). Así, el señor López cree que su mandato constitucional de gobernar el país, no nos incluye. Si no eres parte de los 8.8 millones de hogares que reciben apoyo del gobierno, y eres un aspiracionista egoísta, este gobierno no se ocupa de ti. Así de sencillo. En lo que va de 2021 se ha alcanzado una cifra récord de subsidios federales que rondan los 324 mil millones de pesos (SHCP), casualmente, en año de elecciones.

Y, por lo menos, ¿se ha reducido la pobreza en México en los dos años y medio de este gobierno? No, en 2020 aumentó en 10 millones de personas, según el CONEVAL.

Así, de lo único que se trata es de crear clientelas electorales cautivas, y enojadas con los “aspiracionistas egoístas”. Lo único que pretende el señor López es dividirnos, enfrentarnos, acabar de fracturar a una sociedad que ya de por sí se siente dividida. ¿Con qué objeto? Ganar elecciones, así de simple. Nos quiere convertir en el enemigo de aquellas personas que por décadas han sufrido de terribles condiciones de pobreza y falta de oportunidades. ¿Somos corresponsables de la pobreza y la desigualdad en México? Por supuesto, aquí vivimos y tenemos que hacernos cargo, y trabajar juntos. Pero jamás aceptaré que me conviertan en enemigo de mis compatriotas, por quienes quiero trabajar, y a quienes quiero servir. 

Los que le chingamos a diario sin ayuda necesitamos una representación política. Requerimos de un grupo político que también se ocupe de nosotros, que atienda nuestras necesidades, que entienda nuestros problemas y gobierne también para nosotros. Necesitamos de un grupo político que nos convoque a trabajar juntos, con todos los mexicanos, y que no nos divida en “clases” sociales. Necesitamos de un gobierno que no nos ofenda diciéndonos “aspiracionistas egoístas” y nos quiera convertir en enemigos de los más desfavorecidos del país. Necesitamos un gobierno que nos una en causas, no que nos divida en “clases”. Necesitamos estadistas, no provocadores. 

Las grandes incógnitas del 6 de junio

Las elecciones de este año son todo menos típicas, por eso me parece muy aventurado generar proyecciones con base en instrumentos tradicionales, como las encuestas de intención del voto y los sondeos de popularidad. A pesar de ser elecciones conocidas como “intermedias”, son las elecciones más grandes de la historia democrática de México. Se trata de 21 mil puestos en juego, que pueden cambiar por completo la composición política del país. Así, el contexto en el que se desarrollan estas elecciones es inédito, aquí algunos de los elementos más relevantes que todos debemos considerar:

  • Un presidente y un gobierno que llegaron al poder llenos de expectativas sociales reales, auténticas, que movieron al voto a millones de personas, de grupos muy diversos.
  • Un gobierno que falló estrepitosamente en todos los temas esenciales que fueron centro de su campaña para llegar al poder, en apenas la mitad del sexenio.
  • Este gobierno está sostenido por un partido que carece de la más mínima organización institucional, y que depende por completo de orbitar alrededor del único líder que puede tener.
  • Un líder carismático y muy querido, rodeado de tontos útiles en su gabinete, personas con carreras mediocres, poca capacidad técnica, que jamás se atreven a cuestionar al líder, y tienen poco futuro fuera del círculo cercano. Esto los lleva a ser serviles y a generar muy poca gobernanza en el país. 
  • Un enojo y frustración muy potentes y evidentes en una parte muy importante de la sociedad, que ha sido poco capaz de organizarse y movilizarse por el miedo que le tienen al gran aparato político que aplastó a todos sus contrincantes en la última elección.
  • Del otro lado, se percibe un grupo muy cuantioso que mantiene una alianza ciega con el señor López, y que parece satisfecho con la derrota y el enojo de quienes siempre habían ganado, e incluso abusado de ellos. La revancha parece más potente que la falta de resultados para este grupo de la población.
  • Todo esto se da en un país que aún lucha por salir de una pandemia que ha cobrado más de 500 mil víctimas mortales, que apenas empieza a sufrir el impacto económico que aquella dejó, pero que gracias al encierro está muy metida en las redes sociales y los espacios digitales.
  • Esto generó una campaña electoral completamente inusual, que se desarrolló en esos espacios digitales, por las restricciones de la pandemia. Es decir, fueron campañas lejanas, impersonales, completamente nuevas e inusuales.
  • Los medios tradicionales como la televisión y la radio siguen teniendo un impacto enorme en la población, sin embargo, se trata de plataformas de espacio y tiempo restringido, muy costoso, que permiten poca amplitud en la comunicación y poca interacción bilateral. Estos medios han perdido mucho terreno en la población joven (18 a 35), que representa el grupo más numeroso de la Lista Nominal del INE.
  • Así, los candidatos y partidos tuvieron que experimentar e inventar nuevas formas de comunicación en redes sociales, que la mayoría utilizaba como espacios de comunicación personal.
  • La comunicación digital en México dejó de ser un espacio exclusivo para un pequeño sector socioeconómico privilegiado y se masificó por completo.
  • De acuerdo con el  Digital 2021 Global Overview Report  publicado por We are Social y Hootsuite México tiene actualmente 129 millones de habitantes, de los cuales un 80.9% vive en zonas urbanas. El número de dispositivos móviles conectados en el país es de 115.4 millones, lo que constituye un 89,1% de la población.
  • Sólo tres redes sociales suman más de 130 millones de usuarios en México: Facebook 93 Millones, Instagram 32 Millones y Twitter 11 Millones. Esta penetración es inédita.

Las grandes Incógnitas

Este contexto nuevo genera enormes incógnitas que serán respondidas el domingo 6 de junio: 

  • ¿Cuántas personas despertaron del letargo en el que estaban y lo expresarán en un voto, y cuántas están sólo enojadas y expresan su frustración en redes?
  • ¿Cómo van a votar las mujeres? ¿Son un nuevo bloque electoral o las políticas anti-mujeres del gobierno no fueron suficientes para generar un bloque electoral?
  • ¿Cómo van a votar los jóvenes? ¿Ven en el voto un instrumento real y atractivo para expresarse, o se trata de una herramienta vieja, de un régimen obsoleto?
  • ¿Tiene Morena redes de jóvenes sólidas, o son sólo clientes electorales efímeros amarrados por programas sociales y tarjetas de débito?
  • ¿Qué tan bien organizadas están las redes y los cuadros de Morena fuera de la CDMX, el Estado de México y algunos estados del sur? ¿Existe Morena como partido o es sólo un membrete de oportunistas que buscan cargo, privilegios y oportunidades?
  • ¿El amor al señor López se transfiere como lealtad a los candidatos de Morena o se trata de un sentimiento exclusivo del personaje?
  • ¿Qué porcentaje de indecisos le corresponde a cada coalición, y cuáles saldrán a votar en mayor medida?
  • ¿Cuántos de los arrepentidos del voto que emitieron por Morena en 2018 tendrán el estómago para votar por el PAN/PRI/PRD? ¿Cuál de los tres partidos genera más aversión en los arrepentidos?
  • ¿Qué tan diferenciado y local es el voto en esta época? ¿Qué tanto influyen los liderazgos locales sobre las etiquetas partidistas?
  • ¿Cuál fue el impacto real de la pandemia? Muertes, afectados en salud, desempleados, negocios quebrados, encierro, hijos sin escuela
  • ¿Qué grado de responsabilidad se le atribuye al gobierno por los daños de la pandemia? ¿Se transfiere esta responsabilidad a los demás miembros de Morena que no pertenecen al gobierno federal?
  • ¿Qué tan grande y potente es el enojo de los militantes de Morena en estados y municipios por la imposición de candidatos en su propio partido? ¿Es más potente que la lealtad al líder?
  • ¿Qué tan buen espejo/canal son las redes sociales respecto del ánimo social en la calle? ¿Reflejan sólo el ánimo exacerbado de un sector socioeconómico o se trata de una buena muestra del estado de ánimo de la sociedad?
  • ¿Qué tanto influyen las redes sociales en el ánimo de la gente? ¿Tienen el poder de moverlo, de construir un ánimo nuevo, o son sólo el escaparate del ánimo creado por otros factores?

Estas preguntas definirán no sólo el nivel de participación sino los diferentes escenarios posteriores a la elección, y la reacción de los distintos actores.

5 Escenarios Posibles

Con base en este contexto, y las incógnitas que presenta esta elección, planteo 5 escenarios posibles: 

  1. Hay poca participación y gana la estructura de gobierno que ha repartido miles de millones de pesos a clientelas electorales que votan y mantienen las cosas como están. El gobierno se declara el gran ganador de la contienda y utiliza su mayoría para cumplir su amenaza de acabar con las instituciones democráticas que quedan.
  2. Hay mejor participación que en otras ocasiones, pero el voto se dispersa en muchas alternativas electorales diferentes y el partido en el poder conserva la mayoría de sus posiciones. El gobierno se declara el gran ganador de la contienda y utiliza su mayoría para cumplir su amenaza de acabar con las instituciones democráticas que quedan.
  3. Hay buena participación, el voto clientelar tiene competencia de parte del voto orgánico de castigo al gobierno, el partido en el poder pierde algunas posiciones, pero no las suficientes para perder la mayoría en la Cámara de diputados, a través de sus aliados, además de que gana varias gubernaturas importantes. El gobierno se declara ganador de la contienda y rápido consolida su mayoría sometiendo a sus aliados electorales, para cumplir su amenaza de acabar con las instituciones democráticas que quedan.
  4. Hay muy buena participación, muchas personas utilizan su voto de manera inteligente, el partido en el gobierno pierde la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, y pierde la mayoría de las gubernaturas y ayuntamientos más importantes, aunque gana algunas y se mantiene como primera fuerza electoral. El presidente y el partido en el poder harán lo posible por deslegitimar los resultados, pero a un costo muy alto, que acaba de dar la razón a la oposición, sobre el peligro que representan el señor López y su partido, y así la oposición se atrincherará en sus nuevas posiciones de poder. Se rompe el mito de la aplanadora Morena, y resurgen los diferentes liderazgos del país. 
  5. Hay una participación histórica y el poder se distribuye en distintas fuerzas políticas. El partido en el gobierno es reducido a primera minoría y se ve obligado a negociar en todas las decisiones importantes, en distintos ámbitos. El presidente y el partido en el poder harán todo lo posible por deslegitimar y hasta desconocer los resultados, pero esto se quedará en un gran berrinche, porque despertarán las distintas fuerzas políticas y sociales que estaban dormidas, e impedirán que continúe la destrucción.

Me inclino por pensar que el escenario 4 es el que está a la mano, pero todo depende de que tú, mañana, salgas a votar y muevas a 5 personas para hacerlo. Esperemos que el lunes estemos todos celebrando la gran fiesta democrática. 

Yo Sí creo en ti, mi México

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A veces me la pones difícil. Hay días que me cuesta mucho trabajo creer que puedo hacer algo para que seas un mejor lugar. Hay días que te miento la madre y me deprimo con tanta muerte, corrupción, impunidad, injusticias y tanta pobreza que albergas. 

Desde muy joven tus problemas me duelen, me angustian, me desequilibran. Desde mis años de secundaria yo era el único nerd que discutía de política con la maestra de historia del Colegio Alemán (Lysis Fajardo, a quien siempre le agradeceré mi pasión por México, su historia y su política). Yo era el único nerd que leía todo lo que ella recomendaba acerca de ti, mi México. Porque desde entonces siento la necesidad, la obligación y la pasión de entrenarme, de prepararme, para hacer algo por ti. 

Llevo 30 años de entrenamiento. Estoy listo para dar mi vida por ti. No lo digo en sentido figurado, quiero dar el resto de mi vida a la causa de hacerte un mejor lugar. Conozco los riesgos, entiendo las frustraciones de intentarlo mil veces y de fallar mil veces, pero es mejor que no hacer nada. Mi vida, mi ánimo y hasta mi cuerpo se descomponen cuando siento que no estoy haciendo lo suficiente por ti. En cambio, cuando pongo toda mi creatividad, energía y valor a tu servicio, y veo resultados, mi vida cambia, se transforma, mi ánimo y energía son diferentes. 

Para mí eres mucho más que un simple espacio físico atrapado entre fronteras políticas, que alberga a 130 millones de personas. Eres el lugar que alojó a mis abuelos refugiados, expulsados por la intolerancia de su país. Eres el lugar que cuidó a un niño huérfano que trabajó en el cine desde los 15 años, para luego construir el otro lado de mi familia. Eres el lugar que me ha dado todo lo que necesitaba para ser todo lo que soy en este momento. Eres mucho más que un concepto social o político, por lo menos para mí. 

Por años he tratado de entender tu estructura social, histórica, política, jurídica y económica, para ver qué te duele, cómo mejorarlo, y, sobre todo, para poder explicarlo a otras personas. Soy bueno explicando tus padecimientos a otras personas, y lo hago siempre, para que te vean con el mismo amor y compromiso con el que te veo yo. Esa es mi causa hoy, ser un provocador de ciudadanía, en un momento complejo. Tengo la intuición de que muchos ciudadanos apasionados por ti, que te entiendan mejor, te pueden rescatar de la mediocre clase política que has tenido que soportar por años. 

Pero quiero hacer mucho más que transmitir a otros lo que yo he podido entender de ti. Tengo meses intentando hacer ver a tu gente la importancia de esta elección, y la enorme trascendencia que tiene. Y daré todo lo que me queda en esta última semana para convencer a la última mexicana y mexicano que pueda. Estoy convencido de que hay un despertar potente y muy diferente. Creo que muchos mexicanos quieren salir a expresarse a través del voto, y eso generará un poderoso mensaje para toda la clase política: queremos vivir en democracia, y queremos escoger a nuestras autoridades. 

Pero estoy consciente de que simplemente salir a votar no será suficiente para componerte. Por eso, mi trabajo fuerte, mi compromiso más completo contigo inicia el 7 de junio. Quiero convocar a mexicanas y mexicanos, llenos de pasión y creatividad, para construir una verdadera alternativa, que genere un verdadero proyecto de nación, en el que todos estemos incluidos. Quiero convocar a los mexicanos que aún creen en ti, para formar un gran equipo de rescate y reconstrucción. Quiero seguir despertando consciencias, pero ahora quiero también darles las herramientas, la dirección, el espacio y la energía para construir algo diferente juntos. El 7 de junio empezamos. 

Quede como quede el país, al día siguiente de las elecciones, vamos a empezar a curarte. Hay 5 padecimientos tuyos que no pueden esperar. Primero, es absolutamente intolerable que la mitad de tus habitantes carezca de los medios, educación, salud y sustento suficientes para vivir. Tenemos que arreglar eso. Segundo, es inaceptable que la mayor parte de tu tierra sean espacios inseguros y violentos, en los que la justicia es un sueño lejano. Vamos a componer eso. Tercero, no es concebible que un lugar tan rico y abundante cómo el que eres sea incapaz de generar más para todos. Tenemos que crear un nuevo modelo económico que no sólo se concentre en crecer, sino sea capaz de generar oportunidades y riqueza para todos. Estoy seguro de que aborreces ver como unos se quedan sin nada. Cuarto, tienes que ser un Estado de Derechos, no sólo de Derecho. Los derechos fundamentales que están en tu Constitución deben ser una realidad tangible para todos, no sólo para los que pueden procurárselos a sí mismos. Y quinto, debemos desterrar el peor cáncer que tienes, ese que llamamos corrupción impune. Tenemos que crear las mejores herramientas para ubicar, investigar y sancionar de manera eficaz a todas las personas que quieren quedarse con pedazos de ti, a costa de los demás.

Tenemos mucho trabajo, y empieza el 7 de junio. Pero todo esto será mucho más difícil si el país está controlado por un grupo político que no quiere ya escuchar a nadie y que ha roto todos los puentes con quienes no estamos de su lado. Tenemos una semana para convencer a 5 personas de redistribuir el poder, para poder reconstruirte entre todos, entre diferentes. Espero poder hacer mucho por ti, te lo debo.