Los Insensibles
03 Jul 2021

Los Insensibles

03 Jul 2021

“Ya les estamos consiguiendo su medicinas, no nos molesten” dice el sr. lópez cuando se le cuestiona sobre el desabasto total de medicinas oncológicas, en todo el sector salud. 

Mientras cientos de padres de niños con cáncer, mujeres y diferentes enfermos de distintos tipos de cáncer recorren hospitales, farmacias y distribuidoras de todo el país para encontrar su tratamiento, el presidente y sus porristas se ocupan de atacarlos, acusarlos de complots inexistentes y desviar la atención de los cuestionamientos. “No es tan grave”, “Si hay medicinas, es mentira”, “Son representantes de las grandes farmacéuticas corruptas”, “Es una campaña de desprestigio”, “Defienden la corrupción que había”, son algunos de los disparates que hemos escuchado del gobierno en las últimas semanas. No hay sensibilidad, ni empatía, ni el menor grado de humanidad frente a una tragedia que se hace cada día más grande. 

Enfermar de cáncer es una tragedia humana en sí misma. La palabra lleva a cualquiera de nosotros a imaginar el mayor reto humano existente: tratar de sobrevivir con un enemigo invisible por dentro. Este reto sólo se supera cuando toda la energía de la persona que lo padece está ocupada en vencer a la enfermedad, y su entorno es propicio para contenerlo y ayudarlo. La red familiar y social en torno a la persona con cáncer es fundamental para generar un contexto de soporte e impulso. Estudio médico tras estudio médico demuestran que un enfermo de cáncer tiene mayores posibilidades de superar el mal si cuenta con una red de apoyo que le permite dedicar toda su energía emocional y física a luchar contra la enfermedad. 

Así, uno de los elementos fundamentales es que exista la estructura médica necesaria para tratarlo: los especialistas, las medicinas, el material y el equipo. Algunas personas tenemos la posibilidad de adquirir seguros médicos privados que hacen más seguro ese elemento, en la eventualidad de sufrir una enfermedad como estas. Pero la gran mayoría de los mexicanos no tienen esa posibilidad. Por eso, en una democracia solidaria, se pagan impuestos, para que aquellas personas que no pueden pagar un seguro tengan una red de apoyo pública, si el destino les juega la mala pasada de enviarles un mal como este. 

La idea es muy sencilla: todos los que generamos recursos pagamos un porcentaje de ellos en impuestos, el Estado los recibe y los administra, y luego los destina a generar bienes y servicios públicos para todos. En una democracia, quienes forman parte del Estado no tienen la libertad de gastar nuestros recursos en lo que ellos quieran. Es a través de los procesos electorales que se definen los proyectos políticos concretos y las prioridades de gasto que la población quiere, y es a través de la Constitución y las leyes que se vigila que sean atendidos y cumplidos, legalmente. 

El partido que hoy gobierna tenía como slogan “Primero los pobres”. Con esa promesa ganaron. Pero los dejó hasta el final. Para muestra un botón. Según una investigación publicada por el portal Animal Político, el 24 de marzo de 2021, sobre la pandemia de COVID en México “el 66.8% de los fallecidos tenía escolaridad básica terminada o incompleta (preescolar, primaria, secundaria)”. Es decir, en México 66 de 100 personas que murieron por COVID eran personas de escasos recursos. Murieron por no tener los recursos privados para atenderse, y porque el Estado los abandonó. Así de fácil. 

Lo mismo está sucediendo con el escándalo de escasez de medicamentos contra el cáncer. Las manifestaciones no las realizan familiares de enfermos que pueden atenderse en Houston con un seguro privado, sino familias de recursos medios o bajos que no pueden pagar con sus recursos propios la millonada que cuesta atender esta enfermedad. Para ellos debería estar listo el Estado. Para ellos pagamos impuestos. Yo no quiero una refinería que costará más de 12 mil millones de dólares, ni un tren que devastará la selva maya y que costará más de 150 mil millones de pesos. Tú y yo pagamos impuestos para que el Estado atienda prioridades reales y humanas, como la salud de los enfermos con cáncer. ¿Te imaginas todo lo que se podría hacer en el sector salud con los 240 Mil millones de pesos que costará la refinería de Dos Bocas? ¿Imaginas todo lo que ese dinero representaría en infraestructura, medicinas, materiales, equipo y buenos sueldos para doctoras y enfermeros? Es difícil de describir y de escribir. 

Pero el gobierno no quiere escuchar nada de esto. No quiere discutir el tema. No quiere siquiera recibir a los padres de los niños con cáncer que han sido atendidos por funcionarios menores que sólo tienen poder para pasar recados. Las críticas son recibidas como ataques a su inexistente proyecto de gobierno. Los críticos somos atacados en las mañaneras como enemigos del pueblo. Quienes señalamos la tragedia del desabasto en el sector salud somos acusados de defender intereses oscuros. Para el sr. lópez y su gobierno está primero la imagen, la política, la percepción, los votos. No parece dolerles en lo más mínimo el sufrimiento de otros mexicanos, los más necesitados, los que juraron defender antes que a otros. Su insensibilidad es total. 

Por eso, a los ciudadanos nos quedan tres tareas. Primero, hacer todo lo que esté en nuestras manos para aliviar el sufrimiento de los enfermos y sus familias. Segundo, vigilar cada una de las decisiones y actos de este gobierno. Y, tercero, reunir todos los elementos necesarios para un día poder hacer justicia. Esto no puede quedarse así. México nos necesita a todos.

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