Si no votas, no jodas
22 May 2021

Si no votas, no jodas

22 May 2021
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Votar en una democracia es mucho más que decidir entre alternativas imperfectas. Se trata de una actitud, de una expresión de responsabilidad, de un mensaje que expresa la intención de ser parte de la construcción de un país. Es la forma más completa de gritar YO SOY MÉXICO. 

Votar es la síntesis del ejercicio de ciudadanía democrática más completo: yo decido quién ejerce el poder, cómo y hasta cuándo. Es el derecho que nos iguala a todos los ciudadanos de un país. Según Pew Research, sólo el 57% de los países del mundo son democracias. Según Reuters, 2.6 billones de personas del mundo viven atormentados por gobiernos represivos, corruptos que abusan sistemáticamente de sus derechos humanos. Estas 2.6 millones de millones de personas no sólo carecen del derecho para definir quién los gobierna, sino que carecen de las libertades básicas que tú si tienes como las de pensamiento, de creencias, de expresión, de movimiento, de prensa, y, sobre todo, los derechos básicos que les permitan frenar los abusos de gobierno, a través de instrumentos establecidos en su sistema jurídico, como los que tú si tienes en México. En esos países te matan por criticar o burlarte del presidente, tú le puedes mentar la madre directamente en su cuenta de Twitter y no te pasa nada. Esas 2.6 billones de personas no tienen derecho a conocer lo que hace su gobierno, ni capacidad para conocer qué hacen con su dinero. Tú tienes todos los canales para saber y pedir. 

Pero aún mas importante que la comparación internacional es la consciencia de que muchos de nosotros nacimos en un país que pertenecía al catálogo de los países sin democracia. En 1975, cuando yo nací, el voto era una estúpida simulación. Un año después de que yo llegué a este mundo, López Portillo ganó la presidencia de la República como candidato único. Ningún otro candidato se presentó a la elección. Durante toda mi infancia México era un país con dos televisoras, un puñado de periódicos y radiodifusoras, que sólo podían decir lo que el personal de gobernación, que no se despegaba de quienes dirían o escribirían las “noticias”, les permitía. El Estado mexicano tenía la capacidad real de abusar del poder a placer, sin límite alguno. Las libertades individuales eran sólo un bonito texto constitucional. Antes de 1953 las mujeres tenían prohibido votar, por el simple hecho de ser mujeres. Pregúntale a tu abuela. El presidente de México nos aburría una vez al año, cada 1 de septiembre, con un simulado “informe”, que de nada nos servía, y el resto del año la opacidad del gobierno era total. Para que todo esto cambiara, para que tú tuvieras derechos, libertades y la posibilidad de votar y escoger a quién te gobierna, miles de personas dieron la vida. No es una expresión, es un dato. Miles de reformas y contra reformas fueron necesarias para cambiar por completo el ejercicio del poder en México. Yo conozco a valientes mexicanos que pasaron dos horas acostados boca abajo en una desolada carretera de Guanajuato, con una metralleta pegada en su nuca, con un judicial sosteniéndola, porque habían tenido la osadía de defender una urna, en la que no había ganado el PRI, esto, en los no tan lejanos 90. Esas personas soñaban con un país en el que cuidar los votos contra el gobierno no implicara arriesgar la vida. Es decir, el país que tenemos hoy, el país en el que vives en 2021.

Pero la democracia que tenemos hoy es incompleta y frágil, y está en riesgo. Le falta mucho para ser lo que hoy soñamos que puede ser. Pero también se puede destruir por completo. Muchísimas de las Tiranías que existieron durante el último siglo surgieron de débiles democracias que permitieron que un grupo de personas destruyeran los cimientos de su democracia. Los tiranos de esos países aprovecharon crisis económicas, políticas o sociales para convencer a su gente de que era buena idea darles poder absoluto para resolver la crisis, y ya después, todo regresaría a la normalidad. Después de miles de muertes, abusos a sus derechos humanos y un empeoramiento de la crisis de origen, las personas se dieron cuenta de que les habían mentido. Y ya no había vuelta atrás.

No estamos aún ahí, gracia a dios. Pero estamos en el camino. El señor López y su partido nos han expresado fuerte y claramente que no creen en la Constitución y la Ley. Nos han dicho de todas las maneras posibles que cualquier autoridad, órgano, medio o persona que intente limitar su poder es considerada enemigo de su “causa”. Amenazaron de muerte impunemente al presidente del Instituto Nacional Electoral, tienen sometido y amenazado al presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y han amenazado e investigado a diversos titulares de órganos autónomos, que tienen la función constitucional de limitar el poder del gobierno. No esconden que utilizarán su poder y su mayoría para desaparecerlos.

Así, el 6 de junio no es sólo el simple ejercicio de elegir entre diversos candidatos de diferentes partidos. Es la gran oportunidad que tenemos los mexicanos de mandar un mensaje fuerte y claro a TODAS las fuerzas políticas: queremos seguir viviendo en democracia, y estamos listos para defenderla a toda costa. Por eso, quedarse en casa ese día es mucho más que una irresponsabilidad. No votar es perder el derecho para quejarse después, si el abuso del poder llega a tu puerta, si pierdes tu empleo o negocio, si eres asaltado en la calle o si no hay medicinas para tus hijos en un hospital. Abstenerse en esta elección nos dice a los demás que tú no quieres reconstruir la democracia con nosotros, y que te vale madres el presente y el futuro del país. Nos dice que no contamos contigo. 

En cambio, salir a votar con gusto y orgullo es la mejor forma de reiterarle a la clase política que el poder hoy está en nuestras manos, y que no pretendemos renunciar a él, nunca más. Pero también, y aún más importante, es la mejor forma de reconocernos entre quienes queremos reconstruir el país, para ponernos a trabajar juntos.

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