Quiero ser un desobediente que provoca a otros desobedientes
08 May 2021

Quiero ser un desobediente que provoca a otros desobedientes

08 May 2021
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Toda mi vida he seguido las “reglas”. Todas y cada una de ellas. Por años lo hice sin cuestionarlas. Eso no me hace más bueno que nadie, sólo más pendejo e infeliz que muchos. Me convencieron y me convencí de que conocer las reglas en cada ámbito de mi vida, y seguirlas al pie de la letra, sería suficiente para ser una buena persona y así, ser feliz. Las reglas religiosas, morales, familiares, sociales, académicas, profesionales y legales se convirtieron en una carga muy pesada. Tienen la fea tendencia de multiplicarse y hacerse cada vez más exigentes. No culpo a nadie. En efecto me fueron impuestas cuando mi conciencia era muy frágil y maleable, pero después las hice propias por voluntad e incorporé nuevas con plena conciencia de adulto. Yo sólo me impuse la carga de cumplir con las distintas expectativas que crean los códigos, en cada ámbito de la vida. Sin ayuda de nadie me impuse la obligación de complacer a todo mundo con mi vida, mis elecciones, mis decisiones y mis proyectos. Con plena inconciencia (porque eso no puede ser conciencia) me dediqué a construir un personaje que se adapta en cada lugar y circunstancia, porque tiene mucha experiencia en estudiar las reglas de cada lugar, y adaptarse a ellas. Parecía una fórmula sencilla. Pero resultó ser una pinche pesadilla. La voz de mi cabeza, el pinche ego, siempre me cambia la meta. “Puedes un poco más”, me dice con absoluta contundencia. “Ya la cagaste” me dice con tono lapidario. “Ya se enojaron contigo, los decepcionaste” me dice con tono irónico. Ese patrón se repite todos los días, en diferentes ámbitos de mi vida. Y así, “cumplir” es más una tortura que una sana forma de vida. Esta forma de vivir me provocó en los últimos meses una fuerte llamada de atención de mi cuerpo. Me hizo saber de fea manera que era una pendejada vivir así, y que lo estaba lastimando. Me hizo ver que el estrés y la ansiedad que esta forma de vida provoca descompone alguna función fundamental del cuerpo. En 2 meses bajé mas de 10 kilos. Me espanté mucho, como nunca. Me dio terror pensar que ahora sí no me la iba a perdonar. Dejé que mi ego se encargara de mi vida, y la estaba jodiendo por completo.

Pero ya lo caché. Ya lo escucho y lo veo venir. Ya sé que mi ego no soy yo. Ya sé que es una voz que fue construida en mi mente durante años, con diferentes experiencias, aprendizajes, imposiciones, códigos, interpretaciones, apreciaciones y fantasías. Ya sé que la mayoría de esos códigos y reglas son simples construcciones artificiales creadas por otras personas igual de inseguras y frágiles que yo. La gran mayoría tienen poco sentido y utilidad en mi vida. Ya puedo cuestionarlas y puedo quitarles el valor casi sagrado y absoluto que yo les había asignado. Ya puedo escoger aquellas que tienen utilidad y sentido en mi vida, porque sí hay algunas que lo tienen. Ya puedo ver lo ridículo e imposible que es complacer a todo mundo, todo el tiempo, y lo fácil que es “decepcionar” a otros, si yo me genero la expectativa de tener a todo mundo siempre contento conmigo, de ser perfecto a cada instante. Ya lo puedo ver y entender, pero aún me queda el hábito. Aún me queda esa reacción inconsciente que me genera estrés y angustia cuando la cago, cuando incumplo alguna regla o decepciono a alguien cercano por mi comportamiento. El ego no es inteligente, pero se vuelve cada vez más hábil para sobrevivir y provocar reacciones. Por eso me quiero hacer el hábito contrario. El de la desobediencia. Quiero hacerme el hábito de cuestionar cada regla, código o expectativa sobre mí. Quiero hacerme el hábito de reírme cada vez que el ego me quiere imponer una nueva norma o meta y poder decirle “cállate pendejo, déjame vivir en paz”. Ya empecé, con cosas simples, y otras muy complejas, y se siente muy chingón cuando lo logras. Lo intento todos los días. Quiero hacerlo un hábito. Como cuando aprendí a manejar un automóvil. Primero se requería de toda mi concentración, hasta que se convirtió en algo mecánico y automático. Quiero que un día sea algo que simplemente sucede, mientras yo me dedico a vivir.

Ahora, conforme eso sucede conmigo, me gustaría ser un provocador de desobedientes. Es un cambio radical en mi vida profesional. Soy un abogado que lleva toda su vida profesional gritando a la gente “cumplan todas las reglas”. Hoy quiero empezar a decirles que cuestionen todas las reglas. Hoy quiero enseñar a la gente a identificar las reglas absurdas, en distintos ámbitos, para que las cuestionen y las desobedezcan. Me gustaría construir instrumentos y herramientas para que las personas aprendan a vivir en comunidad a través de la Regla de Oro: haz con otros exactamente lo mismo que querrías para ti. Quiero colaborar en la construcción de una nación más solidaria, empática, comprometida y responsable. Convocar y construir con personas que no se conformen con simplemente “cumplir”, porque saben que no es suficiente. Personas que desobedecen para servir, y sirven para poder ser felices. 

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