El Camino Ciudadano
04 Abr 2021

El Camino Ciudadano

04 Abr 2021

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Que difícil decisión tenemos los ciudadanos este 6 de junio. Por un lado está el partido que destruye el presente y futuro de México todos los días desde el poder ejecutivo y la mayoría en el congreso, acompañado por una serie de parásitos en forma de partido, que sólo nacieron para chupar recursos públicos y servir a Morena y al presidente. Por otro lado están los tres partidos que han sido gobierno y que son responsables de muchos de los males sistémicos que sufrimos todos hoy, que traicionaron a México con graves escándalos de corrupción y que fueron incapaces de acabar con la violencia de décadas. 

Quien les escribe fue parte de los dos gobiernos federales emanados del PAN y soy, en parte, responsable de no haber cumplido con las enormes expectativas que se tenían de estos dos gobiernos, que siguieron a las 6 décadas del sistema de partido hegemónico. No sólo nos faltó creatividad, también nos faltó arrojó para romper las viejas estructuras y los inútiles formatos de poder que limitaban la innovación. Soy responsable de ambos, y lo asumo sin condiciones. Como muchos, me acomodé y me sentí satisfecho con lograr muy poco, y la ciudadanía nos castigó, y tenían razón. Hacía falta mucho más que simplemente hacer las cosas diferente. La ciudadanía demandaba arrojo y valor para destruir los viejos esquemas de poder y las redes que los dominaban. Y quedaron casi intactos. Esto provocó un retorno nostálgico al partido “de las decisiones”, el que tiene el valor de dar el manotazo en la mesa y decidir, a pesar de los costos. Así se vendieron en la campaña de 2012 y funcionó. “Haremos los grandes cambios que el PAN no se atrevió a hacer” le dijeron al electorado, que los regresó al poder. México se convirtió en el único país del mundo en derrotar a un partido hegemónico por la vía pacífica del voto, para después regresarlo al poder por la misma vía. Vino el arrojo, la pericia, el valor que cristalizó en reformas estructurales históricas. Pero la naturaleza traicionó a varios que no pudieron evitar ver al poder como patrimonio privado. La corrupción fue burda, evidente y muy frustrante. Era obvio que no habían aprendido la lección, y el cobro de la factura fue enorme. 5 de cada 10 electores decidió que el motivo más importante de su voto en 2018 era el castigo. Un motivo perfectamente legítimo en una democracia. Decidieron tachar todas las boletas con el mismo símbolo político, como signo inequívoco de su coraje. Esto, y una trampa evidente (esconder candidatos de Morena en otros partidos) le dio una mayoría desproporcionada al partido que había ganado la elección. Los dos partidos que habían gobernado en los últimos tres sexenios quedaron devastados. Sumidos en divisiones internas y liderazgos débiles, nunca encontraron su vocación como contrapeso al poder. Esto agrandó la soberbia del partido gobernante que, en lugar de reconstruir lo que no servía y fortalecer aquello que si funcionaba, se ha dedicado a destruir todo lo que se le pone enfrente, pero sin sustituirlo por nada que sirva. Destruyeron la confianza de los inversionistas porque acabaron con los fundamentos básicos de una economía sólida. Destruyeron el sistema de contrataciones públicas que, entre otras cosas, se ocupa del abasto de medicinas en el sector de salud pública. Destruyeron el sistema energético mexicano, que empezaba a generar la esperanza de una moderna y sustentable recuperación. Destruyeron una de las palancas más importantes de desarrollo que es la obra pública, apostando a tres proyectos carísimos, inviables, improductivos y pésimamente mal planeados. Destruyeron la reforma educativa, que ponía una plataforma inicial para reconstruir el sistema educativo. Destruyeron el seguro popular, que daba esperanza de vida a millones de personas que nunca la habían tenido. Destruyeron la posibilidad de una alternativa real de seguridad pública al entregar al ejército esta imposible tarea. Y ahí no acaba la historia. Tienen puestas sus miras en las pensiones, en el ahorro, en los órganos autónomos, en el Sistema Nacional Anticorrupción, el sistema de justicia, y cualquier institución que amenace su idea de populismo autoritario sin límites. Destruyen sin sustituir. Rompen sin crear algo a cambio. Arruinan instituciones para acumular poder, y no para crear alternativas. Y en esa acumulación de poder se ponen en riesgo las libertades básicas de todos nosotros. El abuso de poder siempre tiene consecuencias en personas concretas. No es un simple concepto de la ciencia política. Quien abusa del poder lo hace en perjuicio de una persona en concreto que pierde una libertad básica. Y eso es lo que hay que frenar. No hay de otra. 

El motivo legítimo y democrático de esta elección debe ser el castigo a quienes han abusado del poder y quieren acumularlo con el simple objetivo de tener más. El motivo ciudadano de esta elección es la protección de nuestra democracia, de aquellos que quieren quitarnos libertades para poder abusar libremente del poder. Y ahí es donde viene la parte fea. Porque para hacer esto, no queda de otra más que votar con estrategia. Cada uno de nosotros tendrá en sus manos distintas boletas, para distintos puestos, que tendrá que utilizar de manera inteligente para equilibrar el poder. Detener la acumulación antidemocrática del poder es la clave. Es horrible lo que te digo, lo sé. Es un trago amargo votar por quienes nos quedaron mal en el pasado. El recuerdo es reciente y los motivos de tu enojo y frustración con esos partidos era perfectamente válido. Pero esto es una emergencia. De verdad lo es. Una auténtica emergencia. 

Pero la elección termina al día siguiente de la jornada. Y ahí empieza nuestro camino, el de los ciudadanos. Ya es hora de hacer mucho más que esperar tres años sentados, a ver si las cosas cambian mágicamente. Es momento de involucrarnos de lleno en nuestra democracia y ocuparnos de ella, de tiempo completo. Propongo 5 cosas que tenemos que hacer a partir del 7 de junio:

  1. Defender la democracia y obligar a todos los contendientes a aceptar los resultados y resoluciones de las autoridades electorales.
  2. Exigir justicia, por todos los canales posibles, para aquellos que traicionaron nuestra confianza. Un país no puede caminar hacia delante sin justicia. Por ejemplo, la tragedia en el manejo de la pandemia debe generar responsabilidades penales y administrativas por acción y por omisión. Medio millón de muertes no pueden quedarse en una simple tragedia sanitaria. Hay ahí cientos de responsables por acción u omisión. 
  3. Establecer canales eficaces para generar un marcaje personal a todos los servidores públicos electos, para obligarlos a cumplir con todo lo que prometieron en campaña, sin excepciones.
  4. Utilizar todas las herramientas jurídicas a nuestra disposición para frenar de manera individual y colectiva los distintos abusos de poder, todos los días, sin descanso.
  5. Crear e impulsar, finalmente, nuevos liderazgos políticos que propongan verdaderas alternativas de presente y de futuro. Necesitamos generar y mantener plataformas para que personas con ideas creativas, nuevas y diferentes puedan crecer y puedan competir con los políticos de siempre, para que, pronto, les puedan arrebatar el poder de las manos. Este debe ser nuestro objetivo más importante, nuestra tarea diaria, nuestra labor incansable.

Este es un año definitivo y definitorio. Este año se decide si tenemos la capacidad de superar nuestra infancia democrática y dar el paso a la adultez, que no es sencilla, pero es necesaria. 

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