La Secta de la Mediocridad
27 Mar 2021

La Secta de la Mediocridad

27 Mar 2021

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“Que pierdan los que siempre han ganado, aunque nadie gane nada” parece ser la máxima que impone el líder de la Secta de la Mediocridad. Perder como símbolo de justicia social, destruir como logro de quienes nada quieren construir, el enojo de otros como triunfo propio, el nacionalismo chafa como pretexto para arruinar el futuro de todos. Apapachar los complejos de inferioridad de quienes ocupan el poder y de sus seguidores, para evitar su enojo y frustración, parece ser la resignación de un país que no encuentra el rumbo. 

La economía cae 9% en un año, pero está bien porque perdieron millones de personas y empresarios que siempre habían ganado mucho. Murieron más de 1 millón de PYMES en un año, y hay que celebrarlo porque muchas de esas empresas explotaban a sus trabajadores. Murió medio millón de personas durante un año de pandemia sin control, pero por lo menos sufrieron también quienes antes no sufrían las epidemias. La estrategia de vacunación es un absoluto desastre, pero por lo menos los ricos tienen que hacer largas filas y esperar como todos. Tendremos poca energía y producida con los insumos más contaminantes que existen, pero por lo menos tenemos el orgullo de habérsela arrebatado a compañías transnacionales que ganaban mucho dinero. Habrá más de 10 millones de pobres nuevos, pero por los menos ahora el gobierno les regala un poco de dinero al mes. Hay 9 millones de jóvenes que dejaron la escuela en un año, pero por lo menos ahora no se meten organizaciones privadas y el sindicato de maestros es nuestro aliado electoral. Cada mes mueren asesinadas en promedio 3,000 personas, pero por lo menos ya nadie habla del tema, como en otros sexenios. Y así la lista de tragedias en todos los rubros de gobierno, que arrojan los peores resultados, pero tienen siempre un pretexto enmarcado en esa justicia social de quinta, basada en la peor mediocridad.

El discurso fue construido por el líder de la secta que edificó su propia versión de la historia reciente de México. Se trata de una caricatura simplona de explotadores y explotados, ganadores eternos y perdedores permanentes, culpas sencillas y agravios históricos, con responsables plenamente identificables. No hay matices, no hay contextos históricos, no hay datos ni estudios, sólo la palabra del líder, sólo su versión y su interpretación de la historia. Así nace una secta, justo así. El líder construye una historia sencilla para explicar fenómenos sociales complejos. Escoge selectivamente pasajes comprobables de la historia reciente para “demostrar” que tiene razón. Utiliza su carisma para atraer seguidores que deben unirse a su causa justa, para salvar al grupo. La causa siempre tiene un enemigo o varios, con características sencillas de identificar. Ese enemigo es el obstáculo principal entre el momento actual y una mejor vida futura, que sólo el líder ha visto y entiende. La secta requiere unidad y lealtad absoluta, porque el enemigo es implacable. El líder no puede ser cuestionado porque su visión es absoluta y correcta. Es completa e integral, lo abarca todo. Cuestionarlo debilita al líder, y, por lo tanto, debilita a la secta, y así se fortalece el enemigo. Los resultados de corto y mediano plazo no importan porque son sólo el difícil camino a ese mundo ideal que el líder ya vio, y que nadie más es capaz de ver. Cuestionar al líder sobre los malos resultados momentáneos te convierte en un aliado del enemigo. Las sectas suelen estar integradas por tres tipos de personas: el líder, el grupo cercano al líder y los seguidores. El grupo cercano suele estar integrado por personas que conocen y entienden la mentira, pero la promueven porque los beneficia política, social o económicamente. Son cómplices con responsabilidad completa porque saben que no existe la visión del futuro ideal, pero no importa porque el presente los llena de privilegios. Facilitadores les llamo yo.

Estas historias nunca han acabado bien. La abrumadora mayoría de miles de sectas que han surgido, en miles de años de historia de la humanidad, acaban en tragedia. La canija realidad destruye la historia fabricada por el líder de la secta, la lealtad y los sacrificios impuestos se convierten en terribles agravios, y la lealtad ciega se transforma en potentes sentimientos de venganza. Los ejemplos históricos son muchos, son terribles, y las lecciones están a la vista de todos. 

Con este texto no pretendo abrir los ojos de quienes forman parte de la Secta de la Mediocridad. Mi intención es provocar a quienes no somos parte de ella a que reconozcamos tres cosas: primero, que México es un país profundamente injusto y desigual que hizo posible la llegada al poder de esta Secta, lo segundo es que todos, de una o de otra manera hemos sido responsables de eso, y lo tercero es que este no es nuestro destino. 

Parte de la historia de explotación, desigualdad e injusticia es dolorosamente cierta, y hemos hecho muy poco para cambiar esa historia. Así, la mejor manera de derrotar a la Secta de la Mediocridad es creando una visión de país diferente. Un país que crezca económicamente pero que brinde oportunidades para la gran mayoría. Un país que sustente ese crecimiento en energía limpia, amigable con el medio ambiente y sustentable a lo largo de generaciones. Un país que acabe con la pobreza, en sus diferentes facetas y no que la administre o la esconda. Un país que acabe con la violencia a través de la justicia eficaz y permanente, y a través del mejor sistema de educación y salud pública que podamos imaginar. Así, la mejor manera de derrotar a la Secta de la Mediocridad es construyendo el país que ellos no se atreven a imaginar. 

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