El modelo político actual se agotó
20 Mar 2021

El modelo político actual se agotó

20 Mar 2021
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Está roto el modelo político que nos rige hoy. Ya no sirve para crear bienes públicos ni bienestar privado. Sólo le sirve, un rato, a quienes ocupan de manera temporal el poder. Nos sale carísimo, destruye recursos naturales y oportunidades para el futuro de todos. Nos divide a quienes deberíamos trabajar juntos y nos enfrenta con personas que ni conocemos. Nos hace ver como enemigos a quienes tenemos tanto en común y nos hace defender a personas que nunca se han ocupado de nosotros. Pero no está escrito en piedra, lo podemos tirar a la basura y podemos crear un modelo político que nos permita crear bienes públicos para todos. ¿Cómo funciona el modelo político actual y cómo podríamos crear uno mejor? Regálame unos minutos de tu atención y trato de explicarme con un símil sencillo.

La Democracia Incompleta

Vivimos en una democracia inacabada, incompleta, chafa. Construimos un modelo político parecido a un hotel de playa del tipo “Todo incluido”. Parece una buena idea. Pagas por adelantado una semana en un hotel que te promete bebida y comida ilimitada, para que simplemente disfrutes de la playa, sin preocupaciones. Nada puede ser más sencillo, sólo pagas, llegas con hambre y ganas de olvidarte de todo, y alguien más se encargará de poner toda una experiencia a tu disposición. Acostado en un camastro abrirás la boca y un delicioso manjar entrará en ella, mientras disfrutas de un bello atardecer. Por eso pagaste un precio absurdo, antes de conocer el producto. La expectativa es enorme, y la decepción es aún más grande. Todo es abundante, los platos y los vasos están llenos de comida y bebida, como te prometieron, pero la calidad es pésima. Hay mucho de todo, pero nada sabe como tú esperabas. La comida parece bufete de campamento de niños y la bebida sabe a alcohol adulterado con colorante. El servicio es prácticamente inexistente y de las instalaciones sólo funciona la mitad. Y es el primer día de una larga semana que ya está pagada y no hay reembolso. ¿Qué haces? Decides quedarte y ponerle actitud, comer lo que hay, utilizar la única alberca que sirve y bañarte con agua fría. Ya aprendiste la lección ¿Cierto? Tu siguiente vacación será diferente. Hasta que pagas el crucero impagable, que te promete las vacaciones de tu vida y vives lo mismo, pero ahora encerrado en una ciudad flotante, en medio del mar. Lección aprendida, hasta que pagas el tour por Europa y te das cuenta de tu error cuando estás comiendo espagueti de lata en el restaurante para turistas, a una cuadra del Coliseo. Eso somos los mexicanos. Somos los turistas que creemos que podemos pagar por una vacación permanente de nuestros deberes ciudadanos. Y nuestra clase política se ha convertido en ese vendedor de tours que te promete lo que sea con tal de vender su cuota del día. Los partidos y candidatos se han convertido en esos gritones a la salida del aeropuerto de Cancún que te ofrecen la experiencia de tu vida por 100 dólares, y nosotros somos los turistas incautos que pagamos una y otra vez por ver si ahora sí funciona. 

Los políticos se han convertido en unos mediocres vendedores de espejismos, porque nosotros nos convertimos en unos mediocres ciudadanos que nos acostumbramos a lo que sea, sin reclamar. No sirve la seguridad pública, ni la salud pública, ni la educación pública, no sirven los servicios básicos ni la economía, y en lugar de construir entre todos un modelo nuevo de hacer política, queremos apostar por ver si el político que no habíamos probado antes, de milagro sale mejor. Mientras vemos como el nuevo “líder” falla estrepitosamente, nos peleamos entre nosotros, a nombre de ellos, discutiendo en la superficie de nuestros problemas. Nos enfrentamos entre ciudadanos como si en la disputa pudiera surgir, milagrosamente, la alternativa.

Una Democracia completa

No hay atajos en la construcción de una democracia. No hay tours perfectos ni cruceros mágicos. No hay vacaciones de la vida, hay grandes experiencias dentro de la vida. Nadie puede sólo pagar para luego acostarse a disfrutar del trabajo de otros. Las democracias exitosas del mundo se han construido con el trabajo generoso y colaborativo de todos. Imagina unas vacaciones en las que todos colaboran. Unas vacaciones en las que todos le echan ganas para planear, preparar, y todos ponen algo de su parte. Cada día todo el grupo renueva el compromiso de mantener una buena actitud y disfrutar el día. Todos sacrifican algo que querían, en favor del goce de todo el grupo. Sólo escogen a los mejores proveedores de servicios, a los mejor calificados, a los que tienen experiencia para cada cosa. De cada uno esperan lo mejor y les exigen excelencia en el servicio. A los que fallaron les piden el reembolso y los castigan con una mala calificación en Trip Advisor. Los exponen en redes sociales para asegurarse que nadie más los vuelva a sufrir. Todo el grupo entiende la lección: para tener una gran experiencia se requiere preparación, trabajo, compromiso, creatividad y mucha actitud. Si quieren volver a tenerla, el camino es el mismo. 

Lo mismo vale para construir una democracia exitosa. Jamás tendremos liderazgos políticos dignos si no los creamos nosotros. Tenemos que soñar con la experiencia de país que queremos vivir para después construirla, sacrificar algo de tiempo, energía y creatividad, para que las experiencias de todos puedan estar incluidas y sean satisfactorias. Tenemos que convertir a la clase política en meros proveedores de servicios, siempre vigilados y contenidos, dispuestos a pelear por nosotros, y no al revés. Somos 93 millones de electores con una credencial que vale más que la más poderosa tarjeta de crédito. Es hora de utilizarla con convicción. 

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