Quiero aprender, enséñame
06 Mar 2021

Quiero aprender, enséñame

06 Mar 2021
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No creo ser el único hombre que está confundido. Ni creo ser el único al que le da miedo escribir sobre este tema. Pero no quiero pretender que hablo por otros, y quiero quitarme el miedo. Sólo puedo hablar por mí. Yo estoy confundido, y quiero platicarles por qué, para después poder pedir su ayuda y así servir en este momento histórico, de la mejor manera posible. 

Yo nací en un mundo de roles y géneros definidos e inamovibles. Desde muy pequeño me enseñaron que había cosas que éramos y hacíamos los niños, y cosas que eran y hacían las niñas. Desde niño aprendí que había colores, juegos, nombres, gustos, formas, capacidades y cosas que pertenecían al mundo de los niños, y todo un mundo diferente que era terreno de las niñas. En mi casa, en mi escuela, en mi cuadra fui aprendiendo las reglas, los principios, los conceptos y los formatos que había que entender para poder llevar la fiesta en paz, y no pasar de un mundo a otro, porque no era una buena idea. Cada uno se quedaba en su mundo, y trataba de aprender, como podía, acerca del propio y, con más dificultad aún, entender el mundo de las niñas. Nadie nos explicaba nada. No había foros ni discusiones sobre estos temas. Las cosas eran como eran, y parecían escritas en piedra. Crecí con esos formatos rígidos, y con la idea de que hombres y mujeres cohabitábamos en el mismo espacio, pero, en realidad, vivíamos en mundos separados, con reglas diferentes, conceptos y roles diferentes, y que eso era normal, y estaba bien. Hoy entiendo que eso es parte del problema, pero les prometo que nadie me lo había explicado. 

Creo ser muy afortunado porque siempre he estado rodeado de mujeres de enorme carácter y gran sentido de individualidad. Ellas me enseñaron a ser el hombre que soy el día de hoy, a veces por la buena, otras con más rigor. También creo ser muy afortunado porque la mayoría de los hombres que me educaron, y que me sirvieron de modelo, entendían a las mujeres como compañeras y aliadas, en lo más importante de la vida. Ambos, mujeres y hombres, me enseñaron a ser un caballero, y me gusta serlo. Me gusta abrir la puerta, me gusta esperar a que una mujer pase primero y me gusta quitarme el saco para que mi esposa no tenga frío. No lo hago porque las mujeres lo necesiten, lo hago porque me gusta ser un caballero. Me enseñaron que un caballero jamás es violento con las mujeres, ni física, ni psicológica ni verbalmente. Me enseñaron a sentirme una mierda por lastimar, de cualquier manera posible, a una mujer. Pocas cosas me afectan tanto como sentir que le hice daño, de cualquier forma, a una mujer. Me enseñaron a ser proveedor y protector, y aunque no siempre sé cómo hacerlo eficazmente, me pesa como nada no lograrlo, y me enorgullece como pocas cosas, cuando sí lo logro. Esos son algunos de los rasgos de mi concepto de hombre con los que crecí, y los que me convirtieron en el hombre que soy. Imperfecto e inacabado. 

Mi confusión hoy es que ya no sé qué de todo eso debo conservar y qué debo tirar a la basura. Ya no quiero cohabitar en el mismo espacio, pero desde mundos distintos, con reglas y conceptos diferentes. Quiero entender cómo lograr juntos esa equidad que con justicia ustedes exigen. Porque creo que sólo podemos conseguirlo juntos. 

No me identifico en lo más mínimo con esos imbéciles que han utilizado su posición o poder para violentar sexualmente a mujeres que sufrieron el machismo que se los permitía. Ni con aquellos que han violentado, de distintas maneras, a mujeres que confiaron en ellos. Es imprescindible denunciarlos, exponerlos, evidenciarlos y hacerles sentir todo el peso de la justicia.

Pero estoy seguro de que soy parte de un grupo más amplio y común de hombres que, por omisión o irresponsabilidad, hemos hecho patentes las diferencias y la inequidad, y hasta las hemos utilizado en nuestro favor. Estoy seguro de haber hecho o dicho cosas que no eran adecuadas, e hicieron sentir mal a una mujer. Y quiero aprender qué y por qué, para no repetirlo. 

Es un momento histórico porque se siente una necesidad de armonía, de trabajar juntos, de entendernos mejor, de ser justos, de nivelar el terreno, de crear oportunidades parejas. Detrás de la batalla dura y ríspida contra quienes se niegan a entender y cambiar, existe una necesidad de colaborar y tenderse le mano, entre mujeres y hombres que queremos un espacio común, en el que ambos podamos crecer libremente. Estoy convencido de que nos necesitamos mutuamente. Hace falta diálogo, confianza y empatía. Los muros sólo generan una falsa sensación de seguridad, porque aíslan, y te impiden ver la belleza de todo aquello que no habías entendido, y que hace más rico ambos mundos. Estoy listo para aprender. 

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