La conquista de tu espacio
20 Feb 2021

La conquista de tu espacio

20 Feb 2021

 

Me refiero al espacio interno, al lugar físico en el que habitas y al espacio público. Tres dimensiones que todo ser humano requiere para ser, para estar y para desarrollarse. Para algunos es una re-conquista, para otros es la primera batalla. Para unos es una guerra abierta, para otros es  una dinámica sutil de pequeñas victorias diarias. Para unas personas es el último respiro de oxígeno antes de asfixiarse, para otros es un conjunto de batallas preventivas para no perder el espacio vital. Cada quien libra su batalla, de acuerdo con su carácter, su personalidad y sus circunstancias. Cada uno sabe qué tanto lo necesita y cuánto está dispuesto a ceder. Lo que es un hecho es que nadie puede ser libre si no sabe cuál es su espacio desde lo interno, en su entorno personal y en su espacio social/político. No es una batalla que se lucha una vez para ganarla y descansar, es una gesta constante, no por ganar metros cuadrados, sino por obtener un lugar en el que puedo ser, sin tener que parecerme a otros o rendir cuentas a nadie. Es el lugar desde donde surge la creatividad, la energía para servir y la posibilidad de amar. Es tu lugar en el mundo, para ser lo que el mundo necesita de ti.

El espacio interior. Es ese lugar en el que se cruzan permanentemente tus emociones, tus sentimientos, tus pensamientos, tus sueños, tus angustias, tus miedos, tus deseos, tus ahnelos, tus recuerdos, tus aprendizajes y tus impulsos. Nadie lo conoce como tú, nadie tiene acceso a él. Y así debe ser. Es tuyo, te pertenece. Es en realidad la única propiedad real y absoluta que siempre tendrás en la vida. Es un lugar confuso, incongruente, abrumador, pero también es un lugar maravilloso, infinito, mágico, inacabable y lleno de posibilidades. La conquista del espacio interior no es una lucha con otros, es contigo, con tu ego. Este espacio no lo tienes que proteger de nadie, porque nadie puede entrar. Lo tienes que reclamar de ti mismo, reconquistarlo de ti mismo. Se trata de arrebatárselo de vuelta al adulto aburrido, necio, cuadrado, mortificado y flojo en el que me he convertido. Se trata de poder habitar ahí adentro en santa paz. Se trata de verme hacia a dentro y no sentir culpa y vergüenza de nada de lo que sucede ahí adentro. Todo lo que sucede ahí adentro está bien, porque nada de lo que sucede dentro de mí puede estar mal, sólo es, sólo sucede, y está fuera de mi control. Lo único que puedo controlar es qué hacer con todo eso. La idea es poder ver hacia dentro y ver la luz que hay ahí con la misma paz que se ve la oscuridad, porque dentro están ambas, y está bien. La reconquista del espacio interior implica no hacer jucios de valor de mis emociones, de mis sentimientos, de mis deseos, de mis pensamientos o de mis anhelos, y sólo aprender a convivir con todos ellos, para conocerme cada día más y de ahí, crecer. Es una batalla diaria, permanente y muy dificil. No tiene tregua ni recreo, y cuando dejas de librarla, se pierde mucho terreno. La buena noticia es que siempre es un buen momento para empezar.

El espacio físico en el que habito. Es el lugar en el que convivo diariamente con mi tribu, con los míos, con las personas que la vida me dio la oportunidad de amar y servir. Este espacio está íntimamente ligado al primero. Entre más estoy en el espacio interior, más fácil es encontrar mi lugar en el primer espacio físico en el que habito, y más fácil es para los otros ocupar el suyo y entenderse conmigo. La reconquista del espacio físico que habito no es sólo reclamar de los otros unos metros cuadrados que sean míos, sino tener la capacidad de procurame mi propia privacidad, mi propio lugar desde el cual pueda respirar en paz para ser, para estar, para crear, para vivir y para contruir. Pero se trata también de ser el promotor, el impulsor y el protector del espacio de los otros. Si cada uno tiene su espacio, si cada uno de los que cohabita conmigo puede reclamar su terreno, si yo respeto el lugar de cada quien, puedo exigir que se respete el mío. Éste ha sido uno de los grandes retos en este encierro. En mi caso lo he logrado a medias, para mí y para los míos, y es momento de asumir la responsabilidad de reconquistarlo, o nos acabaremos matando en esta casa. A mí me toca reconquistar el mío, es mi responsabilidad y de nadie más. Yo solo me permití perderlo. Pero también me toca promover y respeter el espacio privado de mi tribu. Les urge. Nos urge.

Y, finalmente, está el espacio público. Se trata de ese lugar en el que se cruzan millones de anhelos, deseos, necesidades, miedos y problemas de millones de personas. Todos diferentes, todos erosionados de una u otra forma, todos encimados y poco sensibles al otro. La reconquista del espacio público implica tres cosas. Primero, el reconocimiento de que es un espacio común, del que nadie es dueño, porque nos pertence a todos. Segundo, la conciencia de que no hay una sola persona igual en ese lugar, y tenemos que construir un espacio en el que quepan absolutamente todos. Y, tercero, la necesidad de crear oportunidades para que todos puedan aportar algo, para que todos sientan que es tambien su lugar, y sí se hagan corresponsables. La reconquista del espacio público implica asumir la responsabilidad de tomarlo en nuestras manos, y dejar de esperar que otros me constuyan un lugar para mi. Nadie lo hará. Se trata de salir a la calle todos los días y construir el espacio dónde yo puedo ser útil y servir, para transormar entre todos este país que puede ser un lugar increíble, nuestro lugar. 

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