Ética para el Servidor
12 Dic 2020

Ética para el Servidor

12 Dic 2020

Querida Servidora Pública, Querido Servidor Público,

Estoy en tus manos. Tú eres el que me cuida cuando salgo a la calle, porque las vigilas y alejas de mí a quienes quieren hacerme daño. Tú eres el que me cura cuando voy a un hospital y se asegura de que yo reciba las medicinas adecuadas. Tú eres el que educa a nuestros niños y los hace personas de bien. Tú eres el que vigila que yo vaya seguro en una carretera o cuando viajo en avión. Tú eres el que recibe parte del dinero que yo produzco para mejorar la vida de los que menos tienen. Tú eres el que genera las condiciones para que mis negocios sean exitosos. Tú eres el que pone las reglas del juego para que funcionemos bien como comunidad y todos respetemos los derechos de todos. Tú eres el que cuida el mundo en el que vivo y protege sus recursos. Tú eres el que produce la energía que se necesita para que las máquinas y las ciudades funcionen. Tú eres el que me cuida del propio poder que tienes para hacer el bien. Estoy en tus manos, y me gustaría pensar que entiendes lo que eso significa. Estoy en tus manos y confío en que la ética te guía. 

La ética es esa capacidad interna de distinguir un acto justo de uno injusto, un acto que te hace bien a ti y no lastima a otros, de uno que te hace mal a ti y a otros. La fórmula es muy sencilla, y diversos autores, de distintas épocas han formulado la regla de oro: “Sólo haz a otros aquello que quisieras para ti”. Es así de sencillo, y así de complicado a la vez. Pero en tu caso, querido Servidor Público, es aún mas complejo, porque tú además tienes una cosa que se llama PODER. Tienes el poder del Estado, capaz de afectar la vida de una o miles de personas. Tienes el poder de sanar, pero también de matar. Tienes el poder de liberar, pero también el poder de privar de la libertad a otros. Tienes el poder de educar e ilustrar, pero también de manipular y distorsionar. Tienes el poder de cuidar y proteger, pero también el de aterrar y espantar. Por eso te quiero pedir que leas esta petición.

“Sólo haz a otros lo que quisieras para ti”, o, en sentido opuesto “No hagas a otros aquello que no quisieras para ti”. Es una fórmula muy sencilla que quisiera que adaptaras a todas y cada una de tus decisiones, en el ejercicio de tu cargo público.

Sé que no es sencillo. Entiendo las diferentes dificultades que existen en el ejercicio cotidiano del cargo público, para poder cumplir con esta fórmula. Sé que tienes jefes necios y ambiciosos que no creen en esta máxima, y que sólo buscan su beneficio. Sé que las leyes y las reglas administrativas a veces te limitan y te estorban. Sé que a veces tienes pocos recursos para tomar la mejor decisión, y que la vida de un servidor público suele girar en torno a decisiones urgentes y bomberazos. Lo sé porque los viví durante 12 años como servidor público. Lo entiendo y sé lo difícil que es. Asumo mi responsabilidad de no haber hecho siempre lo mejor y lo suficiente cuando fui servidor público. Pero este no es un texto para lavar culpas, sino para construir una nueva cultura del servicio público, juntos.

Déjame ponerte algunos ejemplos que aclaren mi petición. Empiezo por tu capacidad para crear leyes o reglamentos y normas administrativas, es decir, las reglas del juego que nos aplican a todos. Es una capacidad muy importante, porque tú tienes el poder de permitir que un grupo de personas puedan ejercer sus derechos o no, de afectar, para bien o para mal, una actividad económica, o la vida de una comunidad, o la seguridad de una región. Con las leyes o reglas que tú haces puede cambiar la vida de miles de personas, para bien o para mal. Lo único que te pido es que piensas, cada vez que hagas una, cómo te iría a ti, si fueras uno de los regulados. Es decir, cada vez que hagas una nueva ley o regla pienses en ti sufriendo las consecuencias, y si pasa la prueba de la regla de oro, la empujes con decisión, y hagas que se cumpla.

Toca ahora el ejemplo de la aplicación de la ley, a través del poder. Tú tienes la facultad de darle derechos a las personas o retirárselos, de crear obligaciones legales o de restarlas, tienes del poder de afectar la vida, la libertad o el patrimonio de personas concretas con tus decisiones. Lo que te pido es que cada vez que tomes una de estas decisiones sólo pienses si esa misma decisión sería justa para ti. Es decir, si alguien mas la tomara respecto de ti, ¿sería justa y adecuada? Suena sencillo, pero no lo es. Porque la actuación ética requiere libertad personal, y en el servicio público, a veces es muy escasa. Por eso es tan difícil mi petición, porque es posible que un día te cueste la chamba. Pero quizá salve tu dignidad como persona.

Y, finalmente, está la capacidad que tienes de vigilar que todos hagan lo que les corresponde. Esta es quizá la más difícil. Porque un servidor público no sólo tiene la responsabilidad ética de vigilar su propio comportamiento, sino de hacerse responsable del comportamiento de otros, en especial, el de aquellos que tienes a tu cargo, bajo tu responsabilidad y liderazgo. Porque un gobierno está diseñado no sólo para confiar en la ética individual, sino también en la ética colectiva, que se rige desde las posiciones de liderazgo. Por eso, si además de servidor público, eres líder de un equipo, te pido que les expliques la regla de oro, y, con tu liderazgo y congruencia, los ayudes a ejercerla, todos los días.

Este texto es mucho más que una simple súplica. Hoy es la única manera que tienes de recobrar la confianza de las personas, que están muy decepcionadas de todos los que alguna vez ejercimos el servicio público, y con justa razón. Yo aún creo en ti, y te quiero ayudar, espero me des la oportunidad. Gracias por leer esta petición.

Atentamente

Max Kaiser (uno de 130 millones de mexicanos que dependemos de ti)

Ilustración: Marco Colín
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