De Hacer País
24 Oct 2020

De Hacer País

Un país es mucho más que la

24 Oct 2020

Un país es mucho más que la tierra que se ubica entre sus fronteras políticas. Un país es mucho más que las definiciones legales de ciudadanía, símbolos patrios y obligaciones. Y, por supuesto, un país es mucho más que su gobierno y sus leyes. Un país lo hace su gente: individuos libres y diferentes que construyen un lugar común, en el que todos pueden coexistir sin estorbarse. Así, ser mexicano es una función, y no una simple definición. Pertenecer a un país es más que una simple etiqueta, es una oportunidad, la de servir a una causa mayor: construir entre todos un lugar de paz y justicia.

Hay dos formas básicas de habitar en una comunidad. Por un lado, están aquellos que se preguntan permanentemente “¿De qué me puedes servir? ¿Cómo me puedo aprovechar de ti?”, y por el otro, están aquellos que preguntan “¿Cómo puedo yo servir, en qué puedo ayudar?”

Los primeros extraen cosas de una comunidad, los segundos construyen, crean, innovan y dejan algo para todos. Los primeros generan costos, cargas, problemas. Los segundos generan bienes. 

Es fácil reconocer a unos y a otros. A los primeros puedes ubicarlos siempre en su búsqueda de una posición de poder, público o privado, para después utilizarla en beneficio propio. Son los que sólo quieren llegar por llegar, los que pueden pisar a cualquiera en su camino, y en cuanto llegan, se preguntan cinco cosas: ¿Qué sigue después de esto? ¿Qué hay aquí para mí? ¿Cómo puedo obtener más? ¿Cómo me mantengo aquí? ¿Quién me quiere quitar de este lugar?

Suelen ser personas muy inseguras y erosionadas que requieren de constante atención, aplauso y reconocimiento. Viven en un permanente estado de alerta porque piensan que el resto del mundo está listo para arrebatarles lo que han logrado. Utilizan tanta energía en cuidar lo que tienen, y en buscar más, que les queda muy poco tiempo y fuerza para servir, para crear, para ayudar y para mejorar el lugar que habitan. Son personas siempre infelices e insatisfechas. Generan mucho trabajo de otros, gastan mucha energía de otros y así, nos cuestan a todos. Nada es suficiente ellos. No hay meta que no se mueva de lugar, una vez que llegan. Apenas obtienen lo que estaban buscando, y ya pusieron sus ojos en algo más. 

De una u otra manera, a todos nos educaron así. Yo, por los menos, así fui educado por mi familia, escuela y sociedad, y así viví muchos años de mi vida. Apenas llegaba al lugar que estaba buscando y ya había volteado a la meta siguiente. Lo primero que siempre me preguntaba en un lugar era qué había para mí ahí, para satisfacer mis deseos y necesidades. La siguiente pregunta era automática: ¿cómo puedo obtener más? Y así, en el momento que ubicaba los beneficios personales que esa posición generaba a mí, lo natural era ubicar a los contrincantes que amenazaban mi posición, y generaba estrategias para mantenerme. Ahora que lo escribo paso a paso, me doy cuenta por qué estaba tan agotado siempre, y por qué me quedaba tan poca energía para servir, crear e innovar.

Es imposible dejar algo bueno en ningún lugar cuando la mayor parte del día estás concentrado en esas cinco preguntas. Así, durante muchos años yo he sido de las personas que se preguntan “¿Cómo me puedes servir?” Pero ya no quiero ser ese.

Por eso, ahora estoy aprendiendo de todas las personas que se preguntan “¿Cómo puedo servir yo?”

Estoy aprendiendo a ubicarlos, a conocerlos y entender sus motivos. La palabra que me ayuda a cambiar la ecuación es “Servir”. Para servir no tengo que llegar a un lugar o puesto específico. Así, ya no tengo la tentación permanente de voltear e ir al siguiente lugar. Para servir bien ya no necesito preguntar qué hay para mí, porque me tengo que ocupar de ver qué puedo aportar yo. Por eso se vuelve cada vez más importante estar bien formado e informado. Para poder servir tengo que conocer, tengo que estar bien preparado, y, sobre todo, tengo que estar en paz conmigo. Tengo que sanar internamente para poder servir más. Y eso es lo que ahora ocupa mi energía. Leer mucho, aprender mucho, observar mucho y, sobre todo, conocer gente interesante y diversa que ocupa su vida de la misma forma. Ya no tengo ansia de extraer, sino de aprender. Pero lo mejor de todo es que ya no hay amenazas, no hay enemigos, no hay contrincantes, porque servir sólo depende de mí.

Ahora lo que ocupa mi vida es ubicar a más y más gente que quiera construir un país para todos. Mi radar para ubicar a la gente que extrae y utiliza a otros se agudizó como nunca. Los veo venir a millas de distancia. Y mi radar para ubicar a los constructores está mejorando. 

Tengo la sospecha de que somos muchos los que pasamos por un proceso parecido al que estoy viviendo. Somos muchos los que ya probamos utilizar a otros para tener éxito, y no fuimos felices en ese modelo de vida. Somos más los que queremos pertenecer a esta nueva ola de personas que quieren innovar, construir, crear y mejorar la vida de otros. Puedo sentir esa nueva energía de personas que ya intentaron el primero modelo, y ya saben que no funciona para ser feliz. Ya vimos que está hueco, y no lleva a ningún lugar. 

Así, para HACER PAÍS tenemos que ubicarnos, encontrarnos y vernos a los ojos para preguntar “¿Cómo te puedo servir yo?”

Ilustración: Marco Colín
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