Una Nueva Máxima para una Nueva Política
03 Oct 2020

Una Nueva Máxima para una Nueva Política

Pocas cosas son más difíciles, inciertas, complejas,

03 Oct 2020

Pocas cosas son más difíciles, inciertas, complejas, injustas y enredadas que hacer política. Siempre ha sido, pero más aún, en este mundo híper conectado e informado que todo ve, todo revisa y de todo opina. Siempre parece haber más perdedores que ganadores, más enojados que contentos, y más frustrados que aliviados, con cada decisión que se toma desde el poder. La hipérbole y la exageración se han vuelto lugar común: toda decisión y suceso del poder pone en riesgo nuestra democracia y nos conduce a la catástrofe. Parece que nos quedamos sin parámetro para medir y evaluar con calma y objetividad aquello que se decide desde el poder.

Por años viví en el engaño y me dediqué a engañar gente. Mi preparación académica de abogado me llevó a creer, ilusamente, que crear buenas leyes, buenas instituciones que las aplican y cumplirlas era suficiente para tener un mejor país. De eso trataba de convencer a la gente que me escuchaba: si cumplo yo y cumplen ustedes con las leyes, ya la hicimos. Como buen abogado, me entrenaron para pensar en una súper estructura de reglas que moldearían nuestro comportamiento y nos llevarían a un lugar mejor. Por años creí en esta sencilla quimera. Era una buena fórmula, muy sencilla, que nunca ha servido, por sí misma. Me explico.

Sigo creyendo que necesitamos una buena estructura legal para ordenarnos como sociedad, para establecer los derechos básicos de cada uno y para establecer las funciones y los límites del aparato que ejerce el poder. Sigo creyendo que es necesario que esta estructura esté bien diseñada y que tenga instituciones eficaces para que sea debidamente aplicada. Sigo creyendo que las reglas del juego, aplicadas parejo, sin excepciones, es la mejor manera de conseguir una sociedad más justa y pacífica. No es una opinión mía, es un hecho verificable en todas las democracias exitosas que llevan años funcionado así, en todas las regiones del mundo. Sigo creyendo en todo eso, pero ahora estoy convencido de que eso es apenas la mitad de la explicación de una sociedad que vive mejor. Y, por eso, ofrezco una disculpa a todos aquellos a los que traté de convencer de que el derecho era nuestra salvación. Le ofrezco una sentida disculpa a todos aquellos a los que alguna vez les dije que cumplir con las reglas era suficiente para vivir mejor.

Hoy puedo ver con claridad todas las estupideces y atrocidades que se han hecho en nombre de, y a través del derecho. Hoy puedo ver con claridad a todos los líderes políticos que han abusado de la ley, para hacer todo tipo de barbaridades, y luego pedir aplausos y agradecimientos por haberlo hecho con apego a la norma.

Hace falta algo más. Hace falta una Máxima que guíe la política. Hace falta una guía de comportamiento ético que esté detrás del ejercicio del poder. Este texto tiene esa pretensión. No se trata de hacer un código moral más, sino de encontrar, para mí, una frase que me ayude a entender cómo hacer política, para qué, pero, sobre todo, por qué.

Trataré de empezar con el por qué. ¿Qué me mueve a hacer política? Me mueve el sueño de un país más justo y con mejores oportunidades para todos. Lo puedo ver en mi mente. Existe ese país mejor, es absolutamente posible. Yo ya lo vi. Estoy plenamente convencido de que podemos construirlo. 

¿Cómo se puede construir? Entre todos los que tenemos el mismo sueño. Es decir, juntando a quienes tengan la misma capacidad de ver un país diferente, y que estén dispuestos a poner su talento, su tiempo, su capacidad, su trabajo y su visión al servicio de esa construcción. Se trata de ponernos de acuerdo en todo lo que tenemos en común, olvidar todo aquello que nos divide, y generar una agenda clara y concisa que nos convoque a trabajar. 

¿Para qué? Para que todos los mexicanos estén incluidos en un proyecto de nación, en el que no haya personas olvidadas, que sufren con la pobreza y la marginación, ni personas que tienen miedo a la violencia, ni personas que carecen de una buena educación, ni personas que viven con miedo a perder la salud y no tener cómo recuperarla, ni personas que carecen de vías sencillas para hacer válidos sus derechos, o personas que viven sin un techo y piso dignos. 

Así, detrás de cualquier ley, reglamento, norma, regla o decisión del poder, podemos poner esta Máxima que les propongo: El Poder debe SERVIR para crear las condiciones que permitan a todos tener una vida MEJOR, más JUSTA y PLENA.

No es una regla, es una Máxima. No es algo que tienes que seguir porque habrá un castigo para quienes la incumplen. Es un principio rector, una proposición de conducta. Una simple guía ética de comportamiento. Yo la utilizaré para guiar todo aquello que escriba, diga, invente, diseñe o proponga. 

Pero también quiero ponerla a disposición de todos los que me leen, para que la utilicen, o para que hagan la suya, y le exijan a todos los que ejercen el poder expresar sus motivos reales detrás de cada decisión, y si no los tienen, obligarlos a dejar el poder.

Es momento de empezar a hacer política con un buen por qué. 

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