La Confianza
26 Sep 2020

La Confianza

¿Qué tan confiable eres? ¿Puede alguien poner

26 Sep 2020

¿Qué tan confiable eres? ¿Puede alguien poner en tus manos algo sensible e importante, y confiar en que lo cuidarás? ¿Respondes por lo que sucede, después de que tomas una decisión? ¿Las relaciones importantes que tienes en la vida están basadas en la confianza? 

Es absolutamente imposible saber todo acerca de las personas con las que nos relacionamos. Ni siquiera de aquellas personas que han estado cerca de nosotros toda la vida. Hay dos cosas que jamás conoceremos: qué piensan y cómo sienten. Con el tiempo podemos hacer mejores interpretaciones, y quizá acercarnos mucho a ese reino interno de su mente y de sus emociones, pero jamás lo conoceremos de manera precisa. De ahí la importancia y la necesidad de la confianza. 

La confianza es el puente que une dos mundos desconocidos entre sí. Es la pieza que se necesita para conectar a dos entidades que jamás se conocerán completas. Yo confío en que tú eres lo que dices y lo que proyectas con tus acciones. Confío en lo que veo y puedo interpretar de ti, y por eso decido tener una relación contigo. Reconozco que jamás te conoceré completo, y por eso le dejo a la fe las piezas que siempre van a faltar. Lo que proyectas y dices ser me es suficiente para tener una relación contigo, y de ahí partimos para hacerla crecer.

Confiar no es esperar perfección, sólo congruencia. La confianza surge y crece con la congruencia entre la declaración inicial y la experiencia diaria. Pero así también se puede destruir poco a poco. Ese puente basado en la fe se puede destruir con el tiempo cuando las acciones diarias se parecen poco a lo que parecía ser. 

La confianza es así, caprichosa. Es un puente que tarda en construirse, y puede destruirse muy rápido. Crearlo toma tiempo y paciencia, un bloque a la vez, para llegar al otro lado, y así poder recorrer el camino de ida y vuelta, entre uno y otro. Un pequeño hoyo en medio del puente puede mantenerlo en su lugar, pero hace muy difícil cruzar de un lado a otro. No se destruye, pero se inhabilita.

Vivimos en el mundo una gran crisis de confianza. No hay puentes entre personas, ni entre personas y organizaciones. Todos queremos certezas y garantías, queremos transparencia y perfección absoluta, para poder creer en una persona o en una organización. No es gratuita la crisis. Una y otra vez hemos sufrido la incongruencia de personas e instituciones que resultan ser completamente diferentes a eso que nos habían prometido. 

La crisis es evidente en nuestras relaciones personales, en nuestras relaciones con organizaciones privadas y, en especial, en nuestra relación con la política y los políticos. 

Las relaciones personales se han visto gravemente afectadas por la necesidad de tener dos personalidades: la de Instagram, perfecta, completa e inmaculada, y la real, que surge en la convivencia diaria. Nadie puede ser tan perfecto, feliz y exitoso como aparece en Instagram. El intento por ser lo que quería proyectar es una tarea agotadora y absolutamente imposible de lograr. La ilusión puede durar unas semanas o meses, pero siempre se rompe el hechizo, y al aparecer quienes realmente somos se rompen rápido los débiles puentes que apenas empezaban a cruzar de un lado a otro.

Con las organizaciones privadas ha pasado lo mismo. Una y otra vez han tratado de vendernos mundos perfectos a través de publicidad engañosa que explota nuestras más básicas carencias y necesidades. Una y otra vez hemos querido confiar sólo para descubrir que mi GI Joe no volaba solo, la espada láser era sólo un foco de farmacia pintado de azul y el aparato para tener un cuerpo perfecto es un fraude aburrido e inservible.

Pero nuestra relación más complicada hoy es con la política y los políticos. El modelo de democracia electoral que tenemos los lleva a prometer y ofrecer lo que sea necesario para obtener nuestros votos. Una y otra vez la decepción es el único resultado posible. No hay otro desenlace lógico cuando la relación se crea con dos premisas falsas: ni es la persona que dice ser, ni piensa hacer lo que prometió. Desde hace muchos años, la democracia electoral híper mediatizada se ha encargado de vender productos milagro, sólo para llevarlos al cargo y luego decepcionar a todos. 

Ya ni siquiera parecen preocuparse por ganar nuestra confianza. Cínicos y ambiciosos como son, sólo se ocupan de parecer la opción más viable, la menos mala, la más rentable para un grupo específico. Se trata de ganar una elección, no la confianza de la gente a la que le van a cambiar la vida con sus decisiones. Ya no hay puentes, sólo intereses y cálculos. Ya no hay relaciones humanas, sólo algoritmos y estrategias que permiten tener acceso al poder. 

Cuando lo obtienen, se olvidan de sus promesas y de sus principios. Y por eso, ya no les creemos nada. El vínculo entre políticos y ciudadanos está completamente roto, y así no puede funcionar una democracia.

¿Qué más nos hace falta para darnos cuenta de que este modelo de democracia no nos sirve a nosotros, a ti y a mí? ¿Por qué seguimos depositando nuestra confianza en personas que no han hecho nada para ganarla? ¿Por qué ponemos nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra economía y nuestro futuro en las manos de personas que no se ocupan de nosotros?

¿Y si empezamos a exigirles que se ganen nuestra confianza? ¿Y si dejamos de pelear por ellos y los hacemos a ellos pelear por nuestra confianza? Yo declaro desde hoy que no confío en ninguno, y haré evidente mi desconfianza e incredulidad. 

Pero al mismo tiempo ofrezco hacer todo lo necesario para ser una persona confiable, con la que se pueden tender puentes. Ofrezco tener la mente y el corazón abierto para construir puentes con quienes demuestren tener buenas ideas y ganas de trabajar por México. Ofrezco mi energía, mi experiencia y mi trabajo para ganar tu confianza, y así, poder crear entre todos un nuevo modelo de democracia que nos sirva a todos. 

Ilustración: Marco Colín
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