Las Locas Aventuras del Moches
14 Abr 2020

Las Locas Aventuras del Moches

14 Abr 2020

Capítulo 7

Por Max Kaiser y Rictus

(Sátira política basada en casos y estrategias de corrupción reales, con personajes completamente ficticios, pero muy parecidos a los que conocemos tú y yo)

El exjefe del Moches era otro personaje singular. Militante fundador del PRD en los 90, con cargos importantes en las 5 Jefaturas de Gobierno de ese partido en la Capital del país. Miembro de la tribu cercana al carnal Marcelo. De esos que sufrió la gran traición del 2012, que arrancó a su jefe político la candidatura a la presidencia de la República, a pesar de estar arriba en todas las encuestas internas.

El Plomero, le decían por su gran capacidad de meterse a todas las tuberías y hasta las cañerías mas profundas, para lograr todo tipo de acuerdos. Era capaz de conectar cualquier tubo y hacer que fluyera el agua de un grupo a otro. Solía estar en las áreas de finanzas, porque era experto en hacer fluir los recursos públicos de un lugar a otro, por tubos invisibles que nadie notaba. Como buen plomero, cobraba muy caro cada trabajito.

El cargo como Delegado de Xochimilco que había tenido era parte de la estrategia del carnal Marcelo para crear cuadros que luego formaran parte de su gabinete, ya como presidente. Pero los traicionó el eterno candidato, que les arrebató la candidatura interna del PRD a ese grupo, para luego competir y perdió de nuevo en 2012.

El Plomero se mantuvo enojado y alejado del partido hasta que vino el cisma. El partido de las tribus eternas se partía en dos, de manera definitiva. Y había que escoger: Morena o el PRD. Su jefe se fue a vivir a Paris, sin tomar una definición clara. Pero el Plomero necesitaba vivir de algo. Y se decidió por Morena. Se dio cuenta muy rápido de que el PRD acabaría en los huesos. 

La apuesta le funcionó. Tuvo algunos cargos menores en el partido que le permitieron sobrevivir. Pero después de ganar la presidencia, varios de sus conocidos se fueron a la Secretaría de Hacienda con el señor Urzúa, y se ubicaron en cargos muy relevantes. El se mantuvo fuera del gobierno, porque se necesitaba su experiencia por fuera, pero muy cerca de esa Secretaría. 

Así, el Plomero tenía muy buenos conectes en el órgano que manejaba todo el dinero del gobierno federal, y pronto los haría fluir hacia otros lados. 

Desde el principio del sexenio, esa Secretaría buscó además acaparar las compras públicas. Como si su poder y sus responsabilidades no fueran suficientes, este proyecto absurdo ahora pretendía concentrar en Hacienda un aparato muy complejo de compra de bienes y servicios, que operaba, hasta ese momento, en mas de 200 dependencias y entidades, de manera mas o menos autónoma, y con buena eficacia.

Infectado de corrupción por los Mirreyes del sexenio anterior, pero básicamente eficaz en abastecer al gobierno de todo lo que se requiere para gobernar. 

Ya regresaremos después a ese tema, porque el Plomero se acababa de enterar de una mina de oro que este esquema iba a provocar. 

En su intento fallido por centralizar las compras, Hacienda había creado un caos monumental en la compra de medicinas. En particular, las de alta especialidad. 

Hacienda recibía las necesidades de los Institutos, hospitales y sistemas de salud, para luego crear sus propias estrategias centralizadas de compra. El pretexto: ahorrar y acabar con la corrupción. 

Ninguno de los dos objetivos se ha cumplido. Pero lo que si sucedió fue lo peor que podía pasar: el caos.

Cuando los Institutos y los hospitales recibían sus pedidos, se daban cuanta de la tragedia: Hacienda había cambiado, sin consultarles, los medicamentos y las cantidades de éstos.

En áreas tan delicadas como las de Oncología, Hematología y Cardiometabólicos de pronto los doctores descubrían que los “expertos” de Hacienda habían decidido ahorrar, a costa de la salud de los pacientes. No sólo cambiaban las cantidades de medicamento solicitadas, sino los medicamentos en si, cómo si fueran tornillos sustituibles.

El drama era terrible porque la estabilidad de los pacientes dependía de que cada día, a una hora específica, y con un protocolo determinado, recibieran la medicina que necesitaban, y no otra que había decidido un economista de hacienda. 

La crisis existía mucho antes de la llegada de la pandemia. Pero obvio se multiplicó con la llegada de ésta. Los presupuestos se reducen aún más, y la escasez de medicamentos se hace un tema de vida o muerte permanente, y la presión política aumenta. Y con ésta, vienen las compras de pánico. 

 El Plomero tomó su celular y le habló al Moches “Ya sé cómo vamos a entrar a las grandes ligas de la corrupción mi amigo. Surte rápido tu pedido de gel, batas y guantes, porque el Chino, tú y yo le vamos a entrar al mercado de medicinas de alta especialidad. Ahí es donde está el varo grande”.

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