Las Locas Aventuras del Moches
07 Abr 2020

Las Locas Aventuras del Moches

07 Abr 2020

Capítulo 6

Por Max Kaiser y Rictus

(Sátira política basada en casos y estrategias de corrupción reales, con personajes completamente ficticios, pero muy parecidos a los que conocemos tú y yo)

El Moches había visto con felicidad como varios de esos Mirreyes que tanto despreciaba se habían quedado sin trabajo, desde el principio de este gobierno. Celebraba su caída, uno a uno, de los puestos clave del gobierno. Pronto estarían igual de jodidos que el, pensaba con insolencia. Incluso peor que el, porque varios de ellos acabarían en la cárcel. Eso se había prometido.

Durante todo el gobierno anterior, el presidente actual y todo su grupo político habían hecho de la crítica al grupo de los Mirreyes, su modo de vida. No había un solo día sin un tuit, un artículo en los periódicos afines o un comentario en alguna entrevista, que no enfocara toda la furia del grupo que hoy gobierna, en el Mirreynato. 

La corrupción era el hilo conductor de toda la crítica. Según ellos, todos los males del país se explicaban por la corrupción. Y no les faltaba razón. La corrupción y la impunidad se habían convertido en el emblema del gobierno que hoy está en el basurero de la historia. Como oposición, eran implacables en sus juicios.

Prometían todos los días un cambio de régimen, pero también acabar con la impunidad. La impunidad es esa terrible característica del sistema mexicano que deja sin consecuencias jurídicas a todo aquel que le roba al Estado mexicano. Es la regla general.

El Moches imaginaba feliz las grandes portadas de los periódicos nacionales, en las que vería a los Mirreyes perder sus trajes de baño Villebrequin y las corbatas Hermes, que serían sustituidas por esos terribles trajes caqui que se utilizan en las cárceles mexicanas. Los imaginaba llorando detrás de las rejillas de prácticas de los juzgados penales, lamentando su desgracia y suplicando por algo de piedad. “Se lo merecen” decía cada mañana que abría el periódico, esperando que llegara el día.

Pero pasaron los meses y la caída nunca llegó. Salvo el ex director de Pemex y una ex Secretaria de Estado, que están sometidos a procesos débiles y mal investigados, y que sólo sirven para el discurso, no hay una sola red de corrupción desarticulada, ni un solo caso sólido en el que se puedan recuperar los activos mal habidos.

Esos dos casos emblemáticos deberían haber provocado decenas de investigaciones y decenas de personas sometidas a proceso criminal: funcionarios de gobierno, empresarios, banqueros, notarios, operadores de fondos, y diversos tipos de ejecutores, que normalmente operan en estas redes.

Pero no, sólo hay dos figuras políticas acosadas por el Estado, con casos endebles, no iniciados por este gobierno, que pronto se van a caer como castillo de naipes. 

Y mientras, el Moches ve con coraje como el resto de los Mirreyes que tanto odia, viven a sus anchas y disfrutan de la riqueza mal habida. Sólo tuvieron que esconderse un rato. Se volvieron discretos, se recluyeron en despechos de “consultoría”, y esperan felices el paso del tiempo y los plazos de prescripción de sus delitos, que un día permitirán disfrutar impunemente la riqueza mal habida. Cuando el Estado ya no tenga facultades para actuar en su contra, saldrán de sus cuevas, para volver a burlarse de nosotros, en las grandes fiestas de la “alta” sociedad mexicana. Volverán a reír en las bodas de sus hijos, en las que se cierran nuevos negocios y pactos políticos.

Algunos, como el Licenciado, no sólo habían logrado librar cualquier tipo de investigación, sino que incluso habían logrado amarrarse a la silla de un cargo importante, a pesar de haber pertenecido toda la vida a ese priismo que tanto decían odiar quienes hoy están en el gobierno en turno.

¿Qué había hecho el Licenciado para sobrevivir? Se preguntaba el Moches una y otra vez. ¿Cómo había logrado dejar de ser un odiado priista para convertirse en un poderoso morenista?

El Moches sabía que no tenía que ver con militancia partidista ni con algún tipo de afinidad ideológica. Aunque el no tenía idea de qué era eso de la izquierda y la derecha, entendía lo suficiente como para saber que un tipo como el Licenciado tenía poco o nada que ver con los activistas populares que integran el partido en el gobierno.

“Pero, entonces ¿Por qué le dieron ese cargo tan importante?” se preguntaba una y otra vez, con sus pantuflas de panda, su horrible bata y su Nescafé tibio, a la mañana siguiente de la reunión.

La respuesta era muy sencilla. Pero el Moches jamás la iba a entender. Se lo tuvo que explicar su exjefe de la delegación. Aquel que lo había invitado al cargo en el que se hizo millonario. Comiendo unos tacos de suadero, en los famosos Copacabana del sur, le dijo: “Déjame te platico de esa clase política que se acomoda donde sea”.

El Licenciado en efecto carece de ideologías, le explicó. Él, y muchos como él, no creen en otra cosa mas que en el poder. Ese que permite tener influencia y capacidad para hacer buenos negocios. Ese poder crudo que se siente en una llamada telefónica, que hace que las cosas sucedan. Su única ideología, era el poder.

El Licenciado era capaz de subirse al templete que fuera, para levantarle la mano al candidato que sea, para estar en el lado correcto del círculo del poder: el de los que ganan las elecciones. No tenía prejuicios ni afinidades. Evitaba tomar posturas políticas y emitir opiniones sobre temas controversiales. Se acomodaba en todos lados. Pero tenía buen olfato. Sabía leer las encuestas. 

La pregunta era ¿por qué los poderosos lo quieren a él? ¿por qué lo aceptan grupos tan diversos?

Porque es bueno para la lana y reparte para todos. Genera negocios para llenar de dinero las campañas políticas de todos los que se lo piden, pero después, ya en el gobierno, genera negocios para funcionarios y empresarios. Pero no sólo eso. Lo hace de una manera tan compleja y sofisticada, que todos quedan protegidos y tranquilos. 

Empresas fantasmas, fondos de inversión oscuros, cuentas en el extranjero, inversiones inmobiliarias, fideicomisos genéricos y hasta organizaciones con fines sociales, para esconder la riqueza. Hace el trabajo completo, de manera paciente y metódica. Y por eso tiene años en los más altos círculos de influencia, de todos los partidos.

“Si quieres sobrevivir en este negocio Moches, tienes que aprender a vivir entre ellos, y tienes que olvidar tus complejos. Ellos lo controlan todo. Así ha sido, y así será” le dijo su exjefe, después de la completa explicación. 

El Moches se quedó pensando y dijo “Pero los nuevos dijeron que harían las cosas diferentes y lucharían contra la corrupción. No nos van a dejar”. 

Una sonora carcajada de su exjefe hizo voltear a los comensales de las otras mesas “Ay mi Moches, que iluso eres. El Mecanismo de la corrupción está intacto”. 

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