Las Locas Aventuras del Moches Capítulo 5
31 Mar 2020

Las Locas Aventuras del Moches Capítulo 5

Capítulo 5 Por Max Kaiser y Rictus

31 Mar 2020

Capítulo 5

Por Max Kaiser y Rictus

(Sátira política basada en casos y estrategias de corrupción reales, con personajes completamente ficticios, pero muy parecidos a los que conocemos tú y yo)

El Moches salió del café con una cara de felicidad que no había tenido en años. En su mente ya había renunciado a la posibilidad de volver a ser rico.

El sexenio anterior había estado dominado por Mirreyes que veían a los de su tipo con desprecio. Los del grupo Atlacomulco habían traído a los puestos de poder a personas con otra pinta.

El Licenciado era el prototipo de éstos. Seres que aprovechaban el profundo clasismo que domina nuestro país, y que utilizaban su aspecto pulcro y moderno para aparentar ser capaces, muy eficaces e íntegros. Es decir, tenían cara de Jefes. El Nuevo PRI, le decían. 

Jamás se les veía mal vestidos. Amantes de los trajes oscuros, las camisas blancas y las corbatas rojas, estos personajes presumían sus títulos de universidades privadas mexicanas, y sus postgrados en el extranjero, a la menor provocación. Su arma mas importante era su teléfono. Su lista de contactos y sus redes sociales les permitían tener los mejores contactos, en todos los sectores, industrias y negocios. Las revistas de sociales eran su escaparate favorito. Parecían casarse cada fin de semana, sólo para crear nuevos contactos y salir en fotos al lado de expresidentes, gobernadores y secretarios de estado. 

Todos parecían vacacionar en los mismos lugares. En invierno, sus redes sociales se llenaban de fotos con perfectos atuendos de esquí, en los lugares más exclusivos de Estados Unidos y Canadá. Los fines de semana, el peligroso puerto de Acapulco era invadido por este ejército del mirreynato de Atlacomulco. Para el verano, todos se iban al Caribe mexicano, para presumir vía Instagram su bronceado perfecto, en ridículos shorts Vilebrequin. Parecía concurso del short más ridículo, en la pose mas artificial. 

El Moches los odiaba. Estos personajes eran los que habían evitado su regreso a un cargo que le permitiera hacer negocios. Los odiaba también porque estos personajes no parecían ocupados por la corrupción de ventanilla, por los pequeños negocios de trámites y permisos. Los despreciaba porque veía que ellos tenían un alcance completamente diferente al que él pudo haber imaginado.

A lo largo y ancho de todo el gobierno, personas como el Licenciado se apoderaron de tres tipos de puestos: aquellos en los que se diseñan los grandes proyectos, aquellos en los que se ejercen los recursos públicos, y aquellos en los que se fiscaliza y audita el ejercicio de los recursos.

Era un Mecanismo muy bien organizado. Los primeros diseñaban las oportunidades de negocios: programas sociales, grandes transformaciones tecnológicas o grandes proyectos de obra pública. Los proyectos se diseñaban junto con grandes empresarios que habían contribuido cantidades millonarias a las campañas. Mirreyes en cargos públicos y empresarios que habían invertido millones en ellos diseñaban estos grandes proyectos, que requerirían de grandes contrataciones públicas. En el depa de Vail o de Acapulco surgían las grandes ideas, después del tercer whiskey etiqueta azul, en vaso especial. Los detalles se aterrizaban en una oficina de gobierno, por aprendices de Mirrey, que aspiraban un día salir en la revista “Quién”. 

Una vez diseñado el programa, entraban al quite el segundo conjunto de funcionarios: los que ejercen los recursos públicos. A través de un sistema de contrataciones públicas fácilmente capturable, se hacían tres tipos de contrataciones. Los contratos más grandes se hacían a través de procesos de licitación pública que simulaban una competencia. Hacían parecer que distintas empresas concursaban por un gran contrato de obra o de adquisición de una nueva tecnología, y que éste sería asignado a quien presentara las mejores condiciones de precio, calidad y oportunidad. Lo que pocos sabían es que estos procesos habían sido diseñados, previamente y en lo oscurito, por el grupo de funcionarios públicos que hacían las bases de la licitación, y por el empresario que ganaría el “concurso”. Entre ambos diseñaban requisitos y condiciones que sólo podrían ser cumplidas por ese empresario que aportó millones a la campaña del grupo ganador. El concurso se lanzaba con gran publicidad, y aunque todos apreciaban el direccionamiento a una de las empresas concursantes, nadie se quejaba, por miedo a ser discriminados en próximos procesos de compra.

El segundo método era el de la invitación a cuando menos tres proveedores, que ya platicamos en esta historia. Este se utiliza para los miles de contratos medianos, y es la manera más fácil de pagar compromisos políticos.

Y el tercero es la adjudicación directa. Que poco a poco se ha convertido en la regla general. Hace años que ya ni siquiera hacen el esfuerzo para tener algún motivo que parezca siquiera medianamente razonable para utilizar esta excepción legal.

La pinza la cerraban el tercer grupo de Mirreyes. Aquellos ubicados en los órganos de fiscalización y auditoría. Esos que deberían revisar la existencia de la necesidad, la pertinencia de la compra, el tipo de proceso, su adjudicación, su ejecución, su pago, etc. Estos servidores públicos han estado de adorno hace tiempo. Llenan cajas y cajas de expedientes de auditorías que no revisan nada, que se hacen en un escritorio, por gente que sabe perfectamente que no puede encontrar nada relevante. Ellos cierran la pinza porque además permiten que los contratos se alarguen, que haya ilógicos sobreprecios, se cobren bienes y servicios jamás proveídos, o se subcontrate a empresas que no participaron en la licitación.

El Moches ha visto este Mecanismo funcionar y muere de envidia. El nunca había logrado concebir algo diferente a la simple extorsión y a las mordidas que le habían ganado su apellido. En su interior, los admira. Igual que miles de mexicanos, que siguen diciendo cosas como “pero por los menos dan resultados”. Sin decirlo, el Moches cree que el Mecanismo es una genialidad.

Pero hoy tenía la oportunidad de participar en El Mecanismo. El Moches quería ser un Mirrey. Quería tener su departamento en Acapulco y salir en las fotos de bodas de la alta sociedad mexicana. Por primera vez en años, odiaba su apodo. 

Ahora la pregunta que se hacía era si El Mecanismo había sobrevivido al cambio de gobierno. Corrieron a los Mirreyes. A todos. ¿Eso implicaba que El Mecanismo había desaparecido?

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  1. Manuel Muniz marzo 31st, 2020 4:09PM

    Magnifica representación.
    Felicidades, seguiremos leyéndote.

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